Historia de un desastre, Napoleón en Rusia visto a través de una novela gráfica: “Berézina” de Rambaud, Richaud y Gil

En estas cercanías de un invierno realmente crudo incluso cuando aún dura el otoño, no parece una mala idea encerrarse en casa a leer “Berézina”. La novela gráfica publicada por Ponent Mon reuniendo todos los episodios en los cuales Frédéric Richaud e Iván Gil resumieron la novela histórica de Patrick Rambaud “Nevaba”.

La historia que narra “Berézina”, como ya intuyó Rambaud, es verdaderamente sobrecogedora, impresionante y pedía, desde luego, como mínimo, una novela gráfica como ésta. Por no decir una película con un émulo de Stanley Kubrick detrás de las cámaras.

Y esto es así no sólo por lo espectacular del tema central de esta novela gráfica, “Berézina”, sino porque, a pesar de toda la parafernalia estética que ha rodeado desde su muerte a Napoleón, el desastroso episodio del Berésina y su batalla, apenas se ha relatado en las novelas, libros de todo tipo, grabados alegóricos, caricaturas, películas y series de Televisión, o cómics, que se han dedicado al emperador.

Un vacío que primero vino a llenar “Nevaba” de Rambaud y ahora, más recientemente, esta adaptación a lo que hasta hace no tanto tiempo se llamaba “cómic”.

Lo que se puede decir, de lo que nos cuenta “Berézina”, es más bien sencillo, breve incluso, pero no por eso menos interesante. Porque esta novela gráfica es un libro verdaderamente interesante.

En efecto, “Berézina”, basada casi literalmente -salvo ciertas licencias, supervisadas por el propio Patrick Rambaud- nos habla del sueño de Napoleón -de convertirse en un nuevo Alejandro Magno- devenido pesadilla.

Una que comienza por motivos muy prácticos. “Berézina” recuerda -como “Nevaba” en su día- que Napoleón ha ido a Rusia para que su bloqueo continental contra Gran Bretaña funcione, poniendo en fuera de juego los mercados rusos que Alejandro I ha puesto a disposición británica, incumpliendo la Paz de Tilsit.

Una vez sobre el escenario ruso, ya en Moscú, que es donde empieza la acción de “Berézina” -justo en el mismo punto en el que empezaba también, “Nevaba”- comienzan a desplegarse las contradicciones que van a devorar al imperio napoleónico.

Por un lado, Napoleón quiere aplicar un plan frío, cerebral. Es decir, asfixiar a Gran Bretaña no dejándole ningún resquicio en el continente y logrando así lo que el emperador que vemos en las viñetas de “Berézina” -sacado directamente una vez más de las páginas de “Nevaba”- repite una y otra vez. A saber: que todo aquello es por el bien de Europa, para unirla, para hacerla más fuerte, y por el bien de los europeos que, como dice el propio Napoleón, no sería necesario someter por medio de la fuerza militar en cuanto se dieran cuenta del genial plan urdido por la mente de ese Bonaparte que recorre las viñetas de “Berézina”, sacado de la vasta historiografía sobre el emperador.

Por ejemplo, de ensayos históricos como el “Napoléon pacifiste” de Paul de Cassagnac o de su reflejo en novelas ucrónicas como “La victoria de la Grande Armée”, de Valéry Giscard D´Estaing, que ya pasó también por las páginas de “La novela antihistórica” en su día.

A partir de ahí los delirios del emperador, las contradicciones, comienzan a minar todo el plan que, en principio, parecía tan racional e, incluso, altruista.

Napoleón sueña con ir más lejos de lo que fue Alejandro Magno. Cruzando las estepas rusas hasta llegar a la India. Napoleón considera, pese a la guerra abierta con Rusia y sus humildes orígenes de pequeño hidalgo corso, que el zar Alejandro I es su hermano y, por tanto, tiene que hacer todo lo que esté en su mano para evitar que los incendiarios acaben con la bella capital secundaria de su fraternal colega imperial. Napoleón, así las cosas, también divaga durante un buen número de viñetas de “Berézina” con la posibilidad de ofrecer una nueva paz -como la de Tilsit pero mejorada- a Alejandro I…

Napoleón piensa en quedarse todo el invierno ruso -que se anuncia ya terrible en octubre- en Moscú. Napoleón piensa también en avanzar hasta San Petersburgo para lograr la paz con más guerra. Napoleón piensa también, finalmente, que hay que retirarse. Primero a Smolensk, después más allá. Sin parar, bajo un frío infernal -que las viñetas de “Berézina” van recordando página a página- hasta Königsberg y París, donde se conspira contra él y donde el emperador cree que su presencia es más necesaria que al frente de sus tropas una vez que estas han cruzado el Berésina… Pese a que, aun así, están lejos de haberse puesto realmente a salvo tras aquella catástrofe en la que muchos de ellos quedan atrás. Muertos o prisioneros…

Así, en torno a esas erráticas divagaciones del emperador, es esa desintegración del sueño napoleónico bajo el frío, la nieve, el hielo y la persecución de los cosacos, lo que nos describe “Berézina”. Lo hace con viñetas hermosamente dibujadas y que son verdaderamente fieles a lo que se puede imaginar leyendo la novela “Nevaba”.

El drama en la novela gráfica es el mismo que en la novela escrita. Vemos tanto al emperador -y su entorno- sufriendo las consecuencias de esa cadena de errores que es la campaña de Rusia, como al resto de esa microsociedad que se forma en torno a la retirada de la “Grande Armée”. Compuesta no sólo por soldados sino por comerciantes, criados, comediantes, servicio civil del emperador -como el enamoradizo Sebastián Roque, protagonista de la novela- y muchos otros que arrastran un destino aciago hasta regresar a París -los menos de ellos- cargados de recuerdos amargos. Los que sólo pueden quedar cuando el sueño ha dado paso a una pesadilla.

Pues una pesadilla es lo que describe “Berézina”. Un mal sueño en el que el emperador se muestra no como un gran líder, sino como un obtuso soñador que no conoce la medida de sus fuerzas reales, ni la vastedad a la que se enfrenta. Un mal sueño en el que, ante esas flaquezas del supremo líder, toda disciplina se desvanece y surge lo más atroz del ser humano en situaciones extremas. Desde la insensibilidad ante la suerte de otros -por ejemplo ejecutando órdenes de eliminar a los que se niegan a la requisa o prender fuego a los puentes del Berésina cuando aún hay fugitivos que los están cruzando- hasta llegar al canibalismo para poder sobrevivir.

Eso, en definitiva, esa epopeya sangrienta y terrible, pero a la vez dotada de una extraña belleza, es lo que nos cuenta la novela gráfica “Berézina” con exhaustivos detalles que nos muestran los uniformes, los paisajes, las ciudades… de aquel terrible otoño invernal de 1812.

Todo ello bien puede ser una invitación a leer, antes o después de pasar sus páginas, la no menos magnífica novela escrita, “Nevaba”, que la ha inspirado, donde también anida una lúcida, y bien documentada, descripción de aquel monumental error de Napoleón que, después de todo, se convirtió en una famosa parte de la Historia…

 

 

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