Cómo los españoles descubrieron la revolución francesa. “La conjura de los libros” de Carlos A. Yuste

Como ya se ha dicho bastante veces -quizás demasiadas- en esta página que pronto va a cumplir una década en activo, la novela histórica española que, a veces, se ha debido padecer en este país, adolece de muchos defectos. Sobre todo, si la comparamos con la que se hace en Francia o Gran Bretaña.

Ese desnivel, sin embargo, tiene sus excepciones y -parece que cada vez más- se va superando poco a poco.

Un indicio de esa clara luz al final del túnel, ha llegado hace pocos meses a nuestras librerías. Se trata de “La conjura de los libros”, obra de Carlos Aitor Yuste, un historiador vasco-navarro que, merced a la editorial Almuzara, ha conseguido publicar esa curiosa -casi insólita- novela histórica ambientada en la España de Carlos IV. En la real, no en la tópica (y bastante zafia) imaginada durante muchos años -quizás demasiados- por el público general español. Es decir, la de un país dominado por un rey idiota convertido en títere por su aviesa mujer, María Luisa de Parma, que, por si fuera poco, lo hace cornudo consentidor, acostándose con Manuel Godoy. Su primer ministro que, para mayor insidia, era mucho más joven que ella…

Toda esa truculencia, repetida una y mil veces en el imaginario histórico español como una especie de penitencia colectiva, está, sin embargo, completamente ausente de “La conjura de los libros”.

Y es lógico que así sea, porque como demuestran las más avanzadas averiguaciones históricas sobre la época, nada de eso parece haber sido real. Por el contrario, todos esos rumores y maledicencias sobre el rey, la reina… habrían sido tan sólo propaganda negra vertida por el partido que quería ver a Fernando, el hijo de ambos, convertido en soberano de España tras derrocar en un golpe palaciego a Carlos IV.

Las investigaciones que desde hace años lleva realizando y publicando en torno a esta cuestión el profesor Emilio La Parra, lo han demostrado de manera sólida y fehaciente. Y ya antes de “La conjura de los libros” otros historiadores metidos a novelistas históricos, como José Luis Corral, habían empezado a contarlo en novelas como “¡Independencia!” o “El rey felón”.

Y eso es justo lo que Carlos A. Yuste ha sabido reflejar, con mucha agilidad, en esa mezcla de novela de aventuras y novela histórica que es “La conjura de los libros”.

En efecto, esa novela, que también es una novela de aprendizaje, eso que los alemanes llaman “bildungsroman”, nos narra, a través de las aventuras del teniente Luis de los Ríos, lo que realmente es la España de finales del siglo XVIII. Esa que, como el resto de la Europa del Despotismo Ilustrado, se ve ante las últimas consecuencias de tanta Filosofía de las Luces. Es decir: la revolución de 1789. Una que, como todas, o casi todas, trata de expandirse para sobrevivir. O al menos no ser ahogada en la cuna por sus numerosos adversarios. En las fechas en las que se desarrolla la acción de “La conjura de los libros”, las principales potencias europeas. Entre ellas España.

De ese complicado -pero apasionante- panorama es un fiel reflejo “La conjura de los libros”.

Carlos A. Yuste se ha sumergido en esa época. La del cordón “sanitario” (aunque más bien habría que llamarlo “político”) en las fronteras europeas para detener la entrada de discursos y estampas revolucionarias que sirvieran para agitar los ánimos de gran parte de la población de esos países. Una que -bien informada por esos panfletos revolucionarios- quizás acabaría decidiendo que lo que se estaba haciendo en Francia no estaba nada mal. Que, de hecho, les favorecía y, por tanto, debía ser imitado…

Es así como el teniente Luis de los Ríos, se meterá, de lleno, en una conjura muy propia de esa época convulsa y fascinante. Como oficial del Ejército está destinado a vigilar en las fronteras de Navarra que no entre por ellas material revolucionario francés. La cosa parece en principio tan sencilla como las órdenes que muchos otros cientos de soldados y aduaneros habían recibido, desde 1790, en toda la Europa absolutista.

Sin embargo, Carlos A. Yuste, por supuesto, como buen novelista, no se ha conformado con tan poco. El teniente De los Ríos, pariente de Manuel Godoy por cierto, recibe instrucciones muy reservadas que parecen contradecir las primeras órdenes que le habían dado sobre no dejar pasar posibles cargamentos llenos de sospechosas publicaciones francesas…

A partir de ese punto, tras el encuentro del teniente con un personaje que recuerda mucho a los vistos en tramas de películas históricas como “El pacto de los lobos”, empieza una alambicada aventura que lleva a Luis de los Ríos desde las bucólicas montañas navarras hasta el centro de un Madrid goyesco, donde las intrigas políticas queman el pavimento y las salas y antesalas de ministerios, secretarías, palacios señoriales y callejas oscuras donde el teniente De los Ríos descubre cosas importantes.

Por ejemplo el amor de una mujer fascinante, digna del Romanticismo en ciernes en la época y más allá de esos poéticos límites incluso. O, gracias a ella, que la revolución francesa no es únicamente francesa sino internacional, pues en las jornadas de París de 1789 no sólo participan franceses nativos. Por el contrario, habrá allí revolucionarios de otras nacionalidades. Por ejemplo españoles que, como ya quedó demostrado por magníficos libros de Historia como “La epopeya de los locos” de José Manuel Fajardo, juegan un papel no menor en esos hechos.

Algo que “La conjura de los libros” va a permitir descubrir al público español a través de esa trama, convertida por Carlos Aitor Yuste en una novela que es una oferta de lectura que no se puede rechazar.

No, al menos, si se quiere saber algo sobre la España real -no truculentamente imaginada- que descubrió, a finales del siglo XVIII, como el resto de Europa, que los tiempos estaban cambiando, que venía una revolución que quería hacer realidad los mejores sueños del Siglo de la Razón.

Eso es lo que ofrece “La conjura de los libros”. Y es demasiado valioso -más en estos tiempos que hoy recorren Europa de nuevo- como para que lo rechacen quienes se consideren buenos lectores de novela histórica. O incluso quienes quieran saber más de la verdadera Historia de España en aquella época decisiva…

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