Una extraña novela de espías: “Sabed que mi nombre se perdió” de Juan Tazón, o un nuevo viaje a la España de la Armada Invencible

No es mucho lo que se puede decir de “Sabed que mi nombre se perdió”. Y lo poco que se puede decir -que hará de ésta, quizás, una de las más cortas reseñas hasta ahora de “La novela antihistórica”- no parece bueno.

Así es, hay en esa novela muchos aspectos discutibles. A pesar de que el autor tiene un público consolidado, que data de “Los caballeros de las sombras” (la secuela de “Sabed que mi nombre se perdió”, aunque fue publicada en primer lugar), habrá muchos, incluso entre esos lectores de la primera entrega de las aventuras del capitán Alonso Cobos, que no estén muy a gusto con esta precuela.

Y es que esta novela de Juan Tazón se mete en un peligroso terreno de cara a la oferta y la demanda dominante en el mercado literario actual.

Por un lado parece que “Sabed que mi nombre se perdió” va a ofrecer a sus lectores una mezcla de novela de espías a lo Tom Clancy con lo mejor de las “de espadachines”. Lo cual quiere decir, para la mayoría del público español, la saga del deprimente capitán Alatriste de Arturo Pérez-Reverte.

A ratos, pero sólo a ratos, “Sabed que mi nombre se perdió” ofrece retazos de esa clase de novelas que tanto éxito han tenido.

Pero, por lo general, es demasiado intricada. Y de un modo nada sencillo, como el que sí consiguen poner blanco sobre negro, capítulo tras capítulo, las novelas de Jean d´Aillon, algunos de cuyos títulos han pasado ya por “La novela antihistórica”, y que son a las que más se podría parecer “Sabed que mi nombre se perdió”.

Sí, en efecto, Juan Tazón no sigue el camino fácil en esa novela en la que, sin embargo, todas las piezas van encajando. Sobre todo a partir del apéndice en el que uno de los personajes principales de esta obra en la que apenas hay un protagonista claro -que debería ser el capitán Alonso Cobos Cornwell- se explica en una memoria que, supuestamente, hoy estaría depositada en uno de los principales archivos estatales de España: el de Simancas, donde, en efecto, está toda la documentación relacionada con el período en el que se desarrolla la trama, complicada trama, de “Sabed que mi nombre se perdió”, poco antes de que Felipe II envíe contra Inglaterra la llamada “Armada Invencible”, en el año 1588.

Efectivamente esta novela no da facilidades (como la saga del capitán Alatriste), ni siquiera incentivos (como las de Jean d´Aillon), a quienes se atreven a leerla.

El mecanismo en el que se basa toda la novela es muy complejo, corriendo por diversos y múltiples escenarios que van desde la España de finales del reinado de Felipe II hasta la Inglaterra de Isabel I, pasando por las posesiones italianas que la, poco a poco unificada corona española, tenía en el Sur de Italia y en Flandes, y la Irlanda que en esos momentos lucha contra la invasión británica paulatinamente asentada en su territorio.

Hay que leerse las más de trescientas páginas de “Sabed que mi nombre se perdió” para saber dónde va a parar todo esto.

Una tarea nada fácil para un público acostumbrado a más facilidades, a más tramas explosivas, llenas de intriga y acción -de estocada y pistoletazo rápido- que en “Sabed que mi nombre se perdió” llegan mucho más dosificadas, envueltas en una trama que hay que desentrañar cuidadosamente, pensando en ella como quien piensa una jugada de ajedrez bien medida.

Y sin embargo, pese a ese considerable esfuerzo, perderse “Sabed que mi nombre se perdió” no es una buena idea.

¿Por qué?, pues sencillamente porque Juan Tazón ha hecho una labor digna de aplauso a pesar de que el vehículo que ha elegido para llevarla a cabo pueda parecer muy discutible a muchos entre los que, no sería sincero negarlo, se encuentra el que estas líneas escribe.

Sí, “Sabed que mi nombre se perdió” aporta algo valioso a los lectores españoles de novela histórica, les descubre la existencia de un mundo que apenas han sospechado hasta ahora sencillamente porque han faltado novelas históricas que lo expliquen.

Ese mundo histórico apenas descubierto es el del controvertido reinado de Felipe II, que hasta ahora se ha reducido a menciones generalmente negativas -sobre todo asociadas a la derrota de la famosa “Armada”- en novelas como las ya mencionadas de la saga del capitán Alatriste y poco más, a excepción de “La Contraarmada” de Edwatd Rosset e “Invencibles”, de Juan Pérez-Foncea, que describen, ambas, otro episodio que pone las cosas en su sitio hablando de la Contraarmada -también supuestamente invencible- enviada por Isabel de Inglaterra contra las costas españolas y portuguesas en 1589, que se salda con un sonoro desastre a pesar de haber sido mucho menos publicitado que el español de 1588.

“Sabed que mi nombre se perdió” se une a esos dos títulos para explicarnos las altas intrigas, verdaderamente complicadas, con las que el secretario vasco –como muchos otros cortesanos de la época- de Felipe II, don Juan de Idiáquez, va tejiendo las estrategias que mantienen en pie el vasto y poderoso imperio español en medio de reveses y derrotas -en absoluto definitivas, en contra de lo que predican ciertos lugares comunes ya muy gastados- como la de la Armada de 1588.

La descripción de esas tramas verdaderamente maquiavélicas y su reflejo en el espejo inglés representado por el chirriante Francis Walsingham, mano derecha de Isabel de Inglaterra, hacen que realmente merezca la pena iniciar el viaje, complicado viaje, que ofrece “Sabed que mi nombre se perdió” a quienes prefieren aprender Historia del reinado de Felipe II con una novela histórica antes que con biografías, totales o parciales, de aquel complejo personaje -y su no menos compleja época- como “La cara oculta de Felipe II” de Juan G. Atienza, o la más reciente firmada por Henry Kamen. Por sólo citar algunas de las, cada una en su género, más interesantes.

Puede parecer que es poco, muy poco, lo que ofrece “Sabed que mi nombre se perdió”, pero es una impresión falsa. Sus páginas descubre una política exterior basada en la astucia, en el cálculo del que siempre se ha creído incapaces a los españoles desde que se extendió, precisamente en la época de Felipe II, la famosa “Leyenda Negra” que hacía de ese rey y sus reinos un pozo de permanente oscuridad y aislamiento intelectual…

Una trampa histórica, llena de falsedades, medias verdades y groseros lugares comunes, en la que Juan Tazón no cae, devolviéndonos a lo que realmente ocurrió en las cancillerías europeas de la época, poniendo en juego personas, causas, países enteros como Irlanda o las Provincias Unidas, sobre un tablero donde se juegan partidas vertiginosas, llenas de recovecos, de astucia alambicada, tal y como realmente ocurrieron -detalle arriba, detalle abajo- episodios como los que nos describe “Sabed que mi nombre se perdió” rindiendo homenaje a una Irlanda que hasta el siglo XX ha tenido la mala suerte, como Polonia o gran parte del centro de Europa, de convertirse en algo equivalente a los actuales Irak o Afganistán.

Es decir, lugares donde potencias que aspiran al dominio de Europa y del Mundo, como España, Francia, Inglaterra…, se enfrentan en una lucha que durará siglos.

Sólo por eso, por esa veta desconocida de conocimiento histórico, “Sabed que mi nombre se perdió” merece atención, tiempo y dinero de los lectores, en español, de novela histórica. Por mucho que haya que cavar, y con bastante esfuerzo a veces, para dar con ella.

Poco más puede añadirse, salvo que aquí ya no puede contarse más de lo que cada lector o lectora de esta segunda entrega de las aventuras del capitán Alonso Cobos Cornwell deberá descubrir por su propia cuenta y riesgo.

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Acerca de Carlos Rilova Jericó

Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Administrador del weblog de "La novela antihistórica", creada como página de crítica independiente en el año 2010 para ayudar a mejorar el criterio de selección de obras de gran difusión comercial entre el público y redactor de la reseña mensual de acceso libre publicada en esa página cada día 20 de cada mes. Director del banco de imágenes y centro de investigación histórica "La colección Reding". Profesional de la investigación histórica y cultural para diversas empresas y organismos públicos desde el año 1996.
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2 respuestas a Una extraña novela de espías: “Sabed que mi nombre se perdió” de Juan Tazón, o un nuevo viaje a la España de la Armada Invencible

  1. Sísifo dijo:

    Buenas noches.

    Yo disfruté con las aventuras de “Los caballeros de las sombras”. La recomiendo por sus desencantados protagonistas y esa estampa de pertinaz amor propio con el que transitan las páginas.

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