Fuego sobre Washington D. C. “Historia lógico-natural” de J. J. Merelo

¿Qué se puede decir de una novela que, ahora mismo, se vende a 0, 99 céntimos de euro en Amazon?. Es más, ¿qué se puede decir de una novela que su propio autor califica como producto del empeño de un editor “indie”, o, peor, de un usuario de “editoras de vanidad”, al haber sucumbido la única editorial al uso que había aceptado publicarla?.

Lo primero que hay que advertir a los posibles lectores de esa novela, “Historia lógico-natural”, de J. J. Merelo, el ya citado autor, es que, en efecto, se vende demasiado barata. Debería pedirse por el privilegio de leerla, como poco, 1, 50 euros. Sin dejar de ser competitiva frente a otros productos que aún no han entrado en la era digital del todo -con todo lo que eso implica-, eso sería lo justo para disfrutar de una novela que -ya se ha dicho en el twitter de “La novela antihistórica”-, tiene mucho mérito. Principalmente el de atreverse a saber, a imaginar una Historia, más o menos lógica y natural, en la que la España del mal llamado “Desastre del 98” -y todo lo que vino después, bastante más desastroso en general, como la Guerra Civil de 1936- jamás existió.

Puestos a decir a los lectores qué es lo que pueden encontrar tras el pago de esos  demasiado modestos 0, 99 céntimos, hay que dividir el análisis de “Historia lógico- natural” en dos partes.

Hay, en efecto, una parte de “Historia lógico-natural” que puede satisfacer, y mucho, a los que no leen ciencia-ficción y menos aún ucronías como ésta -un subgénero de este, para muchos, subgénero literario que sería la ciencia ficción-, esos lectores que han bebido, desde siempre, en la tradición de las letras españolas y desprecian todo lo que ande, literariamente, por debajo de ese nivel.

Descubrirán, con sorpresa, esa clase de lectores tan exigentes que J. J. Merelo tiene bastante habilidad, y bastantes conocimientos literarios, como para escribir una novela de ciencia-ficción costumbrista, que parece salida, casi, de la mano de Benito Pérez Galdós. Personaje, entre secundario y protagonista, de “Historia lógico-natural” y autor de un  tratado apócrifo con ese título que es el que, finalmente, da título a esta novela.

En efecto, esa “Historia lógico-natural” de J. J. Merelo describe una España del año 1905 ligeramente distinta a la real, pero perfectamente reconocible para los lectores de Pérez Galdós. Y también para los de Valle-Inclán, que igualmente aparece retratado en todo su esplendor en las páginas de “Historia lógico-natural”. Incluso puede que los lectores del Cela de “La colmena” se encuentren como en casa en algunos de los pasajes de “Historia lógico-natural”. Especialmente en la escena en la cafetería de un  ministerio de ese Madrid alternativo de un año 1905 también alternativo en la que coinciden dos de los protagonistas de “Historia lógico-natural”: el escurridizo Eduardo Lafita, descendiente de los japoneses afincados en Andalucía tras la llegada de la embajada de Hasekura Tsunenaga a España en 1614, y el baqueteado espía yankee Ray Buffet.

Incluso es posible que los lectores que consideran que desde “El Quijote” no se ha escrito nada mejor en las letras españolas, se lleven una sorpresa en las últimas páginas de esta novela, cuando entren en la divertida “boutade” que J. J. Merelo les tiene preparada a algunos de estos personajes en los últimos compases de “Historia lógico-natural”. Esos en los que describe la existencia de la ínsula Barataria en el profundo Suroeste de los destruidos Estados Unidos de ese año 1905 que sólo existiría en las páginas de “Historia lógico-natural”. Una Barataria que es, a su vez -o eso parece- una irónica caricatura de “eso” en lo que se ha convertido la España del tiempo presente, la de comienzos del siglo XXI, acribillada a créditos que esclavizan de por vida -o cosa muy parecida- a sus habitantes. Algo que, junto a otras pullas similares, podrán descubrir los posibles lectores de “Historia lógico-natural”, probablemente con una sonrisa de medio lado, mientras llegan al bien hilado y trepidante final de esta obra de J. J. Merelo.

En resumen, esa novela tiene aspectos que pueden contentar incluso a los más exigentes en materia de Literatura en estado puro, que es lo que van a recibir por una mínima inversión de 0, 99 céntimos.

Dicho esto, ahora deberíamos examinar qué ofrece a los lectores impenitentes de fandom, sci-fi, ciencia-ficción o como queramos llamar al género, esta “Historia lógico-natural” que, según parece, nació, principalmente, con esa intención: la de ser un libro de ciencia-ficción y, más concretamente, de la variedad ucrónica, del “que hubiera pasado si…” .

La verdad es que la novela de Merelo no les va a defraudar. O, al menos, tiene muchos elementos que pueden satisfacer a esos lectores acérrimos de ciencia-ficción.

Ciertamente “Historia lógico-natural”, por ese costumbrismo galdosiano que le imprime carácter, tiene poco de la ciencia-ficción que podríamos llamar “anglosajona”. Así, los que han leído la otra -y única- novela española de ciencia-ficción sobre una guerra hispano-norteamericana con un final distinto al que todos conocemos, “Fuego sobre San Juan”, encontrarán diferencias notables entre la manera de J. J. Merelo de contar esa Historia alternativa y el relato que de ella hacen Pedro A. García Bilbao y Javier Sánchez Reyes, los dos autores de “Fuego sobre San Juan”.

Efectivamente Merelo está más cerca de Julio Verne que de Poul Anderson. Es de suponer que por pura lógica, porque sus personajes, destilados de la lectura de Pérez Galdós y Valle-Inclán, encajan mucho mejor en el molde de Verne que en el de Anderson, que es al que estarían más próximas las páginas de “Fuego sobre San Juan”.

Sin embargo, aún así, los que disfrutan con ciencia-ficción cortada por el patrón por el que puede estar cortada “Fuego sobre San Juan” no tienen porque salir defraudados de la lectura de “Historia lógico-natural”.

La novela de García Bilbao y Sánchez Reyes tiene un dinamismo y una seriedad en la exposición de esa Historia alternativa de la que, quizás, carece la, al menos en apariencia, mucho más desmadrada sucesión de historias personales del grupo de antihéroes con los que se forma la Historia alternativa del “Desastre del 98” imaginada por J. J. Merelo en su “Historia lógico-natural”.

Basta con comparar las escenas de batalla de una y otra novela. Las de “Fuego sobre San Juan” parecen narradas por Antony Beevor. Las de “Historia lógico-natural” parecen, a veces, relatadas por un calmoso coronel Aureliano Buendía al que es bastante difícil sonsacarle qué es realismo y qué es mágico en su relato de esa guerra.

Sin embargo, el “punto Jumbar” de “Historia lógico-natural” y el desarrollo posterior del mismo resulta, en contra de lo que se pudiera pensar, mucho más sólido que el de “Fuego sobre San Juan”.

En efecto, en “Fuego sobre San Juan” el hecho que cambia la Historia, el “punto Jumbar” en el que se vuelve victoria española lo que fue la derrota en Cuba y Filipinas en nuestro año 1898, es casi una pura carambola y que además tiene lugar porque un viajero del tiempo -legítimo recurso de la sci-fi, en cualquier caso- se “cuela” en la época y hace algún que otro arreglo para que, en definitiva, un oficial español instale en las fortificaciones de tierra ametralladoras de la Armada anclada en Santiago.

Con eso se contendrá el asalto de las fuerzas terrestres que tratan de rendir esa importante plaza de la Cuba española, llevándose por delante en ese envite al principal jingoísta yankee. Es decir, Teddy Roosevelt, que, junto con el magnate de la prensa Hearst, hizo lo indecible para que una revuelta cubana sin mucho futuro -o con uno distinto al que hoy conocemos- se convirtiera en 1898 en un éxito gracias a la intervención estadounidense.

La conclusión a la que se llega finalmente en “Fuego sobre San Juan” es que, casi por los pelos, la España de 1898 escapa a la derrota de Cuba. O, viendo la botella medio llena, García Bilbao y Sánchez Reyes nos estarían indicando que, después de todo, la España de 1898, podría haber ganado la guerra sin mucho esfuerzo de haber movido con más habilidad, y suerte, dos o tres piezas en el complicado tablero del ajedrez mundial de aquellas fechas. Algo que coincide perfectamente con las últimas investigaciones realizadas en torno a la época. Por ejemplo en la excelente obra de Agustín R. Rodríguez González, “La guerra del 98. Las campañas de Cuba, Puerto Rico y Filipinas”, publicada, como muchas otras, al calor del centenario del controvertido “Desastre”, y en la que se desmentían algunos mitos que todavía circulan en el deprimido, y deprimente, imaginario histórico-popular español.

En el caso de “Historia lógico-natural” la trama narrativa sobre la que se elabora esa Historia alternativa de la guerra hispano-estadounidense de 1898, que, en realidad, en la novela, tiene lugar en 1905, se basa sobre un cambio de condiciones históricas mucho más profundo.

En efecto, la España que gana la guerra de 1898 en 1905 se ha empezado a gestar en el año 1868, cuando el general Prim logra hacerse con el control de la situación tras la revolución llamada “Gloriosa”, escapando al atentado en la Calle del Turco y consiguiendo así asentar la dinastía Saboya en España, profundizando el modelo de monarquía parlamentaria en ese país.

Un “punto Jumbar” verdaderamente razonable y sólido que lleva a que en esa España bajo la monarquía de los Saboya se desarrolle una ambiciosa política científica y, en definitiva, se recupere la moral de combate, el orgullo nacional, por así decir.  Factores ambos de los que carecían, como se hace evidente en estudios como el de Agustín R. Rodríguez González, las flotas de Santiago y Cavite, y sus principales mandos. Algo totalmente lógico ese rearme moral, científico, etc… de la España de “Historia lógico-natural” teniendo en cuenta que Prim logra en ese mundo alternativo convertirse en algo más que una oportunidad perdida por el atentado de la Calle del Turco y, vivo durante bastantes años, logra transmitir su energía, su inteligencia y su alto sentido de Estado -en fin, todas sus cualidades, bien descritas por la biografía que le dedicó el profesor Pere Anguera no hace muchos años- a esa otra España posible descrita en “Historia lógico-natural”.

Así, de esa supervivencia durante muchos años del general Prim -masón de pro, como es hoy bien sabido-, se deriva para la España alternativa descrita en “Historia lógico-natural”, aparte de una considerable influencia de las logias masónicas -que jugarán un muy activo papel en la derrota de los Estados Unidos del 1905 alternativo imaginado por J. J. Merelo-, un inusitado desarrollo de las ciencias aplicadas, que convierten a España en una potencia militar de primer orden, dotada de submarinos y dirigibles que le dan superioridad aérea y dominio de los mares.

Así, los sumergibles basados en el de Peral o los dirigibles trilobulados basados en los modelos de Torres Quevedo, y desarrollados mucho antes que el que se desarrolló en nuestro mundo, en el que España sí es derrotada en 1898, dan a esa otra España alternativa imaginada por J. J. Merelo una aplastante superioridad militar que barre la ofensiva yankee en una Cuba también ligeramente distinta a la de nuestra línea temporal.

En efecto, la Cuba de “Historia lógico-natural” pertenece a una especie de “Commonwealth” hispánica -de la que también forma parte Filipinas- y así José Martí no es un mártir del Independentismo cubano sino el presidente de una República cubana satelizada por España, más o menos, del mismo modo que en esos momentos estaban satelizadas Australia o Canadá a Gran Bretaña.

Todos esos elementos convierten el envite de los Estados Unidos de ese 1905 alternativo en una peligrosa aventura -impulsada por un Teddy Roosevelt que juega un papel muy similar al que jugó el de nuestro 1905- que pronto se convierte en desesperada, abriendo la puerta primero a una derrota y tras ella a una muy lógica, y bastante natural, disgregación de los Estados Unidos.

Empezando por la zona Sur, de fuerte influencia española, donde tras el Desastre yankee en Cuba, aparece una República Multirracial de Florida en la que hispanos, indios, y, sobre todo, negros se toman la revancha contra los Estados Unidos Anglosajones, Blancos y Protestantes hundidos moralmente -como se deja ver por la profunda depresión que inutiliza al otrora vociferante Teddy Roosevelt- tras la derrota, por tierra, mar y aire sufrida en Cuba. Una vuelta de tuerca que, ni que decir tiene, es alentada cuidadosamente por la España victoriosa que protagoniza “Historia lógico-natural”.

Esto es lo que nos ofrece esta novela de J. J. Merelo, más unas, a veces trágicas a veces cómicas, aventuras personales en medio de ese marasmo. Caso, por ejemplo, de la de Archie Purnell soldado, negro, de Infantería, del regimiento de los voluntarios de Tenesee, que -como Gerardo Baca, antiguo espía yankee en España y futuro líder de la República Multirracial- nos ilustra, con sus desgracias personales, sobre lo lógica y natural que es la secesión del Sur y Oeste de los destruidos Estados Unidos de ese 1905 alternativo, o la vida del sufrido espía malgre lui, Ray Buffet, declaradamente inspirado en el vendedor de Biblias (protestantes) -y creador de infundios enfermizos sobre la España de la primera mitad del siglo XIX- George Borrow, al que, si sienten curiosidad, Julio Caro Baroja diseccionó en algunos de sus trabajos, de los que, es de suponer, debe haber bebido J. J. Merelo.

No es poca cosa todo esto. Principalmente porque “Historia lógico-natural”, como decía al principio de esta reseña, se atreve así a imaginar que por poco, muy poco, las cosas no pudieron ser distintas, abriéndonos una puerta literaria hacía esa interpretación menos enferma de la Historia española del último siglo y medio que, afortunadamente, desde el primer centenario del mal llamado “Desastre” va siendo desechada por la investigación histórica más seria y mejor documentada, pero menos leída y conocida.

Esa que desde libros como el ya citado de Agustín R. Rodríguez González o los dirigidos por los profesores Emilio de Diego, Juan Pablo Fusí y otros eminentes historiadores que sería prolijo enumerar, destruye mitos como el de que España combatió en Cuba y Filipinas con barcos de madera y a vela -en lugar de con acorazados, destructores y torpederos iguales, o superiores, a los de una flota americana aún bastante improvisada- o el de que hubiera un desfase abismal entre ambas potencias.

Algo irreal si consideramos la oleada de pánico -no por poco conocida menos cierta- que siguió a la derrota española en Cuba y Filipinas en las cancillerías de dos de las principales potencias europeas -Gran Bretaña y Francia-, que se ven a sí mismas en dicha documentación militar y diplomática como las siguientes víctimas de unos Estados Unidos que han catado ya la victoria y pueden estar tentados a repetirla en las Antillas francesas. O tal vez en ese Canadá que han ambicionado desde la revolución de 1776… Posibles crisis en el horizonte de 1899 en las que Francia y Gran Bretaña saben que no van a poder contar con las fuerzas que le han quedado a España tras esa derrota de 1898 -por ejemplo alguno de los acorazados más potentes del Mundo en esos momentos, como el Carlos V, que tal vez hubiera cambiado de signo la batalla de Cavite o la de Santiago de haber entrado en línea- puesto que la han abandonado a su suerte, por cálculo, por miedo…

Un horizonte tan desagradable, de hecho, como para que ambas potencias se avengan en pocos años -los que van de 1898 a 1900- a compensar a España ofreciéndole -sobre todo Gran Bretaña- un casi nuevo imperio colonial en el Norte y Oeste de África.

Hechos que son sólidas realidades en este mundo real, no alternativo, en el que España, después de todo, sí perdió la guerra de 1898, pero que hacen un poco más lógica y natural la Historia alternativa de la “Historia lógico-natural” de J. J. Merelo que, aunque sólo sea por esa razón, deberían leer. Más aún teniendo en cuenta que toda esa calidad literaria e histórica que nos puede ayudar a comprender muchas cosas de nuestro presente, se la están prácticamente regalando, en Amazon, por 0, 99 céntimos de euro…

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Acerca de Carlos Rilova Jericó

Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Administrador del weblog de "La novela antihistórica", creada como página de crítica independiente en el año 2010 para ayudar a mejorar el criterio de selección de obras de gran difusión comercial entre el público y redactor de la reseña mensual de acceso libre publicada en esa página cada día 20 de cada mes. Director del banco de imágenes y centro de investigación histórica "La colección Reding". Profesional de la investigación histórica y cultural para diversas empresas y organismos públicos desde el año 1996.
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16 respuestas a Fuego sobre Washington D. C. “Historia lógico-natural” de J. J. Merelo

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  2. Antígono dijo:

    Interesante novela-ucronía….aunque aún más interesante el hecho que plantea, no sólo el autor, si no también la reseña. Siempre creí que una victoria de España en 1898 era imposible, más que nada por la abismal diferencia entre el poder industrial de EEUU y el de España. De hecho creo que tanto EEUU como Alemania superaban en poder industrial a la propia Gran Bretaña a finales del siglo XIX principios del XX, ¿no?.

    • Estimado Antígono, esa cuestión que planteas en tu comentario nos devuelve a que la Historia del 98 esta hecha más de tópicos que de hechos históricos investigados. Y así ha sido durante los últimos cien años. Públicamente los “jingoes” de Gran Bretaña, Francia, Alemania… no podían reconocer el miedo que tenían a EE. UU. En lo privado de sus ministerios, sí.
      Es hora de sacar a la luz todo eso. Y se va sacando. El problema es que luchamos contra una inercia gigantesca. El autor de “Historia lógico-natural”, como verás, se queja en su comentario de las amargas críticas que ha recibido de algunos autores de best-sellers. No creo que sean casualidad esas críticas ni el punto del panorama de las Letras españolas del que provienen. Creo que es una reacción furibunda ante alguien que, como J. J. Merelo, se ha saltado un canon del que ellos parecen ser los guardianes. Cosa chocante en gente que, en muchos casos, se declara muy patriota, muy amante de España, pero, sin embargo, basan la clave de su acceso al éxito editorial en cantar la palinodia de la Leyenda Negra y demás faramalla decadentista y en masacrar a quien ose decir que eso es mentira, que carece de fundamento histórico real. Una verdadera barbaridad esa actitud en tales supuestos “guardianes de las esencias patrias” teniendo en cuenta que así se convierten en los gendarmes de una torticera visión de nuestra Historia impuesta desde fuera desde, más o menos, el 98. Fue entonces cuando nos asignaron la categoría de “potencia en declive”, nos despiezaron o más bien nos dejaron despiezar para evitar una Guerra Mundial que, de todos modos, acabó llegando y luego los doctores Frankestein europeos -Francia, Gran Bretaña…- sintieron pavor ante el monstruo que habían dejado desatarse. Es decir, EE. UU. Compensaron a España generosamente -basta con ver las negociaciones para darnos el protectorado de Marruecos, Terfaya, Río Muní, etc, etc…-, Alemania no se dio por contenta con el panorama. Se sentía relegada y, más aún, con la entrada de un nuevo, y poderoso, al parecer, actor en la escena internacional que podía competir con ella a la hora de arramblar con las pocas zonas de expansión colonial que iban quedando. Resultado: apenas quince años después del 98 estalla la Guerra Mundial que se temía tanto estallase en 1898 y lleva a aislar a España diplomáticamente, ponerle toda clase de trabas a la defensa de esas dos colonias -Cuba y Filipinas- que sólo los ignorantes consideran los últimos restos del imperio colonial español, cosa totalmente incierta, y, según todos los indicios, especialmente en Cavite, desmoraliza a los comandantes españoles y les lleva a hacer un papel nefasto. Casi como si hubiesen recibido órdenes de sacrificarse inútilmente. El libro de Agustín R. Rodríguez González que cito en la reseña es especialmente claro a ese respecto, cuando alude a la incomprensible actitud del comandante de la flota española en Cavite, que manda abrir grifos y abandonar varias unidades justo cuando Dewey está considerando retirarse a Hong-Kong -lo cual equivale en términos navales a una derrota- ante el nutrido -y dañino- fuego que le está haciendo la flota española que, de hecho, ha logrado contenerlo en la entrada de la bahía. Ahí queda eso, ese hecho objetivo que tan mal encaja con la chirriante cantinela del decadentismo español.
      El resto es Historia del siglo XX.
      Las cosas, a golpe de documento, ocurrieron así. Por qué no pueden, de momento, contarse para el gran público es algo que no alcanzo a comprender, pero me parece enfermizo y procuro afrontarlo. Parece ser que hay más dispuestos a afrontar esos burdos tópicos que no nos hacen ningún bien. Salvo, al parecer, a algunos autores de best-sellers instalados, cómoda y millonariamente, en el Pesimismo patrio (no vamos a dar nombres, que seguro que están en la mente de todos), a los que evidentemente, también por el bien de todos, habría que poner en evidencia.
      A partir de ahí ya es cosa del público, en general, dar un saludable cambio a todo esto pidiendo más verdad en lo que nos venden y premiando a los que como J. J. Merelo se atreven a ofrecer esa verdad.
      Por lo demás, como siempre, gracias por tus incisivos comentarios y un cordial saludo.

    • jjmerelo dijo:

      A posteriori todo parece posible (o imposible). A priori, discrepo un tanto de Carlos y de los autores de “Fuego sobre San Juan”: por oposición de la población civil, por cuestiones logísticas y por el “destino manifiesto”, sino en el 98, Cuba habría acabado cayendo. Si la guerra hubiera durado un poco más (por factores morales o por casualidad) puede que se hubiera rechazado el primer envite, pero hay que recordar que Cuba está a una noche de navegación de Florida. El Reino Unido, a pesar del posible miedo, suministró carbón de alta calidad a la flota americana mientras que el que le suministró a los españoles estaba húmedo y no permitió que se funcionara con fiabilidad http://en.wikipedia.org/wiki/Battle_of_Santiago_de_Cuba. Tampoco debemos olvidar que, en un ejército de conscriptos, la población de los EE UU era entonces, como ahora, varias veces la de España o incluso que la de España y las exiguas colonias que había entonces.

      • Sí, pero… Tal y como tú lo planteas, parece posible. Un mayor impulso a la investigación científica aplicada, un poco más de confianza en nosotros mismos -cosa que un Prim vivo y consolidado hubiera conseguido- y Estados Unidos podría haber recibido una traumática paliza que hubiera cambiado las cosas si no del modo descrito en “Historia lógico-natural” sí de manera bastante radical, probablemente ahondando el aislacionismo estadounidense que a Hearst y Roosevelt les costó bastante cambiar de signo.
        Como bien dices, a posteriori todo puede parecer posible o imposible. En cualquier caso reitero que “Historia lógico-natural” tiene el gran mérito de lanzar durante 459 páginas muy gratas de leer el reto de atreverse a pensar una Historia alternativa que, quizás, tal vez, no está tan lejos de lo que ocurrió en nuestro 1898, donde un par de pequeños detalles distintos en la secuencia de hechos que conocemos como “Historia” de ese suceso, podrían haber dado un vuelco a la situación.
        Insisto de nuevo en lo que pasó en Cavite, donde Dewey sudó tinta y sólo la incomprensible decisión del almirante español -que sufrió un merecido consejo de guerra- le puso en la mano una victoria que no veía tan clara tras encajara andanada tras andanada de las unidades españolas como mnos cuenta el documentado libro de Rodriguez González.
        De haber hecho Cervera otro tanto en Santiago es posible que la otra flota yankee hubiera sufrido graves pérdidas.
        Así las cosas, ¿en qué estado hubieran quedado los Estados Unidos?. Ten en cuenta que, como recuerda el Memorial de la Marina estadounidense en Washington D. C. nuestro común amigo Teddy sólo consigue una flota digna de ese nombre y de desafiar a un Reino Unido, aún y todo bastante asustado, en 1907. Imaginemos lo que hubiera pasado si hubiesen salido escaldados del 98, en qué condiciones habrían estado, qué viejas heridas no se hubieran reabierto, qué revanchas no habrían salido a la luz, ¿a alguien le hubiera dado, tal vez, por cargarse a Teddy después de cargarse, como ya se cargaron en nuestra línea temporal a McKinley?. ¿Cómo hubieran reaccionado ante esto ciertos poderes fácticos -los Vanderbilt o los Astor, por ejemplo- ante esa posible oleada de inestabilidad política?. ¿Con pánico, dedicándose a la caza del emigrante italiano o centroeuropeo por la presencia entre ellos de numerosos anarquistas de los de “acción directa”, perfectos sospechosos de cargarse a McKinley y después a Teddy -si es que los españoles no se lo habían cargado ya en Cuba-, y después, después tal vez hubieran empezado con Hearst, luego con Ford, luego con quién sabe quién…?. Y a veces la imaginación juega muy malas pasadas. No importa que esos anarquistas, como pasó con Sacco y Vanzetti, no hicieran en realidad nada, pero el miedo… el miedo es libre, y sus consecuencias funestas. Perfectamente podría haberse dado, amplificado cientos de veces, algo parecido a las “guerras del ganado” descritas con tan poca fortuna por el gran Michael Cimino en “Las puertas del cielo”.
        Pensemos, pensemos en todo esto y veremos que hay espacio para seguir escribiendo muchas novelas como “Historia lógico-natural” o “Fuego sobre San Juan”, que nos devuelvan un reflejo un poco más justo, menos histérico y más histórico, de nuestro pasado.
        Un saludo cordial y gracias por el seguimiento.

      • Antígono dijo:

        Sin ánimo de crear polémica, pero tanto Montojo como Cervera se cubrieron de gloria, no sólo fueron manifiestamente incompetentes (como reza el dicho), sino que además tras su retorno se vendieron cuales “nelsones” hispanos de tal modo que todavía hoy gozan de un aura de respetabilidad que no se merecen.

      • Estimado Antígono: por mi parte no hay,desde luego, afán ninguno de polémica a ese respecto. Ciertamente la actuación de ambos fue penosa. Cervera tomó la peor decisión que se podía tomar, poniendo al grueso de la flota al alcance de los cañones yankees sin apenas posibilidad de respuesta efectiva por parte española. Lo de Montojo ya he dicho que fue aún peor, tal y como nos lo cuenta el una y mil veces recomendable libro de A. R. Rodríguez González.
        Da la impresión de que casi habían recibido órdenes secretas de hacer el peor papel que pudieran para contentar a Estados Unidos y zanjar la cosa sin hacer estallar la temida guerra mundial que luego, después de todo, acabó viniendo.
        Ante ese panorama novelas como “Fuego sobre San Juan” o la de J. J. Merelo son completamente elogiables, precisamente porque muestran, en contra del habitual histerismo histórico hispano, que la cosa no fue para tanto y que la victoria americana fue muy cogida por los pelos.
        Eso no tendrá otro mérito, pero al menos ayuda a calmar esa histeria histórica provocada por el, tan rápida como sospechosamente, llamado “Desastre del 98” que, sin ir más lejos, nos llevó, directa o indirectamente, a dos dictaduras y a una guerra civil en medio de ambas totalmente atroz y destructiva.
        Bienvenido sea todo lo que ayude a que las cabezas de los españoles medios anden un poco menos averiadas por estos fantasmas históricos, muchas veces sin verdadero fundamento.
        Como siempre gracias por el comentario y un saludo cordial.

  3. Antígono dijo:

    Gracias por responder tan pronto; lo cierto es que de ésta época pocos libros he visto. En la época del Centenario sacó el diario El País una colección de fascículos que sabían a poco, ya que más que en la guerra en sí, se centraban en la época posterior, la Generación del 98, el reinado de Alfonso XIII y las campañas en Marruecos….poco que ver con lo que se conmemoraba entonces.

    • No hay de qué estimado Antígono. Probablemente sí, mucho de lo que salió entonces sabía a poco. Los medios convencionales no suelen ser muy rompedores y, probablemente, aportaban muy poco y, seguramente, no plantearían tesis muy avanzadas sobre una contextualización más correcta del alcance, real, no imaginario, del 98, al que, realmente, llamar “Desastre” resulta muy exagerado. Principalmente por la expansión imperialista de España en África después de ese supuesto “Desastre” que fue, a la vista de los resultados prácticos, más un “bueno, soltad lo de América y Asía y ya os compensaremos”. Muchos marroquís y africanos de Guinea y toda esa zona fueron testigos de que, en efecto, España no había dejado precisamente de ser una potencia colonial. Evadir esos hechos en el habitual discurso decadentista sobre el 98 es injusto tanto para los españoles como para ellos, que sufrieron intensamente ese neoimperialismo hispano en África.
      Como siempre gracias por el comentario y un saludo.

  4. Sísifo dijo:

    Por una vez reconosco que me he saltado la lectura de su comentario, estimado maestro, para poder leerme esa novela (siempre y cuando esta locura de la internet me lo permita y la localice).
    No sabía ni que existiese.

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