Siete décadas de Historia cultural española: “Novela ácida universitaria” de Francisco Sosa Wagner

¿Es posible interpretar la Historia de un país a través de la observación, casi microscópica, de una sola de sus costumbres o instituciones?

La Antropología cultural dice que sí. Nombres tan renombrados (valga la redundancia) como el de Clifford Geertz, demostraron, años ha, que, por ejemplo, una pelea de gallos podía explicar a los occidentales la compleja sociedad balinesa.

Algo parecido sucede con “Novela ácida universitaria”, recién publicada por Editorial Funambulista. Su autor, como Clifford Geertz en Bali, parece un interprete privilegiado de aquello que quiere describir con la perfección y la precisión de un orfebre.

Se trata del muy fogueado -en muchos campos- profesor Francisco Sosa Wagner. Docente universitario durante décadas -aparte de representante político de España en la UE- parece la persona más indicada para dar fe de lo que sucede en el seno de la Universidad Pública española a fecha de hoy.

Una cuestión que debería interesar a todos. Tanto licenciados y doctores, como alumnos. Por supuesto también a profesores. Y, sobre todo, a los contribuyentes que tal vez jamás pisarán un aula universitaria o mandarán a sus hijos a ellas, pero que, desde luego, sostienen con sus impuestos ese edificio cultural. Enfermo hasta los cimientos, como el profesor Sosa Wagner tiene la valentía de admitir.

Recapitulemos algo sobre esta cuestión capital: en la misma semana en la que esta nueva edición de “La novela antihistórica” se va a publicar, corrió la noticia de que España, junto con Italia, estaba a la cabeza de Europa en la llamada “fuga de cerebros”.

Un gravísimo problema que, para los no iniciados con la terminología periodística, implica que esos países -España e Italia- tienen suficiente capacidad para generar talento, pero carecen en absoluto de habilidades políticas y administrativas para retenerlo. Es más, la única habilidad que parece haberse cultivado en esos países a ese respecto es, más bien, la de expulsar ese talento. A marchas forzadas.

En otras palabras, la inmensa masa de contribuyentes españoles que se dispone a votar en algo más de una semana, quizás se esté preguntando cómo es posible que los mejores científicos y profesionales universitarios españoles estén trabajando, desde hace años, fuera de España, beneficiando a las economías de otros países europeos. Fundamentalmente a la famosa -aunque espuria- “locomotora de Europa” (es decir, Alemania) y a Gran Bretaña.

Hay respuestas variadas a esa pregunta, como no podía ser menos para un problema histórico bastante complejo, pero una de las principales -se podría decir incluso que una de las primordiales- es la que contiene la novela del profesor Sosa Wagner.

En efecto, en las páginas de “Novela ácida universitaria” se nos describe el funcionamiento “normal” (que cada vez tiene menos de normal, sin comillas) de cualquier universidad del sector público español.

Lo habitual en ellas, desde las presuntas reformas aplicadas con la llegada de la democracia y la entrada de España en la Unión Europea, ha sido una forma de corrupción sistemática que ha quedado oculta para el gran público -el que paga impuestos precisamente- bajo la sombra de la corrupción política. Esa que pasaba por maleteros llenos de billetes de 500 euros, maletines con cargas y orígenes igual de sospechosos y, sobre todo, recalificaciones de terrenos no menos controvertidas, asignaciones de partidas de presupuesto público a determinadas empresas y similares canalladas que han hartado las filas de, prácticamente, todos los partidos políticos españoles en las últimas décadas.

La corrupción universitaria española, como bien describe la ácida novela del profesor Sosa Wagner, se fundamenta no tanto en esos pringosos movimientos de billetes, sino en un complejo ajedrez administrativo en el que distintas capillas y banderías, formadas dentro y fuera de cada facultad o departamento docente, se dedican a arrebatarse pedazos del pastel del poder universitario.

Es decir, las elecciones democráticas que se suponía iban a terminar con los cacicazgos heredados del Franquismo que convirtió a la Universidad en otra parte -y no pequeña- de su botín de guerra, sólo habrían servido para que diversas camarillas busquen el modo de hundir a facciones contrarias. Privándolas, por vía administrativa, del acceso a fondos de investigación, a becas para formación de personal investigador, a las codiciadas plazas de profesorado, o a las también codiciadas estancias en el extranjero que puntúan para acceder a dichas plazas.

La mala noticia, tal y como constata “Novela ácida universitaria”, es que en esa guerra sorda, miserable y mezquina, no hay “buenos” y “malos”.

Salvo un muy escaso porcentaje de profesores y catedráticos responsables que van a “lo suyo” (es decir, aquello para lo que se supone que se les paga: la docencia y la investigación) todos son igual de malos según esta desgraciadamente verídica “Novela ácida universitaria”.

Se trata, como nos dice Sosa Wagner, de un ambiente cada vez más malsano e inoperante, trufado de mediocres que enchufan, a conveniencia, a otros más mediocres que ellos que a su vez enchufarán a otros aún más mediocres y así sucesivamente hasta llegar, como ocurre en la “Novela ácida universitaria” de Sosa Wagner, a profesores -concretamente profesora y de Historia Antigua- que ignoran hasta tal punto su materia que despiertan las iras de un alumnado por lo demás bastante adormecido.

Todos y cada uno de los rincones de esa miseria creciente de la Universidad Pública española están pues minuciosa y ácidamente (por no decir divertidamente) descritos en esa novela del profesor Sosa Wagner. Apenas parece haber exageración -por desgracia- en lo que dice en sus páginas. Para frustración de los miles de titulados españoles, pasados, presentes y futuros, de los comparativamente escasos profesores no metidos en maniobras tan patéticas y repulsivas como las que describe Sosa Wagner y de los millones de contribuyentes que sostienen con sus ingresos esa escandalosa maquinaría en la que los másteres falsos -y similares especies hoy tan conocidas- son sólo la proverbial punta del iceberg. Esa bajo la que hay más, mucho más…

Es evidente que si hacemos una comparativa con otros países de nuestro famoso “entorno”, esas desgracias españolas no son una excepción. Eso es algo que demuestran desde ensayos como “The Oxbridge Conspiracy” de Walter Ellis, hasta descacharrantes parodias -muy similares a la “Novela ácida universitaria” de Sosa Wagner- como “Zafarrancho en Cambridge” del siempre desopilante Tom Sharpe -o “Instalado en la cresta de la ola” de Malcolm Bradbury- y la algo más flemática y británica del economista canadiense John Keneth Galbraith, “El profesor de Harvard”.

Sin embargo, está claro que algo va infinitamente peor en el sistema de universidades públicas españolas, que debería haber sido -por inversión e intención- uno de los mejores y más rentables del Mundo, pero, de hecho, lo es sólo para países como Suecia, Inglaterra o Alemania, que son quienes recogen sus frutos ahora.

Y eso es, precisamente, lo que hace tan valiosa la lectura de la novela de Francisco Sosa Wagner, que nos da muchas claves sobre lo que habría que cambiar, de inmediato -y caiga quien caiga- para que la sociedad española saliese, al fin, de ese cenagal de ramplonería intelectual en el que vive sumida desde hace siete décadas por lo menos.

Un tiempo histórico bastante triste en el que vicios tan corrosivos como los descritos por esta valiente y valiosa “Novela ácida universitaria”, no han hecho más que crecer y reforzarse. Por ignorancia, por malicia, por desidia. En definitiva, por nada bueno, por nada que un país verdaderamente democrático y avanzado necesite para su buena marcha. Como nos lo recuerda un profesor español emérito -y de verdadero mérito- que, ojalá, siga creando escuela para que recordemos que la Historia -tanto la más venerable, como la más reciente, de hace 70, 80 años…- no pasa en vano. Y puede pudrir el presente de un país y condenar su futuro…

Esa es, precisamente, la gran contribución que hace “Novela ácida universitaria” para cualquiera que quiera aprender, leyendo, algo fundamental sobre las razones históricas profundas de la inquietante deriva española que hoy se desarrolla ante nuestros propios ojos.

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Acerca de Carlos Rilova Jericó

Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Administrador del weblog de "La novela antihistórica", creada como página de crítica independiente en el año 2010 para ayudar a mejorar el criterio de selección de obras de gran difusión comercial entre el público y redactor de la reseña mensual de acceso libre publicada en esa página cada día 20 de cada mes. Director del banco de imágenes y centro de investigación histórica "La colección Reding". Profesional de la investigación histórica y cultural para diversas empresas y organismos públicos desde el año 1996.
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