Las cenizas de Hitler. Un viaje a las ruinas del Tercer Reich: “La primavera de Kasper Meier” de Ben Fergusson

Resulta una grata sorpresa dar con un libro como “La primavera de Kasper Meier” en el que, otra vez, se mezcla la novela histórica con la novela negra.

La sorpresa viene del período histórico elegido por el autor de esta novela. No otro que el año 1946, uno después de que el Tercer Reich experimentase su wagneriano fin, sucumbiendo la operetesca corte nazi entre los escombros de la capital -Berlín- de aquel Reich que iba a durar mil años.

En los tiempos que vivimos actualmente resulta de gran interés que alguien se tome la molestia de convertir en una novela con puntos para ser un bestseller ese dramático escenario histórico que ha determinado, en buena medida, la realidad económica y política que se ha vivido en Europa durante los últimos ochenta años.

En efecto, abundan las novelas históricas ambientadas en la “Gran Guerra” de 1914-1918, sobre todo en las guerras napoleónicas o en la Edad Media y el siglo XVIII, pero es rara la novela con algún ribete de “histórica” que se compromete con el fin de la Segunda Guerra Mundial y sus terribles, y aleccionadoras, consecuencias.

A ese respecto “La primavera de Kasper Meier” nos descubre -con bastante minuciosidad- cuáles fueron esas consecuencias para los alemanes, y, en especial, para los berlineses.

Para los lectores de ensayos de Historia como los escritos por Antony Beevor no es un escenario desconocido. Lo que nos describe “La primavera de Kasper Meier” es el resultado final de lo que Adolf Hitler se deja decir cuando ve que la guerra está casi irremediablemente perdida: preferirá que toda Alemania y, por supuesto, Berlín sea arrasada antes que negociar ninguna clase de rendición con los aliados occidentales y mucho menos con las “hordas soviéticas” a las que tan temibles hicieron primero la propaganda racista del Reich y después los propios actos de los “Ivanes” que, como nos cuenta Beevor, arrasaron en una operación de saqueo y venganza sistemática todo lo que encontraban a su paso hasta la línea del Elba.

Es en el resultado de esa pesadilla final de Adolf Hitler en el que (sobre)vive Kasper Meier, un antihéroe que, con su propia historia personal en medio de ese escenario de “Caída de los dioses”, reproduce -muy a su pesar- el estereotipo básico de toda novela negra clásica.

Es decir, llega hasta su “despacho”, una rubia enigmática que le propone buscar a una persona desaparecida. Encargo que, por supuesto, no es lo que parece y en el que hay una amenaza más explícita que implícita.

Ben Fergusson, sin embargo, ha cortado a la medida de las circunstancias del Berlín de 1946 ese esquema básico de la novela negra clásica.

Así, el “despacho” de Kasper Meier no es el típico de un detective más o menos cínico y amargado, sino un piso que apenas se mantiene en pie en medio de una ciudad sistemáticamente reducida a escombros por la vengativa Artillería soviética y en el que Meier se dedica al contrabando y al mercado negro.

Eva Hirsch, la rubia enigmática que se llega hasta tan peculiar “despacho”, no es una dama de la alta sociedad envuelta en boa de pieles y fumando en boquilla de marfil. La realidad de ese Berlín de 1946 sólo da para una chica de la clase media alemana despeñada por la derrota final del Nazismo que tiene, como Kasper Meier, que tratar de sobrevivir en medio de los escombros. De hecho, ganándose la vida en una las numerosas cuadrillas de desescombro que recorren el Berlín de la época tratando de levantarlo de las ruinas en las que lo ha convertido la manía wagneriana del régimen nazi.

La persona que Meier debe buscar es también un tipo propio de la época y el lugar. Se trata de un piloto británico de los destinados a las fuerzas aliadas de ocupación que recorren como una vaga amenaza, como un sordo (aunque a veces muy real) peligro, las calles de ese Berlín arrasado.

El misterio que se oculta tras ese encargo relativamente sencillo que sólo aparentemente no tiene ninguna complicación detrás, también es parte del escenario histórico sobre el que Ben Fergusson ha decidido edificar la ficción de esta peculiar novela negra.

En esa intriga que se va complicando cada vez más, como en toda buena novela negra, Meier se debe enfrentar a peligros derivados de los problemas que crea la situación de ruina y derrota total en la que está sumida la Alemania de 1946.

Así, la sordidez inherente también a toda buena novela negra, deviene no tanto de los bajos fondos habituales en los clásicos de ese género, sino de una ciudad en la que ya no hay ni altos ni bajos fondos. Tan sólo un panorama de ruina en el que la mayoría de los habitantes de Berlín venden lo que pueden con tal de conseguir sobrevivir, comer, beber, vestirse…

Un comercio que implica desde traficar con bonos de racionamiento y bienes básicos como leche en polvo, margarina, cigarrillos, azúcar, algo parecido al café, alcohol… hasta vender la propia dignidad personal por medio de la prostitución, que va desde relaciones forzadas con soldados ocupantes que buscan algún arreglo con las berlinesas (comida y protección frente a las violaciones sistemáticas de los vencedores) a cambio de ciertas dosis de sexo no completamente desvestidas de ternura -a falta de amor verdadero-, hasta sexo en medio de los escombros a cambio de una tarifa determinada y previamente fijada.

En ese ambiente de total degradación debe moverse el renuente detective en el que se ve convertido Kasper Meier, forzado a esa investigación, a esa búsqueda a cambio de una recompensa incierta que es también fruto de las especiales condiciones históricas en las que todo se desarrolla.

A saber, las de una Alemania que, tanto antes como después de la derrota de 1945, considera un delito grave la homosexualidad. Cuestión que toca de lleno al antihéroe Kasper Meier, pues tal es su identidad sexual de la que deviene el chantaje que le hará dar tumbos por el Berlín arrasado del año 1946, donde se enfrentará a toda clase de peligros para llevar a cabo la misión encomendada que, otra vez como en toda buena novela negra, oculta un complot que el protagonista, el héroe, sólo va descubriendo paulatinamente.

Esas son las virtudes de “La primavera de Kasper Meier”. Una buena novela negra con un enfoque original que pasa por llevar los esquemas del género al Berlín destruido por las ambiciones de Hitler. Ese del que emerge, de nuevo, la realidad de la liberal y cosmopolita República de Weimar, aplastada y negada por aquel régimen dictatorial y que Kasper Meier recuerda como una época feliz.

Esa en la que perderá a su esposa y a su único vástago pero también conoce a su gran amor, uno, naturalmente, truncado por el Nazismo que no sólo considera delito las relaciones homosexuales sino, además, las marca como objetivo de su sumaria justicia, aplicada por las bandas de camisas pardas enteramente fieles al régimen que ha sacado a Alemania de la humillación y el marasmo provocados por la derrota en la Primera Guerra Mundial y la Gran Depresión. Pero sólo para hundirla, tras un breve tiempo de bárbaro esplendor, en una ruina aún mayor y más degradante.

La descripción del lugar y el momento que envuelve a esa instructiva historia es, en general, impecable. Hay algunos detalles algo dudosos. Por ejemplo la falta de explicaciones acerca del lenguaje soez, incluso barriobajero, empleado por algunos pilotos de la RAF que parece encajar mal con el estereotipo de cuerpo de élite que ha perpetuado el Cine, en el que esa Real Fuerza Aérea parece formada, sobre todo, por jóvenes de clase alta. Con acento de Oxbridge en el peor de los casos.

Pero, en conjunto, “La primavera de Kasper Meier” es un excelente vehículo para recordar -mientras se lee una novela negra más que pasable- en qué estado quedó Alemania tras su penúltimo intento de ejercer la hegemonía mundial entre 1939 y 1945.

Algo que en determinados medios políticos de la Europa actual parece haberse desdibujado un tanto, creando peligrosas situaciones, que recuerdan inquietantemente al peligroso caldo de cultivo del que, en poco años, sólo quedaron las ruinas entre las que Kasper Meier tratará de sobrevivir durante la cruel primavera del año 1946.

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Acerca de Carlos Rilova Jericó

Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Administrador del weblog de "La novela antihistórica", creada como página de crítica independiente en el año 2010 para ayudar a mejorar el criterio de selección de obras de gran difusión comercial entre el público y redactor de la reseña mensual de acceso libre publicada en esa página cada día 20 de cada mes. Director del banco de imágenes y centro de investigación histórica "La colección Reding". Profesional de la investigación histórica y cultural para diversas empresas y organismos públicos desde el año 1996.
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