¿El enésimo misterio templario o algo realmente diferente?. Notas sobre “Wolfgang Stark. El último templario” de Alexis Brito Delgado

Vuelve a “La novela antihistórica” un viejo conocido. O más bien el ancestro de un viejo conocido: Konrad Stark. El inefable mercenario sajón que se mueve entre las guerras revolucionarias y napoleónicas abriéndose paso a estocadas, merced a una atrabiliaria simpatía y, sobre todo, gracias a una falta de escrúpulos imprescindible para un superviviente como él. En otras palabras: vuelve a “La novela antihistórica” el ancestro de una de las creaciones más populares del escritor Alexis Brito.

En “Wolfgang Stark. El último templario” nos encontramos, pues, con el lejano antepasado de Konrad Stark, que, a comienzos del siglo XIV, inicia la larga tradición familiar de mercenarios que parece llegar a su punto más alto con el carismático Konrad.

Todo empieza en esta nueva novela histórica de Alexis Brito con la bien conocida e hiperrelatada detención y masacre de los caballeros de Jacques de Molay en 1307, que pone fin a la Orden del Temple, de la que es parte Wolfgang Stark.

De ahí, se podría deducir, prima facie, sin más elementos de juicio que guiarse por la portada, que “Wolfgang Stark. El último templario” es otra incursión más -la enésima- de un escritor fascinado por la malograda Orden Templaria que habría dejado tras de sí innombrables misterios que, como bien saben muchas grandes editoriales y numerosos autores, es éxito casi asegurado cuando se elige como tema de una novela. Pues esa especie de subgénero de la novela histórica -el que podríamos llamar “de misterios templarios”- se ha demostrado, muchas veces, como altamente vendible en ese maltrecho y hoy (gracias a Jeff Bezos) desarbolado sector.

Sin embargo, hay que advertir que “Wofgang Stark. El último templario” es algo ligeramente diferente a todo eso. Lo cierto es que Alexis Brito no ha recibido los altos honores de ser un autor independiente en la España actual por casualidad ni de manera inmerecida, y lo demuestra, una vez más, con esta novela.

En efecto, “Wofgang Stark. El último templario” es tan absorbente, tan entretenida como cualquier otra del subgénero “misterios templarios” al que acabamos de hacer referencia, pero tiene elementos que rara vez encontramos en esas novelas. Más adocenadas cuanto más importante es la maquinaría editorial que suelen tener detrás.

Así, los personajes de “Wolfgang Stark. El último templario” y las situaciones históricas en las que estos se mueven, sorprenden por el tratamiento que Alexis Brito les da.

Wolfgang Stark es un producto de su tiempo, enteramente real: hijo de un pequeño noble sajón, decide abandonar los privilegios de su estamento y hacer carrera eclesiástica pero dentro de una orden, la del Temple, en la que la meditación espiritual y la salvación del alma (el fin último de los hombres del siglo XIV) no está reñida con la acción. Más bien todo lo contrario.

Algo que queda bastante claro por la manera en la que Alexis Brito nos relata, en las treinta primera páginas de su novela, el modo en el que Wolfgang Stark sobrevive a la detención de Jacques de Molay y sus hermanos templarios, que acaba en un duro enfrentamiento con las tropas del rey de Francia Felipe IV. Quienes sean lectores habituales de Alexis Brito no saldrán defraudados. El último templario se abre paso a mandobles con una notoria soltura. Casi la misma que su padre literario muestra con los minuciosos detalles sobre el armamento y la táctica de combate de la época, de los que hace un alarde que es de agradecer.

Además de esto, Wolfgang Stark es un personaje verosímilmente atormentado, que padece eso que se llama hoy día “síndrome del superviviente”. Es decir, la culpabilidad que sufren quienes han sobrevivido a una catástrofe en la que han caído muchos otros próximos -o no- al superviviente, que no se explica la razón por la que él ha sobrevivido en el lugar de otros. Acaso mejores que él.

Esa desazón es la que impulsa a Wolfgang Stark de un lado a otro del mapa de la Europa en la que es un proscrito, como otros supervivientes templarios, a Tierra Santa y de allí de vuelta a Europa.

Largos viajes en los que topa con personajes llamativos. Como el noruego Harald, marino del barco que, en la segunda parte del capítulo titulado “El gigante del abismo”, lleva a Wolfgang Stark de vuelta a Europa.

A través de ese personaje, Harald, Alexis Brito muestra una gran maestría en el relato histórico, desconocida para muchos practicantes del género, dibujando, con apenas unas cuantas pinceladas bien dadas, a un verdadero noruego de comienzos del siglo XIV. Es decir, un hombre que se debate entre las antiguas creencias paganas y las cristianas, evitando así caer en absurdos tópicos sobre “vikingos”, pero sin por ello renunciar al juego que, como personaje de acción, se esperaría de alguien como Harald.

Por supuesto “El último templario” también tiene sus dosis de misterios templarios sin las cuales, tal vez, carecería de sentido haberla escrito.

Es algo que se hace patente en las partes II y III de ese mismo capítulo, donde Wolfgang Stark se ve atrapado en una situación en la que Alexis Brito rinde homenaje a la literatura “pulp” de los años treinta hoy convertida en clásico. Es decir, a H. P. Lovecraft y al Robert E. Howard de relatos como “Gusanos de la Tierra”.

Ahí, entre impresionantes apariciones shakesperianas del difunto padre de Wolfgang Stark, épicos combates con nigromantes y razas degeneradas expulsadas a los márgenes de una Noruega ya completamente cristianizada, aparece el mítico Baphomet. El símbolo impío, demoníaco, que se dijo adoraban los templarios y sirvió para acusarlos y condenarlos.

Wolfgang Stark se abrirá paso en ese turbulento escenario por medio de todo un reguero de sangre que le permita llevar ese símbolo hasta Escocia. Tal y como se le ha pedido que haga, por encargo de un noble de esa nacionalidad.

A partir de ahí la novela se desarrolla en diferentes episodios muy similares, en los que el atormentado templario se enfrenta a nuevos peligros y sale airoso de ellos.

Unas veces gracias a su fuerza física y otras gracias a la espiritual. Particularmente notable es su enfrentamiento con el Príncipe del Aire, que se le aparece, como solía ser habitual en él, bajo la forma de un enigmático viajero de nombre supuesto.

Un episodio en el que Alexis Brito combina magistralmente las creencias escatológicas de un caballero medieval -que recuerdan a “El séptimo sello” de Bergman o incluso a “El Caballero, la Muerte y el Diablo” de Durero- con una acción en la que la violencia está muy limitada en lo físico, reduciéndose el enfrentamiento a una cuestión más bien espiritual, en la que se decide una sutil lucha entre lo que es correcto y lo que es incorrecto y se despacha también toda una completa teoría sobre la justificación del origen del Mal en un mundo creado por un Dios bondadoso.

Similares características tiene el capítulo en el que Wolfgang Stark debe afrontar el único episodio romántico de todo el libro, donde su valor es puesto a prueba no por el miedo o la tentación como ocurre en su enfrentamiento con el Demonio, sino para que abandone su vida errante y se convierta en un hombre sedentario y casado con una mujer a la que, sin duda, ama.

Con esa alternancia de episodios violentos con otros más reflexivos es cómo “Wolfgang Stark. El último templario” llega a un relativamente sorprendente final abierto y en el que espera a los lectores una nueva ración de aventura y acción combinada con una interesante dosis de datos históricos sobre la accidentada vida de la mujer del rey inglés Eduardo II. Isabel, conocida como “la loba de Francia”, hija de Felipe IV, el rey que condena a los templarios, a la que Alexis Brito endosa un nuevo amante, Michael Oldcastle, que, naturalmente, se las tendrá que ver con Wolfgang Stark durante una no menos accidentada expedición por la entonces apenas explorada costa africana que acaba dejando muchas posibilidades abiertas.

Entre ellas, acaso, una nueva novela con Wolfgang Stark como protagonista que explique qué acabó ocurriendo con el Baphomet llevado a Escocia. Ese punto donde se dice vinieron a converger los fugitivos templarios y el origen de la Masonería, también acusada por sus detractores de adorar a esa figura equívoca…

Anuncios

Acerca de Carlos Rilova Jericó

Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Administrador del weblog de "La novela antihistórica", creada como página de crítica independiente en el año 2010 para ayudar a mejorar el criterio de selección de obras de gran difusión comercial entre el público y redactor de la reseña mensual de acceso libre publicada en esa página cada día 20 de cada mes. Director del banco de imágenes y centro de investigación histórica "La colección Reding". Profesional de la investigación histórica y cultural para diversas empresas y organismos públicos desde el año 1996.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a ¿El enésimo misterio templario o algo realmente diferente?. Notas sobre “Wolfgang Stark. El último templario” de Alexis Brito Delgado

  1. Interesante libro el que mencionas. Yo que siempre he sentido una sana prevención frente a los “misterios templarios” (con sus inevitables derivaciones masónicas, illuminati y atlántidas) me he sentido atraído por el argumento. Me recuerda a la saga de Los Reyes Malditos, de Druon, ambientada casi en la misma época. Si está a la misma altura ya vale la pena. Un cordial saludo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s