La cara oscura de la Red Comète. “Voluntad”, de Jeroen Olyslaegers

“Voluntad” de Jeroen Olyslaegers, parece estar anunciando un nuevo “boom” editorial. Similar al de la novela hispanoamericana que lanzó a la fama internacional (hace ya cerca de sesenta años) a figuras como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges o Arturo Uslar Pietri, que ocupara las páginas del número 101 de “La novela antihistórica” con esa obra fascinante que es “La isla de Róbinson”.

En el caso de “Voluntad”, el boom editorial en ciernes -o tal vez ya en marcha- parece ser el de los escritores belgas en lengua neerlandesa.

Pero, más allá de eso, ¿qué es lo que hay en “Voluntad” que pueda interesar a alguien que, además de leer una buena novela, quiera aprender con ella algo sobre un pasado más o menos lejano?

La respuesta es relativamente sencilla. Varía entre “bastante” y “mucho”. Puede que a algunos de esos futuros lectores de “Voluntad” les resulte una obra, a veces, desconcertante, incluso pesada. Tal vez estereotipada cuando muestra escenas en las que los nazis ocupantes de Bélgica actúan -paso por paso, gesto por gesto y palabra por palabra- como actúan los nazis que hemos visto repetidos una y mil veces en películas, series de televisión etc…

Sin embargo, esa sería una visión muy superficial de “Voluntad”. Entre otras cosas porque lo que ahora nos parece un estereotipo cinematográfico o novelesco fue real, en muchas zonas de Europa, en 1942, 1943, 1944…. Como la Bélgica que describe, en su mayor parte, la novela de Jeroen Olyslaegers.

Además de eso hay que tener en cuenta que “Voluntad”, por más que desconcierte o pueda parecer un estereotipo de película de la Segunda Guerra Mundial, oculta tras sus páginas realidades mucho más decantadas, mucho más viscosas…

En efecto, lo que Olyslaegers describe, es una sociedad derrotada en el campo de batalla y que, por tanto, no tiene más remedio que sobrevivir bajo la bota nazi. En unos casos contemporizando con ella, en otros recibiéndola alborozada. Como sólo la pueden recibir aquellos que creen que el mensaje político del Tercer Reich es no sólo aceptable, sino exportable a pueblos oprimidos por un supuesto contubernio judeomarxista y otros elementos fundamentales de la ideología y retórica del Fascismo.

En ese terreno equívoco, grisáceo, resbaladizo… se mueve Wilfried Wils, el antihéroe que narra “Voluntad”.

El lugar desde el que cuenta ese pequeño apocalipsis doméstico (que, sumado a otros tantos, da como resultado el gran apocalipsis sufrido por Europa entre 1939 y 1945) es uno relativamente privilegiado, pues Wils es un aprendiz de policía con ínfulas de poeta que, de hecho, llegará a convertirse en autor consagrado.

Desde esa atalaya de dolor y lucidez -como diría uno de sus poetas favoritos- Wilfried Wils describe sin piedad una Amberes donde no hay héroes. Sólo gente que trata de sobrevivir o que, como su mentor, apodado por Wilfried “Barbita feroz” -y carente de nombre hasta el final de la novela- son fascistas declarados y han recibido la invasión nazi como la llegada de un ejército libertador. Y así lo sostendrán hasta el último momento…

Incluso los actos de supuesto heroísmo, como los que llevan a cabo el futuro cuñado y el futuro suegro de Wilfried Wils, están marcados por algo más que una sospecha sobre los verdaderos intereses que se ocultan tras la arriesgada acción de ocultar a judíos en escondrijos con los que eludir la deportación y muerte -casi segura- en los campos de exterminio.

Ciertamente, en algunas ocasiones, Wilfried Wils ve a alguien parecido a un héroe. Por ejemplo, uno de los veteranos que patrulla con él, que, sin renunciar a su puesto en una Policía puesta a las órdenes del invasor nazi, acaba por ajustar cuentas con los colaboracionistas belgas porque, sencillamente, es incapaz de soportar más tiempo esa farsa infame.

Sin embargo, “Voluntad”, con la voz de Wilfried Wils, deja claro que tales actos de heroísmo -u otros parecidos- conducen al abismo. Aunque se consiga sobrevivir a las represalias. Como es el caso de ese compañero de patrulla, que acaba convertido en un despojo incapaz de recuperarse. Incluso a pesar de estar, finalmente, en el bando vencedor.

A ese respecto, Lode, el futuro cuñado de Wilfried, es otro decantado ejemplo de héroe defectuoso. Su valentía a la hora de enfrentarse a los invasores está mediatizada por intereses económicos, tal y como el narrador de “Voluntad” le echa en cara en un momento dado.

Ese aparente heroísmo tampoco alcanza para denunciar a Wilfried ante sus amigos de la resistencia como un posible colaboracionista. Aceptando, por el contrario, la ambigua protección que le brinda la cínica actitud de Wilfried Wils, que se mueve entre los dos campos en los que se debate la Bélgica ocupada, sin, en ningún momento, ponerse del lado de ninguno de ellos. Limitándose simplemente a aguardar que todo pase y él, ocurra lo que ocurra, pueda sobreponerse a la situación -sea la que sea- en la que desemboque todo el conflicto.

De hecho, Lode, el supuesto héroe -o aspirante a serlo en el desolador panorama que pinta Wilfried Wils- acabará, con el tiempo, demostrando una mezquindad de alma verdaderamente repelente. Desencadenando con ello un drama familiar que aplastará emocional y físicamente a la mayor parte de la familia de Wilfried Wils (incluida Yvette, la propia hermana de Lode y ya esposa de Wilfried) cuando la guerra es ya sólo un recuerdo sobre el que quieren saber los miembros más jóvenes -y más vulnerables- de la familia…

En conclusión, Jeroen Olyslaegers nos muestra una cara verdaderamente sucia, oscura… de los territorios ocupados por los nazis.

No es cierto -históricamente hablando- que esa sea la única cara de la Bélgica de la Segunda Guerra Mundial. Existe otra mucho más brillante, donde la resistencia no son “terroristas”, tal y como los describe la Prensa bajo control nazi (ocasión de relativizar las cosas que Wilfried Wils, por supuesto, no deja pasar) sino verdaderos héroes como los hombres y mujeres que formaron la Red Comète. Esa que, con las luces y sombras que acompañan -siempre- a toda obra humana, se negó a dejarse vencer e hizo todo lo posible por evitar la victoria nazi.

Olyslaegers parece tenerlo en cuenta rindiendo en “Voluntad” un pequeño -y prácticamente único- homenaje a esos otros resistentes en la figura de un adolescente que, capturado por Wils en una patrulla, se enfrenta a él con toda serenidad, dispuesto a afrontar lo que sea con tal de derrotar al invasor nazi y asegurando que, tras la guerra, ya sabrán dar con colaboracionistas como el agente Wils…

Así, con esa medida descripción densa de los hechos (y de sus consecuencias a largo plazo) la novela de Jeroen Olyslaegers nos ofrece -como en una tabla flamenca de época gótica- un fresco lleno de detalles de lo que fue -en sus facetas menos brillantes- la Bélgica ocupada. Unos hechos históricos ciertos y sin los que la imagen heroica de los mismos -mucho más difundida- sería un relato incompleto y, por tanto, menos cierto.

Ese es, pues, el valor que “Voluntad” puede tener para quienes, además de leer una buena novela, quieran aprender algo más de Historia. En este caso sobre la de la Europa bajo ocupación nazi, sobre una Bélgica donde las sospechas de colaboracionismo fueron tan alargadas que, ya desde el comienzo de la guerra, alcanzaban hasta las escalinatas del Palacio Real de esa conflictiva nación emplazada entre Francia y Holanda…

 

Anuncios

Acerca de Carlos Rilova Jericó

Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Administrador del weblog de "La novela antihistórica", creada como página de crítica independiente en el año 2010 para ayudar a mejorar el criterio de selección de obras de gran difusión comercial entre el público y redactor de la reseña mensual de acceso libre publicada en esa página cada día 20 de cada mes. Director del banco de imágenes y centro de investigación histórica "La colección Reding". Profesional de la investigación histórica y cultural para diversas empresas y organismos públicos desde el año 1996.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a La cara oscura de la Red Comète. “Voluntad”, de Jeroen Olyslaegers

  1. alkibla dijo:

    Que interesante tema el de la novela que nos reseña con tanta habilidad, Don Carlos, el de la gusanera debajo de las heridas cerradas en falso o bajo las vendas. El relativismo moral es un balsamo eficaz para convivir con nuestros fantasmas, pero la propia realidad en la que los vencidos devienen vencedores y viceversa ya nos muestra que el gran maestro es el Tiempo. El Nazismo y el Fascismo nunca se fueron del todo( la red Gladio…)sino que hasta los gusanos han tenido aplicacion terapeutica; en fin, vivir para ver….

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.