Nazis, héroes y holandeses: “En busca de tu nombre” de Marjolijn van Heemstra

Desde hace algunos años el historiador británico Henry Kamen ha insistido en diversas ocasiones, no sin razón, en el mal papel en la Historia que se ha asignado a España frente a otras naciones.

Que ese rol jugado en la Historia fuera más o menos real, más o menos histórico, más o menos cierto, más o menos falso… poco ha importado. Kamen, y otros historiadores, han demostrado que esa clase de estereotipos históricos se han pegado como la pez a cada nación. Ni que decir tiene a España se le ha pegado, sí, como la pez, el estereotipo, el tópico, de nación atrasada, oscurantista, etc… frente a países más desarrollados de la misma Europa como Gran Bretaña, por ejemplo.

En definitiva, a España, como bien ha señalado Kamen diversas veces, se le ha adherido un desfile de tópicos que cierto sector de la Derecha ultramontana de ese país (al parecer nada cobarde, pero no por eso menos indocumentada e irresponsable) parece empeñada, todavía hoy, en demostrar como buenos. Echando, con esas vocinglerías, más y más leña a esa hoguera infame de tópicos groseros que lleva ardiendo desde los tiempos del primer Guillermo de Orange.

Y ya que hablamos del padre fundador de Holanda, ese país, por supuesto, también habría recibido un papel en la Historia universal fundamentalmente dominada hoy por blancos, anglosajones y protestantes.

Partiendo desde esa base, no es extraño que Holanda haya ganado una muy buena reputación internacional en la que generalmente aparece retratada como una pequeña heroica nación llena de grandes ideas avanzadas en lo religioso, lo económico, lo político, lo científico… Al menos en su edad de oro, que coincide, más o menos, con la segunda mitad del siglo XVII, tras conseguir la independencia de la corona española.

Pese a que esa buena reputación holandesa es tan dudosa como la mala reputación española, ha gozado, sin embargo, de una extraordinaria salud hasta hoy día. Así, en todos los períodos históricos, Holanda, primero como República y desde finales del XVII hasta hoy día como monarquía más o menos limitada por un Parlamento, ha conseguido una más que bella imagen histórica.

En efecto, cuando se habla de ella a nivel internacional, se recuerda, sobre todo, a sus grandes científicos del XVII -Christiaan Huygens, Antoni van Leeuwenhoek…-, a sus artistas de la misma época -Rembrandt, Vermeer..-, rara vez se recuerdan sus solemnes desaguisados y si se hace es a título de curiosidad jocosa. Como una inocua gamberrada del chico más admirado de la clase que, la verdad, no hace sino aumentar su popularidad así… Es el caso, por ejemplo, de la gran crisis financiera provocada por la locura de los tulipanes. Un crack financiero diecisetesco desencadenado por una idea tan absurda económicamente como conceder exagerados valores económicos a algo que, como ocurre con esa flor, carece de verdadero valor objetivo, más allá de ser un mero capricho decorativo, prescindible frente a necesidades más urgentes, vitales.

Tal es el éxito de imagen de Holanda a lo largo de la Historia, que hasta se ha olvidado que esa pequeña y heroica nación protestante, debe aliarse para sobrevivir, tras su independencia, con el Goliat católico -representado por el imperio español- a partir del año 1672, cuando Luis XIV trata de aniquilar a esa república holandesa que entra así en una seria crisis. Sorprendente -pero absolutamente verídico- corolario histórico que tira por tierra todos los tópicos sobre la Leyenda Negra y su imagen contraria: la de países como Holanda que siempre habrían sido la antítesis de la oscurantista España. Esa misma que, sin embargo, pone a disposición de esa nación todos sus recursos en 1673 para evitar que su antigua joya de la corona, entonces ya desgajada, sea aniquilada por un nuevo enemigo común. Es decir, el hombre de Versalles, el rey Sol, Luis XIV…

Bien, así las cosas, la reputación histórica holandesa parece ser capaz de resistirlo todo. Hasta sus momentos más oscuros. Por ejemplo, entre 1815 y 1830, cuando el reordenamiento del mapa de Europa tras las guerras napoleónicas, pone a la actual Bélgica bajo dominio holandés y éste -una vez derrotado el nuevo enemigo común en Waterloo- es ejercido con verdadero furor, convirtiendo a los belgas en ciudadanos de segunda, prácticamente en un territorio ocupado. Uno que, naturalmente, cuando estalla la revolución de 1830, no duda en enfrentarse, a mano armada, contra esa ocupación holandesa. Movimiento revolucionario que, curiosamente, es llevado al éxito por un antiguo oficial del Ejército español, Juan van Halen, que derrota a los efectivos holandeses en toda la línea, obligándoles a evacuar Bruselas y forzando así el acuerdo que hace de Bélgica una nación independiente. Y neutral, hasta 1914 al menos…

Casi nadie parece acordarse, o dar importancia, a la crueldad con la que los holandeses han ejercido sus habilidades -por así llamarlas- como colonos. En Europa y, sobre todo, fuera de ella. Los nativos americanos en el siglo XVII podrían contar muchas cosas al respecto. Y pocas buenas. La menos grave de ellas la estafa manifiesta de la compra de la actual Manhattan por Pieter Minuit. El delegado holandés comisionado para establecer allí la colonia conocida como Nueva Ámsterdam y hoy como Nueva York… Otro tanto, o peor aún, podría decirse del imperialismo decimonónico ejercido sobre las llamadas Indias Orientales holandesas.

Así las cosas, con esas dosis de moral histórica tan alta, no es raro que Holanda pueda enfrentarse a su pasado más oscuro con una envidiable madurez de la que algo se podría aprender en la España actual. Llena, por un lado, de penitentes que quieren pedir perdón por lo que otros países europeos no se han disculpado salvo describiéndolo sistemáticamente como fruto de una época que no es la nuestra y, por otra, de alucinados de ultraderecha que quieren endosar, a estas alturas del siglo XXI, supuestas gestas bélico-épico-heroicas como la mayor aportación española a la Historia del Mundo.

Esa madurez y casi frialdad entre la intelectualidad holandesa a la hora de afrontar zonas oscuras de su pasado -al menos del más reciente- ha quedado bien reflejada, desde hace años, en obras cinematográficas como “Eric, oficial de la reina” o “El libro negro”, Ambas dirigidas por Paul Verhoeven. En películas como esas se describe, en efecto, de manera inmisericorde, el período de la ocupación nazi en Holanda, sin ahorrarse detalles tales como el carácter antiheroico de los resistentes, las disensiones internas entre ellos (comunistas contra monárquicos y viceversa…) o, incluso, la presencia de un nutrido grupo de colaboracionistas que van desde la canalla que hace su agosto vendiendo a los ocupantes nazis todo lo vendible (seres humanos incluidos) hasta los que lucen sin complejos el uniforme del Partido Nacionalsocialista holandés…

“En busca de tu nombre” es otra vuelta de tuerca más en torno a estas cuestiones. Se trata de una novela corta e intensa en la que la propia autora, Marjolijn van Heemstra, se dedica a buscar ese pasado en los archivos de la memoria oral y en los escritos, en aquellos lugares en los que se conservan los hechos sobre el papel -como el Archivo Nacional holandés- que ella quiere revivir. Para saber si el héroe de la familia -conocido coloquialmente como “el primo ponebombas”- realmente era un héroe o un villano cuyo nombre no debería ser perpetuado en el futuro hijo de la autora.

“En busca de tu nombre” es así una verdadera lección de Historia y de vida en la que Marjolijn van Heemstra descubre que la documentación de archivo puede destruir cruelmente los retazos de una memoria mitificada y dulcificada. Por el paso del tiempo, o por la maldad intrínseca -dada por consabida- del enemigo despedazado -aun tras el fin de la ocupación y la guerra- por la bomba de un hombre -el lejano primo de Marjolijn van Heemstra- que se toma así la Justicia por su mano y de héroe de la resistencia holandesa pasa a ser dibujado como un hombre común. Con sus fallos, sus defectos, sus equivocaciones y sus amarguras y decepciones. Todas ellas arropando a alguien que, tal vez, mató de manera injusta, arbitraria, fuera de la ley. Convertido en uno más de esos holandeses en apariencia situados en el lado correcto de la Historia, casi beatíficos, pero capaces de hacer cosas que los convierten en algo peor que los propios nazis y los que han colaborado con ellos. Como dice, precisamente, un personaje de “El libro negro”.

Ese Van Heemstra, ese “primo ponebombas” cuyo nombre quiere verificar como digno y heroico la autora de “En busca de tu nombre”, aparece, en efecto, en la memoria oral y en la escrita como alguien poco simpático para la abierta y liberal Holanda actual… alguien que ve comunistas por todas partes, que odia a los pacifistas que acaban en la cárcel al mismo tiempo que él por negarse a actuar de guardia pretoriana en las colonias holandesas asiáticas, sometidas a un régimen no mucho mejor que el que los nazis habían administrado, entre 1940 y 1944, a la propia Holanda. Uno que, sin embargo, el presuntamente heroico primo ponebombas ve como parte del orden natural de las cosas…

En pocas líneas, en pocas pero solventes hojas, eso es lo que nos cuenta sobre lo más oscuro de la Historia de Holanda (que es también en parte la de todos los europeos, incluidos los españoles) esa mezcla de ensayo, de libro de Historia, de autobiografía que es “En busca de tu nombre”. Evidentemente una buena razón para atreverse a leer este libro que habla de una Historia negra de Holanda que, curiosamente, también trata de esclarecerse en escenarios españoles…

 

 

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Acerca de Carlos Rilova Jericó

Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Administrador del weblog de "La novela antihistórica", creada como página de crítica independiente en el año 2010 para ayudar a mejorar el criterio de selección de obras de gran difusión comercial entre el público y redactor de la reseña mensual de acceso libre publicada en esa página cada día 20 de cada mes. Director del banco de imágenes y centro de investigación histórica "La colección Reding". Profesional de la investigación histórica y cultural para diversas empresas y organismos públicos desde el año 1996.
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2 respuestas a Nazis, héroes y holandeses: “En busca de tu nombre” de Marjolijn van Heemstra

  1. BGR dijo:

    Interesante reseña. Como siempre, es increíble lo mucho que desconocemos de períodos relativamente recientes, y la cantidad de filonazis que hubo por toda Europa, a pesar de lo que nos han metido en la cabeza de que los “malos” eran solo cuatro pelagatos de Berlín. Pero lo cierto es que partidarios de los nazis había en todas las naciones de Europa, incluso en los lugares más insospechados, y partidos fascistas surgían como hongos en todas las naciones europeas. No tiene nada de raro que hubiera tanto colaboracionista en la Europa ocupada.

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