Viaje al fondo de la Segunda Guerra Mundial y la Italia de Mussolini (y II): “Kaputt Mundi” de Ben Pastor

¿Qué se podría decir de “Kaputt Mundi”, la siguiente entrega de las andanzas del comandante Martin Bora en la Italia fascista, que continúa la magnética acción iniciada en “Luna mentirosa”?

Pues principalmente que esta nueva novela de Ben Pastor, que llega a nosotros gracias a los buenos oficios de Alianza Editorial, es, ante todo, una buena excusa.

Una buena excusa para hacer buena Literatura. Gran Literatura incluso, si se quiere.

Sí, Ben Pastor en esta nueva entrega de su carismático personaje, nos ofrece, otra vez, descripciones literarias, pasajes enteros, difíciles de olvidar. Verdaderos bosques literarios que atrapan la mente del lector -como auguraba Umberto Eco- muchas horas después de que haya leído esas páginas.

Y esto lo consigue Ben Pastor precisamente en un terreno verdaderamente difícil por lo aparentemente sencillo que es el marco que ha elegido para sus novelas.

Es decir, la Segunda Guerra Mundial. Un terreno donde es muy fácil deslizarse hacia los lugares comunes y los estereotipos. Y más si la acción se entrecruza aquí, como es habitual en esta serie, con una intriga policíaca.

Sin embargo, no hay nada de eso en “Kaputt Mundi”. Y su autora sabe subrayar esa circunstancia magistralmente a través de situaciones y frases verdaderamente contundentes, expresadas por personajes redondos, perfectamente acabados.

No sólo los principales -el comandante Bora y su peculiar Watson, el inspector de la Policía italiana Sandro Guidi-, también la mayor parte de los secundarios.

Figuras como el comisario Caruso, el jefe de Guidi, que actúa de manera perversa y cruel en medio de las circunstancias en las que se mueve el caso -una Roma ocupada por los nazis y bajo asedio inminente de los aliados desembarcados ya en Anzio- pero ejerciendo esa maldad de un modo escalofriantemente natural, cotidiano. El que es lógico esperar de una sociedad como la de la Italia fascista. Donde la violencia se ha convertido en un credo socialmente aceptado -e incluso estimulado por quienes apoyan al régimen- y apenas se guardan unas mínimas apariencias de civilización que, de hecho, sólo sirven para acentuar más el contraste con la barbarie desatada, pero cotidiana, que ejercen personajes como Caruso.

En general el ambiente que rodea esta nueva entrega de las andanzas del comandante Bora, habla de personas de distintas generaciones y distintas clases sociales que ven despedazarse a la vieja Europa de la “Belle Époque” y de entreguerras a expensas de ese cataclismo llamado Segunda Guerra Mundial.

Ben Pastor sabe retratar perfectamente ese drama, con pinceladas literarias que parecen impresionistas, pero en realidad tienen todo el detalle de un cuadro hiperrealista.

Le basta, por ejemplo, con describir la escena del entierro de una madura dama de la nobleza romana para así hacer percibir hasta el aroma -algo pasado ya- de ese mundo que se desvanece bajo la ocupación nazi y ante el avance de los aliados sobre una Roma que ya no volverá a ser la misma -la orgullosa capital del reino de Italia unificado bajo la casa Saboya en la segunda mitad del XIX- una vez que el drama se haya desarrollado completamente.

Los diálogos de Martin Bora con una de sus augustas parientes afincadas en Roma -para él simplemente donna Maria- abundan en ese aspecto de la novela. Se trata de una mujer que ha visto ya descomponerse el mundo de su juventud, el de esa aristocracia rutilante que asistirá en sus años jóvenes a la convulsión de la Gran Guerra y a todo lo que trae aparejado. Es decir, un espasmo histórico que abate clases sociales, que prepara el terreno a ideologías que se debaten entre los restos de un pasado más o menos mítico -el de la Roma imperial- y el Futurismo.

Perfectamente representadas dichas ideologías -que eclosionarán en el Fascismo de Mussolini- en personajes como el poeta Gabriele D´Annunzio. Amante de donna Maria. Tal y como ella misma se lo cuenta a Martin Bora en una de las entrevistas que sostiene a lo largo de la novela y que son un perfecto contrapunto a los otros acontecimientos de la novela. Unos en los que se entremezclan asuntos tan banales como el robo de neumáticos por bandas organizadas en una Italia donde ya falta de todo -o casi de todo-, mercado negro y decadentes fiestas en las que los ocupantes alemanes y los fascistas italianos compiten por disimular que la aventura común está llegando a su fin en medio de drogas, alcohol y relaciones sexuales rápidas y efímeras, pero a veces trágicas…

Básicamente eso es lo que nos cuenta “Kaputt Mundi”. Es decir, una descripción densa de los últimos momentos de la Italia fascista que, como ya habíamos entrevistó gracias al Cine -desde “Roma ciudad abierta” hasta “Los últimos días de Mussolini”- ha sido uno de los grandes dramas de la Historia reciente.

Más incluso que la caída del Nazismo que, acaso por su mayor grado de capacidad destructiva, ha eclipsado ese gran drama de ópera bufa -y también sangrienta- que fueron las décadas en las que Mussolini se erigió dirigente único y supremo de una Italia que hace su última gran apuesta por convertirse en una gran potencia mundial. Antes de descubrir que ese tiempo ya ha pasado. Desde que el primer soldado aliado logra poner pie en tierra en Salerno, en Montecassino, en Anzio…

Y eso es precisamente lo que consigue “Kaputt Mundi”. Impedir que olvidemos unos hechos a los que, quizás, deberíamos prestar más atención, pues en ellos están muchas de las claves para comprender el mundo que hoy nos rodea, del que formamos parte y que nació de la descomposición de la sociedad europea de la última década del siglo XIX y las tres primeras del XX.

Tal y como nos lo relatan, retazo a retazo, los acontecimientos de esta nueva novela de Ben Pastor.

 

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