El feniano de Coronation Road: “Cold Cold Ground” de Andrew McKinty

Una vez más el genero llamado “negro” nos ha traído una estupenda novela que también se podría calificar como “histórica”.

Ya han pasado por aquí otros ejemplares. Por ejemplo “Las huellas imborrables” de Camilla Läckberg o “Praga mortal” de Philip Kerr o, de manera más clara aún, “El secreto de Vesalio”.

En el caso de las dos primera novelas era la Segunda Guerra Mundial la que servía de trasfondo a la acción de la novela negra en sí. En el caso de la última era la Barcelona de la “Belle Époque” la que hacía de telón de fondo para, como se dijo en esta página en su momento, el despliegue de todo un alarde de Holmesianismo.

No es éste el caso de “Cold Cold Ground”. Con ella ocurre algo parecido a lo que pasa con otra de las novelas que entran dentro del género negro y que se mezclan con cuestiones históricas y han sido reseñadas en “La novela antihistórica”. Caso de “Ofrenda a la tormenta” de Dolores Redondo.

Así es, con la novela de McKinty estamos muy cerca de nuestra época, de la actualidad, del presente. Aunque, tal vez, no tanto como lo estamos con “Ofrenda a la tormenta”.

Pero “Cold Cold Ground” nos lleva, aún así, a una época pasada… aunque para muchos sea parte de su memoria personal. Se trata concretamente del año 1981, en el que se precipitan acontecimientos tales como la boda de la princesa Diana de Gales con el estallido en la Irlanda del Norte bajo dominio británico de lo que se llamó “The Troubles”. Palabra que podríamos traducir como “Los disturbios” y que, en la edición inglesa de “Cold Cold Ground”, sirve de título genérico a esa trilogía.

Disturbios que estallan a causa de la muerte de Bobby Sands y otros activistas del IRA que se declaran, en la hoy famosa prisión de Maze, en huelga de hambre para ser considerados e identificados como presos políticos por parte de unas autoridades británicas que, bajo la férula neocon de la llamada “Dama de Hierro” (vulgo, Margaret Thatcher), primera ministra británica en la fecha y por muchos -y largos- años más, se han enrocado en una postura de firmeza. Una que, por supuesto, empieza por no negociar con los que consideran terroristas.

Es en ese marco en el que se desarrollan las actividades del antihéroe de McKinty, el detective Sean Duffy.

Un espécimen bastante raro. Tal y como nos lo recuerda la contraportada del libro oportunamente, describiéndolo como un irlandés católico (un feniano, según el término despectivo usado desde mediados del siglo XIX por los británicos asentados en Irlanda), con una licenciatura en Psicología y, además, melómano empedernido. De hecho, casi un experto en Musicología con gustos que van desde Rossini hasta los grupos estrella de la apenas acabada década de los setenta -como Led Zeppelin- o la recién iniciada de los ochenta, llena de Tecnopop o de los llamados Neorrománticos, como Adam Ant.

Alguien, Sean Duffy, que, sin embargo, a pesar de todas esas especiales características, ha acabado entrando en el odiado y temido cuerpo de Policía de Irlanda del Norte. La Royal Ulster Constabulary. Uno de los caballos de batalla de los nacionalistas irlandeses en el Ulster que, antes incluso del desarme del IRA y demás grupos paramilitares, habían convertido en eslogan -y en una de sus exigencias políticas- la frase “Disband the RUC”. Es decir, “Disolución de la RUC”…

Una realidad histórica que, sin embargo, tal y como la describe el denso relato de McKinty, es mucho más compleja. Mucho más rica en matices. Y eso es lo que hace tan interesante a “Cold Cold Ground”.

En efecto, la mirada de Sean Duffy, entre ingenua y cínica, describe una Irlanda del Norte en la que el paro y el gangsterismo campan a sus anchas por una sociedad profundamente deprimida sin hacer verdadera distinción entre fenianos -católicos irlandeses originarios- y británicos protestantes de pura cepa transplantados a barrios convertidos en algo un poco mejor que “ghettos”, como la Coronation Road en la que vive Sean Duffy. Es más, de hecho McKinty desmonta con bastante maldad ciertos tópicos sobre el tema, mostrando cómo algunos de los líderes nacionalistas irlandeses del Sinn Féin -por ejemplo Gerry Adams, que es deconstruido sin piedad por la novela- viven mucho mejor que muchos protestantes.

La receta del pan de soda y otros platos irlandeses consumidos en Cold Cold Ground. Reverso del poster Castles of Ireland de John Hinde. La colección Reding

Como los de Coronation Road, el barrio en el que vive Sean Duffy, formado por las típicas casas británicas de suburbio con dos plantas y un pequeño jardín pero que, en la conflictiva Irlanda del Norte, han acabado en simple carne de paro y casi de hambre, quedando al albur de líderes “naturales” que imponen su ley en barrios y calles así casi como en los tiempos del Caciquismo, repartiendo excedentes de comida de la Comunidad Económica Europea entre sus potenciales seguidores como si fueran césares de la Antigüedad o, incluso, sobornando por sistema a la Policía -a la RUC- con cartones de cigarrillos que acumulan en unos cuarteles generales donde es difícil distinguir dónde empieza la organización política y paramilitar protestante y dónde la simple banda de chuloputas de bar de carretera.

Controles, atentados, jaleos callejeros en los que el detective Duffy y los suyos deben intervenir como brigada antidisturbios -otra de sus obligaciones, a pesar de estar en la Policía de Investigación- son parte de ese espeso telón de fondo que recrea la llamada “Era punk” -hasta en sus aspectos más sórdidos y literales, como ocurre en una confusa escena que sufre el detective Duffy en unos urinarios públicos- a través de esta magnética novela negra, que es también histórica por la precisión con la que describe ese Ulster de pesadilla que, por difícil de creer que parezca, sólo fue pacificado apenas hace quince años.

Sobre ese marco de por sí inquietante, ominoso, se desarrolla el misterio criminal que, por supuesto, debe acompañar a toda novela negra digna de ese nombre.

En el caso de “Cold Cold Ground” se trata de un asesinato en el que se mezcla la Política con un tema tabú para la sociedad norirlandesa del momento. A saber: las relaciones homosexuales.

En apariencia, en medio de los apabullantes disturbios a los que da lugar la muerte de Bobby Sands, ha surgido un asesino en serie que se dedica a matar ritualmente a conocidos homosexuales del estrecho mundo en el que está confinada la agobiante provincia británica de Irlanda del Norte. Un asunto que se complicará con la aparición de una muerte, en apariencia, relacionada también con otro tabú de la sociedad irlandesa -británica o no- del momento. Es decir, el aborto. Uno que en este caso, además, implica a la hija de un líder nacionalista irlandés y, por supuesto, católico que, por si esto fuera poco, es una joven mujer divorciada de uno de los presos del IRA.

Moviéndose por ese terreno, minado en todos los sentidos, Sean Duffy hará su particular descenso a los infiernos de Orfeo -una de las claves musicales que facilita el supuesto asesino en serie- y saldrá de él -para continuar con ésta difícilmente rechazable trilogía- de un modo que, por supuesto, hay que descubrir leyendo las más de quinientas páginas de “Cold Cold Ground”.

Un volumen que, en realidad, parece mucho menor por la facilidad con la que se lee esta intriga en general bien trabada -el final debe, quizás demasiado, al cine de acción de los 80 del siglo pasado, aunque con algunos toques a lo James Bond de los setenta o a películas de ese estilo protagonizadas por Michael Caine: “Ipcress”, “El cerebro de un billón de dólares”…- y que, en general, deja con ganas de leer los otros dos libros de la trilogía en cuanto vayan apareciendo en el mercado español, como ya ha ocurrido con su segundo volumen.

Y, acaso, el resto de novelas protagonizadas por Sean Duffy, el feniano de Coronation Road, que ya suman, junto con la trilogía iniciada por “Cold Cold Ground”, hasta cinco volúmenes.

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Acerca de Carlos Rilova Jericó

Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Administrador del weblog de "La novela antihistórica", creada como página de crítica independiente en el año 2010 para ayudar a mejorar el criterio de selección de obras de gran difusión comercial entre el público y redactor de la reseña mensual de acceso libre publicada en esa página cada día 20 de cada mes. Director del banco de imágenes y centro de investigación histórica "La colección Reding". Profesional de la investigación histórica y cultural para diversas empresas y organismos públicos desde el año 1996.
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