Historia de España pasada y presente: “El tesoro del Cisne Negro” de Guillermo Corral Van Damme y Paco Roca

La primera pregunta, razonable, que puede surgir ante una reseña como ésta es ¿qué tiene que ver un cómic -o más bien una novela gráfica- con la novela histórica?

La respuesta para la mayoría de quienes hayan leído “El tesoro del Cisne Negro” seguramente será obvia: esa obra, ilustrada por Paco Roca y guionizada por el diplomático Guillermo Corral Van Damme, contiene un valioso relato sobre la Historia pasada y presente de España.

En efecto, “El tesoro del Cisne Negro” es algo más -mucho más- de lo que parece. Es decir, un simple homenaje gráfico y literario a la obra de Hergé y su conocido reportero Tintín.

Así es, sólo apariencia -y nada más- hay en “El tesoro del Cisne Negro” que lo una a la, por lo general, conservadora -en casi todos los aspectos- obra de Hergé.

Y es así porque esta novela gráfica navega, y bucea, en aguas muy profundas. De hecho, peligrosas en una España -la actual, la del fin de la Transición de 1978- que, parece evidente, está en proceso de descomposición. Con todo lo que esos espasmos históricos suelen llevar aparejado.

El guionista de “El tesoro del Cisne Negro”, el aún joven pero experimentado diplomático Guillermo Corral Van Damme, habla, en efecto, sin muchos ambages de todo lo que rodeó al ahora célebre proceso en torno a la recuperación de la valiosa carga de la fragata española Nuestra Señora de las Mercedes. Más conocida, simplemente, como la Mercedes.

Los hechos, históricos, son bien conocidos gracias a ese proceso judicial que ha servido de base a “El tesoro del Cisne Negro”. Y, de hecho, esta obra no es la primera novela histórica sobre este tema que ha sido reseñada en esta página.

Recapitulando lo que puede decirse al respecto es que, en 1804, sin previa declaración de guerra, un convoy militar español que portaba en sus bodegas considerables cantidades de dinero acuñado en las colonias americanas, es atacado por una flota británica en las cercanías de la costa andaluza, poco antes de llegar a su destino en el puerto de Cádiz.

En el transcurso de ese combate desigual, la fragata Mercedes será enviada al fondo del Mar. Supuestamente a causa de los daños recibidos en la lucha con los británicos. Dos siglos después, a partir de mayo de 2007, la empresa cazatesoros Odyssey barrerá los fondos marinos de esa parte del mapa para llevarse todo el contenido de las bodegas de ese navío militar español. Un acto de saqueo, en puridad, que será contestado por el Gobierno de esa nación, reclamando a dicha empresa la devolución íntegra de esos tesoros. Proceso que culminará con un rotundo éxito.

“El tesoro del Cisne Negro”, por las razones que sea, ha elegido relatar un trasunto de ese relato histórico verdadero. Alterando en parte, por ejemplo, los nombres de los protagonistas. Así la empresa Odyssey ha pasado a convertirse en Ithaca, en un claro guiño a la obra de Homero que, sin duda, inspiró en su día a los fundadores de la empresa cazatesoros real y derrotada en los tribunales estadounidenses por el gobierno español.

Eso, sin embargo, no altera apenas las verdaderas circunstancias de lo ocurrido en el mundo real en torno a los años 2007 y 2011, y que es, en definitiva, lo que viene a relatar “El tesoro del Cisne Negro”.

Esto es: la larga lucha del último ministerio de Asuntos Exteriores nombrado por el último gobierno del socialista José Luis Rodríguez Zapatero para conseguir que los tribunales norteamericanos arrebatasen legalmente a Odyssey lo que había sacado de las aguas territoriales españolas. Un tesoro de la época de las guerras napoleónicas, perdido por el Estado, además, a causa de un acto cuando menos difícil de admitir en Derecho Internacional. Tanto en 1804 como en 2007.

Eso es lo que fundamentalmente cuentan las páginas de “El tesoro del Cisne Negro” con un pulso narrativo del mejor thriller político, el acuñado por firmas como Frederick Forsyth en los años sesenta y setenta del siglo pasado.

Así, de la mano de un doble del guionista, entramos en las interioridades del Ministerio de Asuntos Exteriores español de la época, llegamos hasta el gabinete del ministro y, desde allí, saltamos a los archivos históricos españoles en los que -como se supo en la realidad, a cuenta del caso Odyssey- se buscan tesoros ocultos en pecios hundidos en aguas tanto territoriales como extraterritoriales.

Esa es solo una escala intermedia en el relato de “El tesoro del Cisne Negro” para descubrir intrigas de lo más diverso. Como, por ejemplo, todas las tretas legales usadas por la empresa “Ithaca” para llevarse el tesoro de la Mercedes a Estados Unidos y reclamarlo como ganancia legítima.

Como la historia acaba bien para los protagonistas españoles, “El tesoro del Cisne Negro” también nos cuenta toda la astucia, digna de Ulises, que despliegan los héroes -y heroínas- de este relato codificado sobre el caso real de Odyssey para demostrar el expolio y devolver el tesoro a España justo antes de que cambie el gobierno en el año 2011. Tal y como, más o menos, ocurrió en la realidad fuera de las viñetas de esta novela gráfica.

En conjunto “El tesoro del Cisne Negro” es una lectura agradable y provechosa. Es, además, un relato valiente, que pone de manifiesto no sólo la Historia pasada de España al comienzo de las guerras napoleónicas -como era de esperar, teniendo en cuenta el leitmotiv de la obra- sino que también se atreve a hacer un acerado retrato de la Historia del Tiempo Presente de la España actual. La heredera de ese proceso histórico que se ha dado en llamar “de la Transición”.

En efecto, en la parte central de “El tesoro del Cisne Negro” se revelan presiones desde ciertas áreas de poder fáctico que, al parecer, según el guion de Guillermo Corral Van Damme, subsisten en España y que, tal y como señala el ministro de Exteriores en el relato, son reminiscencias del Franquismo. Unos escombros políticos de ese régimen dictatorial que buscan, bajo la capa de un falso patriotismo, que España no levante cabeza y se conforme con ser no ya una potencia más dentro de la Unión Europea, sino un país tan irrelevante como servil frente a supuestos poderes políticos superiores…

Todo ello hace, en efecto, una interesante pieza literaria de “El tesoro del Cisne Negro”. Por más que el historiador eche en falta más detalles. Por ejemplo, la dramática hazaña del comandante de la Mercedes. El guipuzcoano José Manuel de Goicoa, que no se limitará a sostener una lucha desigual contra los navíos británicos que lo atacan, sino que llegará -según ciertas versiones- al último sacrificio. Es decir, a volar el barco bajo su mando antes que permitir que ese tesoro que iba en sus bodegas -tan traído y tan llevado- caiga en manos de una potencia contra la que su país -evidentemente- acababa de entrar en guerra aquella misma mañana del año 1804 en la que él morirá.

Una lástima esa ausencia en las páginas de “El tesoro del Cisne Negro”, porque el capitán Goicoa merecía esos honores que, en su momento, fueron convenientemente recordados. Como sabemos quienes hemos trabajado -y publicado- sobre la vida no menos novelesca de su hermano superviviente, Joaquín Gregorio de Goicoa. Alguien que se convertirá en uno más de los muchos héroes -olvidados- de la Guerra de Independencia. Precisamente a causa del legado heroico-político que su hermano le deja esa mañana del año 1804, en la que empezaron a rodar esos acontecimientos históricos…

Los mismos que, después de todo, han permitido a Paco Roca y Guillermo Corral Van Damme escribir una novela gráfica notable, memorable y -sí- también histórica en más de un sentido.

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