Una agradable sorpresa victoriana. “Un misterio en Toledo” de Anne Perry

Como saben las legiones de seguidores de Anne Perry que por el Mundo están extendidas, parece que esta escritora anglosajona no puede vivir sin producir, continuamente, novelas policíacas ambientadas en distintos períodos de la época que llamamos “victoriana” y aun de su cercana continuación en la era eduardiana inaugurada en 1901, con la muerte de la reina que da nombre al período anterior.

Así, Anne Perry ha manejado no una, sino hasta dos series de novelas ambientadas en la época victoriana. Por un lado las del inspector Monk, metido en los turbios negocios de la Policía Fluvial que patrulla un Támesis rico en misterios en el período medio de esa época, y la del inspector Pitt que abarca, y abarcará previsiblemente dado el ritmo productivo de la autora, desde esas fechas hasta el período eduardiano. De hecho, no es ésta la primera vez que aparece reseñada alguna de las novelas de esas series en “La novela antihistórica”.

Evidentemente quienes disfrutan con este subgénero dentro del género de novela negra o policíaca, no se preocupan demasiado de otros detalles salvo de que Monk o Pitt vuelvan a verse, de un modo u otro, metidos en uno de esos casos que tantas horas de entretenimiento (a miles seguramente) han proporcionado a, también, muchos miles de devotos seguidores.

Sin embargo, eso no quita para que el público español que lleva años disfrutando de estas sagas gracias a Ediciones B, no se haga consciente de las especiales características que tiene “Un misterio en Toledo”. De momento, última entrega de la serie del inspector Pitt.

En efecto, Anne Perry, aparte de todo lo demás que ofrece en sus novelas de la serie del inspector Pitt (una aproximación a la Inglaterra victoriana desde la perspectiva de la clase media, tanto desde el punto de vista masculino como el femenino, misterio, intriga con una buena ambientación histórica…) por la razón que sea, ha hecho el honor a ese público español de introducir, como nuevo telón de fondo, a la España victoriana.

Así es, tal y como ya se revela desde el título de la novela, la acción de esta nueva entrega del inspector Pitt tiene a la España de 1898 como referencia obligada.

Y, a diferencia de lo que ha solido ser habitual en esta clase de narrativa (digamos que popular) anglosajona, el modo en el que la España de esas convulsas fechas entra en escena, no tiene apenas nada de condescendiente ni de atrabiliario.

En efecto, las páginas de “Un misterio en Toledo” revelan que Anne Perry se ha documentado con bastante precisión sobre la situación que vive el Mundo en el año 1898 y otorga en él a España el papel que, más o menos, realmente tuvo.

Así, desde el principio, las páginas de “Un misterio en Toledo” están salpicadas de informaciones en torno al asesinato del que Anne Perry no duda en identificar como primer ministro español. Haciendo una descripción de Cánovas del Castillo equiparable a la de cualquiera de los personajes británicos que aparecen en las páginas de esta nueva entrega de la serie de Thomas Pitt.

La descripción que hace “Un misterio en Toledo” de la guerra en curso entre Estados Unidos y España en ese año, que se desarrolla en paralelo a la investigación en la que se ve envuelto el inspector Pitt (ahora ya en el servicio secreto británico conocido como la “Special Branch”), está también lejos de cualquier tópico chauvinista anglosajón. También demasiado habitual en esta clase de novela.

En efecto, Anne Perry indica por boca de sus personajes que el objetivo de los Estados Unidos al declarar esa guerra no es liberar Cuba, sino obtener posesiones imperiales a costa de otra potencia imperial (esas son las palabras que ella misma utiliza) como es el caso de España.

Todo ello en medio de un marasmo que hace temer a Gran Bretaña o bien la revolución en Francia (las alusiones al caso Dreyfus son también claras y explícitas en la novela) o bien un conflicto bélico generalizado que podría empezar por la declaración española de guerra contra Gran Bretaña a causa, en este caso, del asesinato de Sofia Delacruz. Una inglesa naturalizada española por matrimonio que es el eje en torno al cual se desarrolla, en buena medida, la nueva intriga que envuelve a Thomas Pitt.

Sofía Delacruz es descrita en el libro como una especie de santa. Sin embargo, Anne Perry, en lugar de caer en el habitual desfile de tópicos en esta clase de Literatura anglosajona de consumo masivo, manipula las categorías habituales atribuidas a España en ella para revelarnos que, en realidad, Sofía Delacruz es una señorita de la alta sociedad londinense, relacionada con lo más exquisito de la flor y nata de la aristocracia de esa Gran Bretaña victoriana.

Como otras mujeres y hombres de la misma, sin embargo, decide romper con la misma y buscar una nueva existencia en lo que esa clase social habitualmente denominaba como “el continente”. El destino elegido no es Bélgica, ni ciudades balneario francesas como Deauville o Biarritz, o la misma París en la que buscan refugio miembros de esa aristocracia (véase el caso de personajes de gran peso en ella como Oscar Wilde) tratando de escapar de un intolerante código penal (y también moral) que, por alguna razón (escandalosamente patente en el caso de Wilde), transgreden. Sofía Delacruz, ni siquiera elige como destino Italia. Otro de los habituales en esa clase alta victoriana de la época. Necesitada de luz, color, belleza, Arte y ciertas dosis moderadas (muy moderadas) de exotismo.

Por el contrario el punto en el que Sofía Delacruz busca refugio, huyendo de uno de esos matrimonios de conveniencia tan habituales en su época y medio social, es la España central. En este caso Toledo. Allí, en medio de circunstancias algo turbias -que, sin embargo, se van esclareciendo mientras la novela se desarrolla- encuentra un sentido a su vida y, de paso, el verdadero Amor.

El sentido a su vida se lo da un encuentro con una vena mística (ligada en este caso al Catolicismo) bastante habitual, sin embargo, en otras iglesias del mundo occidental de finales del siglo XIX que, sin embargo, Anne Perry no ha reflejado con tanta exactitud como otros aspectos históricos tratados en “Un misterio en Toledo”.

Lo lógico, históricamente hablando, es que Sofía Delacruz -tras su viaje a Toledo- hubiera dado con la versión rigorista del Catolicismo que toma aliento en esas fechas. La del conocido como “Neocatolicismo” (abreviado por sus rivales liberales como “los neos”). Algo muy habitual en esas fechas en las clases medias y altas conservadoras tanto en España como en Francia y que queda reflejado en la Literatura de la época. Por ejemplo en “La Regenta” de Leopoldo Alas “Clarín”. Se trata de una forma de Catolicismo intolerante, ligado a facciones extremas del Carlismo derrotado militarmente por los liberales españoles en 1876, como el llamado Integrismo. Muy similar, por otra parte, a manifestaciones igual de exaltadas en algunas iglesias protestantes de la época. Agrupadas, vagamente, en lo que se llamó “Tercer Gran Despertar”, desarrollado entre 1880 y 1920 aproximadamente, y que dio lugar a formas de Moralismo igual de asfixiantes e intolerantes que las del Neocatolicismo.

Sofía está lejos de esa realidad que pesó gravemente en la sociedad occidental (tanto protestante como católica) de la época. Es una mujer, de hecho, más cerca de las sufragistas que empiezan a eclosionar en esas mismas fechas, que de aquellas que muestran todavía interés por una religión lejos de los canales oficiales establecidos (tanto en el mundo católico como protestante) que, como decía, se caracterizaba más que por la tolerancia de la que hace gala Sofía Delacruz, por un rigorismo moral sumamente duro. Un ambiente histórico ese que sólo queda más o menos bien reflejado en “Un misterio en Toledo” en los momentos en los que Sofía o sus seguidores predican o dan conferencias públicas en aquel Londres victoriano.

Sin embargo, al margen de detalles sobre lo verosímil que podría ser una mujer como Sofía Delacruz en el espeso ambiente religioso del Occidente victoriano, dominado por neocatólicos o fanáticos encuadrados en el “Tercer Gran Despertar”, el resto de “Un misterio en Toledo” cumple más que dignamente con el público español y educa al anglosajón enseñándole que España no es un país exótico y salvaje, sino una parte con peso específico en el entramado occidental. Un país, en efecto, que, al igual que Francia o Gran Bretaña, está sujeto al azote de los terroristas anarquistas (en ese punto de la novela los ecos de grandes obras literarias de la época como “El agente secreto” de Conrad están muy presentes). Con trenes que colocan rápidamente a viajeros británicos en el centro del país, en capitales como Toledo. Donde abunda una relativamente selecta colonia británica que goza de una ciudad que Anne Perry describe como heredera de una tradición de convivencia entre religiones desde la Edad Media; haciéndose eco de esa visión -hoy ya un tanto superada- de la tolerancia histórica entre musulmanes, judíos y cristianos, en la que tanto insistieron historiadores españoles como Americo Castro. Con más voluntad que acierto histórico a veces, queriendo acaso mitigar la Leyenda Negra de la posterior Inquisición que, por desgracia para nuestro tolerante punto de vista actual, no fue, ni mucho menos -igual que el Neocatolicismo- un fenómeno exclusivamente español.

Así, la España que describe Anne Perry en “Un misterio en Toledo” no es una España de bandoleros, hidalgos tronados y arruinados por glorias que se fueron para no volver o pintorescos menesterosos, sino de gentes acaso un poco tópicas -hombres morenos y enjutos- pero cultas, de estilo inequívocamente europeo y bien situadas en todos los aspectos. Como Nazario Delacruz, el hombre que se casa con Sofía y le da su apellido, que habla perfectamente inglés, está licenciado en Medicina e incluso dispone de una más que holgada situación económica.

Igualmente “Un misterio en Toledo” se hace eco, con total acierto, de la presencia de lo que podríamos llamar una “conexión española” con todos los asuntos que se mueven a nivel internacional en eso momentos. Bien sea, como ya se ha señalado, la de actuar como detonante de la guerra mundial que por esa fecha temían y esperaban todas las potencias europeas (especialmente tras la declaración de guerra entre Washington D. C. y Madrid) o, incluso, de una crisis financiera que, como descubrirán los ávidos lectores de Anne Perry, es una viga maestra de todo el entramado que sostiene esta nueva entrega de las aventuras policíacas de Thomas Pitt.

En suma, “Un misterio en Toledo” es una agradable sorpresa de la que saldrán doblemente satisfechos todos los lectores que se acerquen a ella, ya que recibirán tanto la dosis habitual de misterio victoriano que proporciona Anne Perry de manera periódica a sus seguidores, como -al mismo tiempo- una innovadora lección sobre el papel que juega España en ese bien conocido telón de fondo del que hasta ahora se ha visto injustamente excluida. Tanto por un chauvinismo anglosajón en general casi ausente en “Un misterio en Toledo”, como por la desidia habitual en una España actual, donde el nivel de este tipo de novela sigue siendo bastante ramplón. Aparte, por supuesto, de notables excepciones que, afortunadamente, se van abriendo camino. Bien a través de editores tradicionalmente establecidos, bien a través de promotores independientes.

Poco más se puede decir de “Un misterio en Toledo”. Salvo que es una más que digna entrega de ese “Gran Juego” literario que Anne Perry -parece obvio- juega, desde hace décadas, cada vez con más habilidad.

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Acerca de Carlos Rilova Jericó

Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Administrador del weblog de "La novela antihistórica", creada como página de crítica independiente en el año 2010 para ayudar a mejorar el criterio de selección de obras de gran difusión comercial entre el público y redactor de la reseña mensual de acceso libre publicada en esa página cada día 20 de cada mes. Director del banco de imágenes y centro de investigación histórica "La colección Reding". Profesional de la investigación histórica y cultural para diversas empresas y organismos públicos desde el año 1996.
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