Este país es una ruina. La España de Carlos II vista por “Ocaso y aurora” de Matilde Cherner

La edición por Seix Barral de la novela “Ocaso y aurora” es toda una sorpresa por una parte y, por otra, no lo es en absoluto.

La explicación de algo que parece tan contradictorio es bastante sencilla. “Ocaso y aurora” es toda una sorpresa en el panorama literario español, porque es una apuesta verdaderamente arriesgada. Por más que su editor la presentase en términos de reivindicación feminista y en las proximidades del hoy, más que nunca, polémico 8 de marzo. En efecto, Seix Barral ha apostado fuerte aquí porque “Ocaso y aurora”, a pesar de ser una novela escrita por una mujer española que tuvo que ocultarse bajo un pseudónimo masculino -Rafael Luna- es la obra de una mujer prácticamente desconocida y que, además, lleva muerta más de un siglo. No es este currículum, desde luego, el que busca una editorial que trate de que le merezca la pena publicar algún libro en la España de hoy. Por motivos menores que esos, cantidad de manuscritos van a las papeleras de los editores españoles cada día. La misma J. K. Rowling, o cualquier española en condiciones de superarla, no tendría, hoy por hoy, muchas oportunidades de ser publicada. Precisamente por esa búsqueda, ante todo, del factor de riesgo cero, muy asentado en ese mundo editorial español.

Así pues, por eso es una sorpresa que Seix Barral se haya arriesgado a publicar esa folletinesca novela, “Ocaso y aurora”, escrita por una mujer desaparecida hace más de un siglo, poco conocida y, además, autora de una clase de Literatura que, por el estilo en boga en la época en la que escribía, dista ya mucho de lo que hoy día se consume masivamente.

Pero en esta apuesta valiente acaban las sorpresas. En efecto, “Ocaso y aurora” no cuenta nada sorprendente para los españoles de hoy día. Es la misma historia que llevan oyendo muchos años sobre su propia Historia. Es decir, la que se forjó en la época de Matilde Cherner por parte de determinados historiadores como Cánovas del Castillo o por antiguos rivales (y posteriormente amigos) suyos en Política, como Modesto Lafuente.

Es decir, Matilde Cherner, mujer de ideas avanzadas, una adelantada a su tiempo que vive de su trabajo y -según nos cuenta la biografía incluida en las solapas de “Ocaso y aurora”- republicana… sin embargo cae en el mismo punto de vista histórico sostenido y nunca enmendado por hombres totalmente opuestos a ella, como el ya aludido Antonio Cánovas del Castillo.

La tesis central de ese argumento es que España, y sobre todo Castilla, inició una irremediable cuesta abajo a partir del reinado de los Reyes Católicos, llegando a su punto álgido ese declive durante los años en los que la corona de aquel imperio, forjado por esos reyes, fue ceñida por Carlos II. El último de los que, desde los tiempos de Cánovas, se describió como “Austrias menores”.

Eso, punto por punto, es lo que podemos encontrar en las páginas de “Ocaso y aurora”, que se desarrolla en Madrid en el año 1700, en los últimos momentos de la desgraciada vida de Carlos II, mal llamado “el hechizado”.

Sobre ese telón de fondo, y echando mano de todos los recursos del folletín por entregas decimonónico -muy al estilo de Dumas padre- Matilde Cherner describe una conspiración urdida por un noble español para situar un tercer candidato al trono español entre el que pretende imponer Luis XIV y el que quieren exaltar los austriacos, reclamando los legítimos derechos de sucesión de la familia Habsburgo.

Así no faltan en “Ocaso y aurora” todos los recursos propios de las novelas de lance decimonónicas: la niña de orígenes nobles perdida y luego encontrada ya convertida en mujer por unos progenitores que la creían desaparecida para siempre, los “graciosos” generalmente encarnados por toscos personajes de la plebe de la estirpe del criado del D´Artagnan de Dumas, lances amorosos dificultosos por diferencias de fortuna o por orígenes familiares confusos y bastantes de esas que Umberto Eco describía, en su estudio sobre este tipo de Literatura, como  “anagnórisis”.

Es decir, descubrimientos esenciales -generalmente envueltos en muchos signos de exclamación- hechos por los principales personajes de la trama y que para los lectores de hoy pueden parecer imposibles y bastante rebuscados. Casi inverosímiles. Por ejemplo, el de ser descendiente de Felipe IV pese a llevar una existencia más que oscura, como ocurre en el caso de uno de los principales protagonistas de “Ocaso y aurora”.

Poco más hay en esta curiosa novela que, como buen folletín, lleva a quienes la leen por senderos que a veces parecen difíciles pero que, finalmente, les impide soltar el libro hasta su última página, una vez que se ha cogido el “aire” a esa Literatura de entretenimiento decimonónica que hoy nos puede parecer tan rara.

Aparte de eso, los lectores aprenderán con “Ocaso y aurora” algo acerca de la España de Carlos II. Por ejemplo, sobre las intrigas palaciegas que acabaron llevando a los Borbones al trono español o sobre el llamado “Motín de los Gatos”, que mezcló en esas intrigas al bajo pueblo de Madrid (muy bien representado en “Ocaso y aurora” por cierto) y sirvió a Teófanes Egido para escribir, a finales del siglo XX, uno de los más interesantes estudios de Historia social española.

¿Se trata de una imagen certera de ese período histórico, al que se achacan muchos de los males de España sobre los que tanto se ha escrito y tanto se ha hablado?

La respuesta a esa pregunta es que “Ocaso y aurora” hace un retrato certero de esa España de Carlos II de acuerdo a los tópicos que se manejaban en la época en la que Matilde Cherner la escribió, pero hay que añadir a esto que eso dista mucho de lo que realmente ocurrió en aquella época tan controvertida.

Pero quizás es mucho pedir a una novela escrita y publicada originalmente en 1878. Más si tenemos en cuenta que se ha avanzado muy poco en averiguar cómo fue realmente aquella España de Carlos II. Tanto en los estudios históricos como en las novelas históricas que, naturalmente, beben de ellos. Basta para constatar esto con leer las novelas de José Calvo Poyato, donde lo que se cuenta sobre la España de Carlos II no es tan distinto a lo que se cuenta en “Ocaso y aurora”. Pese a haberse escrito más de cien años después de que Matilde Cherner muriera.

Así pues, esta novela de una escritora española del siglo XIX hoy casi desconocida -como muchas otras pioneras- sólo debería ser un punto de partida para aquellos lectores a los que, al recuperar la respiración tras leer la última página de “Ocaso y aurora”, les asalten las preguntas sobre cómo fue realmente la España de Carlos II. La respuesta que pueden encontrar en los pocos libros de Historia sobre la época que la han abordado sin prejuicios como los sembrados por Cánovas del Castillo, seguramente les sorprenderá.

Como no podía ser menos…

Acerca de Carlos Rilova Jericó

Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Administrador del weblog de "La novela antihistórica", creada como página de crítica independiente en el año 2010 para ayudar a mejorar el criterio de selección de obras de gran difusión comercial entre el público y redactor de la reseña mensual de acceso libre publicada en esa página cada día 20 de cada mes. Director del banco de imágenes y centro de investigación histórica "La colección Reding". Profesional de la investigación histórica y cultural para diversas empresas y organismos públicos desde el año 1996.
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