¿Novela, Ucronía, Historia, videojuego…?. “Estados Unidos de Japón” de Peter Tieryas

“Estados Unidos de Japón” ha sido un gran éxito, en Estados Unidos de Norteamérica. ¿Cuál ha podido ser la razón?. Resulta difícil saberlo. Probablemente sea eso que llaman “morbo”, que es lo que reside en el núcleo mismo de novelas como éstas. Es decir, esa inefable sensación de ver desarrollarse en una ficción, más o menos coherente, un mundo alternativo a éste en el que vivimos.

La premisa de “Estados Unidos de Japón”, sin duda, es de las que impresionan, o pueden impresionar, a los estadounidenses, porque esta novela habla de unos Estados Unidos -en unos años 80 alternativos- en los que la Segunda Guerra Mundial ha sido ganada por Japón y sus aliados en 1945.

Así que el “morbo” está servido desde las primeras páginas de esta ucronía que, quizás y con diferencia, son lo más sólido e impresionante de la misma. Al menos hasta que se llega al final de ella.

En efecto, “Estados Unidos de Japón”, pasado ese primer capítulo y hasta llegar a su dramático final, tiene muy poco de ucronía. De hecho, tiene muy poco de novela. Y quizás esa es la clave de su fulgurante éxito. Porque su autor ha sabido conectar con una generación que apenas lee y ha crecido, sobre todo y ante todo, aprendiendo Historia en las sucesivas -y cada vez más sofisticadas- versiones de videojuegos que toman como escenario la Segunda Guerra Mundial y otros teatros de operaciones (guerras napoleónicas, suburbios californianos surcados por bandas ultraviolentas…) en los que no hace falta entrar ahora.

Así es, “Estados Unidos de Japón” es, como confiesa su propio autor, un homenaje a la cultura popular japonesa. A la de los cómics Manga y a la de los videojuegos, que, por otra parte, son el eje central de esta relativamente larga novela, desarrollada en unos Estados Unidos alternativos en los que Japón y los nazis han ganado la Segunda Guerra Mundial.

Así, a pesar de que el autor hace alusiones a otras ucronías similares, sobre todo a la de “El hombre en el castillo” de Philip K. Dick, que es la que tendría un parentesco más cercano con “Estados Unidos de Japón”, está muy lejos de todas las ucronías que han explorado una victoria del Eje, durante la Segunda Guerra Mundial, sobre los aliados y, de rechazo, sobre Estados Unidos.

Sí, parece que en la novela de Tieryas estamos muy lejos no sólo de la magnífica “El hombre del castillo”, sino de “Patria” de Robert Harris o del conjunto de relatos reunidos en “Hitler victorioso”.

Tieryas no parece siquiera querer explorar hipótesis serias sobre cómo Japón gana la guerra y qué consecuencias tiene ese giro en la Historia tal y como la conocemos. La mayor parte de “Estados Unidos de Japón” se centra en escenas que parecen salidas, en efecto, del Manga y de los videojuegos. También, en parte, de las infinitas series de dibujos animados que, sin necesidad de una victoria militar, han colonizado a toda una serie de generaciones a nivel mundial. Desde Mazinger Z en adelante…

Así es. Esos Estados Unidos dominados por el Japón son -como no podría ser de otro modo- un estado policíaco en el que el emperador japonés debe ser adorado como ese dios viviente que dejó de ser en nuestra realidad no alternativa en 1945.

Beniko Ishimura, el protagonista de esta novela, un programador militar especialista en desarrollar juegos de entrenamiento táctico y estratégico, encaja bastante mal en ese ambiente a medio camino entre el Tercer Reich y una convención de mangakas, otakus y también de fanáticos del “hentai” (el cómic pornográfico japonés) porque las escenas de sexo abundan en “Estados Unidos de Japón”.

De hecho, Beniko Ishimura puede considerarse como un adicto al sexo, aunque por razones bastante sentimentales. Como vamos descubriendo a lo largo de la novela, en la que aparece como un personaje un tanto frágil que busca refugio en esas relaciones íntimas para sobrellevar un pasado bastante difícil de sobrellevar como hijo de una pareja de disidentes que, por supuesto, han sido eliminados por el rampante militarismo japonés triunfante en ese 1945 alternativo. Una trama que no se resuelve, por supuesto, en todo su misterio (que recorre toda la novela), hasta la última página de “Estados Unidos de Japón”.

En definitiva, la ucronía de Tieryas no trasciende apenas más allá de una gran persecución de capítulo en capítulo que, en realidad, si nos fijamos bien, son las pantallas que pasan de nivel en un videojuego.

Así es, todo en “Estados Unidos de Japón” gira en torno a que Beniko Ishimura se lanza -o más bien es lanzado- a una intrincada búsqueda, acosado -a la vez que ayudado- por la Kempeitai, la Policía política de esa superdictadura nipona, descubriendo así una también intricada red de conspiraciones dentro del Ejército japonés trabada con las demenciadas actividades de los grupos de la resistencia estadounidense legítima. Los George Washingtons.

Por lo demás, hay poca reflexión en “Estados Unidos de Japón” sobre qué hacen y por qué lo hacen esas vastas fuerzas puestas en acción sobre ese gran tablero digital manejado por medio de las porticales. Una especie de Smartphones que son uno más de los innumerables artefactos con los que ese Japón -victorioso en 1945- ha adelantado a nuestra realidad, que no dispone de nada parecido, junto con la red de redes por la que navegan esas porticales, hasta pasados los años 90 del siglo XX.

En efecto, sólo sabemos que esos “Estados Unidos de Japón” están dominados por una cruel dictadura basada en una forma modificada y tecnificada del “bushido”. El estricto y -para los occidentales- retorcido código samurai. Una realidad donde, por tanto, la vida no vale nada. Y la alternativa no es mucho mejor, ya que la resistencia norteamericana legítima parece haber derivado al equivalente -en nuestro mundo no alternativo- a lo que sería el DAESH. Es decir, un grupo de fanáticos religiosos que no dudan en inmolarse si es preciso.

Lo demás que podemos encontrar en “Estados Unidos de Japón” es, en efecto, una larga partida de videojuego donde, por ejemplo, sólo aparecen los nazis casi por obligación, como meros elementos de ambientación. En la Costa Este y visitando a sus aliados japoneses. Todo -o casi todo- lo demás que hay en esta ucronía titulada “Estados Unidos de Japón” es, simplemente, mucha acción. Sobre todo mucha acción: persecuciones a toda velocidad en potentes máquinas, o peleas de “Mechas” (diminutivo de “Mechanical”). Es decir, robots gigantes en la línea de Mazinger Z, Goldorak y, sobre todo, los Transformers.

Eso y un final necesariamente nihilista, suicida, muy en la línea de lo que exige el “bushido” y la forma de Budismo predominante en Japón, es todo lo que da de sí “Estados Unidos de Japón”. Una ucronía cuya moraleja final viene a ser la imposibilidad de que un ser humano normal (o al menos “normal” desde el punto de vista de los occidentales actuales) sobreviva en ese festín de hienas hipertecnificado que habría sido un Mundo dominado por los nazis, los fascistas y, sobre todo, los militaristas japoneses de los años 30 del siglo XX.

No, en “Estados Unidos de Japón” no hay mayor reflexión sobre esas cuestiones como la que sí podemos encontrar en otras ucronías. Caso, por ejemplo, de la colección de relatos titulada “Hitler victorioso” o “Patria” de Robert Harris. Incluso hay menos reflexión en “Estados Unidos de Japón” que en las ramplonas ucronías españolas sobre la Guerra Civil de ese país (al fin y al cabo la antesala de la Segunda Guerra Mundial) que, es preciso reconocerlo, superan -casi ampliamente- todo lo que nos puede (o nos quiere) decir la novela de Tieryas sobre mundos alternativos al final de ese conflicto.

En esas ucronías españolas sobre la Guerra Civil (unánimemente tímidas -o, simplemente, militantes- a la hora siquiera de imaginar una derrota de Franco, ese aliado del Eje Roma-Berlín-Tokio), al menos encontramos (por lo general) una postura ideológica más o menos clara en la que los autores muestran que son incapaces de imaginar eso: una Historia alternativa en la que la República, el legítimo gobierno español de 1936, gane la guerra.

Algo que se hace evidente tanto en las ucronías españolas menos fascistizantes -como “En el día de hoy” de Jesús Torbado o “El coleccionista de sellos” de Mallorquí- como en las que son, en realidad, descaradas apologías franquistas. Caso de “El desfile de la Victoria”, “Los rojos ganaron la guerra” o la mayor parte del, a ratos, vergonzante contenido de la más reciente: la colección de relatos “Franco. Una historia alternativa”, que bien poco tiene de tal cosa, pues en ellos (salvo rara excepción) Franco… ¡siempre gana!…

En efecto, “Estados Unidos de Japón” ni siquiera se plantea esa estrambótica manera de escribir una ucronía en la que no hay posibilidad de un mundo alternativo porque, tanto editores como autores, parecen autocensurarse, descartando incluso en el mundo ucrónico lo que sería lo lógico: una victoria republicana viable. (Una extraña pauta sólo rota, en el caso español, por “La Tercera República”. Una novela que, además, ha tenido que ser publicada por un sello independiente y agregado a la distribución de Amazon, dada la imposibilidad material de que los editores establecidos tuvieran el valor suficiente para incluirla en sus catálogos).

No, “Estados Unidos de Japón”, como ucronía, no da ni siquiera para esa ramplona pauta española y su honrosa excepción. De hecho, ni siquiera parece pretender entrar en tales reflexiones. La novela de Tieryas parece, por el contrario, querer ser poco. Nada, desde luego, más allá de una desesperada carrera -de pantalla en pantalla- de un videojuego en el que se muestra que la básica decencia humana (tal y como hoy la entendemos) está condenada, de antemano, en esos Estados Unidos derrotados por el imperio japonés en 1945.

Eso, en definitiva, es todo lo que da de sí esta curiosa ucronía que los aficionados al género, de todos modos, harán bien en leer. Aunque, quizás, echen -mucho- de menos al Philip K. Dick de “El hombre en el castillo”.

 

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Acerca de Carlos Rilova Jericó

Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Administrador del weblog de "La novela antihistórica", creada como página de crítica independiente en el año 2010 para ayudar a mejorar el criterio de selección de obras de gran difusión comercial entre el público y redactor de la reseña mensual de acceso libre publicada en esa página cada día 20 de cada mes. Director del banco de imágenes y centro de investigación histórica "La colección Reding". Profesional de la investigación histórica y cultural para diversas empresas y organismos públicos desde el año 1996.
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