Luces y sombras victorianas: “Medianoche en Marble Arch” de Anne Perry

Es evidente que las novelas detectivescas de ambiente victoriano de Anne Perry, son un buen negocio y disfrutan de eso que llaman “el favor del público” dada la velocidad con las que las publica Ediciones B.

Moneda de un penique del año 1898, cruz. La colección Reding

La última adquisición para el público español de esa larga y prolífica producción, es otra entrega de la otra pareja estrella de la señora Perry, la de finales de la época victoriana y comienzos y finales de la Eduardiana. Es decir, el matrimonio formado por el ahora comandante Thomas Pitt y su mujer Charlotte.

¿Adónde nos lleva esta nueva entrega de las aventuras de esa pareja y sus habituales adláteres, Victor Narraway, la ya madura aventurera Lady Vespasia Cumming-Gould, el ayudante Stoker…?

Empecemos por lo malo de la novela, por esa clase de cosas que suelen demostrar que la novela histórica -adornada con detectives, como es el caso, o sin ellos- no siempre es de fiar, ni es una buena inversión de tiempo y dinero.

La escena inicial de “Medianoche en Marble Arch”, por ejemplo, tiene un grado de inverosimilitud que no dice mucho en favor de seguir pasando páginas hacia delante.

Más que nada porque describe una deslumbrante recepción, en el año 1898, en, nada menos, que la embajada española en Londres.

Algo bastante difícil de creer si hacemos caso a los informes remitidos a Madrid por el siguiente embajador en ocupar ese puesto, apenas dos años después, en 1900 -el duque de Mandas- donde señalaba el estado deplorable en el que se encontraba la casa, con las chimeneas sin limpiar llenando de hollín habitaciones y salones, la fachada deteriorada hasta el punto de que la comisión londinense encargada de estas cuestiones iba a llamar la atención a la embajada, el cableado eléctrico en condiciones lamentables y peligrosas, la casa sin cortinajes apropiados, ni siquiera ropa de cama o manteles y un etcétera que el propio duque había subsanado rápidamente pagando los gastos de su profundo bolsillo de millonario.

Justo lo opuesto a lo que nos muestran esas primeras páginas de “Medianoche en Marble Arch”, que tampoco añade a la intriga básica que recorre toda esa novela -por supuesto- aspectos tales como las tensas relaciones existentes en ese momento entre Gran Bretaña y España por la cuestión de la guerra con Estados Unidos por Cuba, Filipinas y Puerto Rico.

Algo que hacía bastante difícil festejos como los descritos y más con la concurrencia en esa recepción del embajador de Portugal, un sólido aliado -como se recuerda varias veces a lo largo de la novela-, de Gran Bretaña. Precisamente la potencia que más hizo por obstaculizar la resistencia española contra Estados Unidos, retrasando las entregas de material militar para la flota española o retrasando también deliberadamente el paso de la flota del Pacífico, obligándola, por ejemplo, a desmontar las torretas acorazadas de sus buques para dejarle pasar por el Canal de Suez.

Esa incomoda inverosimilitud que deteriora la trama de “Medianoche en Marble Arch”se extiende a otros pasajes de la novela sin necesidad de conocer con tanto detalle las verdaderas circunstancias de aquel verano de 1898, en el que tuvieron lugar esos acontecimientos, de los que, como vemos, nada aprenderán los lectores españoles de Anne Perry gracias a “Medianoche en Marble Arch”, sumergiéndose, por el contrario, en una de esas buenas dosis de condescendencia anglosajona hacia los “latinos”, representados como vemos en esta novela, con estereotipos tales como los rostros morenos, la escasa estatura y un “Papismo” militante que, por supuesto, abochorna a un Anglicanismo que, siempre, resulta -aún en plena época victoriana- más tolerante y progresista que dicho Catolicismo.

Un prejuicio que se alimenta de sí mismo, sin ahondar -por supuesto- demasiado en detalles históricamente comprobados que demuestran -contra todo prejuicio malinformado- que esa versión inglesa del Catolicismo -el Anglicanismo-, en la que casi todo es igual salvo que el jefe de dicha Iglesia es el titular de la corona británica en lugar del Papa, no era precisamente ningún bazar de tolerancia. Como bien lo supieron los minoritarios católicos ingleses -más o menos en las fechas en las que se desarrolla “Medianoche en Marble Arch”- cuando, por fin, logran abrir públicamente una catedral para celebrar sus ritos. Hasta entonces tolerados, como mucho, en privado, como ocurre con los protestantes en los países católicos de aquellos años.

Capitulación del general bóer Cronje, “Le Petit Journal” domingo 18 de marzo de 1900. Ejemplar de La colección Reding

Dicho edificio fue recibido por la prensa londinense de la época con agrias andanadas entre las que lo más suave que se dijo de dicha catedral fue que parecía un montón de bacón, burlándose así de su construcción con hileras de piedra blanca intercaladas con ladrillo formando un conjunto que, en efecto, recordaba bastante a las lonchas de bacón.

Esa inverosimilitud, ese reconstruir los años finales de la época victoriana -la reina moriría en 1900- más desde burdos prejuicios del Presente que desde los hechos de ese Pasado, se refleja en más pasajes de “Medianoche en Marble Arch”.

Es el caso, por ejemplo, de las constantes angustias que estremecen a los personajes positivos de la novela -Narraway, Lady Vespasia, Charlotte y Thomas Pitt…- cuando reflexionan -y lo hacen bastante a menudo, quizás demasiado- sobre los crímenes que son el eje en torno al cual discurren los hechos de la novela.

A saber: una serie de terribles violaciones, con resultado de muerte en algunos casos.

Sin duda Anne Perry trata de que podamos simpatizar con sus protagonistas fijos, pero eso le obliga a sacrificar, una vez más, la verosimilitud de dichos personajes.

Así es, la consideración con la que hablan esos personajes de las víctimas de esos crímenes, su compasión y, sobre todo, los tormentos psicológicos de Pitt pensando que su hija Jemima pueda ser la siguiente víctima en un futuro más o menos lejano de un hecho parecido, o que su hijo Daniel llegue a ejecutar esos mismos actos viles, suenan, demasiado, a lo que pensaría no un policía victoriano, sino un padre moderno de clase media con un master en Psicología, por lo menos.

Sin embargo, dicho esto, contadas las sombras que proyecta esta nueva entrega de la serie de Thomas y Charlotte Pitt, sería muy injusto, además de incierto, no hablar de las luces, de las virtudes, de “Medianoche en Marble Arch”.

Ciertamente aunque la acción decae algunas veces, precisamente por esas contorsiones sobre la naturaleza de esos crímenes que son el eje de la novela, no puede negarse que en su mayor parte “Medianoche en Marble Arch” cumple a la perfección con lo que se debe pedir a toda novela: policíaca, histórica, una mezcla de las dos… Es decir, sabe cómo mantener el interés de sus lectores, intrigarles, punzarles para que quieran saber más, para que entren en la historia que cuenta la novela como si estuviesen siendo testigos directos de aquellos años finales del reinado de Victoria.

A ese respecto todo lo que nos cuenta Anne Perry en la novela sobre la guerra contra los bóers, los colonos holandeses que se están disputando desde hace años el control de Sudáfrica con Gran Bretaña, resulta fascinante, lleno de la verdad que falta, por ejemplo, en lo que se refiere a las  relaciones con españoles y portugueses en ese año 1898.

El mismo en el que Gran Bretaña intenta forzar una expansión, por la fuerza, en el Transvaal -a costa de los bóers, por supuesto- y por otro lado teme las consecuencias de esas aventuras, que, como se ve en “Medianoche en Marble Arch”, no son avaladas oficialmente por un gobierno que -con un joven Churchill ya en la palestra política- tiene demasiado miedo a las consecuencias de lo que pueda ocurrir si ataca a los bóers.

Es decir, la guerra que terminará por estallar poco tiempo después de ese verano de 1898 en el que Estados Unidos hace sus cuentas imperialistas a costa de España y Gran Bretaña las suyas propias sacrificando, por supuesto, los intereses españoles en favor de los propios. Sólo para arrepentirse al asistir a la fulminante victoria estadounidense sobre España, a la que tratará de compensar dos años después, al encontrarse en una posición cada vez más comprometida en la llamada Guerra del Transvaal contra los bóers, apoyados incondicionalmente por gran parte de la opinión pública francesa y convertidos en un enemigo sin demasiados medios pero, aún así, capaz de dañar enormemente a la maquinaría bélica británica, que no puede permitirse tales lujos.

No, desde luego, con unos Estados Unidos que han probado, con éxito, el sabor de la sangre de viejas potencias coloniales -como España- y se sospecha podrían intentarlo de nuevo con, por ejemplo, las Antillas francesas o incluso el Canadá que en esos momentos es parte integral del Imperio británico…

“Medianoche en Marble Arch” sólo da algunos esbozos del comienzo de esa complicada situación, pero los da con verdadera maestría.

Detalle de la capitulación del general bóer Cronje, “Le Petit Journal” domingo 18 de marzo de 1900. Ejemplar de La colección Reding

Detalle de la capitulación del general bóer Cronje, “Le Petit Journal” domingo 18 de marzo de 1900. Ejemplar de La colección Reding

Especialmente brillante es el pasaje en el que Charlotte Pitt asiste en casa de su hermana a una charla en torno a un típico té de las cinco donde Anne Perry sabe manejar perfecta y sutilmente los entresijos de la complicada sociedad victoriana con sus no menos complicadas jerarquías -un verdadero caballero jamás trabajaría en la Policía, como ocurre en el caso de Thomas y piensan algunas de las invitadas a ese refrigerio- y el intercambio de verdaderas puñaladas sociales envueltas, eso sí, en una hipocresía tan educada y tan adornada que apenas lo parece, apenas…

Lo mismo ocurre con algunos diálogos en los que intervienen criados. Por ejemplo, los sostenidos con Flaxley, la doncella de una de las principales víctimas del relato, Catherine Quixwood.

Sus palabras ocultando lo que sabe del caso o para describir a su ama asesinada, sus gestos, la posición social que ella considera adecuada para sí misma y que la obliga a responder de manera comedida, con un exceso de discreción, a Victor Narraway cuando hace pesquisas sobre la muerte de Catherine Quixwood… todo refleja perfectamente a aquella peculiar sociedad que conocemos como “victoriana” y que todavía hoy nos fascina, como es evidente dado el éxito de que disfrutan series como las de Anne Perry.

Moneda de un penique del año 1898, cara. La colección Reding

Moneda de un penique del año 1898, cara. La colección Reding

Todo eso, unido a la subida de tensión narrativa que propician las escenas del juicio al presunto culpable y todo lo que se mueve en torno a él para evitarle una condena, o las trepidantes páginas finales en las que el caso hace crisis y se resuelve de un modo que corta el aliento de los que se han arriesgado a leer hasta el final “Medianoche en Marble Arch”, hace que esta nueva entrega de Anne Perry merezca atención, que, sin olvidar que -sobre todo para los lectores españoles- la obra no es perfecta -¿y cuál lo es?-, se le dé, como mínimo, una oportunidad a sus luces sobre los recovecos de la sociedad victoriana que finalmente, es justo reconocerlo, parecen pesar más que las sombras que la autora, quizás involuntariamente, arroja sobre esa época fascinante que, una vez más, le sirve de escenario…

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Acerca de Carlos Rilova Jericó

Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Administrador del weblog de "La novela antihistórica", creada como página de crítica independiente en el año 2010 para ayudar a mejorar el criterio de selección de obras de gran difusión comercial entre el público y redactor de la reseña mensual de acceso libre publicada en esa página cada día 20 de cada mes. Director del banco de imágenes y centro de investigación histórica "La colección Reding". Profesional de la investigación histórica y cultural para diversas empresas y organismos públicos desde el año 1996.
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4 respuestas a Luces y sombras victorianas: “Medianoche en Marble Arch” de Anne Perry

  1. SÍSIFO dijo:

    Los Best Sellers algosajones tienen estas “cositas” de desprecio y condescendencia hacia los españoles. Su maquinaria literaria y cinematográfica trabaja para sus héroes, no para los de otros. Por poner un ejemplo, ¿Quién no ha crecido con los piratas de Burt Lancaster o Errol Flynn donde los honrados, y honestos, bucaneros luchaban por la libertad de las Antillas contra la perfidia española y con la desinteresada ayuda de Inglaterra?

    La autora sabe que sus lectores más cercanos trabajan en esas coordenadas y los que lean en territorios más alejados no se enterarán. Cuenta más dedicar el poco tiempo que tiene a fabricar una novela por entregas en pulir la guerra de los Boers (que los Británicos conocen y donde las cosas pueden chirriar más) que en contar que la reina Victoria actuó como palanganera del Tío Sam y se regodearon en humillar a España, algo que no encaja en su mundialmente reconocido “Fairplay” . Es más cómodo presentar a la corona de Alfonso XIII como rica y desprendida. ¡Vete a saber por qué!

    Siento decirle que no la leeré, no termina a gustarme la arrogancia victoriana cocinada para burgueses urbanos y clases populares.

    Un saludo.

    • Estimado Sísifo: totalmente de acuerdo con sus apreciaciones. El problema lo tenemos aquí, no hay duda. Los británicos y anglosajones en general tiene estas fallas en novelas que, por otra parte, pueden ser magníficas, pero nosotros -bueno, algunos de nosotros- no les damos ningún buen ejemplo.
      Una lástima que el mundo editorial español tenga esos filtros en los que nos cuelan filfas como éstas y, lo que es peor, se veta todo lo que recupere una imagen más certera de nuestra Historia.
      Si queremos que cambien, porque eso nos perjudica, sin duda, en muchos aspectos, deberíamos empezar por barrer nuestra casa.
      No leer esta novela puede ser un buen acto de protesta, aunque, claro, aquí, como siempre se ha tratado de dar una visión objetiva de ella -para críticas ful y/o laudatorias porque lo manda “el (o la) de arriba”, tenemos toneladas de ellas escritas en papel periódico todas las semanas y meses- señalando lo malo que tiene pero sin olvidar lo bueno.
      Un saludo y, como siempre, gracias por sus comentarios.

  2. Antígono dijo:

    La verdad es que esta saga tiene su interés por la visión que da del Londres victoriano, muy alejado de las novelas decimonónicas románticas y mucho más realista, sobre todo en el tema social, problema ya clamoroso en la sociedad de entonces, cuando la industrialización comenzaba hacer estragos con la aparición de auténticas masas de desposeídos aglomerados en las grandes ciudades.
    No sabía que había salido una nueva entrega (todavía no leí la primera novela, mísero de mí).
    De todas formas, tampoco deberíamos sorprendernos de que en la novela histórica pervivan ciertos clichés “populares” en el mercado en que se mueven. Al fin y al cabo son muchas las novelas que los siguen perpetuando también en España, no hay que irse muy lejos. Por no hablar de lo que sucede con las películas llamadas “históricas”.

    • Estimado Antígono: pues así está la cosa y, por cierto, que le quedan unas cuantas por leer. Tiene mrs. Perry dos series que ya llevan publicados un montón de volúmenes. Una ambientada a mediados de la era victoriana, la de William y Esther Monk, y otra la de los Pitt.
      En fin, en cuanto a las pifias anglosajonas es una pena. Si estuviesen mejor informados de nuestra Historia les quedarían unas novelas sin tacha, pero siguen siendo víctimas de sus prejuicios y eso afea el resultado final.
      No puede decirse, sinceramente, otra cosa. Una pena, también, que todo eso de la “Marca España” no haya hecho nada para facilitar el conocimiento de las investigaciones históricas españolas -que hay unas cuantas y bastante buenas- en el extranjero. Y eso que ahora tenemos en Londres un embajador con una tesis doctoral sobre Shakespeare en su C. V.
      A ver cuando cambia el viento para ganancia de todos. Para la Historia -y las novelas históricas que se escriben en España- y para las que podrían escribir los anglosajones curados ya de esa condescendencia que rebaja mucho la calidad de obras muy interesantes, como pueden serlo las de Anne Perry.
      Gracias por el comentario, como siempre, y un saludo.

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