Un asunto personal: “Las dos vidas del capitán” de Mari Pau Domínguez

Hablamos hoy de un libro, “Las dos vidas del capitán”, que ya tiene unos cuantos meses de vida, publicado a finales del año 2014. Sin embargo, el interés que puede despertar sigue vivo. Por varias razones.

Napoleón prepara la invasión de Inglaterra por mar. Acuarela de Job para el "Bonaparte" de G. Montorgueil (ed. facsimil, 2002). Ejemplar de La Colección Reding

Una es que Mari Pau Domínguez, su autora, lleva ya varios años publicando novela histórica y de ahí hay que deducir que, como se suele decir, tiene su público. Uno lo bastante sustancial como para que un editor se siga arriesgando a sacar al mercado sus novelas. Mérito que se acrecienta si consideramos la crisis que sufre ese sector que siempre dice estar en crisis pero que, en estos días, parece estarlo realmente, más allá del quejido habitual en sus representantes más conspicuos.

La otra razón por la que “Las dos vidas del capitán” puede seguir resultando de interés es que la cuestión central de esa novela -el hundimiento de la fragata de guerra española habitualmente llamada Mercedes– sigue de actualidad a causa de la exposición organizada por el Museo Naval de Madrid a fin de dar a conocer los lances -en ocasiones casi novelescos- habidos entre el gobierno de España y la empresa cazatesoros Odyssey para recuperar el tesoro de la Nuestra Señora de las Mercedes expoliado en abril de 2007 por esa empresa estadounidense en aguas del Algarve portugués. Con nocturnidad y alevosía, como indica la propia autora de “Las dos vidas del capitán”.

A partir de aquí, ¿qué más se puede decir de esa novela que se ha llevado buena parte de dos años de la vida de escritora de Mari Pau Domínguez?.

Seguramente a los lectores que no les guste la poesía, ni siquiera la prosa poética, “Las dos vidas del capitán” les impacientará bastante. Tanto como aquellos que, cuando se sumergen en una novela histórica, buscan un punto de vista, por así decir, más masculino, más centrado en la acción pura y dura.

A dichos lectores habrá que pedirles paciencia, porque, pese a lo que ellos les podrían parecer serios inconvenientes, realmente merece la pena leer las 377 páginas de “Las dos vidas del capitán”.

Al menos merece la pena para los que quieran saber más de su propia Historia, que, al fin y al cabo, se supone que para eso están las novelas históricas. Aparte de para venderse en mayor cantidad y con más facilidad que las de otros géneros, mirando las cosas desde el punto de vista de muchos editores.

En efecto, “Las dos vidas del capitán”, aunque no siempre lo parezca, cuenta, de un modo no muy habitual, la Historia de España de un período excepcionalmente convulso -el que va de finales del siglo XVIII a las dos primeras décadas del XIX- pero verdaderamente interesante para comprender qué pasa todavía hoy día en ese país.

Gracias a “Las dos vidas del capitán” los españoles que nunca leen un libro de Historia -e incluso algunos de los que los leen- se podrán enterar de la poderosa flota transatlántica de la que disponía España en esas fechas y con la que trataba de mantener un dominio efectivo -aunque muy disputado con portugueses, franceses y británicos- de las aguas del Atlántico.

De todo eso hablan los primeros capítulos de “Las dos vidas del capitán”. Y a partir de ahí Mari Pau Domínguez sigue dibujando, a retazos, entre lo que a algunos les puede parecer mucha poesía y mucho romanticismo, el resto de la Historia de ese país llamado España entre finales del siglo XVIII y el final de las guerras napoleónicas.

El vehículo elegido es la vida de un personaje histórico real, el marino Diego de Alvear, uno de los oficiales encargado de trazar, durante años, los límites entre las posesiones americanas de España y Portugal y, en 1804, de comandar una unidad de un convoy de cuatro fragatas que será atacado, sin previa declaración de guerra, por naves británicas justo cuando están a punto de llegar a España desde el Virreinato de la Plata.

La primera vida del capitán a la que alude el título de la novela, acaba en ese incidente, cuando la Mercedes es alcanzada por un disparo británico que da en la santabárbara española durante el reñido combate que se entabla entre ambas flotas, al negarse los oficiales españoles a entregar el convoy tal y como el jefe británico, Graham Moore, les ordena hacer.

Napoleón prepara la invasión de Inglaterra por mar (detalle). Acuarela de Job para el "Bonaparte" de G. Montorgueil (ed. facsimil, 2002). Ejemplar de La colección Reding

Por azares diversos Diego de Alvear había sido transferido de la Mercedes a otra de las fragatas del convoy español dejando, sin embargo, en la Mercedes a su mujer, Josefa de Balbastro, junto con todos sus hijos, a excepción de Carlos de Alvear que, junto con Diego de Alvear, será testigo horrorizado de la explosión de la Mercedes sin que quede superviviente alguno. No al menos de la familia Alvear.

Desde ese momento comenzará la segunda vida del capitán, cuando es transferido, con el resto de oficiales y tripulaciones supervivientes, a Gran Bretaña, concretamente a Londres, donde conocerá a Rebecca Ward. Una joven dama de la gentry londinense que, en un arrebato muy propio de esa época del Romanticismo temprano, cae enamorada del ya maduro Diego de Alvear y decide, contra todo obstáculo, casarse con él y compartir su destino.

Algo que implica volver a España cuando el gobierno británico decide pedir excusas por lo ocurrido con el convoy que comanda Alvear, atacado en el cabo de Santa María, y vivir en ese escenario privilegiado de las llamadas “guerras napoleónicas” los convulsos acontecimientos de los que surgen tanto la España como la Europa contemporánea.

Algo bastante fácil teniendo en cuenta que Diego de Alvear estará destinado a Cádiz -el núcleo fundamental de la resistencia española, y aliada, contra Napoleón- entre 1808 y 1812.

Y no en un puesto secundario, tal y como nos lo describe con detalle Mari Pau Domínguez en las páginas de esta, de momento, su última novela histórica. Justo todo lo contrario, ya que Diego de Alvear tendrá que estar al mando de las fuerzas que rinden los restos de la flota francesa refugiada en ese puerto español tras la derrota de Trafalgar y, posteriormente, será puesto al mando de la Artillería que defiende Cádiz durante el largo asedio contra las tropas francesas que tratan de rendir ese bastión de la resistencia antinapoleónica, tan cargado de simbolismo.

Esas páginas de “Las dos vidas del capitán” son, por ejemplo, una gran ocasión para que los lectores se enteren de que la flota española no fue enteramente destruida -ni mucho menos- en Trafalgar, a pesar de que se ha convertido casi en un axioma matemático decir lo contrario. También se enterarán de que hay un Ejército español -no simples cuadrillas de guerrilleros- que está presentando una resistencia feroz contra Napoleón -ese general que todas las demás potencias creen invencible- planteando así una oportunidad de oro a una Gran Bretaña que tiene ahí su única vía de escape para evitar ser la próxima potencia asolada por el ambicioso emperador francés, uniendo sus escasas y poco fiables fuerzas terrestres a las españolas.

Esta segunda vida del capitán Diego de Alvear también ofrece a los lectores la oportunidad de saber más sobre lo que ocurre tras la derrota en 1814 de Napoleón y la restauración, más o menos, del orden existente no sólo en España, sino en el resto de Europa, antes del ascenso del imperio napoleónico.

En contra de lo que se ha ido haciendo habitual, Mari Pau Dominguez rompe, una vez más, con pautas manidas y nos revela que el destino histórico de España no es fruto de ninguna tragedia cósmica, de un destino funesto para ese país escrito en las estrellas para siempre, sino de unas circunstancias históricas determinadas que tienen que ver con el hecho de que en la Europa del momento hay un conglomerado de potencias -la llamada “Santa Alianza”- que se cree con derecho a intervenir en cualquier país en el que se manifestasen veleidades liberales, como es el caso de la España de 1820. Esa afirmación es sólo una breve línea en la página 336 de “Las dos vidas del capitán”, pero asimismo es una gran lección de Historia, muy necesaria en un país tan habitualmente acomplejado con su propio pasado, y que, por tanto, hay que agradecer a Mari Pau Domínguez.

El resto de “Las dos vidas del capitán”, como ya he dicho, puede gustar más o menos por cuestión de estilo.

Napoleón prepara la invasión de Inglaterra por mar. Acuarela de Job para el "Bonaparte" de G. Montorgueil (ed. facsimil, 2002). Ejemplar de La Colección Reding

Por ejemplo porque la autora no puede evitar tomarse la narración de las dos vidas del capitán Diego de Alvear como un asunto personal, sin afinar mucho en las peripecias que sufre su personaje, por ejemplo, durante la llamada, por los liberales, “Década Ominosa”, cayendo, una vez más, en un retrato negro -incluso renegrido- de Fernando VII, asimilado de la propaganda de los liberales exaltados -y exiliados- a partir de 1823 a causa de la represión fernandina.

Ese retrato histórico, con ser cierto en su fondo, en sus líneas generales, supone un retroceso con respecto a otra magnífica novela histórica española, la “Memoria secreta del hermano Leviatán”, en la que, en 1988, se daba una imagen más acertada de todas las demasías cometidas por Fernando VII por un autor poco sospechoso de simpatías absolutistas como Juan Van-Halen, que nos explicaba desde sus páginas que el infame Fernando, como la Santa Alianza, también tenía sus razones para actuar como actuó… Fundamentalmente porque el Absolutismo es la forma de gobierno predominante no sólo en España sino en la mayor parte de la Europa postnapoleónica, por pánico a acabar en la guillotina como su tío Luis XVI, por terror al caos provocado por las distintas facciones liberales que están a la greña entre 1820 y 1823, como ya se recogía en los cimientos de la novela histórica española. Es decir, algunos de los “Episodios Nacionales” de Pérez Galdós.

Ese sería un retrato de Fernando VII mucho más exacto en términos históricos sin que por ello la trama novelesca tuviera que sufrir lo más mínimo, como bien saben los muchos lectores de la “Memoria secreta del hermano Leviatán” de Juan Van-Halen, que, sin embargo, “Las dos vidas del capitán” da por perdida, por inexistente, prefiriendo un marco más pasional a la hora de juzgar al, sin duda, antipático, sinuoso, traicionero, en fin, liberticida, “rey felón”.

También puede cuestionarse que Mari Pau Domínguez haya elegido hacerse eco, y en no pocas páginas de la novela, de la posibilidad de que José de San Martín, el libertador argentino, fuera hijo de Diego de Alvear y de una indígena de las reducciones del Virreinato de la Plata. Algo que, de momento, es sólo una teoría más sobre ese personaje histórico. Rodeando, además, todo el asunto de un halo romántico y tormentoso que seguramente no gustará a muchos lectores de la novela…

También se podría reprochar a “Las dos vidas del capitán” que se aferre, por razones similares, a sólo una de las versiones sobre el hundimiento de la Mercedes, sin entrar en la dada, desde fines del siglo XIX, por algunos de los biógrafos del comandante de esa nave -el donostiarra Juan Manuel de Goicoa- y que, según artículos como el escrito por el historiador Pirala en el siglo XIX, habría dado a la Mercedes un fin algo distinto al que se describe en “Las dos vidas del capitán”. La versión por la que opta Mari Pau Domínguez es, sin duda, más fácil de “tragar” por el público actual, pero tal vez la novela hubiera ganado en muchos aspectos si su autora hubiera considerado, de algún modo, la versión que asegura que el capitán Goicoa -recién casado, rumbo a encontrarse con su mujer apenas desembarcase en Cádiz- adoptase, aún así, la drástica decisión -siempre según la versión de Pirala- de destruir él mismo la nave antes que dejar que cayera en manos del enemigo…

Sin embargo, en conjunto, “Las dos vidas del capitán” merece más de un voto de confianza por su gran labor al explicar la Historia de España desde una perspectiva que, ojalá, cree escuela y dé ejemplo a una tradición de novela histórica española en general bastante ceniza, desorbitada y famélica a la hora de contar, para un gran público, el pasado español. Sobre todo el más reciente.

Y también merece “Las dos vidas del capitán” un rincón destacado en muchas bibliotecas sobre todo por la valiosa información que nos da su autora en las notas finales de la obra que, como ella misma dice, pone allí a modo de epílogo del libro, y que relatan la recuperación del tesoro de la Mercedes en pleno siglo XXI.

Napoleón prepara la invasión de Inglaterra por mar (detalle). Acuarela de Job para el "Bonaparte" de G. Montorgueil (ed. facsimil, 2002). Ejemplar de La colección Reding

Unos hechos que los españoles no deberían olvidar para poder transitar por el Mundo con algo más de dignidad -y verdad- de la que habitualmente llevan en sus equipajes, precisamente a causa de novelas muchas veces mal llamadas “históricas” que no están, desde luego, a la altura de lo que nos cuenta “Las dos vidas del capitán”.

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Acerca de Carlos Rilova Jericó

Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Administrador del weblog de "La novela antihistórica", creada como página de crítica independiente en el año 2010 para ayudar a mejorar el criterio de selección de obras de gran difusión comercial entre el público y redactor de la reseña mensual de acceso libre publicada en esa página cada día 20 de cada mes. Director del banco de imágenes y centro de investigación histórica "La colección Reding". Profesional de la investigación histórica y cultural para diversas empresas y organismos públicos desde el año 1996.
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6 respuestas a Un asunto personal: “Las dos vidas del capitán” de Mari Pau Domínguez

  1. Antígono dijo:

    Pues otro libro que buscar para mi (larga) lista de libros por leer (a veces me da la sensación de que necesitaría 1000 vidas para leer todo lo que quiero). Y uno que trata un tema interesante, lo digo porque he sido uno de los que ha ido al Arqueológico (en una escapadita de un “puente”) a ver la exposición de la Mercedes. También interesante el hecho de que vaya más allá de la conclusión de las guerras napoleónicas y se centre en la restauración absolutista, tema tratado bastante maniqueamente en algunas novelas. Un saludo.

    • Estimado Antígono: pues ánimo con la novela. De momento es la única que tenemos sobre la mayor campanada histórica que ha dado este país en las últimas décadas, obligando a una empresa cazatesoros con más abogados que el sr. Burns (el de los Simpsons, sea valida esta incursión en la cultura popular) a devolver lo que habían robado de un barco con pabellón español. Nada menos que 337 millones de euros, que se dice pronto.
      Un saludo.

  2. Como siempre una estupenda y completa disección de un libro con temática más que interesante.
    Diego de Alvear, su época y sus peripecias son un todo que, en manos de una productora británica o estadounidense, ya hay guión para realizar una película.

    Lo tiene todo, las dos vidas a que hace referencia el título de la autora, los personajes históricos con los que se topó y las aventuras marinas, terrestres y sentimentales que le acontecieron.
    Sólo tengo un pero que me va a hacer prescindir de comprar el libro.

    Después de leer su reseña, y no precisamente porque sea una mujer quien lo ha escrito (a fin de cuentas también pertenezco a ese género), parece que falta un buen viento y una mar profunda y alta que lleve el barco a buen puerto.

    Aunque no dudaré en echarle un vistazo si pasa por alguna de las bibliotecas que visito y dejar que me seduzca para leerlo, si llegara el caso.

    Si la exposición sobre Blas de Lezo y las dos estatuas que se han erigido en su nombre en Cádiz y en Madrid han servido para conocer a este marino vasco, espero que este libro de Mari Pau Domínguez haga lo miso con Diego de Alvear.

    Un saludo y hasta la próxima.

    • Estimada Un Sur con mucho Norte: muchas gracias por la atenta lectura y los elogios a esta nueva reseña. No quiero influir en su decisión de leer pero no comprar el libro pero la verdad Mari Pau Domínguez se merece el éxito no sólo de crítica sino de público. Más que nada porque produce un bien demasiado escaso en España. Es decir: novelas históricas que no abunden demasiado en los tópicos de pandereta.
      Hay que animar a gente así porque todavía nada sabemos de muchos militares, marinos, exploradores… españoles tan buenos, o más, como los que nos “venden” desde Francia, Inglaterra. Estados Unidos.
      Un cordial saludo y muchas gracias, otra vez, por la atenta lectura y el atento comentario.

  3. Ignacio dijo:

    Lei la novela, y es verdad que no es exactamente historica. Me resulta demasiado recargado y repetitivo el “sentido nostalgico” del que impregna algunos de los pasajes de Alvear. Pero tampoco ata cabos con ellos. En cambio le podia haber sacado mas jugo al Absolutismo de Fernando VII, que pasa bastante de largo y con topicos, y tambien a las disensiones entre San Martin y Alvear hijo, si tenian un proyecto en comun, que lo rompe, la posible presencia de masoneria inglesa. No se. No profundiza. Tambien la armada de Riego que no acudio a Indias, ni se cita y la ideologia de Alvear y su duda de si decantarse pro Riego o no, no queda clara. Se habla mucho de Alvear, pero no me parece que acabe de estar definido, ni creible, de la epoca. Tambien pasa por alto demasiados personajes interesantes que estuvieron en Cadiz, se salta unos pasajes en detrimento de otros, etece… No se. Me parecio que se quedaba corta, aunque aun asi el libro me parece digno, esta bien.

    • Estimado Ignacio: gracias por el comentario. Estoy bastante de acuerdo con él, “Las dos vidas del capitán” pasa muy por encima de demasiadas cosas importantes. Una vez más hay que constatar que la “industria” de la novela histórica en España adolece, todavía, de cantidad y de calidad. Un saludo.

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