Una indignada novela negra. “La casa del nazi” de Xabier Quiroga

¿Cómo resistirse a una novela negra que ya lo dice todo -o eso parece- en su título, “La casa del nazi”?

De ahí, de esa portada con semejante título, parece inevitable que lleguen las primeras preguntas y la primera curiosidad que llevará al lector, o a la lectora, por las más de 600 páginas de esta novela negra e indignada.

Son preguntas como ¿qué casa es esa?, ¿de qué nazis se trata? ¿Nazis en España? ¿Más allá de la Legión Cóndor y la Guerra Civil?

Esas preguntas, casi inevitables para quienes han cometido la osadía de calar la portada (y las primeras páginas) de esta novela en la que se mezclan -en sabias dosis- el género negro y el histórico, impiden ya soltar este libro de Xabier Quiroga hasta que se ha llegado a la última de sus 612 páginas.

¿Y qué es lo que descubren esos lectores, magnetizados una vez que han caído en esa hábil trampa literaria?

Pues, la verdad, es que descubrirán, si saben tener paciencia, muchas cosas que, como suele ser habitual, la mayoría de los lectores españoles ignoran porque la divulgación histórica española es -salvo las escasas y honrosas excepciones de rigor- algo que deja bastante que desear. Sobre todo si la comparamos con su equivalente francesa o británica.

El resultado -cada vez mejor conocido- es que en España, o no se divulgan determinadas cuestiones o se ocultan deliberadamente o se divulgan de manera chusca y desastrosa.

Como siempre, tiene que venir algún voluntarioso novelista a romper ese círculo invisible, de desapego y miedo, que hay hacia los libros de Historia de España. Unos que, de todos modos, en muchas ocasiones, prescinden de abordar cuestiones escabrosas -como las que plantea “La casa del nazi”- pero no por ello menos ciertas y, por tanto, menos dignas de ser conocidas por un público que (como está bien demostrado) quiere saber.

De aquí se deriva que “La casa del nazi”, independientemente del gran trabajo de documentación hecho por su autor, no ha descubierto, prácticamente, nada nuevo. Sin embargo, sí ha hecho una labor que, en la España actual, es sencillamente titánica. Es decir, la de recordar que ese país, España, ha tenido, como se suele decir, un pasado. Uno que se parece sospechosamente al de otros países europeos que ese público general español conoce bien gracias a las películas “de guerra”.

Como demuestra el apéndice “bibliowebgráfico” que Xabier Quiroga nos regala al final de su novela dentro de otra novela, se ha escrito bastante -en formato libro y en otros menos consagrados- sobre la presencia de redes de evasión nazi en la España franquista que, realmente, no sabía dónde meterse una vez que sus mentores nazis fueron barridos del mapa por los aliados.

A ese respecto, “La casa del nazi” lo único que hace (aunque ya es mucho), es poner el foco sobre algo conocido por los siempre menos numerosos lectores de libros de Historia de la España de esa (y, la verdad) muchas otras épocas.

Es decir, mostrar de una manera atractiva que la España de 1939 en adelante, casi hasta la muerte del dictador que la dominó con la ayuda de Hitler, fue un país que no quedaba tan ajeno -como se pudiera pensar- a realidades como las que vemos en grandes o pequeños éxitos de ese Cine bélico que -incluso a pesar del Franquismo- ha ido configurando el imaginario cultural español.

En efecto. Se trata de películas como “Odessa”, “Amen” o, aún mejor, “La noche de los generales”, donde se nos muestra que, tras la derrota nazi, los restos de aquella ideología destructiva quedaron infiltrados en la sociedad europea y, por supuesto, más aún en una de sus formas más anómalas. Como lo fue la España franquista, donde al tiempo que se renegaba del viejo aliado de la época de la Guerra Civil, se le acogía sotto voce y se le permitía escapar del merecido castigo.

En el caso que nos describe “La casa del nazi”, la apuesta literaria por medio de la que se pretende recuperar para ese público ese pasado, es alta. Siguiendo las huellas de Eric Frattini y otros audaces investigadores de esta cuestión, Xabier Quiroga nos lleva, de la mano de su inefable detective amateur -ese prototipo galaico llamado Pepe Reina- hasta las huellas que podría haber dejado en Galicia el mismísimo Hitler que, acaso, la habría utilizado como segura vía de escape hacia una comprensiva Sudamérica. Un lugar en el que confundirse con el paisaje, para sobrevivir a su propia caída de los dioses nazis.

Con buen criterio, Quiroga no desvela nada claro a ese respecto, pero nos deja una inquietante lección: esas noticias sobre nazis evadidos a través de la España franquista son, o pueden ser, tan ciertas, como las que vemos escenificadas en otras partes de Europa. En películas como “Amen”, “Odessa” o “La noche de los generales”. Por otra parte “La casa del nazi”, bajo su trama policíaca, parece advertirnos que el problema no era sólo la existencia de un monstruo como Hitler, sino de muchos monstruos menos famosos que él. Acaso más insignificantes, pero no por eso menos monstruosos.

La galería que se va desvelando a través de la trama de “La casa del nazi” es extensa. Están los falangistas que depuran y despojan al maestro de la pequeña aldea gallega que parece ocultar las claves del misterio que, de un modo u otro, finalmente se ordena desvelar a Pepe Reina. Está también Meregildo, el hijo del Rexo, uno de los autores del despojo. Un patético fascista que lo es desde su desmañada adolescencia, hasta el fin de sus días, convertido en un viejo amargado. Uno que guarda terribles secretos en una casa en la que vaga como una especie de centinela fantasma de aquel mundo que colapsa en Berlín en 1945, pero en España se adapta y sobrevive hasta 1975. Permitiendo que gente como él no se convierta en una especie extinta o, al menos, muy oculta.

Están también figuras históricas como Walter Kutschmann, uno de los nazis a los que dará cobijo la casa incautada al maestro “rojo” y que, como iremos descubriendo, Quiroga adopta como personaje para sea que la clave de todo este embrollo que finalmente nos deja una última inquietante lección: el escenario que vivimos hoy, ese en el que se mezcla crisis económica, oportunismo político, indignación desvaída y represión concreta (como la que vive Pepe Reina en propia carne, en la Plaza del Obradoiro, enredado en una manifestación de indignados, podemitas y similares) hunde sus raíces, aunque sea de manera involuntaria, en ese sucio pasado, lleno de dolor y de inhumanidad.

De él proceden supervivientes que tratando sólo de eso, de sobrevivir, siendo incluso víctimas de esos monstruos aventados por la Guerra Civil y traídos de vuelta   por la derrota nazi de 1945, han engendrado, en sus propias entrañas, nuevas formas de maldad. Por ejemplo de lo que, desde la perspectiva de la novela, sería un Fascismo tecnocrático y modernizado. Son gentes que ni siquiera saben cuál es su genealogía, pero se comportan perfectamente de acuerdo a lo que el legado nazi -abandonado en Galicia desde el año 1936 en adelante- esperaba de todos y cada uno de ellos…

Es posible sacar más impresiones y más datos de “La casa del nazi”, pero acaso esa moraleja final, que cierra el relato en un siniestro círculo de una redondez casi perfecta, es una de las mejores virtudes de esta novela que, desde luego, abunda en ellas y, por tanto, resulta casi imprescindible leer.

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Acerca de Carlos Rilova Jericó

Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Administrador del weblog de "La novela antihistórica", creada como página de crítica independiente en el año 2010 para ayudar a mejorar el criterio de selección de obras de gran difusión comercial entre el público y redactor de la reseña mensual de acceso libre publicada en esa página cada día 20 de cada mes. Director del banco de imágenes y centro de investigación histórica "La colección Reding". Profesional de la investigación histórica y cultural para diversas empresas y organismos públicos desde el año 1996.
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2 respuestas a Una indignada novela negra. “La casa del nazi” de Xabier Quiroga

  1. Raúl Guzmán dijo:

    He de reconocer que, desde que descubrí este blog, mis horizontes lectores se han visto agradablemente mejorados. Creo que he leído el 90 % de los libros que han pasado por este blog. No todas las críticas positivas las he compartido luego. Algunas de los libros que mejores críticas han recibido en este medio siguen a medio leer… Las negativas directamente no las compro, a riesgo de equivocarme. No obstante espero con deleite sus nuevo apuntes. No desfallezca¡¡¡ gracias.

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