¿Algo más que una “novela del Oeste”?. “Butcher´s crossing” de John Williams

Pues sí. “Butcher´s crossing” es más que una novela “del Oeste”. De eso no hay duda y, es de suponer, que eso era precisamente lo que esperaban leer los lectores de John Williams que ya han leído otras obras suyas, como la últimamente muy mencionada “Stoner”.

Sí, “Butcher´s crossing” es un relato asombroso, que, por una vez y sin que sirva de precedente, responde a todo lo que dicen, o prometen, de esa novela unos editores a los que hay que suponer, ante todo, ansiosos de vender lo que sea como sea.

Así es, “Butcher´s crossing” asombra desde el principio. Sobre todo si nos fijamos en la fecha en la que Williams la escribió originalmente. Fue en 1960. Sin embargo esa novela de Williams se adelanta en casi dos décadas a todo lo que hemos visto relacionado con el género del “Western”.

En efecto, escrita al final de la década de los cincuenta del siglo pasado, era de esperar que un relato que nos habla de cazadores de búfalos en el Oeste de los Estados Unidos de la década de 1870 fuese un relato cuando menos edulcorado, incluso ñoño, en el que el gran padre blanco y sus representantes ante los “salvajes”, que, supuestamente, sólo sabían beber whisky y decir “jau”, saliesen una vez más triunfantes encarnados en el paso renqueante y bastante chulesco característico de John Wayne.

Un relato en el que las prostitutas de los “saloons” serían alegres chicas vestidas con deslumbrantes corpiños de raso de vivos colores, que sólo esperan divertirse en las, inevitablemente también divertidas, peleas de sábado por la noche organizadas por unos vaqueros algo revoltosos pero, en el fondo, buenos chicos que son paternalmente reconducidos por el duro pero, también en el fondo, benevolente “sheriff” del lugar…

En resumen, era de esperar que una novela ambientada en el “Salvaje Oeste”, escrita en los Estados Unidos de finales de los cincuenta del siglo pasado, sólo contuviera eso, que era justo todo lo que los productores de Hollywood de esa época consideraban aceptable para su público de esas fechas y que estamos cansados de ver en cientos de películas, a veces firmadas por genios como John Ford.

Algo casi tan estereotipado como las novelas “del Oeste” escritas entre finales del siglo XIX y la sexta década del XX.

“Butcher´s crossing” es, sin embargo, justo todo lo contrario de lo que alguien se podría esperar, o, más bien, temer de una novela “del Oeste” publicada en 1960 y levemente revisada en los ochenta del siglo pasado.

Así es. Recapitulemos: “Butcher´s crossing” fue escrita y publicada antes de que se estrenase cualquiera de esos que se han llamado “Western crepusculares”. Incluso bastante antes de las primeras películas que iniciaban un tímido revisionismo del género. Como es el caso de “El gran combate”, que Hollywood autorizó a rodar a un director tan consagrado ya como John Ford y en el cual los villanos eran, por primera vez y con meridiana claridad, los invasores blancos del territorio indio y los héroes los hombres y mujeres de la nación Cheyenne, que preferían morir huyendo a tierras en las que aún podían ser libres antes que caer bajo el poder de los blancos, sus reservas, sus ferrocarriles y el resto de la parafernalia con la que estos -los blancos- ganaron el “Oeste”, como rezaba el título original de una de las películas prototípicas del género anteriores a “El gran combate”, “La conquista del Oeste” de Henry Hathaway, estrenada en 1962.

Así es “El gran combate” data del año 1964, cuatro, por tanto, después de que “Butcher´s crossing” viera la luz y nos contase cómo Will Andrews -el joven pisaverde de Boston, desertor de la elitista Universidad de Harvard- llega a Butcher´s crossing para tratar de vivir la vida de un modo más intenso del que lo ha vivido hasta ese momento en el seguro pero, a la vez, pálido, gris y frío Este de Estados Unidos. Un anhelo que se concreta en una expedición en busca de una mítica manada de búfalos que conduce a Andrews y sus asociados en la aventura -el veterano cazador Miller, el manco obseso del whisky y de la religión Charley Hoge y el inquietante Fred Schneider- hasta unas praderas desoladas, llenas de huesos de bisontes que se blanquean al sol y vacías de indios. Salvo por unos inofensivos “indios de río”, así llamados en la novela, y a los que los veteranos de la expedición financiada por Will Andrews ven con condescendencia, describiéndolos como gente a la que no merece ya la pena ni disparar, plasmando en esa breve frase todo lo que John Ford tardará otros cuatro años en contar al gran público que irá a las salas de cine a ver “El gran combate”.

“Butcher´s crossing” también se adelanta en diez años a “Pequeño gran hombre”, la película de Arthur Penn en la que se ponía en solfa, aún más que en “El gran combate”, la visión redentora del hombre blanco con respecto a los “indios salvajes” y otros mitos de las películas “del Oeste”, como la infecta calidad de las poblaciones que van surgiendo al calor del ferrocarril y el avance de los colonos hacia el Oeste de lo que se va forjando como “Estados Unidos”. Unos auténticos barrizales donde se junta toda clase de variopinta humanidad: pistoleros profesionales, hombres de iglesia de dudosa inteligencia y sensibilidad e inconscientes cazadores de búfalos, bien representados por los que arrojan una apolillada piel de ese animal a un “pequeño gran hombre” que, incapaz de encontrar su camino de vuelta al mundo de “los blancos”, decide suicidarse lentamente con alcohol de ínfima calidad.

La novela de Charles Portis “Valor de ley”, que rompía también todos los esquemas del “Western” estereotipado anterior a los finales de la década de los sesenta, y que ya analizamos en “La novela antihistórica” en marzo del año 2011, fue publicada ocho años después de que “Butcher´s crossing” saliera a la luz.

Otro tanto se puede decir de la “Trilogía de los dólares” de Sergio Leone, que venía a ser el equivalente cinematográfico a lo que Charles Portis había hecho en Literatura y que tan mala adaptación al cine tuvo hasta que los hermanos Coen la tomaron por su cuenta y riesgo para estrenar en el año 2011 una versión mucho más fiel al texto literario.

“Butcher´s crossing” es también anterior en once años a “El hombre de una tierra salvaje” en la que Richard C. Sarafian se despachaba a gusto con el mito de los cazadores blancos que colonizan y, se supone, civilizan el Oeste, reflejados en esta película como verdaderos desalmados, aventureros sin ley ni esperanza alguna, que entran en territorio indio para destruir toda una civilización que los ve del mismo modo en el que son reflejados los invasores alienígenas de la Tierra -por lo general, y para resumir, de la zona de ésta que responde al nombre de Estados Unidos- en las películas de ciencia-ficción. Guiño especialmente notable en las escenas en las que los indios celebran consejo de guerra para saber qué se ha de hacer con la extraña canoa gigante montada sobre ruedas que atraviesa su territorio cargada de pieles en una odisea muy similar a la que Williams plantea en “Butcher´s crossing”. Una en la que la caza se convierte en una metáfora de la explotación y destrucción irracional de la Naturaleza para, realmente, no conseguir nada. Salvo una aventura vacua sobre la que -parece que es evidente- John Williams nos quería hacer reflexionar en 1960, del mismo modo que Sarafian pretendió hacerlo en su película once años después de ese envite, de ese desafío intelectual lanzado por Williams en “Butcher´s crossing”.

Doce son los años que separan a la primera edición de “Butcher´s crossing” de “Las aventuras de Jeremías Johnson”, en la que Sidney Pollack daba una vuelta de tuerca más a lo que ya habían mostrado Arthur Penn en “Pequeño gran hombre” y Sarafian en “El hombre de una tierra salvaje”. Pollack planteaba en su película, en efecto, la relación entre los cazadores blancos, la Naturaleza salvaje en la que penetran y los pueblos que ya la habitan y conviven con ella, como la historia de un conflicto constante, permanente. Uno que protagonizan incluso los colonos mejor dispuestos, como es el caso de Jeremías Johnson, que no duda en aceptar una esposa india y esos elementos naturales y humanos -representados por los Crow- que, sin embargo, sólo admitirán al recién llegado tras hacerle expiar sus errores, sus violencias cometidas por ser incapaz de dejar atrás las lealtades al mundo de los blancos, poniéndolas por delante de las más íntimas creencias religiosas de su vecinos más próximos. Precisamente esos Absaroke -o Nación Crow- que combaten contra él sin descanso, en busca de venganza.

“Butcher´s crossing” es aún más anterior a “Sin perdón”, la magnífica película con la que Clint Eastwood, aparte de salvar un género totalmente agotado en 1992 -es decir, treinta y dos años después de que la novela de Williams fuera publicada-, dará la última vuelta de tuerca al discurso del “Western” que podríamos llamar “clásico”, describiendo descarnadamente que la Ley y el Orden caen en esos territorios “del Oeste” -difusos, aún semicivilizados- en manos de auténticos delincuentes como el “sheriff” magníficamente representado en esa película por Gene Hackman. Eso, o, sobre todo, que las prostitutas de los “saloons” no eran chicas pintarrajeadas, alegres y vestidas con bonitos corpiños de raso de colores chillones, sino seres humanos reales, cargados de problemas y preocupaciones muy concretas que, en la mayor parte de las ocasiones, estaban relacionadas con una condición laboral no precisamente elegida sino forzada, desarrollando así Eastwood en imágenes el complejo relato psicológico que pasa de parte a parte la novela de John Williams. Ese que se centra en el enamoramiento de Will Andrews de Francine, una de las chicas que sirve en el ominoso, nada deslumbrante y mal iluminado “saloon” de Butcher´s crossing, que, en efecto, no tiene nada que envidiar a cualquier otro fielmente reflejado en cualquiera de los “Western” crepusculares que aparecieron, uno tras otro, años después de que Williams publicase su novela.

Así es, en “Butcher´s crossing”, por boca de Will Andrews, aprendemos la realidad histórica, tangible, de lo que el cine “del Oeste”, hasta el “Western” crepuscular, hasta “Sin perdón”, escamotea durante su etapa clásica sobre las mujeres que se han convertido en una parte más tanto de ese estereotipo como de la realidad de la que fue sacado.

Williams describe así, por ejemplo, el horror que a su protagonista le produce la idea de acostarse con Francine, imaginándose la cantidad de clientes que han pasado por los brazos de esa mujer con la que él ha establecido unos primeros lazos de afecto tras su llegada a Butcher´s crossing.

Describe también el vacío en el que acaba cayendo la relación cuando se consuma después de que Andrews descubra dónde acaban, exactamente, las expediciones de caza en el verdadero “Salvaje Oeste”. Las mismas que poco tienen que ver con las reflejadas en la mayor parte de las películas “de vaqueros” de los años cincuenta y sí mucho con la realidad histórica de la que Williams, según todos los indicios, alimentó su novela.

Una que se puede leer, sin ningún temor, estando seguros de que de ella se puede sacar ese verdadero conocimiento que da la buena Literatura, la que se basa en la realidad y la sabe manejar para enseñar algo sobre lo que hacen esos complejos seres que marchan a lo largo de los siglos sobre esa bola de barro llamada “Tierra”.

Los mismos que faltan en muchas novelas “del Oeste” o en las películas “de vaqueros” anteriores al “Western” crepuscular con las que, hay que insistir en ese detalle, poco, muy poco, tiene que ver “Butcher´s crossing”. Como comprobarán todos los que tengan la gran idea de leer esa novela.

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Acerca de Carlos Rilova Jericó

Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Administrador del weblog de "La novela antihistórica", creada como página de crítica independiente en el año 2010 para ayudar a mejorar el criterio de selección de obras de gran difusión comercial entre el público y redactor de la reseña mensual de acceso libre publicada en esa página cada día 20 de cada mes. Director del banco de imágenes y centro de investigación histórica "La colección Reding". Profesional de la investigación histórica y cultural para diversas empresas y organismos públicos desde el año 1996.
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8 respuestas a ¿Algo más que una “novela del Oeste”?. “Butcher´s crossing” de John Williams

  1. Muy buena reseña.
    Me ha gustado ese recorrido por las películas del oeste.

    Me apunto el libro.
    Saludos

    • Gracias. Pues nada, ánimo con “Butcher´s crossing”. Si “Stoner” te gustó, esta no te defraudará. El final es algo más rotundo, pero, bueno, eso ya es cuestión de opiniones y ya te formarás tú mismo la tuya cuando llegues a la última página.
      Un saludo.

  2. Mientrasleo dijo:

    También lo he leído. El mismo día que salió con Lumen lo estaba comprando para traérmelo a casa. Considero que Williams ha sido uno de mis grandes descubrimientos de los últimos años y lamento que sólo me quede un título suyo por leer, esta vez de romanos.
    Casi me da pena leerlo puesto que no habrá nada más. Es un extraordinario narrador
    Besos

    • Ciertamente es una pena que Williams escribiera tan poco, pero quizás, de haber escrito más, la calidad se hubiera resentido. Con esto nunca se sabe. No hay más que ver al personaje de Michael Douglas en “Jóvenes prodigiosos” que tiene bastante en común con Wiliams.
      Lo cierto es que las situaciones y los personajes de Williams son totalmente envolventes, te mete de lleno en la época, sin concesiones, te pone ante el hecho de que esas son las cartas que se han barajado a cada personaje y no hay más, no les queda nada más que vivir intensamente esa situación, bien, mal, mejor, peor.
      El caso del protagonista de “Butcher´s crossing”, Will Andrews, es perfecto en ese sentido. El modo en el que trata con Francine, deseándola pero al mismo tiempo horrorizándose por el abismo de clientes que han pasado por ella y luego no pudiendo despegarse de ella, y la reacción final que, claro, no voy a desvelar aquí.
      En fin, ¿qué podemos decir?. Nada. Hay que ser John Williams para poder decir algo mejor y en tal caso el silencio, como suelen decir, es mucho más hermoso.

  3. Victor dijo:

    Hola ! Recomiendo una novela trepidante del Oeste: ” TIEMPOS PERDIDOS “. Si os gustan las típicas novelas de pocas páginas ” pulp “, este libro os convencerá. Podéis leer la sinopsis y el primer capítulo en: http://bubok.es/libros/228290/TIEMPOS-PERDIDOS
    Gracias y saludos.

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