Una novela sobre la “Gran Guerra” no como las otras. “La comedia de Charleroi” de Pierre Drieu La Rochelle

A causa del centenario de la Primera Guerra Mundial resulta bastante difícil, como ya habrán notado quienes siguen habitualmente “La novela antihistórica”, no traer por aquí una reseña sobre novelas escritas en esa época que ahora se están convirtiendo en novelas históricas, al alcance de quienes frecuentan habitualmente el género gracias a ese centenario de la “Gran Guerra” que está impulsando su reedición.

Ya nos ocupamos hace dos años de “Iniciación de un hombre: 1917” y de “El teniente Sturm”. No había sido la primera vez que se hablaba aquí de novelas de la Primera Guerra Mundial. Y tampoco iba a ser la última gracias a la incursión en el tema de Jean-Christophe Rufin con la interesante “El collar rojo”. O, ya en clave española, la magnífica “Los jugadores” del profesor Carlos Fortea.

“La comedia de Charleroi” de Pierre Drieu La Rochelle, testimonio directo de esos hechos, es también difícil de pasar por alto una vez que el mundo editorial español la ha ofrecido reeditada en este año de 2016, que coincide con el centenario de las grandes ofensivas de esa Primera Guerra Mundial como Verdún -donde participará el protagonista de esa novela- y el Somme.

Realmente resulta difícil saber en qué consistió esa “Gran Guerra” sin leer ese pequeño libro que en la edición de El Nadir no llega ni siquiera a cien páginas.

Una extensión que, sin embargo, por su contenido, a veces resulta larga y penosa como una travesía por el peor desierto que, también sin embargo, es conveniente llevar a cabo.

La acción se concentra en dos épocas distintas. Comienza con un viaje a Charleroi, en Bélgica, de una mujer de la alta burguesía parisina, madame Pragen, y su secretario -Drieu La Rochelle, evidentemente- en busca de los restos -vivos o muertos- de su hijo Claude, amigo del narrador desde la infancia y compañero suyo hasta que los primeros enfrentamientos de la “Gran Guerra”, escenificados en las llanuras belgas, los separan para siempre.

El otro escenario en el que se desarrolla la acción no es menos interesante. Son esas mismas llanuras cercanas a Charleroi pero en otro tiempo, en el verano de 1914 en el que empieza una guerra que Drieu La Rochelle describe con una terrorífica precisión, desde una mirada cínica, agotadora.

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Él, como testigo de primera mano, tiene el mérito de ser uno de los primeros en contar -al igual que Céline, otro conflictivo hombre de letras francés, también por sus veleidades fascistas- la farsa que supone esa “Gran Guerra” donde la orgullosa y revanchista Francia de la Tercera República, la civilizada Europa de la “Belle Époque” también, se van al garete en una guerra que empieza como una especie de paseo campestre que deriva -muy pronto- con un infierno industrial desatado sobre soldados que aún se visten, como en 1870, casi como en las guerras napoleónicas. Con uniformes de pantalones rojos, y, en el caso de algunos entusiastas jóvenes oficiales, con inmaculados guantes blancos de gala y plumeros igualmente blancos sobre sus quepis perfectamente inútiles para detener la metralla alemana.

El narrador de “La comedia de Charleroi” sabe todo esto de primera mano y lo describe de manera descarnada, sin dejar de revelar una verdad aún más inquietante: que, por absurda que pueda parecer la guerra en esas condiciones, antes de Verdún, aún hay espacio para heroicidades que recuerdan a los tiempos de Waterloo, o para confusas escenas en las que el asco por lo que ocurre, la desilusión, tal vez algo de miedo, se confunden con una especie de heroísmo propio de guerras aún enfáticas, “románticas”. Como la de Secesión norteamericana, que da lugar a magníficas obras como “La roja insignia del valor” de Stephen Crane, al que parece deber mucho el narrador de “La comedia de Charleroi”.

Poco más se puede decir sobre este pequeño, pero denso, libro en el que su autor ajusta cuentas consigo mismo y con esa experiencia traumática que le trastorna. Como a muchos otros intelectuales europeos de entreguerras. Esa “generación perdida” que ya no encuentra sentido a nada porque nada parece tener sentido después de haber pasado por esa “guerra moderna” de la que habla el narrador de “La comedia de Charleroi”. Esa misma que domestica a sus combatientes, acostumbrándolos paulatinamente al horror de un poder de destrucción cada vez más absoluto, más sobrehumano…

Tan sólo se podría, se debería, añadir que con “La comedia de Charleroi” estamos ante un relato a veces difícil de leer pero imposible de dejar de leer y también ante un documento de primera mano en el que descubrir, con bastante exactitud, qué fue, realmente, esa “Gran Guerra” que ocurrió ahora hace cien años.

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Acerca de Carlos Rilova Jericó

Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Administrador del weblog de "La novela antihistórica", creada como página de crítica independiente en el año 2010 para ayudar a mejorar el criterio de selección de obras de gran difusión comercial entre el público y redactor de la reseña mensual de acceso libre publicada en esa página cada día 20 de cada mes. Director del banco de imágenes y centro de investigación histórica "La colección Reding". Profesional de la investigación histórica y cultural para diversas empresas y organismos públicos desde el año 1996.
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