Historia de unos ilusos: “La isla de Róbinson” de Arturo Úslar Pietri

La editorial Drácena, sin duda, ha asumido un considerable riesgo al publicar, hace apenas unos meses, una nueva edición de “La isla de Róbinson” de Arturo Úslar Pietri.

Este autor venezolano, de agitada e interesante biografía -como corresponde a un nativo de ese país que vivió a mediados del siglo XX- no fue precisamente uno de los autores más conocidos del llamado “boom” de la Literatura sudamericana que barrió el Mundo en esas fechas más o menos.

Sin embargo, por derecho propio de una esmerada prosa, puede ser considerado parte de él con toda la razón.

Pero aparte de eso resulta, sí, arriesgado publicar en 2018 a un autor que no es Jorge Luis Borges, ni Julio Cortázar, ni Mario Vargas Llosa, ni Gabriel García Márquez. Por sólo citar los casos más célebres de ese “boom” que cuentan con un público fiel.

La prosa de Úslar Pietri es, en efecto, de primera categoría, a la altura de la de esos autores citados y tan masivamente admirados (o de otros, como su compañero de trabajo Alejo Carpentier), pero no es ya a la que están acostumbrados los lectores españoles que, por número, marcan hoy el éxito editorial de un libro.

Aun así, “La isla de Róbinson” de Arturo Úslar Pietri es un libro que ese público haría mal en desdeñar por el inconveniente de sumergirse en una prosa algo más complicada que la hoy habitual. Esa en la que la rapidez de asimilación de lo que se dice, ha eliminado la pura estética barroca de lo escrito, que es la seña de identidad de los autores sudamericanos de mediados del siglo XX.

En efecto, en un país como la España actual, en la que corre de boca en boca la palabra “bolivariano” como insulto político, “La isla de Róbinson” de Arturo Úslar Pietri es, entre otras cosas, una herramienta imprescindible para -para variar- saber al menos de qué se está hablando exactamente cuando se usa esa palabra -“bolivariano”- como arma arrojadiza.

Hay muchas obras históricas sobre Simón Bolívar y su revolución contra España, que acabaría en la independencia de toda Sudamérica antes de la tercera década del siglo XIX. Pero, desde luego, será difícil encontrar entre ellas una que explique mejor que “La isla de Róbinson” quién era -o pudo ser- realmente ese Bolívar que, con sus hechos, ha dado lugar primero a la expresión “bolivariano” y después al uso de esa palabra como ofensa política en la España de comienzos del siglo XXI.

Así es, Úslar Pietri describe en esa novela histórica que es “La isla de Róbinson” los hechos de Simón Bolívar desde su infancia hasta que se convierte en el Libertador.

El narrador de esa trayectoria es un personaje realmente trágico o al menos muy dramatizado por Úslar Pietri: el tutor de Simón Bolívar, que en su larga existencia real respondió unas veces al nombre de Simón Rodríguez y otras a ese Samuel Róbinson que da título a la novela.

El Rodríguez-Róbinson novelado por Úslar Pietri se ceñirá -más o menos- a la biografía de ese personaje histórico. Así es descrito en esta novela como un hombre casi permanentemente desarraigado (por fidelidad a su romántico idealismo más que por otra razón), nacido en Caracas a finales del siglo XVIII de un padre desconocido que lo convierte, como él mismo dice, en un hijo de todos y a la vez de nadie, pues nadie lo reclama como hijo suyo.

A pesar de esa dificultad inicial, ese Simón Rodríguez a medio camino entre la ficción y la Historia, se convierte en un pedagogo de ideas progresistas, liberales, revolucionarias… en sintonía con las corrientes ilustradas que desembocan en el baño de sangre de la revolución de 1789. Ese alineamiento con las nuevas ideas educativas, hará que lleven hasta su escuela de Caracas a un Simón Bolívar niño que sus tutores han dejado casi por imposible.

Es así como, según Úslar Pietri, Rodríguez moldeará al futuro Libertador. Tanto en su escuela de Caracas como cuando recorre con él la Europa convulsa de las guerras revolucionarias y napoleónicas. De París a Roma y de allí a Londres.

Sería, de hecho, según la novela, Simón Rodríguez quien obliga a jurar, en Roma, a un joven Simón Bolívar, que hará cuanto esté en su mano para llevar la Libertad a América, sacudiendo el yugo de oscurantismo que -siempre según la opinión de Rodríguez-Róbinson- emana de la monarquía española que controla esos vastos territorios.

Es así como “La isla de Róbinson” de Arturo Úslar Pietri describe la vida de Simón Bolívar (y su mentor) situándola en su exacto contexto internacional, fruto de ese mundo romántico en el que la revolución primero -y después Napoleón- campan a sus anchas. Demostrando, aun con su fracaso (que Úslar Pietri subraya varias veces), que la voluntad de los hombres puede cambiar -aunque sólo sea en parte- una inercia de siglos que mina a la sociedad, privándola de su esencia vital. De aquello que, en definitiva, realmente podría llegar a ser de acuerdo a las ideas ilustradas de progreso ilimitado.

Esa ilusión, alimentada inicialmente por Simón Rodríguez -o Samuel Róbinson- parece, para Úslar Pietri, estar inevitablemente destinada al fracaso. Y los principales protagonistas de su novela, de esta historia -o de esa gran Historia que es la independencia sudamericana- lo saben. Y lo van asumiendo amargamente mientras transcurre esta densa novela que es “La isla de Róbinson”.

A ese respecto los monólogos interiores de Simón Rodríguez-Samuel Róbinson son toda una lección de Historia que hoy apenas conoce el público español, que sólo grosso modo sabe que, en algún momento, hacia 1820, las colonias americanas se independizaron. En gran medida gracias a ese Simón Bolívar que conocen mucho mejor a causa de que determinado partido político venezolano -hoy en el poder de esa república- lo ha convertido en todo un ícono. Uno que ampara esa extraña revolución que dice querer hacer ahora, en el siglo XXI, lo que Simón Bolívar quiso hacer en 1824, tras desbaratar toda resistencia lealista en Sudamérica en la Batalla de Ayacucho.

Así las cosas, “La isla de Róbinson” de Arturo Úslar Pietri relata, y afirma, que esa misión es verdaderamente imposible. No sólo por las mezquindades de la Política, sino porque América del Sur, tal y como la describe el barón Humboldt -que aparece descrito a su vez en la novela- es demasiado grande, salvaje y diversa como para que ese cambio de régimen político llegue a triunfar.

Es así esta novela la crónica del desengaño de unos ilusos, Simón Rodríguez, su discípulo Simón Bolívar…, que tratan de cambiar un Mundo muy difícil de cambiar y que vienen a darse cuenta de ello cuando es demasiado tarde, cuando los acontecimientos desencadenados por la mezquindad humana -la traición por ejemplo- llevan a la fragmentación de las tierras liberadas en repúblicas enfrentadas y a Bolívar a la aniquilación física. O, en el caso de Simón Rodríguez-Samuel Róbinson, cuando el peso de los años y la pobreza motivada por la entrega a una causa casi perdida de antemano, revelan que la gran épica romántica, soñada en una efervescente Europa revolucionaria y napoleónica, es sólo eso: un brote de entusiasmo que una realidad mucho más gris -con o sin reyes- se encarga de disipar.

Estar más o menos de acuerdo con esta pesimista -y hasta derrotista- versión de los hechos históricos es ya cosa de cada quien que tenga la buena idea de leer -y en ocasiones disfrutar- “La isla de Róbinson” de Arturo Úslar Pietri.

En definitiva, esa novela puede ser un libro, en ocasiones, de difícil lectura. Puede también resultar incluso molesto por estar sobrevolado continuamente por un pesimismo cenizo que, en realidad, vendría a convertirse en aliado del inmovilismo, del oscurantismo monárquico que Simón Bolívar, en un arrebato de entusiasmo político a la moda revolucionaria del momento, habría tratado de destruir.

Sin embargo, esas mismas virtudes y posibles defectos (dependiendo de la óptica con que se mire a esta novela) la convierten en un libro casi imprescindible, en efecto, para quienes leen y hablan español y quieren comprender esa vasta realidad del otro lado del Atlántico que emerge en 1824.

Una de la que, tristemente, sólo nos llegan ecos, de vez en cuando, sobre sus infortunios bajo esa gran amenaza bolivariana que algunos -que generalmente no saben nada de la Historia en la que se basa “La isla de Róbinson”- ven ahora emanar desde esa Venezuela en la que Arturo Úslar Pietri vivió, donde hizo Política (y profetizó parte de sus actuales desgracias) y donde también escribió obras como “La isla de Róbinson”…

 

 

Anuncios

Acerca de Carlos Rilova Jericó

Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Administrador del weblog de "La novela antihistórica", creada como página de crítica independiente en el año 2010 para ayudar a mejorar el criterio de selección de obras de gran difusión comercial entre el público y redactor de la reseña mensual de acceso libre publicada en esa página cada día 20 de cada mes. Director del banco de imágenes y centro de investigación histórica "La colección Reding". Profesional de la investigación histórica y cultural para diversas empresas y organismos públicos desde el año 1996.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.