La fábula real de Dan Brown: “Origen”

Hay aspectos verdaderamente sorprendentes en la, de momento, última novela de Dan Brown.

Aparentemente, lo primero que se percibe al aproximarse a ella, es la consabida fórmula “bestseller” que ha hecho multimillonario a su autor desde que publicó el hoy famoso “Código Da Vinci”.

Es decir, una vez más tenemos un mundo sumido en artefactos tecnológicos de última generación -por supuesto impresionantes- y un cúmulo de personajes más bien estereotipados y con tendencia a no ser excesivamente complejos. Más bien todo lo contrario, todos ellos parecen, una vez más, arquetipos que recitan sus papeles con una perfección anómala. Más allá de lo que lo haría el 90% de los humanos, dotados con el habitual cociente intelectual medio. Esos que, por alguna razón, están más bien excluidos de la obra de Dan Brown, que se alimenta de justo todo lo contrario.

Sin embargo, a medida que se van pasando las más de 600 páginas del nuevo “bestseller” browniano, se empiezan a descubrir -de manera innegable- aspectos que no son los habituales en la exitosa -pero controvertida- novelística de Dan Brown.

En efecto, hay algún personaje, principal, lleno de aristas, humano, demasiado humano, como hubiera dicho Nietzsche, que se mueve en unas imprecisas fronteras entre el bien y el mal y es mucho más complejo de lo que suele ser habitual en las obras de Dan Brown. Incluso el profesor Langdon empieza a adquirir unos tintes más humanos, que lo sacan del acartonado molde de moderno Perceval “made in Harvard” en el que hasta ahora siempre ha aparecido. Aun comportándose dentro de la pauta habitual en todas las novelas de Brown -es decir, el profesor se ve metido en un embrollo esotérico que debe resolver, cual James Bond universitario- descubrimos que Langdon tiene un pasado sexuado, que lo saca de esa inhumanidad evanescente en la que se ha movido hasta ahora, sin llegar a culminar ninguna relación con ninguna de las atractivas compañeras de aventuras con las que su padre literario le suele dotar.

Pero no es sólo ese detalle secundario el que hace que “Origen” tenga algo verdaderamente distinto a las demás novelas -mucho más simples y simplistas- de Dan Brown.

En efecto. “Origen”, para empezar, se desarrolla en su mayor parte en España. Es más, en la España actual, la de comienzos del siglo XXI. De hecho, España, esa España rigurosamente contemporánea de los lectores, es uno de los principales protagonistas de “Origen”. Y, lo más sorprendente (y más en un escritor anglosajón de bestsellers) es que la acción y los hechos no discurren por los manidos cauces del tópico folklórico sobre ese país -“tablaos” flamencos, cigarreras con navaja en la liga y demás relleno de tópicos habitual- sino que se adentra en los entresijos de la España de la Transición y su problemática desintegración a fecha de hoy mismo.

Todo ello, por supuesto, está contado en clave de fábula arquetípica. Así, se buscará en vano a lo largo de las páginas de “Origen” nombres como Juan Carlos I, Felipe VI, Rouco Varela y similares protagonistas de ese episodio histórico español que se está forjando ahora mismo. Mientras “Origen” sigue en las listas de los más vendidos en las librerías de España…

Todos ellos, todos esos personajes históricos -y unos cuantos más-, que necesariamente deberían aparecer en una  novela ambientada en la España de las dos primeras décadas del siglo XXI, han sido eliminados por el autor para ser reemplazados por un anónimo rey moribundo y un príncipe heredero alto, pero moreno, que aún espera acceder al trono. Así como por un obispo llamado Valdespino, pero que parece una amalgama de villano de película de James Bond y de toda una serie de los hiperabundantes clérigos ultraderechistas de los que la baqueteada Iglesia católica española actual parece estar más que sobrada.

De hecho, Dan Brown abunda, alegremente, en los terrenos de esta fabulación,  con situaciones altamente inverosímiles para cualquiera que esté al tanto de cómo funcionan realmente las cosas en la España actual. Sin embargo, la corriente principal de la novela habla de verdades primarias y evidentes también para cualquiera que esté igualmente bien informado sobre la actual España.

Así es, Dan Brown describe perfectamente la situación de ese país, señalando que el joven príncipe va a heredar, tras la muerte de su padre, un verdadero polvorín.

La razón es muy sencilla y es bien conocida para cualquier analista político de cierto nivel (más allá de los de las consabidas tertulias españolas, más ricas en decibelios que en opiniones sólidas). La España actual está fuertemente dividida entre los nostálgicos del Franquismo, los que se aferran a la ilusión política de la “modélica Transición” y quienes reclaman que se ajusten cuentas con un pasado mal enterrado (literalmente) y vuelven a exhibir -como recuerda el propio Dan Brown- la vieja bandera republicana púrpura, roja y amarilla…

A ese respecto Dan Brown y su novela no pueden ser más exactos, por más que se invente una improbable directora del Museo Guggenheim Bilbao, un obispo “ultra” de apellido Valdespino y un príncipe heredero de cuento de hadas llamado con el escasamente principesco nombre de Julián…

Bajo esa estructura arquetípica, y en apariencia simplista, es necesario reconocer que la novela de Dan Brown tiene verdad y hace verdadera justicia a lo que en realidad es la España actual. Contribuyendo -aunque sea entre las brumas irreales de un relato arquetípico, como salido del ciclo artúrico- a desvelarlo para un gran público internacional que lleva años en la inopia. Sin saber qué es lo que ha ocurrido en España durante los últimos 80 años y, por tanto, sin ser capaces de ubicar en la realidad un elemento clave -como lo es ese país- del panorama de las Relaciones Internacionales.

Aún en la actualidad completamente distorsionado ese elemento clave -España- tanto por su temprana entrada en la Segunda Guerra Mundial (bajo la forma de una breve guerra civil) y su aún más catastrófica salida de ese período, relegando al país entero al equívoco limbo franquista. Una situación que, como muy bien señala, Dan Brown en “Origen”, es un lastre que impide avanzar a la España actual y emplazarse en las coordenadas políticas que -sólo para empezar- exige su ubicación geopolítica. En la cabeza del continente europeo y entre los principales socios de la confederación de la Europa unida.

Sólo esto, ya de por sí, hace de “Origen” una novela verdaderamente meritoria. Algo que para su autor podría, con el tiempo, ser algo similar a lo que “Sin perdón” fue para Clint Eastwood. Es decir, una consagración como autor que es capaz de hacer algo más que taquilleras producciones de acción de sospechoso tinte político.

Es algo difícil de conseguir cuando “Origen” está cargada de los habituales tópicos brownianos que, después de todo, son los que convierten a sus novelas en bestsellers.

Pero -esta vez sí- sería injusto no reconocer que Dan Brown consigue dar mayores tintes de autenticidad a lo que nos cuenta.

Eso a pesar de que su historia viene envuelta en fantásticos coches Tesla de última generación, geniales magnates del negocio informático que, además, nos van a resolver las grandes preguntas existenciales en torno a la que gira la Cultura humana desde la aparición de los Neanderthales -es decir, ¿qué sentido tiene la vida humana y que ocurre una vez que morimos?-, bellas directoras de museos de prestigio internacional, príncipes herederos que se declaran románticamente en un plato de Televisión y almirantes españoles retirados del servicio, que se pasean alegremente por los bares de Bilbao vestidos con un uniforme de gran gala. Uno que, en el mundo real, todavía, daría lugar a más de un altercado con los cachorros del terrorismo separatista que aún pululan por ese exacto punto del mapa: la villa de Bilbao que, desde luego, es más -mucho más- que el Museo Guggenheim que tanto protagonismo adquiere en “Origen”.

Poco más habría que decir sobre esta nueva novela bestseller de Dan Brown. Tan sólo eso: que “Origen” vuelve a ser una fábula contemporánea pero, después de todo, muy real, cargada de un fondo de sinceridad y exactitud sorprendente sobre una España que desde 1898, por lo menos, había quedado completamente envuelta en un envase opaco.

Uno en el que los demás occidentales -especialmente anglosajones- parecían incapaces de reconocer lo obvio. Es decir, que ese país, descargado de los zafios tópicos folklóricos y costumbristas, no era -ni podía ser- tan distinto a ellos, que era una parte enteramente imbricada en su propia Historia.

Sólo por eso “Origen” merece gran parte del tiempo y el esfuerzo que cualquiera -y especialmente los lectores españoles- haga por leer sus 600, después de todo, sorprendentes páginas.

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Acerca de Carlos Rilova Jericó

Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Administrador del weblog de "La novela antihistórica", creada como página de crítica independiente en el año 2010 para ayudar a mejorar el criterio de selección de obras de gran difusión comercial entre el público y redactor de la reseña mensual de acceso libre publicada en esa página cada día 20 de cada mes. Director del banco de imágenes y centro de investigación histórica "La colección Reding". Profesional de la investigación histórica y cultural para diversas empresas y organismos públicos desde el año 1996.
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