¿Un “anti-“Victus”?. “CAT: El Día de la Guerra” de Santiago Morata

Hace exactamente un año hablábamos aquí mismo del gran éxito literario con el que el Catalanismo independentista había expuesto a cientos de miles de lectores, en toda España, la justicia de sus argumentos. Es decir, hablábamos de la novela de Albert Sánchez Piñol titulada “Victus”.

Barcelona. Vista general. Grabado para “Le Tour du Monde” (c. 1890). Ejemplar de La colección Reding

Personalmente me dejó asombrado que esa obra alcanzase tal predicamento en toda España, pero más aún me asombró la debilidad de las réplicas que se plantearon ante ella, ante algunos contenidos históricos que formaban su base y que, según su autor, sus editores y otros, huían del panfleto catalanista.

De hecho, comentaba yo en esa reseña de hace un año que había incluso periodistas de medios de la Derecha -supuestamente los adalides de la unidad española y furibundos anti-independentistas- que dieron por buena esa versión.

Para todo lo demás, silencio. Nada, salvo en áreas muy marginales de la opinión pública española, se dijo de “Victus”, de sus obvias inexactitudes y exageraciones que -dijera lo que dijera su autor, sus editores, etc., etc…- era evidente -para quien tuviera un poco de conocimiento histórico- remaban, con verdadero descaro en muchas ocasiones, a favor de las tesis independentistas, con la pasión más que con la razón y pasando por encima de la Verdad más de una vez.

Bien, eso parece haber cambiado. Al menos un poco -no, desde luego, radicalmente- con la publicación de “CAT: El Día de la Guerra” del zaragozano Santiago Morata.

Según dicho autor esta obra, cuya primera edición data de mediados de este año 2014, sería una ucronía. Un género del que ya nos hemos ocupado antes en otra de estas reseñas mensuales. Por ejemplo, cuando se habló aquí mismo de la “Historia lógico-natural” de J. J. Merelo.

Morata da, de hecho, en las notas finales de su libro una definición del término “Ucronía”. Aún así este historiador tiene muchas dudas de que “CAT: El Día de la Guerra” pueda encajar con propiedad en el género de las “ucronías” que, según la definición que Santiago Morata copia al final de su obra, sería una “Reconstrucción lógica, aplicada a la historia, dando por supuestos acontecimientos no sucedidos, pero que habrían podido suceder”.

En mi opinión “CAT: El Día de la Guerra” sería más bien, o podría llegar a ser, lo que Jack London, a finales del siglo XIX y principios del XX, llamaba una novela de anticipación. Es decir, lo que ahora encasillaríamos como “ciencia-ficción”.

En efecto, “CAT: El Día de la Guerra” no cuenta una realidad alternativa, sino más bien lo que podría ocurrir de aquí a unos años. Por ejemplo, en el lapso de 2019 a 2023, que es la fecha en la que transcurren los acontecimientos que describe la novela.

Sin embargo, no le falta al autor razón -siquiera sea en parte- al considerar a “CAT: El Día de la Guerra” como una ucronía, pues podría llegar a serlo a partir de esos años, de 2019, 2023… al revelarse como una realidad alternativa que no llegó a cumplirse.

Si los acontecimientos de esos años se desarrollan tal y como Santiago Morata los imagina en su novela, entonces habría que insistir en considerarla, efectivamente, como una novela de anticipación. Negativa en este caso. Justo todo lo contrario de lo que fue “El talón de hierro” que el mencionado Jack London vendía a principios del siglo XX como eso, “Una novela de anticipación”.

Y ahora ya entrando en materia, más allá de esas sutiles diferencias entre ucronía y novela “de anticipación”, ¿qué se puede decir de “CAT: El Día de la Guerra”?. ¿Es recomendable?. ¿Es realmente la réplica al “Victus” de Albert Sánchez Piñol?.

Las respuestas a preguntas como esas son, sin que sirva de precedente, muy fáciles de despachar y, de hecho, van a llevar a que esta nueva reseña de “La novela antihistórica” sea una de las más breves que se han publicado por aquí últimamente.

A quien no le gusten las novelas “de espías” al estilo de Tom Clancy, el cine de acción norteamericano, los debates-basura, las chonis, el macarreo que llena buena parte de la parrilla televisiva española en la actualidad… se le va a hacer verdaderamente cuesta arriba la lectura de “CAT: El Día de la Guerra” y yo casi estaría tentado de no recomendársela.

Barcelona. Vista general. Grabado para “Le Tour du Monde” (c. 1890). Ejemplar de La colección Reding

Hay decenas y decenas de páginas en esa novela en las que los protagonistas poco más hacen que soltar tacos de calibre 10, pegarse unas palizas de pronóstico reservado, tirotearse, escaparse, perseguirse y actividades muy similares a las de un juego de acción de la “PlayStation”.

A quienes no les haya gustado, por ejemplo, “El Código Da Vinci” (no sé si habrá alguien por ahí) porque sus personajes y sus tramas les han parecido poco satisfactorias, saldrán, probablemente, echando venablos de la lectura de “CAT: El Día de la Guerra”.

Los que esperen una réplica, desde la Historia, a “Victus” puede que salgan también bastante escamados de la lectura de “CAT: El Día de la Guerra”.

En efecto, como historiador, el discurso que uno de los personajes de “CAT: El Día de la Guerra” esboza entre las páginas 221-233 del libro, me resulta cuando menos cuestionable. No por los contenidos -que suscribo enteramente- sino por la forma en la que son presentados, de un modo bastante inverosímil, carente de la energía con la que “Victus” defendía su (indefendible más allá de la militancia política) versión de los hechos que justificarían la independencia de Cataluña.

Peor aún, el historiador que dibuja Santiago Morata para “largar” ese discurso que desmonta las tesis independentistas, resulta a veces cargante, excesivamente centrado en el tópico de “rata de biblioteca”. Ese personaje, Pere, es, en efecto, una especie de capullo erudito ajeno a las realidades del Mundo y a las de esa “universidad de la vida” a la que hace mención otro de los personajes de “CAT: El Día de la Guerra”.

La descripción del mundo académico que le rodea, y le facilita sostener esas tesis, es también altamente inverosímil si se conoce de cerca la realidad -triste, muy triste en ocasiones- de la Universidad española. En ella un personaje como Pere, tal y como es descrito por Santiago Morata, carecería hasta de la más mínima oportunidad no ya de escribir obras como las que le adjudica el autor de “CAT: El Día de la Guerra”, sino ni siquiera de poner pie en claustros plagados de mediocridad, envidias académicas, una endogamia que causa sonrojo si comparamos la situación con la de otros países de nuestro entorno, y un largo etcétera sin remedio desde hace más de tres décadas. Años perdidos en los que los sucesivos gobiernos -muchas veces formados por gente salida de ese medio- dicen ir a acometer reformas que jamás se acometen para subsanar esa carcoma que, de momento, ha situado a la Universidad española en su conjunto en los puestos más bajos a nivel mundial.

Las represalias que sufre ese personaje por parte de catalanistas furibundos tienen mucha fuerza dramática, visceral, pero, insisto, para quien conozca la realidad académica de la España actual -prácticamente invariable desde el fin de la dictadura- es bastante difícil de creer lo que le ocurre al historiador creado por Morata para expresar las tesis que desmontan -y muy bien por cierto- las falacias pseudohistóricas del Catalanismo.

Lo más probable, en nuestra realidad, es que el bueno de Pere, no hubiese tenido jamás la oportunidad de publicar ni uno sólo de esos libros que tan caros le cuestan al fin. Es más, de haber supuesto, desde un claustro universitario, una amenaza para el Catalanismo -o cualquier otro nacionalismo periférico- las represalias le hubiesen llegado por vías menos heroicas y mucho más mezquinas y miserables. Empezando por zancadillas a su carrera académica que poco o nada tendrían que ver con la cuestión política, sino más bien con la “carrera de ratas” habitual en el mundo académico, y acabando por el ninguneo más absoluto, la negativa sistemática a concederle la adecuada financiación para sus proyectos, etc…

Ahora bien, establecida la lista de pasajes dudosos de esa novela y posibles lectores damnificados, hay que añadir que todos ellos, si renuncian a la lectura de “CAT: El Día de la Guerra”, se estarán perdiendo información muy valiosa sobre ese “tema catalán” que, tal vez, nos puede llevar al abismo que Santiago Morata describe en su libro. Si no a ese mismo, tal vez sí a uno muy parecido, aunque quizás no peor.

Aún rechazando a esta novela por todas las razones manejadas hasta aquí, perderse “CAT: El Día de la Guerra” es una mala idea para cualquier español. Incluidos muchos millones de catalanes. Especialmente esa “mayoría silenciosa” que no quiso, no pudo o no supo cómo votar “no” en el simulacro de referéndum de este último 9 de noviembre.

En efecto, Santiago Morata hace un análisis absolutamente certero de los elementos de la realidad de la España actual, la de 2014, que pueden hacer inevitable un desarrollo de los acontecimientos históricos que él imagina para el período 2019-2023. Ese futuro que, de tan cercano, ya casi ni es futuro, sino más bien presente.

Barcelona. Vista general. Grabado para “Le Tour du Monde” (c. 1890). Ejemplar de La colección Reding

Acierta así de pleno el autor en lo que dice en la página 364 y en la 417 de “CAT: El Día de la guerra”, cuando alude al modo en el que, por medio de la manipulación independentista de la opinión pública catalana, se puso a rodar una bola de nieve que, efectivamente, en el 2019 de la novela, contando cinco años a partir de nuestro 2014, sería ya imparable.

Algo que sólo pudo ocurrir -y yo añadiría que podría ocurrir- porque en España se toleró esa deriva a cambio de los votos catalanes necesarios para gobernar en Madrid.

Un horizonte que Santiago Morata vuelve a describir en la página 417 de su novela aún con más fuerza, cuando uno de los personajes, Joan, antiguo terrorista al servicio del Catalanismo más falto de escrúpulos, oye los argumentos de Samuel -un emigrante peruano de tercera generación en España- que le sirve de guía desde el fondo del Infierno independentista a una existencia mucho más positiva y productiva, en la que no sirve ya como peón de dichos intereses.

Sólo por esos fragmentos “CAT: El Día de la Guerra” de Santiago Morata es altamente recomendable. Contienen esas partes de la novela todas las claves del proceso histórico en el que ahora mismo estamos inmersos. Todos los catalanes que quieren la independencia deberían leer siquiera esa parte del libro aunque, de todos modos, no puede entenderse bien sin leer el resto de la obra.

Lo mismo deberían hacer el resto de españoles con derecho a voto, con capacidad de acción política tanto para decidir sobre la hipotética independencia de Cataluña, como sobre la marcha de un país que, como dice uno de los personajes de Morata hacia el final de la obra, de no resolver los problemas estructurales que se describen en las páginas 364 y 417 de esa novela, volvería en cien años -quizás en muchos menos en opinión del que estas líneas escribe- a la situación que en 2019 hubiera llevado a la secesión catalana.

Poco más se puede decir de “CAT: El Día de la Guerra”. Salvo que, pese a todos sus aspectos discutibles para muchos lectores, es un saludable baño de realidad que todos deberíamos darnos.

Al menos si queremos un futuro algo mejor que este mezquino presente que parece conducirnos a un escenario tan dramático, tan desolado, como el que se lee en algunas páginas de “CAT: El Día de la Guerra” y que, desgraciadamente, ahí no parece literatura de ciencia-ficción, sino una descripción realista de la España actual.

Una en la que los mismos que se rasgan las vestiduras por la ruptura de España, por la posible secesión catalana, por sus referéndums amañados, son tan ignorantes, tan vagos, tan avariciosos o tan estúpidos como para permitir que las tesis catalanistas hayan campado a sus anchas, durante décadas, por Cataluña, creando miles de adeptos, dispuestos a cualquier cosa.

Barcelona. Vista general. Grabado para “Le Tour du Monde” (c. 1890). Ejemplar de La colección Reding

Desde votar en urnas de cartón hasta, quién sabe, forzar la independencia con las armas en la mano. Cueste lo que cueste, que como advierte Morata al final de su obra, podría ser, incluso, una tercermundización de Cataluña de tal grado y profundidad que la vuelta al seno de España parecería, por absurdo que resulte, una verdadera bendición para muchos de los que reclamaron la independencia a voz en grito.

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Acerca de Carlos Rilova Jericó

Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Administrador del weblog de "La novela antihistórica", creada como página de crítica independiente en el año 2010 para ayudar a mejorar el criterio de selección de obras de gran difusión comercial entre el público y redactor de la reseña mensual de acceso libre publicada en esa página cada día 20 de cada mes. Director del banco de imágenes y centro de investigación histórica "La colección Reding". Profesional de la investigación histórica y cultural para diversas empresas y organismos públicos desde el año 1996.
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4 respuestas a ¿Un “anti-“Victus”?. “CAT: El Día de la Guerra” de Santiago Morata

  1. Bernat Muniesa brito dijo:

    Albert Sanchez Piñol és un trepa literari i falsificador de la història que busca prebendes de la Generalitat mafiosa que s’ha apoderat de Catalunya. Li podriem dir allò de Leòn Felipe: “Que no me vengan con cuentos, que ya me sé todos los cuentos”. També cal dir que com estudiant… Val mes dexar-ho.

    • Estimado Bernat: pues ahí queda dicho. Al menos para los que leen catalán. Parece claro por su comentario que “Victus” es una novela de encargo pagada con el 3% famoso recopilado por ciertas instituciones catalanas de manera menos que legal y que, como suele ocurrir en estos casos, pesa más la fidelidad política del autor que su talento literario, intelectual o su fidelidad hacia la Historia.
      Nada más que añadir salvo Salut i benvingut.

  2. Santiago Tazón dijo:

    Totalmente de acuerdo con su análisis. Es una novela interesante aunque con demasiado “pim, pam, pum” y resulta poco creíble en algunos puntos, pero se deja leer. No es una ucronía en sentido estricto como sí lo son “El hombre en el castillo” o “La Conjura Americana” por ejemplo.

    • Estimado Santiago: pues celebro que estemos de acuerdo en el punto de vista sobre esta novela. Desde luego que “CAT: el día de la Guerra” no es la magnífica “El hombre en el castillo”, pero es lo que hay en el, a veces, desolador panorama editorial español.
      Un saludo cordial.

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