Un ordenado delirio que no nos podemos perder. La última novela de Umberto Eco, “Número cero”

“Número cero”, la última novela de Umberto Eco, no es “El nombre de la rosa”. Esa obra tan especial que hizo famoso a un profesor universitario bien conocido -allá por los convulsos años setenta del siglo XX- sólo por una relativa minoría de apocalípticos que querían cambiar el Mundo (o al menos ver cómo se destruía para decir aquello de “os lo dije”) y puede que por un puñado de integrados con mala conciencia.

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No es tampoco “El péndulo de Foucault”, con la que demostró el profesor Eco que era capaz de repetir el éxito de “El nombre de la rosa”, que aquello no había sido fruto de la casualidad -o el marketing- sino de su talento, de una erudición cultivada durante años que, además (lo más difícil de todo) el profesor Eco era capaz de transmitir de manera a la vez seria y divertida. Toda una hazaña. Como sabe cualquiera que se dedique a escribir tomándose el asunto con algo de seriedad.

“Número cero”, sin embargo, tiene algo de esas dos novelas y de las demás que escribió Umberto Eco. Quizás, sobre todo, de “El cementerio de Praga” que, si no fallan las cuentas, fue la penúltima.

Tiene también “Número cero” mucho de los ensayos que el profesor Eco, no el novelista Eco, escribió durante años. Antes y después de hacerse mundialmente famoso gracias a las andanzas de Guillermo de Baskerville y su fiel Adso de Melk.

De hecho, parece que Umberto Eco, gran conocedor del mundo barroco, como lo demostró en “La isla del día de antes”, sabía que el momento de la Muerte es desconocido para el Hombre, pero que puede llegar a ser presentido y, así, hubiera querido, con “Número cero”, dejarnos una especie de testamento literario de toda su obra.

Fuera como fuese, como diría uno de esos personajes de folletín decimonónico que tan feliz -y millonario- hicieron al profesor Eco, lo cierto es que “Número cero” es una novela histórica -casi tanto y tan deliberadamente como lo fue “El nombre de la rosa”- que los lectores españoles no deberían dejar de leer. Y no sólo para rendir ese -merecido- homenaje póstumo a uno de los mejores novelistas europeos de la segunda mitad del siglo XX, sino porque les cuenta cosas fundamentales sobre eso que los historiadores llamamos “Historia del tiempo presente”. Cosas que, por tanto, les pueden ayudar a comprender mejor los árboles que no les dejan ver el bosque histórico que nos rodea a todos.

Así es, “Número cero” nos describe la Europa de, más o menos, principios de los años 90 del siglo XX (esa en la que los móviles son un invento reciente, como ironiza un Eco que escribe desde un 2015 en el que hasta los niños tienen uno) a través de un país, Italia, que, a veces, se parece mucho a España. Tanto, que, de hecho, es uno de esos espejos deformantes de los que hablaba Valle-Inclán, en el que vernos reflejados grotescamente y, precisamente por esa razón, entender mejor la imagen que tenemos delante.

Por otra parte, “Número cero” habla, con metáforas, pero habla, de personajes que han afectado, y mucho, a la Unión Europea de la que formamos parte y a España en concreto.

De hecho, Umberto Eco nos está hablando del entramado de industrias mediáticas que catapultaron a Silvio Berlusconi al poder en la Italia de esa época.

Un trasunto de “Il Cavaliere”, el comendattore Vimercate, dueño de múltiples empresas, multimillonario pero, ay, aún así excluido de los círculos del verdadero poder, crea un falso periódico, “Domani” (“Mañana”), que supuestamente adivinaría las noticias del día siguiente. Astuta maniobra con la que Vimercate trataría de demostrar a los oscuros círculos del verdadero poder, el del dinero viejo y consolidado, que les era conveniente aceptar, sin reservas, a un tipo como él. Uno que, al parecer, los tendría en sus manos gracias a unas fuentes de información verdaderamente privilegiadas.

A partir de esa premisa, Umberto Eco desarrolla una historia digna de él. La redacción en la que se va a escribir “Domani” es un reflejo perfecto de una Italia a medio camino entre la Modernidad y la miseria picaresca de siglos pasados. Se reúne allí a toda una colección de “outsiders”, de semiletrados que -por unas u otras razones- no han logrado obtener sus licenciaturas pero, aún así, han logrado entrar en la industria cultural por distintas puertas falsas. Unas que los conducen a un laberinto que desemboca (como no podía ser menos) en lo que el protagonista y narrador -el ya tirando a maduro Colonna, que se refiere a sí mismo como un perdedor- define en algún momento como un “pozo de serpientes”.

Y es que allí, en la redacción de “Domani”, han recalado aparte de él -de Colonna- que no pudo terminar la carrera en los años setenta y se quedó en traductor de alemán para ir tirando y sumando fracasos personales y sentimentales, confidentes de la Policía como Lucidi y tipos verdaderamente raros como Braggadocio (un nombre, como explica Colonna, peculiar, sobre todo para los ingleses, ya que para ellos significa “chulo” o “fanfarrón”). Todos ellos pastoreados por Simei, que es la correa de transmisión de Vimercate y sólo está un escalón por encima de las historias tambaleantes y algo turbias de todos esos “outsiders” culturales.

La única que escapa un poco de ese siniestro panorama es la única mujer de la redacción, Maia. Con la que Colonna acabará teniendo un romance redentor con el que el profesor Eco nos salva de caer en una depresión profunda cuando cerramos la última página de “Número cero”.

Por medio de todos esos personajes Eco nos ilustra lo que ha sido la Historia de Italia durante los últimos ochenta años y, así, de rechazo, lo que ha sido en buena medida la de España y buena parte de la Unión Europea.

Conocemos esos hechos, muchas veces de primera mano. De hecho, los sufrimos en carne propia también muchas veces, pero Eco nos los explica racionalmente a medida que la novela se va desarrollando, llegando al eje central en torno al que gira. A saber: una supuesta conspiración para ocultar que Benito Mussolini -el dictador fascista que mete a Italia en la Segunda Guerra Mundial de la mano de Alemania- en realidad no muere al final de esa contienda. Fusilado, quemado y finalmente ahorcado boca abajo junto con su amante Clara Petacci.

Braggadocio, descendiente de pequeños jerarcas fascistas pero desclasado y despolitizado, retorcido, siniestro, atrabiliario, digno personaje de los folletines decimonónicos que tanto admiró Umberto Eco -como profesor de Semiótica y como novelista- se lo irá contando, poco a poco, a Colonna. Éste asiste, estupefacto, al crecimiento de una historia por entregas en la que -siempre según Braggadocio- todo lo que ha ocurrido en Europa desde la Segunda Guerra Mundial ha ocurrido para ocultar la evasión de Benito Mussolini, que, como en las historia míticas de la Edad Media (concretamente las que hablan del retorno del rey Arturo, sólo supuestamente muerto) regresaría un día a Italia para salvarla del caos creado por una república que -como bien sabríamos en 2015- ha desembocado en un caos organizado. Trufado de toda clase de corrupciones, ineficacias y, en general, un desbarajuste que ha acabado con la economía italiana intervenida por la Unión en cuanto la crisis asomó su feo rostro en el año 2007.

No hay asunto turbio que no haya estado engarzado en esa Historia de la falsa muerte de Mussolini que Braggadocio va endosando a Colonna, precipitando un final digno de una película de James Bond. Otro de los grandes pilares en los que Umberto Eco fijó los cimientos del éxito de sus novelas.

Así tenemos que la red Gladio, la muerte del llamado “banquero de Dios”, Roberto Calvi, la del Papa Juan Pablo I o, a beneficio de inventario para quienes lean “Número cero” desde España, los sucesos de Montejurra de 1976, que enfrentan a dos facciones distintas del Carlismo, o los asesinatos de los abogados laboralistas de la calle Atocha durante esos mismos años de la Transición…, todo, absolutamente todo, habría estado destinado a cubrir el secreto de la muerte de Mussolini y su regreso, como una especie de rey Arturo, cuando Italia (¿quién sabe si el resto de Europa?) más lo necesitase…

Esto es, en definitiva, lo que hace a “Número cero”, la última novela del gran Umberto Eco, una interesante novela histórica que nos puede enseñar mucho -de manera bastante divertida- sobre unas cuantas buenas razones por las que el mundo de hoy -ese en el que (sobre)vivimos- es como es.

No es recomendable, desde luego, perderse la oportunidad de saber tanto por tan bajo precio.

Poco más se puede decir de “Número cero”. Tan sólo que es una gran idea leerla y rendir este último homenaje a ese gran escritor que fue Umberto Eco.

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Acerca de Carlos Rilova Jericó

Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Administrador del weblog de "La novela antihistórica", creada como página de crítica independiente en el año 2010 para ayudar a mejorar el criterio de selección de obras de gran difusión comercial entre el público y redactor de la reseña mensual de acceso libre publicada en esa página cada día 20 de cada mes. Director del banco de imágenes y centro de investigación histórica "La colección Reding". Profesional de la investigación histórica y cultural para diversas empresas y organismos públicos desde el año 1996.
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