El fin de la edad de la inocencia: “Asesinato en Kensington Gardens” de Anne Perry

Una vez más vuelve “La novela antihistórica” a la era victoriana siguiendo los pasos de Anne Perry, la autora que, al parecer, ha consagrado su vida literaria a esa época.

En esta ocasión la vía de entrada a esa era que tanto fascina a un gran público, es la, de momento, última novela de la larga serie que Anne Perry lleva dedicando a Thomas Pitt, con ya más de treinta títulos protagonizados por este personaje hasta ahora bastante candoroso. Casi tierno para un detective que se mueve en un mundo lleno tanto de esplendor imperial británico, como de zonas de oscuridad que han sido su elemento natural desde que ingresa en la Policía de Su Majestad. Primero como simple agente, más tarde como inspector y después como un relativamente largo etcétera que, en “Asesinato en Kensington Gardens”, ya lo ha elevado al rango de comandante del Departamento Especial al filo del año 1899. Es decir, poco antes de que el esplendoroso reinado de Victoria toque a su fin. Por extinción física de la propia reina-emperatriz.

En la práctica ese nombramiento ha convertido a Pitt en jefe de lo que podríamos considerar como la policía política de la Gran Bretaña imperial. Ese hecho marca todo el relato de “Asesinato en Kensington Gardens” y, de hecho, lleva a una tortuosa evolución del personaje de Thomas Pitt, que pasa ahí a convertirse en alguien más denso, más oscuro, menos plano -si se quiere ver así- de lo que ha sido en los anteriores volúmenes de la saga. En los que aparece como un héroe ejemplar, íntegro, modélico marido -incluso un poco blando para los estándares victorianos- más modélico padre aún y, por descontado, también modélico servidor de la ley y el orden de aquella Gran Bretaña de la segunda mitad del siglo XIX.

Ahora, y esa puede ser la gran sorpresa que guarda en su interior “Asesinato en Kensington Gardens”, todo eso parece ir a cambiar, en ese año de 1899 en el que un investigador amateur -pero al servicio directo de la reina Victoria- aparece ahogado en el pequeño lago del Serpentine, en lo que hoy es el centro de Londres. Justo al lado del célebre Royal Albert Hall, que recuerda al llorado marido de Victoria y en el que, desde su inauguración en 1871, han grabado y dado memorables conciertos grupos tan emblemáticos como “Deep Purple” o “The Who”.

En esos elegantes jardines que en su día habían sido el extrarradio londinense, aprovechados -como todos ellos- para acciones más o menos ilegales, como los duelos entre caballeros, aparece -como una reminiscencia de ese pasado ya casi enteramente superado por la encorsetada sociedad victoriana- el cadáver de sir John Halberd.

La resolución de ese caso será el hilo conductor, a lo largo de las más de 300 páginas de esta nueva novela de Anne Perry, que lleva a Pitt a descubrir unas cuantas cosas sobre sí mismo. Y otras tantas, sobre la Gran Bretaña victoriana, a los lectores que se acerquen hasta “Asesinato en Kensington Gardens”.

Y todo esto, una vez más, Anne Perry lo hace con su bien contrastada maestría. Para ello nos lleva desde las oficinas de los distintos cuerpos policiales de la época, hasta las habitaciones privadas tanto de la reina como del controvertido príncipe heredero, el futuro Eduardo VII. En esos lugares y en diversos clubs de caballeros en los que tantas veces el Cine ha reflejado esa época (preferentemente con David Niven en el centro de la escena)  Pitt tratará de averiguar cuál fue la verdadera naturaleza de la muerte de sir John Halberd, al que la reina había encargado vigilar a Alan Kendrick -amigo personal del príncipe Eduardo- y que pierde la vida en el intento. Y  no accidentalmente, como en principio podía parecer, sino víctima de un deliberado asesinato.

Es así como Pitt nos va describiendo una Gran Bretaña que, a finales del siglo XIX, va entrando en una nueva época. Una en la que se sigue viajando por Londres en coche de caballos o se convoca a la gente a reuniones por medio de mensajeros, pero ya se habla también, casi cotidianamente, por teléfono.

La Gran Bretaña que describe “Asesinato en Kensington Gardens” es también una en la que la mujer sigue teniendo un papel subordinado -como es de esperar en la época victoriana- pero en la que, sin embargo, ejerce formas de poder sutil que van desde la autoridad de la reina -perfectamente descrita en las entrevistas que Pitt sostendrá con ella para informarle de la marcha de sus investigaciones- como en otros medios. Por ejemplo, en los clubes de mujeres donde se debate ya abiertamente sobre lo que derivará en el movimiento sufragista.

Como podemos ver en las visitas que a uno de ellos realizan Charlotte, la mujer de Thomas Pitt, y su cuñada, mientras realizan una investigación paralela a la del propio Pitt. Una que, quizás, los amantes de la acción encuentren tediosa por faltarle el ritmo más trepidante que imprimen a la suya el ahora comandante Pitt y sus adláteres.

Sin embargo, hay que señalar que ese desfase de ritmo entre las investigaciones de Charlotte Pitt y las de su marido, realmente acrecienta el interés de “Asesinato en Kensington Gardens”, al convertirse en un vehículo para que Anne Perry luzca su profundo conocimiento de la Gran Bretaña victoriana.

En efecto, por medio de diálogos más o menos sutiles, Anne Perry nos describe en esas averiguaciones de Charlotte Pitt las interioridades de la alta sociedad londinense de los últimos años de Victoria. Formando así un complemento verdaderamente imprescindible a otra de las facetas de aquella compleja sociedad. Es decir, la de las altas intrigas políticas, dirigidas por hombres como el propio Thomas Pitt, que están en el trasfondo de “Asesinato en Kensigton Gardens”.

La intriga política fundamental en concreto que sirve de eje a esa novela, es la llamada segunda guerra de los bóers que, efectivamente, como se deja ver a lo largo de “Asesinato en Kensington Gardens”, estallará en poco tiempo y perdurará hasta después de la muerte de Victoria en el año 1901.

Pitt, en efecto, descubrirá siniestras relaciones entre la alta sociedad londinense y los preparativos de esa guerra, que resultará tremendamente complicada para Gran Bretaña. Todo ello queda plasmado en las páginas de “Asesinato en Kensington Gardens”, de manera sutil, salpìcado entre otras intrigas secundarias que, finalmente, son un callejón sin salida para Thomas Pitt.

Con todo esto, esta novela de Anne Perry ofrece, una vez más, un interesante -y verídico- relato, de lo que es ese imperio británico ya cansado -aunque todavía no agotado- que dirige la anciana Victoria. Temerosa de dejarlo en manos de un príncipe bastante disoluto e irresponsable como el futuro Eduardo VII, que deberá enfrentarse a un complicado mundo que va de cabeza a la que hoy conocemos como Primera Guerra Mundial.

Los lectores españoles, sin embargo, quedan un tanto huérfanos respecto a lo que podrían sacar en conclusión sobre su propia Historia en “Asesinato en Kensington Gardens”.

En esta novela, en efecto, y a diferencia de lo que ocurría en un episodio anterior de la saga, “Un misterio en Toledo”, sólo Gran Bretaña, los bóers y Alemania tienen algún protagonismo. La España de aquella época -al igual que otras potencias europeas latinas como Francia o Italia- ha quedado esta vez excluida de ese relato. Y todo ello pese a que los pasillos del poder británico están sobrecogidos en 1899 -fecha en la que transcurre la acción- por lo que ha ocurrido en Cuba, Puerto Rico y Filipinas apenas un año antes y buscarán, ya desde esa fecha, una sólida alianza con España de cara a los futuros conflictos que el Imperio Británico deberá afrontar ante amenazas todavía difusas pero claramente emergentes. Como los mismos bóers o unos Estados Unidos que siguen ambicionando Canadá o un control del Estrecho de Gibraltar que depende no sólo de esa plaza británica, sino de las de soberanía española al otro lado del Mediterráneo…

Una política que, en apenas cinco años, desde 1899, desembocará en el matrimonio de Alfonso XIII con Victoria Eugenia. Conocida como “Ena” y nieta de la reina Victoria. Una de las grandes protagonistas de “Asesinato en Kensington Gardens”. Todo ello tras no pocas intrigas en las que la corte española es halagada por otras cortes y cancillerías europeas con el fin de cerrar una alianza sellada por medio de un matrimonio. Tal y como la prensa satírica de la época reflejaba con verdadera mordacidad…

Pero, al margen de este déficit para los amantes españoles de la novela policíaca victoriana, que -esperemos- algún día se decida a resolver tanto Anne Perry en futuros episodios de la saga de Thomas Pitt, como el propio sector editorial español (que está despreciando lo que podría ser un verdadero filón), “Asesinato en Kensington Gardens” es, desde luego, una más que recomendable lectura para aproximarse a la Gran Bretaña imperial que llega a su zénit en ese año de 1899. Poco antes de que Victoria muera y entre definitivamente en la Historia con “H” mayúscula. Para dar nombre a esa época que, como se ve por el éxito continuado de Anne Perry, sigue fascinando a un gran público todavía cien años después…

 

 

 

Acerca de Carlos Rilova Jericó

Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Administrador del weblog de "La novela antihistórica", creada como página de crítica independiente en el año 2010 para ayudar a mejorar el criterio de selección de obras de gran difusión comercial entre el público y redactor de la reseña mensual de acceso libre publicada en esa página cada día 20 de cada mes. Director del banco de imágenes y centro de investigación histórica "La colección Reding". Profesional de la investigación histórica y cultural para diversas empresas y organismos públicos desde el año 1996.
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