La España del siglo XXI y la indigestión franquista: “Conspiración Vermú” de Aitor Marín

Puede parecer raro buscar algún valor como novela histórica a “Conspiración Vermú”, del afamado periodista Aitor Marín.

Lo cierto, como vamos a ver, es que no es tan raro. “Conspiración Vermú”, lo quiera o no, tiene carácter de novela histórica. De hecho, teniendo en cuenta el desarrollo de los acontecimientos que ahora, a comienzos del año 2020, están en pleno curso, es probable que ya sea un documento histórico para describir esta época en un futuro. Pero dejemos eso a los historiadores del porvenir.

Aquí y ahora vamos a hablar de lo que nos cuenta “Conspiración Vermú”. Y cómo nos lo cuenta.

Su autor ya advierte en una nota final -quizás lo más interesante del libro si lo abordamos como novela histórica- que ha saqueado sin piedad a muchos escritores. Entre otros menciona a H. P. Lovecraft y una lista que no es completa -como nos advierte el mismo Aitor Marín- porque no habría espacio físico en el libro para completarla.

En esa lista deben ocupar, desde luego, un lugar de honor no sólo Jack Kerouac sino el resto de la llamada “Generación beatnik”.

La razón es obvia para cualquiera que haya leído “En el camino” de Kerouac -la que se considera “biblia” del movimiento beatnik- y haya leído después “Conspiración Vermú”.

Efectivamente esta primera -y esperemos que no última- novela de Aitor Marín es, en su mayor parte, un desmadrado viaje lisérgico que Kerouac y sus amigos hubieran firmado sin mirar siquiera la letra pequeña. Especialmente el mentor del grupo, William Burroughs, que, en cierto modo, parece latir bajo la piel del principal compañero de viaje de Víctor Vaporús -el protagonista de “Conspiración Vermú”- el llamado “Patxarán”. Un personaje que, sólo en apariencia, es histriónico, pero con el que Aitor Marín refleja, muy bien, 80 años de la Historia reciente de España.

Y eso es lo que hay básicamente dentro de las cubiertas que encierran las páginas de “Conspiración Vermú”, una desenfrenada aventura de varios antihéroes que son testigos de una no menos desenfrenada conspiración de antiguos y nuevos franquistas para revivir a su añorado caudillo para, una vez más, resolver los problemas de la patria y salvarla de sí misma. De nuevo. Como aquel lejano -o quizás no tan lejano en ciertas agendas políticas- 18 de julio de 1936.

Víctor Vaporús es el protagonista ideal para esa aventura alucinatoria pero -como descubrimos al final de la novela, en sus notas- firmemente anclada en la realidad de la actual sociedad española. Una que, por cierto, tiene una cara real mucho más fea que la que cierta España oficial quiere hacer valer contra  indicios cada vez claros de que las cosas no son así, de que, por desgracia, están más próximas a lo que Víctor Vaporús va descubriendo -muy a su pesar- durante una aventura que empieza como sólo podría empezar con un canallesco antihéroe como él.

Esa situación se desencadena con un comienzo de “Conspiración Vermú” digno de la novela negra clásica de Dashiell Hammett. Es decir, con un héroe -o antihéroe- tocando fondo y una misteriosa mujer en apuros que el héroe -o antihéroe- de manera más o menos consciente quiere conquistar sexualmente. O acabar en un revolcón con ella, como dice el narrador omnisciente de “Conspiración Vermú”, describiendo graciosamente los básicos planes que rondan la cabeza de Víctor Vaporús cuando conoce a la periodista de Interviú -medio en el que trabajó Aitor Marín- Dolores Ambigú.

A Víctor Vaporús, en efecto, no le importa demasiado que Dolores haya descubierto una conspiración para revivir a Franco por medio de artes mágicas a cuenta de un personaje real: Corintio Hazá, cabalista sefardí. Digamos que el brujo oficial del dictador, que en esto imitó también a su mentor Hitler y así es presentado en “Conspiración Vermú”.

Pero dada la situación, lo que Víctor Vaporús busca en realidad ya importa poco. Su triste vida -tan similar a la de muchos otros españoles del año 2014, en medio de una gran crisis política y económica- va desmoronándose poco a poco, en una deriva alcohólica con la que intenta sobrellevar su despido por uno de esos ERE tan abundantes en aquella España, sometida los dictados de la Alemania de Angela Merkel y a las consecuencias de un crecimiento económico basado en el ladrillo.

En sus deambuleos de bar en bar, es donde descubre a la desorientada Dolores Ambigú, que lo lleva involuntariamente a él -que sólo busca sexo desesperadamente- a conocer los manejos de Corintio Hazá y sus tentaculares relaciones con el Fascismo español, italiano, francés… que, por supuesto, están presentes a lo largo de “Conspiración Vermú”.

A través de todos esos personajes (de Víctor Vaporús, de su sufrida mujer -que parece salida de “Cinco horas con Mario”-, de Dolores Ambigú, del compañero de viaje hacia la nada más absoluta de Víctor, el chiflado radical vasco conocido como “Patxarán”…) Aitor Marín refleja una España esperpéntica, como la de Valle-Inclán -con el que ya le han comparado- pero desgraciadamente real en un 80%.

Es la España que no ha superado ni la Guerra Civil ni la Dictadura. La España que el propio autor ha descubierto en sus visitas, para documentarse, al Valle de los Caídos -estación final del demencial viaje de Víctor Vaporús- y en la Iglesia del Cristo de la Victoria donde hoy, en plena España del siglo XXI, se mezcla culto cristiano con adoración de símbolos franquistas. Como el otrora famoso “Víctor del Caudillo” que Franco incorporó a su saqueo del imaginario propagandístico de la España medieval con el que quiso revestir su desquiciada aventura política. Esa que, como se refleja en “Conspiración Vermú”, también desquició -hasta hoy- a España como país verdaderamente democrático y avanzado.

En efecto, todos esos personajes reflejan esa siniestra Sociología que la ciudadanía más o menos normal de ese país llamado España, daba ya por desaparecida, evolucionada felizmente o remitida al baúl de los (malos) recuerdos.

El compañero de viaje de Víctor Vaporús, el filoetarra “Patxarán”, es quizás el que más contundentemente refleja esa anomalía básica que recorre 80 años de Historia de España. Como él mismo cuenta, acaba en el psiquiátrico en el que acaba también Víctor Vaporús, porque su familia no puede aceptar que uno de los suyos haya traicionado -pasándose a las filas del enemigo abertzale– a un linaje navarro afectó al reaccionarismo carlista -y finalmente franquista- desde su fundación en 1833 hasta su eclosión y victoria más o menos definitiva en 1939…

Y es que eso que describe “Patxarán” puede venir en “Conspiración Vermú” envuelto en un personaje de ficción, pero todo lo que hay detrás de ese entramado literario es absolutamente real. Reconocible en las calles de Madrid, Pamplona, San Sebastián…

El propio autor lo deja claro en su imprescindible nota final, donde recuerda que el modelo de los campos de exterminio nazi no hay que buscarlo en el Norte de Europa, que España, una vez más, fue, desde 1936 en adelante, el campo de pruebas de todas las monstruosidades nazis. Incluido ese método para eliminar la disidencia política cuyos restos hoy pueden contemplarse en Miranda de Ebro, donde transcurre una parte fundamental de esta “Conspiración Vermú”. Una que, bajo un disfraz delirante, cortado al estilo del primer Eduardo Mendoza y su “El laberinto de las aceitunas”, esconde -aunque no demasiado- toda una seria lección de Historia reciente de España que nadie que quiera estar al tanto de esa importante cuestión debería dejar pasar de largo…

 

Acerca de Carlos Rilova Jericó

Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Administrador del weblog de "La novela antihistórica", creada como página de crítica independiente en el año 2010 para ayudar a mejorar el criterio de selección de obras de gran difusión comercial entre el público y redactor de la reseña mensual de acceso libre publicada en esa página cada día 20 de cada mes. Director del banco de imágenes y centro de investigación histórica "La colección Reding". Profesional de la investigación histórica y cultural para diversas empresas y organismos públicos desde el año 1996.
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