¿Cuento de hadas? ¿Novela romántica? ¿Novela histórica?: “La cocinera de Castamar” de Fernando J. Muñez

¿Es sencillo tratar de resumir en poco más de tres folios más de 700 páginas de una novela que no sea “Guerra y Paz”? Ciertamente cuando se aborda con esa intención “La cocinera de Castamar”, parece imposible. O cuando menos bastante difícil.

Porque difícil es saber cómo esta primera novela del autor podrá sostener durante tan largo trayecto una acción que se reduce, básicamente, a contar los avatares de una historia sabida y consabida desde que los seres humanos empezaron a hacer de la narración de relatos ficticios un entretenimiento. Allá por la época de los cazadores-recolectores, en torno a los fuegos de campamento.

La historia de Clara Belmonte, la cocinera de Castamar, es, en efecto, un esquema repetido miles de veces desde esa época y que aparece recogido en el Motif-Index, donde se ha tomado cuenta desde hace años de esos relatos básicos. Los que componen los cuentos de hadas con los que se educaba a los niños -antes de que la Humanidad tomase ese camino de perdición llamado “Corrección Política”- para que se enfrentasen a las crudas realidades de la vida con un bagaje más o menos útil. Como ya se ha analizado y descrito en obras tan sesudas como “La bruja debe morir”, en la que, desde la Psicología, se estudia la estructura de esos cuentos de hadas y el valor educativo que han tenido durante siglos.

En efecto, visto desde esa perspectiva, no cabe duda de que mucho de lo que hay en las más de 700 páginas de “La cocinera de Castamar”, es un cuento de hadas arquetípico. Es decir, el de la muchacha de baja condición que logra superar sus difíciles condiciones de origen para, a través del Amor y de sus propias virtudes personales, alcanzar un alto status, elevada por otra figura arquetípica -un rey, o una reina, o, como en este caso, ambos- que se erige en juez de esa aventura vital y decide recompensarla.

Con esa base es fácil que “La cocinera de Castamar” sea también una novela romántica. O incluso de capa y espada, “de aventuras”. De hecho, en las notas finales de la novela, Fernando J. Muñez menciona que el “Scaramouche” de Rafael Sabatini está en los cimientos de su novela. Lo mismo que las obras de Jane Austen.

Pero, de hecho, son muchos más los autores -aparte de la señorita Austen y el inefable espadachín literario Sabatini- que el autor de “La cocinera de Castamar” podría haber reivindicado. No hay duda de que uno de los personajes principales de la novela, el asesino a sueldo Hernaldo de la Marca, debe mucho a personajes de Dumas y, más aún, a las imitaciones españolas del genial escritor mulato. De hecho, es difícil no ver a Hernaldo de la Marca como una criatura híbrida del hoy todavía famoso capitán Alatriste y su archienemigo, Gualterio Malatesta. Tanto que, bien mirado, su presencia en el marco histórico en el que se desarrolla “La cocinera de Castamar”, resulta casi anacrónica, como un personaje del siglo XVII, de la época de Felipe IV, caído, por azar, en un mundo, de hecho tan diferente, como la España dieciochesca de Felipe V.

Muñez, a decir verdad, ha hecho poco por desfacer ese entuerto literario, describiendo a su personaje, casi hasta el final de la obra, como un asesino a sueldo más de la época del conde-duque de Olivares que de un siglo XVIII donde la espada ligera ha desplazado ya casi completamente a los bravos armados con dagas de misericordia y lo que impera es un estilo de esgrima que ya no se atiene a ese tipo de lucha a ambas manos armadas, sino que lo fía todo a la destreza con la capa arrollada a un brazo y el espadín en la mano contraria. Al menos en los lances callejeros, pues en los más formales duelos ni siquiera se utiliza ya la capa como escudo improvisado.

Ese anacronismo de Hernaldo de la Marca, parece ser un efecto deliberadamente buscado por el autor. Pues sólo en alguna muy rara ocasión, y hacia el final del libro, alude a que su personaje se cubre la cabeza no con un chambergo de ala ancha, sino con un dieciochesco sombrero de tres picos.

Rasgos así, y otros muchos más, hacen de “La cocinera de Castamar” una novela indudablemente romántica y, sí, también de capa y espada, de aventuras…

Y ahora cabría preguntarse, ¿todo esto inhabilita a “La cocinera de Castamar” como novela histórica?

Las opiniones, ya se sabe, son para todos los gustos y todo el mundo tiene una. O dos, o tres, o incluso muchas más. Generalmente sobre asuntos ajenos, más que sobre los propios.

Así, cualquier cosa que se diga respecto a “La cocinera de Castamar” y su valor como novela histórica, puede ser respondido -por el autor, por sus editores, por sus ya numerosos fans…- con un gesto de desdén, señalando -argumento irrebatible en una España como la actual, con expectativas y pretensiones muy a la baja- que bien poco puede importarle eso a una novela que ya es un bestseller y, encima, va camino de convertirse en película de la mano de una de las principales productoras españolas: A3media, que se ha sumado tantos en ese campo del cine histórico como la serie “Tiempos de guerra”…

Esta es, efectivamente, una opinión. Y sin duda de mayor peso que la que pueda emitir “La novela antihistórica”.

Lo cual no quita, para que, en efecto, pueda haber otras opiniones sobre si “La cocinera de Castamar” debería ser considerada también una novela histórica.

Ciertamente lo es en muchas de sus páginas. Fernando J. Muñez muestra en ellas, por ejemplo, un conocimiento erudito y exhaustivo de la Historia de la Cocina, mencionando tratados de ese arte desde época romana hasta el siglo XVIII sólo conocidos por los expertos en la materia.

También demuestra el autor de “La cocinera de Castamar” en muchas de sus páginas un buen conocimiento de la sociedad española de la época. Desde la más alta alcurnia, la del duque de Castamar, don Diego -el protagonista masculino de la novela- y su némesis -el marqués Enrique de Arcona- hasta la de los bajos fondos de Madrid. Los de los mesones infectos en torno a Lavapiés -lugar más tarde conocido como el Avapiés algunos años después del momento en el que transcurre la novela- y los aledaños de esos barrios bajos de Madrid.

Los personajes de “La cocinera de Castamar”, de hecho, piensan y se comportan en gran parte de la novela, de acuerdo a intereses, valores y motivaciones que no son los nuestros, sino los propios de su época. Visibles, por ejemplo, en la barrera de estamentos que empieza a estar erosionada por los comienzos de la Ilustración, pero todavía pesa mucho, en 1720, cuando se desarrolla la acción. O en el terror a bañarse con agua caliente, más allá de la limpieza en seco -con trapos humedecidos en agua de Colonia o similar- porque lo consideran una fuente de enfermedades.

Sin embargo, en el conjunto de las más de 700 páginas de la novela, el autor parece no haberse querido meter en aguas históricas demasiado profundas, dejando toda esa cuestión en un terreno más bien nebuloso, impreciso. O incluso en uno en el que los detalles exhaustivos sobre esas cuestiones históricas parecen haberse consultado con bastante rapidez y sin recurrir a ayuda verdaderamente especializada. Así, por ejemplo, habla Fernando J. Muñez en varias ocasiones de una imprecisa presencia de Luis XV -el rey de Francia- en Madrid, para sellar la paz por la reciente Guerra de la Cuádruple Alianza (1717-1720), pero alude a él como delfín de Francia. Cosa que aquel jovencísimo personaje no era desde el año 1715, cuando es proclamado rey de Francia y de Navarra.

Un detalle que no es necesario consultar en obras especializadas como la del académico francés Pierre Gaxotte, dedicada a describir con detalle esa época, pues ya flota en el éter de Internet desde hace tiempo…

Aun así, en conjunto, “La cocinera de Castamar” consigue atravesar ese pasaje con bastante dignidad. Más que muchas otras novelas pretendidamente históricas escritas en España en los últimos años.

Así, las escasas referencias a la Alta Política del momento en “La cocinera de Castamar” oscilan entre un relato histórico bastante anticuado del verdadero papel de España en la Europa de la época -como potencia declinante y a remolque de Francia- y otro mucho más realista, hacia el final del libro, cuando sabemos qué ha sido de doña Sol Montijos (la némesis femenina de don Diego de Castamar). En ese punto la novela, en efecto, describe los hechos históricos del momento de un modo más acorde con lo que sabemos gracias a historiadores de la talla de Joseph Pérez y varias investigaciones históricas más publicadas en los últimos años.

En conjunto ese es el balance que se puede sacar de “La cocinera de Castamar”. Como novela y sobre todo como novela histórica. Poco más se puede decir, salvo que los historiadores lamentamos que no se haya dado más protagonismo en su trama a los grandes acontecimientos históricos que ocurrieron ahora hace 300 años entre agosto de 1719 y el verano de 1721. Eso, de momento, deja, todavía, a “El caballero de Harmental” (publicada en 1842) como la principal novela histórica sobre estos acontecimientos. Y es una verdadera lástima, porque la industria editorial española podría haber aspirado a más, mucho más, en este tercer centenario de unos hechos no por poco conocidos menos importantes para la Historia de varios millones de lectores en lengua española…

 

Acerca de Carlos Rilova Jericó

Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Administrador del weblog de "La novela antihistórica", creada como página de crítica independiente en el año 2010 para ayudar a mejorar el criterio de selección de obras de gran difusión comercial entre el público y redactor de la reseña mensual de acceso libre publicada en esa página cada día 20 de cada mes. Director del banco de imágenes y centro de investigación histórica "La colección Reding". Profesional de la investigación histórica y cultural para diversas empresas y organismos públicos desde el año 1996.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.