Nostalgia de Baker Street: “El secreto de Vesalio” de Jordi Llobregat

Ha venido para quedarse, parece ser, una que podríamos llamar escuela de novela negra española que crece y crece, sobre todo bajo los auspicios de Editorial Destino.

Portada de Nick Carter, el gran detective americano, nº 94

Ya ha pasado por estas páginas en junio de 2015 uno de sus productos: la famosa Trilogía del Baztán de Dolores Redondo y ahora nos ocupamos de “El secreto de Vesalio”. Otra de las apuestas fuertes de esa editorial, Destino, por una novela negra que, se supone, espera conquistar tanto público como las sagas de Mankell o Läckberg, por solo citar un par de los varios nombres que suenan ligados al “boom” de la novela negra escandinava.

Los representantes de esa versión española del fenómeno nórdico serían, de momento, escasos y sui géneris, variados, por así decir.

La diferencia se nota sobre todo en el caso del que nos ocupamos este mes, Jordi Llobregat y su “El secreto de Vesalio”.

Lo podemos incluir en esa escuela de novela negra que parece estar forjándose con su nombre, el de María Oruña, o el de Dolores Redondo, pero su libro queda bastante más allá de lo que el autor, probablemente, considerará un encasillamiento, injusto, como todos los encasillamientos.

En efecto, “El secreto de Vesalio” es mucho más que otra novela negra con la que un editor quiere tentar la suerte que ya ha visto funcionar antes fuera de España.

Y es que la trama de la novela de Jordi Llobregat es mucho más densa de lo que admite ese encasillamiento.

De hecho, “El secreto de Vesalio” es un puente tendido a una línea de novela muy común en el resto de Europa pero extraña, muy extraña, en una España donde parece existir un uso tanto patrimonial como corporativo de la Literatura que condenaba, al menos hasta ahora, a la marginalidad a apuestas literarias -como “El secreto de Vesalio”- que tenían carta de perfecta naturaleza en otros países europeos -Gran Bretaña sobre todo- y en Estados Unidos.

En otras palabras, “El secreto de Vesalio” se atreve a hacer Literatura en la que hay claras referencias a Conan Doyle, a Dumas y otros folletinistas del siglo XIX y a experimentos literarios que en España se han visto con ojos de basilisco por los que consideran que sólo hace Literatura quien escribe para públicos selectos y con referencias minoritarias.

La obra de Juan Perucho, de la que evidentemente también parece ser deudora “El secreto de Vesalio”, es la mejor prueba. Se considera a Perucho en las Historias de la Literatura española como un caso aparte, un hito excéntrico, sin continuidad salvo las dudosas conexiones que se podrían establecer entre su obra y el -por llamarlo de algún modo- “experimento Pérez-Reverte” u otros francotiradores más o menos afortunados como el Eduardo Mendoza de “La verdad sobre el caso Savolta” -de la que también, seguramente, ha bebido el autor de “El secreto de Vesalio”- o el éxito más sorprendente y reciente -pero no continuado- de Carlos Ruíz Zafón con su “La sombra del viento” y su secuela menos afortunada, que parece haber sacado al autor de la palestra literaria no sabemos si sólo por un tiempo o para siempre.

Esas son las coordenadas de la Historia de la Literatura española en las que, con mayor o menor acuerdo del autor de la obra, deberíamos, o podríamos al menos, situar a “El secreto de Vesalio”.

Es decir, las de un autor y una obra que con ese nuevo hito convierte a Perucho o a Mendoza no en excepciones sino en una línea, otra más, de la Literatura española que, a su vez, enlazaría con parte, sólo parte, de la Literatura de Pío Baroja como remoto origen, a finales del XIX y comienzos del XX, de ese estilo de novela.

¿En qué se nota todo esto en “El secreto de Vesalio”?. Quienes lean esa novela después de haber leído muchas otras novelas del estilo de las que han alimentado la imaginación literaria de Jordi Llobregat, irán descubriendo, capa a capa, en los personajes, en las situaciones que describe la novela, en el ambiente general en el que se desarrolla (en general bastante bien reconstruido desde el punto de vista histórico), claras referencias a todos esos libros que hasta ahora, como he ido diciendo, en la Literatura española se han reducido a una serie de autores aislados y considerados bastante al margen de lo que entraría en el marco de lo que se acepta como Literatura y no simples “novelas de evasión”.

La primera referencia literaria de ese estilo sobre la que se erige “El secreto de Vesalio”, qué duda cabe, es el holmesianismo. Un movimiento que goza de bastante predicamento en Cataluña y trata de mantener vivo, en situaciones tan verosímiles como sugerentes, al personaje más celebre de Arthur Conan Doyle haciéndolo revivir en una especie de movimiento continuo que no acaba con la última novela de Holmes.

Es, en efecto, difícil no pensar en “El sabueso de los Baskerville” cuando en “El secreto de Vesalio” se habla de la maldición del Gos Negre, un supuesto can diabólico al que se le achacan los asesinatos de jovencitas que son el eje de todo el misterio que se desarrolla a lo largo de “El secreto de Vesalio”. Hay páginas de puro Holmes a ese respecto en la novela.

Queda algo más escondido ese homenaje al mundo de Conan Doyle en las escenas de espiritismo, en las que se entretiene también una buena parte de la novela, y en la búsqueda frenética del manuscrito de Andrés Vesalio que da título a la obra y es otro de sus ejes principales. Aunque ahí las referencias a otra novela, en este caso italiana, que rindió un exitoso homenaje a la gran creación de Conan Doyle, vuelven a ser algo más explícitas.

Es, en efecto, muy difícil no recordar muchas páginas de “El nombre de la rosa” de Umberto Eco cuando Pau Gilbert, el periodista Bernat Fleixa y Daniel Amat, los héroes de “El secreto de Vesalio”, tratan de desentrañar el secreto, terrible secreto, que esconde el manuscrito de ese médico renacentista y parece ser el guión sobre el que actúa la mano del asesino que va sembrando la ciudad de Barcelona de cadáveres de, preferentemente, mujeres jóvenes.

La escena de la biblioteca de la Escuela de Cirugía de Barcelona en la que se busca ese manuscrito y todas las claves que permitan descifrarlo, recuerda mucho, casi inevitablemente, a pasajes de “El nombre de la rosa” y se disfruta igualmente.

Con esos homenajes por lo general bien montados y traídos -y otros que nos llevarían desde Charles Dickens a Matthew Pearl o al “Desde el Infierno” de Alan Moore y Eddie Campbell o al “Jekyll y Hyde” de Stevenson-, Jordi Llobregat ha hecho una novela que podrá gustar más o menos pero que, en conjunto, es todo un soplo de aire fresco en una Literatura, la española del último siglo, demasiado envarada y donde suelen estar ausentes la imaginación, el dinamismo, la “lectura gastronómica” que definió el propio Umberto Eco como ese bosque narrativo en el que nos sumergimos como el que se sumerge en un sustento vital y nos devuelve a la Literatura como puro -y gozoso- entretenimiento.

Habrá quien considere que con “El secreto de Vesalio” y lo que nos ofrezca el “mainstream” editorial español -al parecer arrepentido de su desidia anterior y su limitarse a traer todo eso del “extranjero”, como se comentaba en esta misma página el 20 de octubre de 2014- ya se ha resuelto el problema de ese déficit de Alejandros Dumas, de Stevensons, de Conan Doyles… que siempre, desgraciadamente, ha tenido la Literatura española…

Sólo el tiempo nos dirá si es así o si, por suerte, aparecen dos, tres, cinco o más nombres en el panorama literario español que dignifiquen aún más el acto de leer sin que el libro que sostenemos en las manos se vuelva pesado como una losa o nos aburra mortalmente, haciendo de la lectura un ejercicio indudablemente muy elevado y para minorías selectas pero que mata, de raíz, algo sin lo que la Literatura no puede vivir realmente.

Es decir, el mero placer de disfrutar leyendo sin que por eso, como demostraron Dumas, Stevenson, Conan Doyle… se resienta lo que podemos aprender con un libro entre manos. En este caso sobre la Barcelona y la España del siglo XIX que poco, o nada, como ha demostrado Jordi Llobregat, tiene que envidiar a la Inglaterra victoriana que tanto fascina a muchos lectores españoles.

Bienvenido sea pues “El secreto de Vesalio” y todos los libros que vengan en su estela.

Algo a lo que es inútil añadir nada más, salvo que, tras pasar en una librería -digital o de las de toda la vida- la primera página de ese libro, el lector o la lectora de verdadera raza no necesitarán que nadie, y menos “La novela antihistórica”, le dé ninguna razón para leer esta novela de Jordi Llobregat.

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Acerca de Carlos Rilova Jericó

Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Administrador del weblog de "La novela antihistórica", creada como página de crítica independiente en el año 2010 para ayudar a mejorar el criterio de selección de obras de gran difusión comercial entre el público y redactor de la reseña mensual de acceso libre publicada en esa página cada día 20 de cada mes. Director del banco de imágenes y centro de investigación histórica "La colección Reding". Profesional de la investigación histórica y cultural para diversas empresas y organismos públicos desde el año 1996.
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