Una ucronía Art decó. “Tesla y la conspiración de la luz” de Miguel Ángel Delgado

Hoy, otra vez, “La novela antihistórica” se adentra en el territorio incierto de la Historia alternativa.

Ya lo hizo hace más de un año con “Historia lógico-natural” de J. J. Merelo y aún antes, en el verano de 2013, con “La victoria de la Grande Armée” del ex-presidente francés Valéry Giscard d´Estaing.

Portada de “New York the wonder city” (1945). Ejemplar de La colección Reding

La primera de esas dos obras especulaba con el qué hubiera pasado si… en España hubiese triunfado el plan maestro de la revolución de 1868 y hubieran sido los Saboya, en lugar de los Borbones restaurados en 1874, los que hubiesen dirigido los destinos de esa potencia durante la guerra hispano-estadounidense de 1898.

La segunda lo hacía con la posibilidad de que Napoleón hubiese tenido bastante visión para retirarse a tiempo de Rusia en el año 1812, antes de que el crudo invierno de ese año engulliese al grueso de su “Grande Armée”, debilitándolo hasta el extremo de que un último empujón en España por parte de las fuerzas aliadas derribase enteramente por tierra su castillo de naipes imperial.

“Tesla y la conspiración de la luz” es una ucronía con menos pretensiones -o eso parece al menos- que esas otras dos obras.

Esta novela, en efecto, no parece tratar de pintar grandes frescos históricos que dan una vuelta de 180º al desarrollo de la Historia tal y como la conocemos, haciendo de los vencedores vencidos y de los vencidos vencedores, como ocurre con los franceses de 1812 o los españoles de 1898.

Así es, en “Tesla y la conspiración de la luz”, ambientada en los años 30 de un siglo XX alternativo, la Historia, tal y como la conocemos hoy día, en nuestra realidad, apenas se ha alterado.

Alemania y sus aliados han sufrido en 1918 una derrota sin paliativos a manos de unos Estados Unidos dotados de un aplastante poder tecnológico y la situación que ha surgido de esa posguerra no difiere mucho de la que se podía ver en nuestro mundo no alternativo en los años 30.

Son sólo diferencias de detalle: así existe una URSS pero está en manos de Trotsky y no del “terrible Koba”, más conocido como Stalin. Italia no ha tenido tanta suerte. Allí Benito Mussolini ha logrado imponer su régimen fascista. De lo que ha pasado en Alemania no se dice gran cosa, pero es de imaginar que el desarrollo de los acontecimientos en esa realidad alternativa a la nuestra no va a tomar un cariz tan oscuro como el que tomó en nuestro mundo no alternativo.

Entre otras cosas porque en el mundo imaginado por Miguel Ángel Delgado no ha habido “Crack” del 29, ni Gran Depresión alguna, que permita a Hitler y los nazis pasar de curiosidad política a amenazante movimiento de masas a punto de apoderarse de la mayor potencia industrial de Europa con las funestas consecuencias que conocimos en nuestro mundo entre 1933 y 1945.

Detalle de la portada de “New York the wonder city” (1945). Ejemplar de La colección Reding

Así es, Herbert Hoover, el presidente de la Gran Depresión en nuestra realidad no alternativa, el caricaturizado en revistas satíricas de aquella época como la lúgubre y mordaz “Americana” como un zote de hinchados carrillos que se limitaba a repetir el vacuo slogan de “la prosperidad está a la vuelta de la esquina” mientras gran parte de la población de Estados Unidos se hundía en la miseria, es, en el mundo imaginado por Miguel Ángel Delgado, un presidente de lo más eficiente y que vive tranquilamente su mandato, limitándose a actuar como brazo ejecutor de los grandes consorcios capitalistas que, gracias a determinados avances tecnológicos -el verdadero núcleo de “Tesla y la conspiración de la luz”-, han conseguido sortear esa gran crisis mundial de 1929.

Sí, ese es el “Punto Jumbar” -o “Jonbar” para los puristas-, en torno al que gira toda la ucronía de Miguel Ángel Delgado.

En algún momento, entre 1890 y 1919, los Morgan han ayudado a que Edison, Marconi y Ford se hagan con las patentes de Nikola Tesla y las desarrollen de un modo espectacular.

Ese es el único y principal cambio con respecto a nuestra realidad en la realidad alternativa de “Tesla y la conspiración de la luz”. El despojo de Tesla que tuvo lugar también en nuestra realidad, no es utilizado en la imaginada por Miguel Ángel Delgado para arrumbar dicha tecnología y hacerla desaparecer de la vista del público hasta prácticamente hoy día, en el que se ha iniciado una rehabilitación de la figura de Tesla (A la novela de M. A. Delgado y su exposición y otras obras sobre el inventor habría que añadir, por ejemplo, la película “El truco final (el prestigio)” de 2006).

Eso es, pues, lo que cambia la realidad que conocemos para transformarla en la que nos ofrece Miguel Ángel Delgado en “Tesla y la conspiración de la luz”: el saqueo con fines utilitarios de los inventos de Tesla, no únicamente para quitarlo de en medio sino para que Edison y los otros rivales de Tesla se aprovechen de esa tecnología y creen un mundo que en 1930 está tecnológicamente casi igual de avanzado -o puede que más- que el nuestro de ochenta años después.

Algo que se ha visto desde principios del siglo XX alternativo imaginado por Miguel Ángel Delgado. Con un “Titanic” que no se ha hundido gracias a un sistema de detección de obstáculos parecido al sonar, que sólo se desarrolla en nuestro mundo no alternativo años después.

El cambio también se ha dejado notar con el levemente distinto fin de la Primera Guerra Mundial, traído de la mano de una tecnología militar estadounidense basada en los descubrimientos de Tesla, que permite desarrollar un Ejército de autómatas con armas inalámbricas alimentadas por energía eléctrica -y con munición de ese mismo tipo en algunos casos- capaces de desatar devastadoras ofensivas que nada puede detener.

Es de ahí de dónde ha salido un Mundo en paz, dedicado a progresar hasta el infinito gracias a las bondades de esa tecnología birlada a Tesla por Edison, Ford y Marconi.

New York the wonder city, contraportada 1

Contraportada de “New York the wonder city” (1945). Ejemplar de La colección Reding

Un artificial y artificioso paraíso, a un paso de la distopía de George Orwell o de la “Metrópolis” de Thea von Harbou. Libros de los que, evidentemente, es deudora “Tesla y la conspiración de la luz”, como lo es de otros hitos de la primera ciencia-ficción como “Un mundo feliz”, con el que comparte, por ejemplo, la idea del culto a la figura providencial, impulsora del avance tecnológico, con la única diferencia de que, en el caso de la novela de Miguel Ángel Delgado, ese culto más o menos religioso sólo está empezando y que el adorado personaje no es Ford, sino su amigo Thomas Alva Edison.

En ese mundo relativamente inquietante se desarrolla la novela de aprendizaje -o, para los puristas, “Bildungsroman”- de Edgar Kerrigan, el principal protagonista de “Tesla y la conspiración de la luz”. Un peón insignificante en ese apabullante fresco de ciencia-ficción estilo Art decó que ve su vida trastornada por la reaparición en escena, algo involuntaria, de Nikola Tesla, al que tendrá que ayudar a salir de un complot que, sólo en apariencia, trata de reivindicar su nombre y devolverle el crédito y la fama robada por Edison y sus adláteres.

Así, la mayor parte de las más de 400 páginas de “Tesla y la conspiración de la luz” giran en torno al clásico “viaje del héroe” que, en este caso, está protagonizado por Edgar Kerrigan, como en “Parsifal” lo está por Parsifal o en “La Guerra de las Galaxias” por Luke Skywalker… o por tantos y tantos héroes en multitud de relatos repetidos en infinitas variaciones en multitud de Literaturas de todo el Mundo, como bien nos lo cuenta el “Motif-Index”.

Ese viaje iniciático de Edgar Kerrigan es también un homenaje, más que evidente, a la Literatura de Verne… hasta que en los últimos capítulos de “Tesla y la conspiración de la luz” se convierte en un homenaje aún más explícito a H. G. Wells y, en especial, al H. G. Wells de “La Guerra de los Mundos”. Al que, justo es reconocerlo, Delgado llega a superar en algunos pasajes de su obra, como supera al Verne de, por ejemplo, “Robur el conquistador” en el magnífico capítulo que dedica a la hora en la que el financiero Morgan junior se enfrenta con su destino final.

Eso es, en definitiva, lo que los lectores de “Tesla y la conspiración de la luz” encontrarán en las páginas de esa novela.

Ante todo una reivindicación por medio del clásico “viaje del héroe” de la tecnología tesliana que será -o ya está siendo- nuestro futuro y un homenaje casi constante a la ciencia-ficción de Verne y Wells.

Sin duda, esa evocación de los primeros libros leídos por muchos de los posibles lectores de “Tesla y la conspiración de la luz” es una atractiva manera de homenajear a un personaje tan injustamente tratado como Nikola Tesla que, por lo que se va viendo con obras como la de Miguel Ángel Delgado, va a tener un futuro más brillante que los últimos noventa años de olvido y desprecio orquestado por unos competidores que hubieran hecho temblar al darwinista social más curtido, como parece ser fue el caso, cada vez con más claridad, de Thomas Alva Edison. Un personaje menos admirable de lo que ciertos relatos cinematográficos y escritos han pretendido en esos últimos noventa años.

Por lo demás poco se echa a faltar en esta ucronía que se puede resumir en ese homenaje a la ciencia-ficción clásica utilizada como vehículo para reivindicar a Tesla y sus avances tecnológicos.

Quizás a los Rockefeller o a los Vanderbilt que, junto a los Astor y los Morgan, presentes, muy presentes, en esta novela, fueron los que crearon desde Nueva York -la otra gran protagonista de este relato- el Mundo tal y como hoy lo conocemos y, por tanto, algo hubieran tenido que ver con el despojo de Tesla que se describe en la novela de Miguel Ángel Delgado y el posterior desarrollo de ese mundo alternativo en el que los Morgan siguen siendo los supremos amos, como lo fueron -y aún parece que lo siguen siendo- en el nuestro.

También, tal vez, se puede echar en falta en “Tesla y la conspiración de la luz” la ausencia de menciones a inventores españoles como Torres Quevedo, que estaban desarrollando una tecnología similar a la de Tesla en las mismas fechas en las que éste lo hacía, como recordarán, sin duda, los lectores de la antes mencionada “Historia lógico-natural”…

Sin embargo, quizás sea demasiado pedir. Al fin y al cabo Miguel Ángel Delgado ya ha conseguido toda una hazaña hasta hace diez años impensable para cualquier novelista español: que una editorial generalista publicase una novela de ciencia-ficción escrita por un autor español en la que todos los personajes, o su gran mayoría, son anglosajones.

New York the wonder city, contraportada 2

Detalle de la contraportada de “New York the wonder city” (1945). Ejemplar de La colección Reding

Así las cosas, sólo queda recomendar la lectura de “Tesla y la conspiración de la luz” y esperar que el éxito de su autor, como se suele decir, cree escuela. Una escuela de la que la España que se ha olvidado de Torres Quevedo y sus inventos -y de otras muchas cosas- está, por supuesto, muy necesitada.

Anuncios

Acerca de Carlos Rilova Jericó

Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Administrador del weblog de "La novela antihistórica", creada como página de crítica independiente en el año 2010 para ayudar a mejorar el criterio de selección de obras de gran difusión comercial entre el público y redactor de la reseña mensual de acceso libre publicada en esa página cada día 20 de cada mes. Director del banco de imágenes y centro de investigación histórica "La colección Reding". Profesional de la investigación histórica y cultural para diversas empresas y organismos públicos desde el año 1996.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Una ucronía Art decó. “Tesla y la conspiración de la luz” de Miguel Ángel Delgado

  1. Excelente reseña. La verdad es que es un libro muy bueno.

    Ya que sale el tema de inventores españoles, recomiendo encarecidamente otro libro del mismo autor titulado ‘Inventar en el desierto’.

    Un saludo

    Fdo.- El padre de Diana Grosstower 😉

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s