La verdegris Irlanda. “Por la mañana me habré ido” de Adrian McKinty

No es habitual en “La novela antihistórica” reseñar series enteras de novelas. Por ejemplo, en el caso de la llamada Trilogía del Baztán, nos limitamos a “Ofrenda a la tormenta”, última de la serie.

Sin embargo, en el caso de “The Troubles” de Adrian McKinty, es bastante difícil sustraerse a leer toda la serie y, por supuesto, reseñarla.

Esa es la principal razón por la que, después de haber reseñado hace un par de meses “Cold Cold Ground”, la primera de esa serie negra ambientada en la Irlanda de los años 80 del siglo pasado, la tercera, “Por la mañana me habré ido”, haya recalado también en estas páginas.

Es difícil no coincidir con el criterio general de la prensa anglosajona, que ha celebrado esta tercera parte como una obra aun mejor que la primera, como un McKinty más maduro.

Ciertamente “Por la mañana me habré ido” supera en magnetismo a “Cold Cold Ground”.

En efecto, en “Por la mañana me habré ido”, McKinty se demuestra capaz de crear un clima, un ambiente, aún más envolvente que el que ya se podía ver, leer y disfrutar en “Cold Cold Ground”.

Y eso que los hechos descritos en “Por la mañana me habré ido” son bien conocidos para la franja de población europea que va de la mediana edad (en torno a los cuarenta, digamos) hasta la vejez extrema.

Se trata del momento en el que el IRA juega la más fuerte de sus bazas.

A saber: un atentado contra la mismísima “Dama de hierro”, la inflexible premier británica Margaret Thatcher.

El atentado, en efecto, no es ningún misterio para la mayoría de los lectores de McKinty, llegó a tener lugar y se convirtió justo en lo contrario de lo que pretendía el IRA. Es decir, la bomba de Brighton se volvió en su contra, creando propaganda a favor, no en contra de la política de firmeza de Margaret Thatcher.

No esconde, pues, “Por la mañana me habré ido” esa clase de misterios. Es otra la misión que el inefable Sean Duffy debe resolver, algo más complicada.

Tanto, que parece salida de las viejas leyendas irlandesas del folklore y la cultura celta que el autor de “The troubles” tan bien ha estudiado para caracterizar a su cada vez más carismático detective, Sean Duffy.

En efecto, el ahora ex-inspector Duffy obtiene en “Por la mañana me habré ido” una oportunidad de redimirse de sus errores acumulados desde 1980, como los caballeros del ciclo artúrico.

La misión se la traerá una mujer sin edad, joven y vieja a la vez, como la Kathleen Ni Houlihan con la que Yeats y Lady Gregory refundieron viejos mitos celtas para crear una personificación de Irlanda, que tan pronto se aparecía como una vieja desvalida, como revestida de las galas de una poderosa reina joven y renacida.

Por supuesto, en “Por la mañana me habré ido” todo es mucho más prosaico. Por más que McKinty juegue a los sobreentendidos con quienes lean su novela, pero también conozcan la Literatura irlandesa desde sus orígenes medievales hasta la víspera de la independencia concedida por Gran Bretaña.

En efecto, la dama misteriosa que trae al algo oxidado caballero Sean Duffy la misión que lo redimirá a ojos de la corte de Londres, es una bastante atractiva funcionaria del servicio secreto británico. Seguramente no por casualidad llamada, precisamente, Kate, Kate Randall, cuya verdadera edad, sin embargo, el ex-inspector Duffy es incapaz de determinar…

A partir de ahí, empieza una carrera a contrarreloj en la que Sean Duffy debe descubrir el paradero de un antiguo rival escolar, Dermot McCann, convertido en esos momentos -es el año 1984- en uno de los principales líderes del IRA y también en el principal sospechoso de lo que el MI5 supone se está tramando. Algo que tiene contornos vagos pero con todo el aspecto de ir a ser algo grande, de mucho efecto. Como finalmente lo fue.

Para lograr llevar a cabo con éxito esta misión redentora, Sean Duffy vuelve a descender a la realidad cotidiana de la Irlanda anterior a los Acuerdos de Viernes Santo en el Castillo de Stormont que ponían fin, apenas hace dos décadas, a una guerra de ocho siglos entre irlandeses y británicos.

Y lo que descubrimos ahí, sorprende una vez más.

En efecto, Adrian McKinty, por medio de la voz de Sean Duffy, entre cínica y humorística, nos describe una Irlanda que es la de los folletos turísticos, la verde Irlanda de castillos pintorescos o los afloramientos volcánicos de la Calzada de los Gigantes, la de las campiñas idílicas con antiguos “cottages” reconvertidos en cómodas casas de campo o pintorescas tabernas. Junto a ella Sean Duffy, sin embargo, también nos describe la Irlanda que no aparece en ningún lado, salvo en novelas cargadas de realismo sucio como la serie de “The Troubles”.

Es decir, la de un Derry lleno de prostitutas drogadictas, sórdidas tiendas de licores, gángsters de medio pelo, un horizonte gris plomo sin demasiada esperanza, bloques de viviendas sociales no mucho mejores que los que se pueden encontrar en la Mogadiscio de los señores de la guerra y toda una podredumbre moral, política y económica -descrita con mano maestra, una vez más- con la que descubrimos cuál fue la realidad de poblaciones irlandesas como esas no hace demasiados años.

Convertidas en manzana de la discordia entre los irlandeses y los británicos, desde, por lo menos, la victoriosa campaña del rey Guillermo de Orange de los años 1689-1690 y degradadas hasta un punto que sorprende en el año 1984. Cuando la mayoría de lectores de McKinty estaban planeando sus vacaciones de verano, comprando su primer piso o su primer coche, pasando exámenes en el Instituto o cosas igual de banales para un europeo de los años 80.

En esa sórdida realidad escarba Sean Duffy. Y en otra de aspecto idílico, pero igual de sórdida tras esa amable imagen de postal que oculta a una comunidad destruida por la falta de todo horizonte que no sea la guerra que ha consumido y envilecido a la sociedad fronteriza irlandesa. La que vive a un lado y otro de la línea que separa los condados del Ulster, todavía hoy -y a pesar del Brexit- en manos británicas, y los que pertenecen a la República de Irlanda, al Sur.

Por todos esos lugares nos lleva Sean Duffy, reconstruyendo una impagable imagen de esa sociedad en conflicto, donde las cosas han descendido a un nivel verdaderamente primario. Casi al de manadas de simios en las que la ausencia o la presencia sobre el terreno del macho alfa (en este caso Dermot McCann), puede suponer la diferencia entre el abismo moral y material para sus parientes próximos (especialmente los femeninos) o una relativa comodidad.

Es también una realidad donde se mezclan negocios sucios y ambiciones inconfesables. Incluso entre familias que, de otro modo, parecerían ejemplares al haber superado la barrera divisoria del odio entre irlandeses católicos y angloirlandeses protestantes.

En ese ambiente que, en principio, parece tan ejemplar en esa Irlanda arrasada por la guerra, anida una vieja herida sin cerrar, envuelta en un misterio policíaco clásico -el del asesinato cometido en una habitación cerrada- que Sean Duffy tendrá que resolver para resolver a su vez otra intriga aún mayor: el paradero de Dermot McCann.

Algo que para él supone la diferencia entre el exilio o la vuelta, con honores, a su alto sitial, cerca de la mesa de los reyes. Como los héroes medievales irlandeses que lograban cumplir la misión encomendada.

O lo que es lo mismo, ser repuesto en su puesto de inspector de Policía en la Royal Ulster Constabulary desde la que -pese a la mala fama de dicho cuerpo, que acabó con él tras los Acuerdos de Stormont- lleva ya muchas páginas tratando de poner algo de cordura en esa sociedad irlandesa desquiciada por largos años de un conflicto sórdido y degradante, en el que los altos ideales acaban maltrechos en el fragor de un combate que, pese a lo que muchos quisieron imaginar, cuando mataban con una bomba lapa, ya apenas nada tenía que ver con los héroes del Ciclo de Tara o de los Tuatha Dé Dannan.

Esos que McKinty evoca en “Por la mañana me habré ido” con la astucia y la sabiduría de un buen bardo irlandés. Lo cual, por supuesto, hace de esa novela una gran lectura en la que se puede aprender mucho de la verdadera Historia de Irlanda, mientras se disfruta la tan inquietante como sugestiva prosa que va caracterizando el estilo inconfundible de este escritor angloirlandés.

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Acerca de Carlos Rilova Jericó

Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Administrador del weblog de "La novela antihistórica", creada como página de crítica independiente en el año 2010 para ayudar a mejorar el criterio de selección de obras de gran difusión comercial entre el público y redactor de la reseña mensual de acceso libre publicada en esa página cada día 20 de cada mes. Director del banco de imágenes y centro de investigación histórica "La colección Reding". Profesional de la investigación histórica y cultural para diversas empresas y organismos públicos desde el año 1996.
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6 respuestas a La verdegris Irlanda. “Por la mañana me habré ido” de Adrian McKinty

  1. Pues nada, ya estoy pillando esta novela de McKinty.
    La primera ‘Cold cold ground’ me gustó y me quedé con ganas de más Sean Duffy.
    Por cierto, ¿conocíais esta canción de Tom Waits?:

    Gracias a vuestra Antihistoria me entero de muchas cosas interesantes. Un saludo.

    • Harás bien. No defrauda. Yo estoy esperando con ansia que pongan en las librerías la tercera. Es una historia con mucho carisma y ayuda a aprender mucho sobre ese pasado reciente que para muchos es memoria personal también.
      Y no, esa de Tom Waits no la conocía. Muy original su idea de titular según esa pauta.
      “Cold Cold Ground” tiene muchas connotaciones. Creo que la primera vez que se usa ese verso es en una canción confederada que recuerda una de sus derrotas sonadas ante la Unión Otro día hablamos de todo esto.
      Un saludo.

  2. Isa dijo:

    Me encanta este autor y su serie y no entiendo por qué no ha tenido más éxito en España. También estoy de acuerdo con que la tercera es la mejor de las tres, se supera en cada novela y ya estoy deseando que se publique la siguiente. Por cierto, la 2ª es Oigo sirenas en la calle y ya está publicada.

    • Estimada Isa, gracias por tu comentario. Realmente McKinty es muy bueno y se supera a sí mismo en cada entrega. ¿La falta de éxito?. Probablemente es relativa. Es un autor conocido, invitado a la Semana Negra de Gijón… Todo eso no es síntoma de falta de éxito. Otra cosa es que no tenga las cifras infladas de ventas que tienen otras novelas supuestamente negras de factura española o extranjera muchísimo más flojas pero que han caído en manos de grandes grupos editoriales con aplastantes maquinarias de marketing que hacen casi imposible no leer lo que ellas quieren convertir en bestseller (vamos a hacer como el Quijote y no nos vamos a acordar de ciertos nombres que la sagacidad de todos es capaz de descubrir sin necesidad de decir nada más ; )).
      Es un esquema muy propio del universo lector y editor en España. Eso, quizás, ha contribuido a eclipsar un poco a McKinty. Pero sólo un poco. Hablando en términos astronómicos: una enana blanca no puede eclipsar a un gigante rojo durante mucho tiempo por mucho que haya un equipo de astrónomos pagados para repetir quinientas veces al día que la enana blanca es más grande que el gigante rojo.
      Tiempo al tiempo. Yo también espero que salgan las otras tres que faltan. Cuando salga la cuarta en español, “Gun street girl” quizás haya otra reseña en “La novela antihistórica” en la que se haga una comparativa entre estas dos, “Oigo sirenas en la calle” y la que venga. Para la quinta habría una sola. McKInty lo merece : )).
      Para la sexta “Police at the station and don´t they look friendly” ya se verá
      Un saludo.

      • Isa dijo:

        Esperemos que el gigante rojo pronto sea conocido por todos aunque, me temo que, mientras no no los metan hasta en la sopa, la enana blanca seguirá brillando.

      • Efectivamente Isa, el problema de que una novela sea éxito o no en España depende de si el editor tiene o no dinero para meterla hasta en la sopa (XD). No de la calidad en sí de la novela.
        De momento, McKinty no va mal y, por lo que toca a “La novela antihistórica”, como te decía, haremos todo lo posible para que sea más conocido y más leído.

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