Un inesperado best-seller, “Historia de dos ciudades” de Charles Dickens

Hay varias ediciones vivas de la novela de la que nos vamos a ocupar hoy. Así es posible encontrar en las librerías la de Alianza, la ya clásica de Cátedra y también la edición de Alba que, sin embargo, es la que llama más la atención.

Sans-cullottes en el París revolucionario. Ilustración de Job para el "Bonaparte" de Georges Montorgueil.(1910) Ejemplar de La colección Reding

Y la llama porque en su portada puede verse en algunas librerías que esa que tenemos ante nosotros es ya la segunda edición de esa vieja novela, “Historia de dos ciudades”.

Algo verdaderamente sorprendente. En primer lugar porque estamos ante la novela de un autor muerto y bastante olvidado desde hace años.

En efecto, pasado el “revival” de su figura a través de una novela best-seller como “El último Dickens” de Matthew Pearl -una de las primeras reseñas, por cierto, de “La novela antihistórica”-, hay pocos motivos para que el autor de “Historia de dos ciudades” esté de moda o, incluso, sea recordado por los lectores que llenan las librerías y están más pendientes de consumir las últimas y más comentadas novedades editoriales que de venerables autores a situar bajo la etiqueta de “clásicos”. Esa misma que, traducida a lenguaje actual, viene a significar, más o menos, “grandes libros que no he leído por falta de tiempo y debería leer, si no tuviera que enfrentarme cada mes a un vendaval de nuevas sensaciones literarias del año, del mes, de la semana, del día…”

Todo, o casi todo, está, pues, en contra de que “Historia de dos ciudades” se convierta en un libro que pueda vender más de una edición. No hay en marcha una serie de televisión, ni película, ni montaje de opera rock o de obra de Broadway sobre su autor o alguna de sus novelas, no ha aparecido ningún insondable secreto sobre dicho autor que ignorásemos desde hace 175 años, sobre él o sobre alguna de sus obras…

En suma, no hay razón aparente -dejando aparte que el año pasado fue el bicentenario del nacimiento del autor- que pueda explicar ese repentino éxito de “Historia de dos ciudades” en el mercado literario en español.

Y sin embargo… sin embargo el libro se mueve por las librerías con notable éxito, según se ve por la edición de Alba y sólo por eso reseñarlo no será, seguramente, ningún ejercicio baldío.

Un razonamiento que nos lleva a preguntarnos, ya, qué razones hacen que “Historia de dos ciudades” sea un libro que gusta todavía hoy y qué sacarán en claro de él los que se atrevan a leerlo.

A eso se puede empezar respondiendo que a Dickens se le puede igualmente acusar de sensiblero, de pequeño burgués victoriano, de plomizo escritor de folletines que nada dicen ya a las gentes de la era de la imagen en movimiento e Internet, acostumbradas a una transmisión de imágenes y datos que para nuestros antepasados decimonónicos -es el caso de Dickens- resultaría verdaderamente vertiginosa, y no están, por tanto, para esperar entregas de espesa literatura de semana en semana. Entregas que no pueden “bajarse” por adelantado de ningún sitio, como desaprensivamente se “bajan” temporadas enteras de esas series de televisión que han venido a sustituir a esos folletines que hicieron millonario a Charles Dickens…

Se puede decir todo eso en contra de Dickens y se puede tener razón en todo, o en parte al menos.

Sans-cullottes en ell París revolucionario Ilustración de Job para el Bonaparte de Georges Montorgueil.(1910) Ejemplar de La colección Reding 3

Pero, evidentemente, algo tiene que haber en “Historia de dos ciudades” para que tenga hoy ese éxito que parece estar teniendo en la edición de Alba y, además, en un mercado tan tradicionalmente difícil como el español, en el que un libro que venda más de tres mil ejemplares se considera ya todo un bombazo editorial.

En principio, puede parecer difícil saber qué puede tener de atractivo un libro como ése, que tendría que despertar cuando menos suspicacia en una sociedad que tiene ya como asumido -salvo rupestres excepciones- que la revolución francesa de 1789, en torno a la que gira esa novela, fue un acontecimiento histórico positivo en general. Y sobre todo para la clase media ilustrada que compone, al menos de momento, el sector más importante del público que lee y compra libros.

Y es que esa imagen en general positiva de la revolución de 1789, es algo que, en principio, no queda precisamente claro en “Historia de dos ciudades”.

En efecto, es muy fácil encontrar en el libro episodios en los que las masas revolucionarias son descritas por Dickens como algo aterrador. Tan aterrador como aquello que aterraba a la clase media victoriana que seguía con fruición los folletines del señor Dickens, relativamente cómoda en sus casas, junto a sus chimeneas, aunque algo inquieta por las masas de desheredados que llenaban los límites exteriores de Londres, París, Viena, Madrid… y podían jugar, fácilmente, el papel de herederos de esos sans-culottes pintados muchas veces en “Historia de dos ciudades” con tintas verdaderamente negras.

Por ejemplo, en la parte de la novela en la que ocurre uno de los episodios más famosos de la misma: cuando el barril de vino que va a la taberna del futuro ciudadano Defarge cae el suelo y desparrama su contenido por las sucias calles del “faubourg” Saint-Antoine de París.

Sans-culottes

Dickens describe en esas páginas a una turba de hombres y mujeres de todas las edades y niños sumidos en la más abyecta de las miserias. Una de esas que lleva a recoger del suelo el alimento, aunque venga mezclado con barro, con las manos, con trapos viejos, con los propios harapos con que se visten.

Se trata de personajes que apenas en nada recuerdan a los que unos años después se van a lanzar contra la cercana Bastilla, la prisión de estado convertida en símbolo de la cada vez más odiada monarquía absoluta francesa.

Dickens, en efecto, los describe casi como miembros de una tribu norteafricana, semisalvajes, de pieles oscuras, brazos peludos, cabelleras enmarañadas sobre las que ni siquiera pone un sombrero o unas tocas que, en ese momento y lugar -la Europa anterior a la revolución- estaban en todas las cabezas, por pobres que fueran sus dueños. Sencillamente porque aunque el genio se tome esa licencia poética, en la época -y también en la de Dickens, de hecho-, era inconcebible ir por ahí con la cabeza descubierta, independientemente de lo pobre, o lo rico, que se fuera.

Ese temor a la revolución de 1789 y a sus protagonistas es algo que se ve aún con más fuerza en las escenas de la novela en las que ese acontecimiento ya ha estallado, cuando ese pueblo de París empieza a tomarse la Justicia por su mano y a adornar con cabezas las picas que han sacado de las armerías y los árboles con los cuerpos de los enemigos que van descubriendo a cada paso, por unas calles que hacen suyas al grito de consignas revolucionarias.

Ese miedo, y casi desprecio, hacia la revolución y los que la protagonizan es algo que Dickens refleja especialmente en las páginas finales del libro, cuando una horrorizada Lucie Manette, hija de una víctima de la monarquía absoluta pero, a su vez, esposa de un aristócrata, tiene que ver al bajo pueblo de París bailando la Carmañola, celebrando las próximas ejecuciones en las que, se supone, caerá la cabeza de Charles Darnay por el mero hecho de ser aristócrata. A pesar de que es una condición a la que ha renunciado, uniéndose a la señorita Manette, hija -insistimos- de una víctima de las injusticias de la Francia monárquica precisamente encarnadas por el tío de Charles de Saint-Evrémonde, que ha preferido pasar a ser, simplemente, el ciudadano Darnay…

En esas páginas de “Historia de dos ciudades” se vuelve a describir a los revolucionarios franceses como una turba de salvajes sedientos de sangre, que gritan, se golpean mutuamente y bailan frenéticamente celebrando la muerte de otros seres humanos…

Todo ello muy desagradable, en efecto, para ese público actual que sabe, más o menos perfectamente, más o menos intuitivamente, que el tiempo y la posibilidad de leer tranquilamente obras como “Historia de dos ciudades” es una herencia más o menos directa del triunfo más o menos total de esos hombres y mujeres -retratados como fieras salvajes por Dickens- sobre el orden encarnado por personajes como Monseigneur, el tío de Charles Darnay, uno de los principales protagonistas de la novela.

Sin embargo, no es tan difícil entender que a ese público, casi unánimemente simpatizante de los sans-culottes, “Historia de dos ciudades” no le resulte, a pesar de todo lo dicho, un mohoso panfleto reaccionario al que no habría que dedicar ni dos minutos de atención y menos aún de lectura.

En efecto, desde el comienzo de “Historia de dos ciudades” Dickens deja claro que no va a escribir una Historia literaria de la revolución francesa que pueda resultar partidista. Y menos aún a favor del orden encarnado por gentes como el marqués de Saint-Evrémonde. Las palabras con las que abre el primer capítulo de esa novela -uno de los mejores comienzos de la Literatura universal- ya lo dejan muy claro: “Era el mejor y el peor de los tiempos, una edad de sabiduría y de necedad”. Es decir, una época en la que, como en casi todas, cabe lo mejor y lo peor de lo que es capaz el ser humano.

Sans-cullottes en ell París revolucionario Ilustración de Job para el Bonaparte de Georges Montorgueil.(1910) Ejemplar de La colección Reding 4

Algo de lo que da fe, con breves pinceladas, el mismo Dickens, cuando alude a los reyes de Inglaterra y Francia y a sus cortesanos -“administradores de reservas de panes y peces”- incapaces de creer que el Mundo del que son dueños fuera a cambiar en modo alguno, o al describir las creencias supersticiosas que circulan en la aparentemente ilustrada Inglaterra de ese año de 1775 en el que comienza la novela…

Sí, Dickens, en efecto, es capaz de transcenderse en “Historia de dos ciudades” a sí mismo, a su propia clase, y a la clase social mayoritaria entre sus lectores y explicar, sin ofender demasiado a los que le leían y de los que, al fin y al cabo, él dependía, que la miseria, la crueldad sistemática y en apariencia gratuita de aquellos dueños del Mundo antes de 1789 es la que crea esos cuadros de brutalidad revolucionaria que toman cuerpo en la segunda parte de la novela y conducen, en definitiva, al sublime sacrificio de Sidney Carton, hecho por un sentimiento también tan sublime como el amor por una mujer, Lucie Manette, que ni siquiera ha estado cerca de ser definitivamente suya.

Así, frente a episodios como los que he ido citando, en los que la revolución de 1789 parece reducirse a masas revolucionarias aparentemente formadas por verdaderos salvajes irracionales, dignos de todos los desprecios, Dickens introdujo en “Historia de dos ciudades” otros pasajes que ayudan a comprender los hechos de 1789. Y, más importante aún, qué atrocidades justificaban, o, al menos, explicaban esa sed de sangre y cabezas cortadas paseadas en la punta de una pica que describen otras páginas de “Historia de dos ciudades”. Algo que la novela hace casi con tanta precisión como “Los sans-culottes”, obra que el historiador Albert Soboul dedicaba a estudiar, sistemáticamente, a ese grupo protagonista de la novela de Dickens y su intenso papel en la revolución de 1789.

Es el caso, por ejemplo, de los capítulos de “Historia de dos ciudades” titulados “Monseigneur en la ciudad”, “Monseigneur en el campo” y “La cabeza de la Gorgona”, que culmina a los dos primeros.

En ellos se ve a una aristocracia indolente, falta de escrúpulos de todo tipo, y, sobre todo, tratando al bajo pueblo -que se va a convertir en el principal adepto a las ideas revolucionarias- como si no fueran siquiera seres humanos, sometiéndolos por el terror y el hambre que los convierte en una suerte de espectros sin esperanza sobre los que gentes tan despreciables como Monseigneur tienen derecho de vida y muerte. O, al menos, de tasar su vida a muy bajo precio, como ocurre con la del niño atropellado por la carroza de Monseigneur, que desencadena la serie de sucesos que Dickens describe con un pulso magnífico en esos tres capítulos de su novela.

Detalles como esos, en definitiva, son los que hacen de “Historia de dos ciudades” algo tan diferente, aunque a primera vista no lo parezca, de panfletos contrarrevolucionarios como la serie de “La Pimpinela Escarlata” de la baronesa de Orczy, en los que, contra toda evidencia, la nobleza francesa del Antiguo Régimen sólo tendría en ese complejo proceso histórico, del que sale nuestro mundo actual, el siempre agradecido papel -históricamente hablando- de víctimas inocentes de un pueblo de bárbaros desagradecidos.

Eso, en definitiva, debería bastar para explicar las razones por las que “Historia de dos ciudades” se ha convertido en un inesperado best-seller.

5

Eso también explicaría las razones por las que habría que alegrarse de ese éxito y recomendar, sin reservas, la lectura de esa “Historia de dos ciudades” convertida en un inesperado best-seller que, además de gran Literatura, es un gran relato de iniciación a una parte de la Historia fundamental para comprender el tiempo presente que aún nos rodea todavía hoy.

Anuncios

Acerca de Carlos Rilova Jericó

Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Administrador del weblog de "La novela antihistórica", creada como página de crítica independiente en el año 2010 para ayudar a mejorar el criterio de selección de obras de gran difusión comercial entre el público y redactor de la reseña mensual de acceso libre publicada en esa página cada día 20 de cada mes. Director del banco de imágenes y centro de investigación histórica "La colección Reding". Profesional de la investigación histórica y cultural para diversas empresas y organismos públicos desde el año 1996.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

13 respuestas a Un inesperado best-seller, “Historia de dos ciudades” de Charles Dickens

  1. Antígono dijo:

    Pues debo decir (para mi vergüenza) que no he leído nada de Dickens, ni siquiera el clásico de Historia de Dos Ciudades. La verdad es que es una lectora que tengo pendiente (y son tantas), lo cierto es que aunque el argumento es interesante, Dickens siempre ha tenido una fama de ser un autor lacrimógeno.
    De todas formas, supongo que esta nueva puesta el día quizá tenga que ver con la relación con las Guerras Napoleónicas (de las que la Revolución Francesa es embrión) y con el bicentenario de ese conflicto.

    • Antígono dijo:

      Lectora no, lectura. Que errata he calzado.

    • Estimado Antígono: tranquilo por lo de la errata, como se suele decir hasta el mejor escribano echa un borrón. Por lo demás sólo puedo recomendarte que te leas la novela. Ciertamente Dickens es para nuestro gusto actual lacrimógeno y otras faltas propias de esa era victoriana de la que hoy nos reímos, pero en “Historia de dos ciudades” se supera a sí mismo.
      Es un libro verdaderamente ágil a pesar de ser denso.
      Con respecto al éxito de la novela yo apuesto más por el hecho de que el año pasado fue el bicentenario del nacimiento del autor. Ahora bien ¿por qué se ha reflejado ese interés sobre todo en la lectura de “Historia de dos ciudades”?. Esa es ya es otra cuestión. Yo, insisto, creo que tiene que ver con que Dickens está en estado de gracia literaria cuando la escribe, hace en ella verdadera Literatura universal y atemporal. Como para gustar a lectores de muchas épocas y lugares distintos y de ahí vendría el que se haya convertido en un inesperado best-seller.
      Gracias, nuevamente por tu atenta lectura de la reseña mensual y por tu comentario.

  2. Sísifo dijo:

    Don Carlos, dos de dos, tampoco la he leido y me parece que tendré que buscarla un hueco entre los folletines televisivos por capítulos que me bajo con la mula. De este caballero disfruté “Los papeles póstumos del Club Pickwick”, y me pareció grandiosa en su ritmo y en la descripción de una era, y me enternecí hasta la lágrima con “Cuento de Navidad”.
    Entiendo que la obra de 1859 que analiza usted hoy siga teniendo buena venta porque las que he citado arriba eran unos 20 años más viejas y poseen un “tempo” actual. De hecho, tras unos inicios tan buenos con la literatura decimonónica inglesa me animé con el “Tom Jones” (1849) de Fielding y no me gustó tanto.
    Un Saludo,
    Sísifo

    • Estimado Sísifo: pues nada, anímese entre capítulo y capítulo de “The wire” o “Revolution” o las que sean, a hincarle el diente a “Historia de dos ciudades”.Sorprende en efecto la habilidad de Dickens para resultar tan fresco después de tantos años, después de más de un siglo. Y el contenido es también de los que dan sentido a palabras como “gran”, “Literatura” y “universal”.
      ¿Qué más se puede pedir?.
      Gracias por sus comentarios y un saludo.

  3. Cuánto me agrada ver que alguien tan bien informado y que tan a gusto se lee traiga a su blog esta novela de Dickens de la forma en que usted lo ha hecho.
    Es de todas las que he leído o intentado leer la única que me ha hecho disfrutar de principio a fin.
    Cuando dediqué a este autor una serie de entradas en mi blog, con ocasión de su bicentenario, también manifesté que esta obra era una buena forma de introducir a los jóvenes en eso que se denomina ahora como “educación en valores”, creo que en mi época de estudiante se llamaba Ética.
    Vine a decir que esta novela era “…un gran medio para acercarse al Terror de la Revolución Francesa, a la crueldad de las masas anónimas y a la facilidad de las venganzas cuando las personas acceden al poder.”
    Un gusto leerle y coincidir en la obra de este vasto autor inglés.
    Saludos

    • Estimado Un Sur con mucho Norte: gracias por los elogios, como siempre. Yo también celebro en haber coincidido en el análisis. Realmente, abordando con buen criterio “Historia de dos ciudades”, sólo se puede alabar a Dickens, por lo que nos cuenta sobre esa revolución capital para comprender nuestro presente y por el modo en el que escribe esta novela en la que parece en estado de gracia literaria, y eso se lo dice alguien a quien a tierna edad le pusieron la difícil tarea de leerse “David Copperfield” -jamás he podido olvidar desde entonces la sabia contabilidad del señor Micawber-y que se aburrió solemnemente leyendo los para otros famosos “Cuentos de Boz”.
      Gracias por el comentario y un saludo

  4. Mientrasleo dijo:

    Impresionante, parece que hiciste cierto eso de que “nunca está todo dicho”

  5. alkibla dijo:

    Excelente reseña, como de costumbre. Gracias y Felices Pascuas.

  6. Jesús dijo:

    Muy interesante la reseña. Sobre todo teniendo en cuenta que procede de un doctor en historia. Me saca de dudas acerca de la verosimilitud del relato; de hecho he llegado hasta este blog buscando respuestas a mis dudas. La novela me ha parecido excelente y con muchos pasajes realmente impresionantes, fascinantes. Para mí, sobre todo, aquellos en los que se refiere a los aspectos sociales de la revolución. En efecto, en otros es muy lacrimógeno, pero la excelencia del resto lo compensa de sobras.
    Yo acabo de leer la novela y era la quinta edición. Con independencia de otras circunstancias, yo creo que el éxito de ventas tiene también que ver con el producto ofrecido, un tamaño de letra adecuado y una maquetacion de calidad en una encuadernación rústica de Alba minus a un precio muy contenido. Si además te lo encuentras en las estanterías de las librerías y en varios cánones literarios figura como una gran novela tenemos la mezcla adecuada.
    Por otra parte aprovecho para señalar que durante mucho tiempo he sufrido la lectura de clásicos universales en versiones lamentables. Recuerdo haber padecido una de Orgullo y prejuicio con una traducción penosa y una tipografía infame.
    Resultaba especialmente doloroso cuando comparabas estas ediciones con el lujo de las ediciones de novelas actuales perfectamente prescindibles. Y eso sucede hasta en los fondos de las bibliotecas públicas. Ahora voy viendo un esfuerzo de las editoriales por mejorar en este aspecto.
    Finalmente, y pido disculpas por este ladrillo, desde que leí a Curzio Malaparte creo que a veces es posible aprender más historia y comprender mejor las sociedades de su tiempo a través de la literatura. Sobre todo si está narrada por alguien que vivió los acontecimientos que novela (ya sé que no es este caso, pues se trata de una novela histórica).
    Muchas gracias por la reseña. A partir de ahora le seguiré.
    Un saludo

    • Estimado Jesús: no se preocupe por el “ladrillo”. Son todas observaciones muy justas y bien está que estén a la vista del público. Al menos del que lee esta página, que para eso está y espera no defraudarle en sus sucesivas ediciones.
      Un cordial saludo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s