Sin duda una obra maestra: “El fuerte” de Bernard Cornwell

Hace más o menos un año, en mayo de 2012, se hablaba en esta página, en este escaparate de “La novela antihistórica”, de “Rebelde” de Bernard Cornwell.

 

La crítica que se hacía de esa novela era justamente la opuesta a la que se hizo a la primera novela de ese mismo autor que tuvo el más que dudoso honor de comparecer por aquí en febrero del año 2011, apenas “La novela antihistórica” había comenzado su andadura.

La conclusión de la reseña de mayo de 2012, dedicada a “Rebelde”, era que, si quería, Bernard Cornwell podía hacer magníficas novelas históricas que, además, podían convertirse en best-sellers, como casi todo lo que él toca con su pluma, su vieja Remington, su ordenador o la herramienta con la que sus manías de escritor le lleven a escribir su ya larga obra.

La lectura de “El fuerte”, ante la que el que estas líneas firma tenía ciertas reservas, sólo confirma -al menos para un crítico responsable y sincero- esa impresión que se podía sacar de “Rebelde”. Es más, incluso la mejora.

En efecto, es obligado reconocer que, con “El fuerte”, Cornwell ha llegado a toda la perfección que es humanamente posible en el subgénero de novela que le ha dado fama y fortuna desde los años setenta del siglo XX hasta hoy.

Esta novela, “El fuerte”, realmente tiene merecido continuar casi un año después de su publicación en castellano por la editorial Edhasa en los estantes de las librerías, de cara al público.

La justificación de estas afirmaciones se puede encontrar desde la primera página que volvemos después de levantar la cubierta sugerentemente ilustrada de “El fuerte”.

Cornwell nos sumerge, ya casi desde ese momento, en la época en la que ha decidido ambientar su nueva novela, el verano del año 1779, en los comienzos de la que luego se llamará Guerra de Independencia de los Estados Unidos o, en ocasiones, sobre todo dentro de ese país, “Guerra revolucionaria”.

Y la tarea que emprende ahí Cornwell no es nada sencilla. Cualquiera en cuyas manos caiga “El fuerte” se dará cuenta, pronto, de que Cornwell parece haberse apostado consigo mismo ser capaz de llenar más de quinientas páginas relatando un acontecimiento, que apenas duró unos meses a lo largo de ese verano de 1779, limitado además a  un pequeño pedazo de terreno de Maine, en la  costa Este de los actuales Estados Unidos. Concretamente el de una minúscula península, nombrada durante toda la novela por su enrevesado topónimo indio, Majabigwaduce, en la desembocadura del igualmente nativo americano, pero más pronunciable, río Penobscot.

Y consigue ganarse  esa apuesta.

En efecto, el libro apenas pesa en las manos y Cornwell sabe cómo lograr que la Historia pura y dura de aquellos acontecimientos se convierta en una intriga digna de Dan Brown sin desvirtuarse, lo más mínimo, al convertirse en Literatura

El método que ha utilizado es casi inédito en ese subgénero de novela histórica del que, no siempre con razón, se le ha considerado uno de sus mejores representantes a nivel internacional.

Consiste en ir introduciendo, como preludio a cada uno de los capítulos de la novela, la transcripción de diversos documentos generados por los personajes históricos involucrados en los acontecimientos que constituyen la trama básica sobre la que se desarrolla “El fuerte”. A continuación Cornwell convierte en Literatura, ante los ojos del lector, lo que el documento cuenta y lo hace, justo es reconocerlo, con absoluta maestría, superándose a sí mismo, por mucho, y a la mayoría de los autores que han transitado por la novela histórica antes que él.

 

Nos encontramos así en “El fuerte” con cartas o partes de guerra firmados, por ejemplo, por el brigadier Francis McLean, el mando británico encargado por el gobierno de Su Graciosa Majestad de controlar y retener esa franja de terreno en la desembocadura del Penobscot, aún leal a la metrópoli, por medio de la construcción del fuerte que da título a la novela. También transcribe Cornwell fragmentos de memorias de guerra o crónicas sobre esos hechos dictados años después por sus protagonistas y documentación administrativa en la que instituciones como el Congreso de los recién fundados Estados Unidos, o la Asamblea del estado de Massachusetts, dan los detalles de esos hechos históricos que Cornwell convierte en novela histórica de una gran calidad.

Aparte de eso, como es habitual en las novelas de Bernard Cornwell, no falta detalle en las minuciosas reconstrucciones de los episodios bélicos que van salpicando las páginas de “El fuerte”, constituyendo, de hecho, el núcleo de la acción de la novela.

Es el caso, por ejemplo, del gradual acercamiento a Majabigwaduce de la flota de combate y transportes reunida por la Asamblea que gobierna el ya estado de Massachusetts para barrer de la faz de la tierra a los pocos lealistas que quedan en Penobscot y a las tropas británicas que el gobierno de Su Majestad ha enviado allí desde Canadá para recuperar el terreno perdido en los tres últimos años, desde que la guerra empezó y la suerte de las armas se puso en contra de Londres.

Veremos así, paso a paso, cómo se recluta la milicia hasta completar los efectivos necesarios para que el general al mando de la operación, Solomon Lovell, cuente con los efectivos necesarios para atacar el fuerte por mar y tierra y cumplir con las precisas instrucciones de la Asamblea de Massachusetts, que le ordenan “capturar, destruir o matar” a las tropas británicas alojadas en dicho fuerte.

De ese modo vuelve Cornwell a relatarnos lo que más ha distinguido a su Literatura. Es decir, trepidantes escenas de guerra, como las que podemos leer en la muy inferior serie de Sharpe o las crónicas de Starbuck o, más exactamente, en “Redcoat”, la primera novela de Cornwell sobre esa Guerra de Independencia norteamericana.

Entre ellas se puede destacar la del desembarco en una playa que flanquea la posición en la que el brigadier McLean está construyendo el fuerte. Una maniobra que obliga a la milicia de Massachusetts, y a los recién creados marines de los Estados Unidos, a avanzar cuesta arriba en un terreno muy difícil y bajo el fuego de mosquetería sostenido por tropas de línea británicas bajo el mando de un bisoño sir John Moore que, como no se olvidan de recordarnos el autor y su editor español, encontrará la muerte -ya con el rango de general- durante la Guerra de Independencia española en La Coruña, durante el crudo invierno de 1808-1809.

Ese es tan sólo uno de los épicos episodios incluidos en “El fuerte” que Cornwell maneja con su acostumbrada maestría. En efecto, ese desembarco para tomar la llamada Cabeza de Dyce, que da acceso a un punto elevado desde el cual poder atacar el fuerte británico, da paso a numerosas escaramuzas y golpes de mano intercambiados entre las tropas americanas desembarcadas y las británicas acantonadas en un fuerte que se va haciendo cada vez más formidable, mientras el asedio diseñado por un dubitativo general Lovell se va eternizando en aquel lluvioso y desagradable verano de 1779.

Así Cornwell nos conduce por noches preñadas de niebla y de malos presagios en las que los “yankees” y sus aliados indios toman por asalto las baterías exteriores que protegen el fuerte de acuerdo a las más rigurosas reglas del arte de la fortificación militar de la época. Se trata de uno de los más audaces golpes de mano relatados en “El fuerte”, que tendrá una rápida, y contundente, respuesta -no menos espectacular- por parte de los escoceses bajo mando del brigadier McLean.

Igualmente Cornwell se revela como un maestro en la descripción de los distintos combates navales que se desarrollan a lo largo de las páginas de “El fuerte”, demostrando que no tiene nada que envidiar a maestros en ese subgénero dentro del subgénero de la novela histórica como Patrick O´Brien o Alexander Kent, por sólo citar a los más recientes y conocidos del publico español.

En ese aspecto es particularmente difícil pasar por alto el relato literario que hace Cornwell de las intenciones, expectativas y acciones de algunos de los capitanes corsarios de la acomodaticia y poco profesional Marina del estado de Massachusetts involucrados en esa acción en el Penobscot, o, sobre todo, lo que nos cuenta de las casi opuestas intenciones, expectativas y acciones del comodoro Saltonstall, oficial de la trabajosamente constituida Marina de los Estados Unidos, también presente en esta expedición.

Saltonstall es un complicado personaje histórico que Cornwell ha sabido documentar magníficamente para lograr un conseguido retrato literario de él.

Según todos los indicios disponibles, fue un hombre de carácter difícil, casi un tópico viviente de la idea que nos hemos ido formando -o que nos han ido formando- del viejo lobo de mar cascarrabias e intratable. Pero según esa documentación disponible fue asimismo, y ante todo, algo que Cornwell no permite que olvidemos apenas por un instante a lo largo de todas y cada una de las páginas de “El fuerte” en las que Saltonstall aparece retratado.

Es decir, un marino de guerra profesional que se las tiene que ver, dentro de su propio bando, con corsarios que, como todos ellos, sólo se preocupan de obtener el máximo beneficio con el mínimo riesgo, y con militares aficionados, que desconocen todo o casi todo de ese oficio en el que se han metido por entusiasmo patriótico, subidos en la marea revolucionaria que premia -a veces con acierto y a veces no- a determinados hombres con las responsabilidades de un alto mando militar que les viene, como se suele decir, grande.

La historia de los sucesivos encontronazos de Saltonstall con esos corsarios de Massachusetts, o con el cada vez más timorato general Lovell que, en efecto, no es un militar profesional sino un patriota entusiasta, puesto al frente de las tropas de ocasión mantenidas por la Asamblea de ese estado, da pie a Cornwell, en efecto, para ilustrarnos sobre la verdadera naturaleza de aquellos hechos históricos contándonos todas las sutilezas del combate naval a finales del siglo XVIII de un modo que, efectivamente, hubiera envidiado el propio Patrick O´Brien.

Gracias a eso nos enteramos del precario estado de la naciente Marina de los Estados Unidos -hoy quizás una de las más poderosas del Mundo-, expuesta a perder en una operación -casi suicida en opinión del comodoro Saltonstall- lo poco que le queda de la serie de fragatas que ha conseguido construir con mucho esfuerzo y que han ido siendo diezmadas por una Marina de Su Majestad capaz de causar graves daños como esos incluso en esas horas bajas, en las que va quedando cada vez más acorralada por las marinas francesa y española, que, para esos momentos, ya se han puesto de parte de los nacientes Estados Unidos, como también se recuerda en la novela.

En esas páginas de “El fuerte” están esos detalles y muchos otros, como el modo en el que se debe maniobrar un barco de esas características en aguas someras como las de la desembocadura del Penobscot, las posibilidades de trabar combate con una Artillería naval de inferior calibre a la que monta el enemigo, el modo en el que se deben apocar las velas para poder causar el mayor daño posible al enemigo en presencia evitando, al mismo tiempo, ser alcanzado por su respuesta y un fascinante y largo etcétera que no defraudará ni al más exigente lector de las aventuras de Jack Aubrey…

Los desencuentros entre ese marino profesional tan bien reflejado en las páginas de “El fuerte”, incluso con episodios cómicos muy bien traídos por Cornwell, como es el caso de sus ácidos monólogos acerca de la marcha de las operaciones en Majabigwaduce -unos que tienen por público a unos apocados guardiamarinas bajo su mando, de los que ni siquiera recuerda su nombre-, sirven también a Bernard Cornwell, para reconstruir lo que será el núcleo de la acción de “El fuerte”.

Es decir, el modo en el que esa costosísima operación de asedio y asalto contra el fuerte del río Penobscot se acaba convirtiendo en un fiasco, para desesperación de los mandos más responsables de la expedición -pero no por ello más profesionales- agregados al exiguo Estado Mayor de Lovell. Caso del general Peleg Wadsworth, que, tras un corto periodo de servicio en la familia militar del propio George Washington, es destinado a la retaguardia relativamente segura de Massachusetts, para seguir ejerciendo allí tanto su verdadero oficio de maestro de escuela, como las funciones más básicas de representación del Ejército Continental de Línea mantenido por los trece estados rebeldes…

Para continuar con los elogios que se pueden hacer de “El fuerte” también parece preciso señalar que los personajes de esta novela, tanto los históricos como los secundarios ficticios, están especialmente bien trabajados, mostrándonos cada cual sus personales circunstancias, zarandeadas, a su vez, por las circunstancias históricas en las que viven.

Quizás algunos puristas puedan encontrarlos inferiores a los dibujados en novelas similares como “El hessiano” o “Las aventuras del sargento Lamb” también ambientadas en esa época, pero es indudable que Cornwell ha hecho con ellos un magnífico trabajo, a la altura del resto de la novela. Merece, pues, la pena fijarse en, por ejemplo, el ya mencionado Peleg Wadsworth, por supuesto en el comodoro Saltonstall, o en antiguos alumnos de Wadsworth que morirán en combate en Penobscot truncando sus vidas y carreras, o, en el lado británico, en Francis McLean, en el entonces teniente John Moore -ascendido a oficial sobre todo gracias a sus influencias personales, algo común en los ejércitos de la época- y otros tantos por medio de los que Cornwell también reconstruye minuciosamente esos hechos históricos.

Cornwell los ha retratado como gentes que leen tratados de Leyes como los de Beccaria sobre los delitos y las penas, o que dudan qué lado tomar ante la revolución, como ocurre en el caso del secundario ficticio James Fletcher, que lleva buena parte del peso de la acción de “El fuerte”. Un pescador y leñador de Penobscot que finalmente decide sumarse a los rebeldes y servirles de guía y de soldado a pesar de sus simpatías por el brigadier McLean -al que inicialmente también sirve de guía- y de la opinión de su difunto padre que, tal y como él mismo lo describe, era un leal súbdito británico. Uno que incluso tenía en su pobre casa un grabado del ejecutado rey Carlos I Estuardo como señal de su incombustible filiación británica. La misma que la oleada revolucionaria deshace completamente en un hijo que se hace duras reflexiones al respecto, pero que finalmente se deja arrastrar, como otros tantos miles de americanos ingleses, del lado de la Independencia.

Por otra parte también hay que destacar que la extensa, pero amena, nota histórica que Bernard Cornwell incluye como final definitivo de “El fuerte” -como tiene por costumbre en todos sus libros- es esta vez un pequeño ensayo de Historia ante el que el historiador sólo puede descubrirse. Línea a línea, libro a libro, documento a documento, Cornwell justifica en ella todo lo que se ha contado con verdadera maestría literaria en las páginas de “El fuerte” y la conclusión que se saca de su lectura es que no se puede estar más de acuerdo con un relato literario, pero que ha sabido respetar y equilibrar magistralmente su descripción de los hechos históricos.

Merece así la pena fijarse en esa nota histórica que describe, por ejemplo, el proceso que ha seguido Cornwell para pintar el retrato que hace de Saltonstall, exculpándole del papel de chivo expiatorio de aquel fiasco -sin parangón hasta Pearl Harbour- pero sin hacer de él ni el  mártir ni el héroe que nunca fue según la documentación disponible.

También se puede destacar como mérito de esa nota histórica que Cornwell nos informe en ella de las razones históricas que le han llevado a hacer en las páginas de “El fuerte” un despiadado retrato de uno de los principales héroes de la revolución americana. Concretamente el coronel Paul Revere, encargado de la Artillería desplegada en Penobscot, que es dibujado en la novela como un individuo egoísta y miserable, contrastando fuertemente con la imagen altruista y heroica que se forjó de él por haber sido uno de los mensajeros que alertan -en las primeras horas de la guerra- a las embrionarias tropas americanas de la llegada de los soldados británicos, permitiendo así que esa milicia, apenas organizada, se asegure una primera victoria en las escaramuzas de Concord y Lexington.

Una inflada reputación histórica que Cornwell achaca, con bastante acierto, al poema de Longfellow manufacturado ex-profeso para galvanizar los ánimos de los “yankees” de mediados del siglo XIX, enfangados en una nueva guerra. Esta vez contra sus compatriotas del Sur de lo que ya son los Estados Unidos. Reputación en gran parte artificial que hubiera resultado extraña, como señala Cornwell, para los que, como Peleg Wadsworth, acabaron conociendo personalmente al verdadero Revere y así llegaron a saber que era un individuo mucho menos heroico y altruista que el que quedó reflejado, y mitificado, en ese poema que, paradójicamente, será escrito por uno de los descendientes del propio Peleg Wadsworth, como también nos lo subraya Cornwell en esa nota histórica.

Antes de terminar esta nueva reseña de una novela tan recomendable por tantas razones, ¿habría algo malo que decir sobre “El fuerte”?, ¿algo sobre lo que advertir a sus potenciales lectores?.

Habrá que decir que sí, que hay algunos detalles, ínfimos pero importantes, en los que no se puede tomar en serio a este magistral Cornwell autor de “El fuerte”.

Por un lado hay una mala traducción de algunas partes de la novela que desvirtúa el original. Se trata de las escasas alusiones a medidas de terreno que convierten las millas del original en kilómetros absolutamente anacrónicos en boca de personajes como Peleg Wadsworth, que, en esos momentos de su vida, no podían, obviamente, conocer un sistema métrico decimal que aún no se había ni inventado ni popularizado.

Un fallo que hay que señalar aunque, naturalmente, no se puede achacar a Cornwell, sino al traductor que no ha mantenido las millas del texto original adjuntando una pequeña nota para explicar esa cuestión, como suele ser habitual.

Sí se puede achacar a Cornwell, en cambio, una línea garrafalmente errónea en la, por lo demás, magnífica nota histórica con la que cierra “El fuerte”. Me refiero a aquella en la que señala el destino final de sir John Moore, durante la retirada del invierno de 1808-1809. Cornwell dice que esa muerte se produce derrotando al mariscal Soult, algo que dista mucho de ser cierto…

 Los hechos de esa muerte de Moore según se relatan, por ejemplo, en otra novela histórica de menor predicamento que “El fuerte” -“Libertad y Victoria”, firmada por José Navas y Arsenio García Fuertes- son, por el contrario, que el sostenido fuego de la Artillería de los que el general Gates -otro de los personajes históricos de “El fuerte”- llama “los hijoputas de los españoles”, permitieron reembarcar lo que queda del ejército bajo mando de Moore -prácticamente el único el del que disponía Gran Bretaña en esos momentos-, salvando así todo lo salvable en esos momentos y permitiendo de ese modo que cinco años después, el 31 de agosto de 1813, un reconstituido ejército español, desplegado en las laderas de San Marcial, en la frontera del Bidasoa -con las tropas británicas y portuguesas actuando como reservas a retaguardia-, inflija a Soult esa derrota definitiva que no le inflige, en modo alguno, Moore en La Coruña.

Quitado ese detalle, sólo puede recomendarse la lectura de “El fuerte” lamentando, eso sí, que en España no se publiquen novelas de igual calidad sobre un hecho histórico en el que los españoles se vieron involucrados, en efecto, muy directamente. Como lo demuestran grandes estudios históricos como los firmados por Juan Francisco Yela Utrilla, Carmen de Reparaz, María Jesús y Begoña Cava y otros autores como Carlos M. Fernández Shaw.

Trabajos que, por desgracia, no se han visto recompensados con una adecuada popularización a través de la novela histórica sobre esa época, que, hasta hoy, se reduce a, exactamente, una única obra. “Gritos de Independencia”, firmada por Reyes Calderón. Una novela que no pasa, por otra parte, de ser tan sólo una imaginativa mezcolanza de géneros que van desde un “corta-pega” de fragmentos de estudios como el de María Jesús y Begoña Cava sobre Diego de Gardoqui -el agente español encargado de abastecer al ejército de Washington-, a otros provenientes de la indiscriminada admiración de la autora de “Gritos de Independencia” por la poesía mística y la novela española del llamado “Siglo de oro“, dejando, por lo demás, “in albis” al lector que quisiera saber algo más sobre el papel determinante de “los hijoputas de los españoles” en esa guerra que tan magníficamente se refleja en “El fuerte” de Bernard Cornwell.

Anuncios

Acerca de Carlos Rilova Jericó

Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Administrador del weblog de "La novela antihistórica", creada como página de crítica independiente en el año 2010 para ayudar a mejorar el criterio de selección de obras de gran difusión comercial entre el público y redactor de la reseña mensual de acceso libre publicada en esa página cada día 20 de cada mes. Director del banco de imágenes y centro de investigación histórica "La colección Reding". Profesional de la investigación histórica y cultural para diversas empresas y organismos públicos desde el año 1996.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

8 respuestas a Sin duda una obra maestra: “El fuerte” de Bernard Cornwell

  1. Antígono dijo:

    Interesante resumen sobre el libro, no suele ser común encontrar libros acerca de la Guerra de Independencia de EEUU en las librerías españolas, es un tema (como tantos otros) que brilla por su ausencia. Y aquí no está la excusa (tan típica y manida) de que en esta guerra no estuvo implicada España, porque sí se implicó, y a fondo.
    El resumen me recuerda a esos clásicos de los años 50 y 60 sobre los pioneros que reflejaba Hollywood o a la novela El Último Mohicano de Cooper. Tiene buena pinta, y además el autor no cae en los tópicos del género con los valientes pioneros, los malvados británicos o los románticos corsarios. Espero que no sea está novela como aquellas viejas películas de Hollywood, donde los rebeldes americanos ganaban a los ingleses sin ayuda alguna de Francia o España…estos países brillaban por su ausencia.

    • Estimado Antígono, puedes estar tranquilo. Esta vez Cornwell se ha portado como un campeón. España y Francia salen lo justo para que se sepa que ayudaron, aunque no estuvieron directanente metidas en lo de Penobscot.
      El problema ahí es la paupérrima representación del tema entre los autores de novela histórica española. Todo se reduce a “Gritos de Independencia” de Reyes Calderón que es más qe cuestionable desde muchos puntos de vista y que, todo lo más, viene a decir: “Sí, España estuvo allí” pero la manera de contar esa parte de nuestra Historia roza a veces el esperpento y al lector medio que no tenga ni idea del tema lo va a dejar, como decía, “in albis”, completamente confuso. En fin, el problema de siempre. Por no citar ni siquiera citaba todos esos estudios históricos que yo citaba en la reseña, tratando así, por lo que parece, de colarnos el “gol” de que hasta que ella había escrito del tema no se había hecho nada. No quiero hablar por las hermanas Cava ni por Carmen de Reparaz, con las que sólo he tenido el gusto de charlar en alguna ocasión, pero, en fin, es como para llamarle la atención. A la autora y a la editorial.
      Un saludo y como siempre muuchas gracias por tus comentarios.

  2. ¡Grandes noticias! Bernard Cornwell nos concede una entrevista en exclusiva: ¡contestará a vuestras preguntas en Facebook!Hace más de 10 años que no se ha publicado ninguna entrevista con Bernard Cornwell en los medios de comunicación españoles. Ahora, y en exclusiva para sus lectores, nos ha prometido contestar a una veintena de preguntas realizadas por vosotros a través del Facebook de Edhasa. La web Hislibris también nos ha pasado una lista de preguntas hechas por sus seguidores. Desde la editorial nos hace mucha ilusión facilitar el contacto entre este increíble autor y vosotros.Tenéis tiempo hasta el día 25 de enero para enviarnos vuestras preguntas a prensa(arroba)edhasa(punto)es o dejarla como comentario en la entrada de Facebook. En Edhasa tendremos que hacer una selección y le enviaremos sólo unas veinte al autor. Le traduciremos vuestras preguntas y luego a vosotros sus respuestas, que colgaremos en Facebook tan pronto como sea posible.Si además de preguntas queréis dejarle algún comentario, también se lo haremos llegar.Bernard Cornwell es el autor de novela histórica de más éxito en nuestros días y probablemente uno de los escritores vivos de mayores ventas en todo el mundo. Lleva vendidos más de 30 millones de ejemplares y sus novelas han sido traducidas a veintitrés lenguas y adaptadas al cine y a la televisión. Entre otros títulos, Edhasa está publicando sus series Arqueros del rey, Sajones, vikingos y normandos, su Trilogía Artúrica (en el sello Marlow) y la del fusilero Richard Sharpe. Sus últimas novelas publicadas son Azincourt, La tierra en llamas, Excalibur y Los estragos de Sharpe. Además, próximamente, Edhasa empezará a publicar también su serie Starbuck Chronicles, ambientada en la Guerra Civil americana, y su nueva novela The Fort.”Bernard Cornwell ha sido descrito como el maestro de la novela histórica, pero es muy posible que lo hayan subestimado.” Library JournalTenemos una oportunidad única, ¡vamos a aprovecharla!

    • Estimado Gabriel, lástima que tu entusiasmo por el autor y su obra llegue con cierto retraso. En fin, publicado queda, para los interesados en visitar retrospectivamente esa entrevista a el autor de “El fuerte”.

  3. Leo Perry dijo:

    Una flotilla de veleros navega por la bahía de Penobscot en medio de una neblina casi escocesa. El rítmico batir del agua contra los cascos de los buques, los pasos secos de los infantes de marina sobre cubierta, el rasgueo de la lona de las velas al ser reorientadas, las voces del marinero encargado de la sonda. El escenario es el más indicado para una repentina acción violenta, pero sin embargo, sin renunciar a las batallas «The Fort» («El Fuerte»), que me temo que en español acabará¡ por traducirse como «El Asedio de Majabigwaduce» o algo por el estilo) es más una novela de actitudes que una novela de batallas aunque, que nadie se asuste, estas no faltan.

    • Estimado Leo, gracias por tu sugerente comentario sobre esa magnífica novela de Bernard Cornwell que, finalmente, ya ves, sí se tradujo como “El fuerte”. Publicado queda para que más lectores se animen con esta estupenda novela gracias a tu evocación tan literaria de lo que Cornwell nos cuenta.

      • Votapardo dijo:

        Con permiso, Sr. Rilova. Me temo que ese tal Leo Perry y otros usuarios de nombre extranjero son en realidad robots; es decir, mensajes de spam que enlazan a páginas igualmente de spam. Fíjese en que muchos de esos mensajes parecen notas de prensa, y que el blog de Gabriel Jordan no tiene nada que ver con Edhasa.
        Un saludo, y enhorabuena por este blog.

      • Estimado Votapardo: gracias por el aviso y gracias por el elogio. Seguramente son, como bien dice, robots. El caso de Leo Perry, sin embargo, estaba mucho más elaborado que silveraccount o goldaccount por ejemplo. En cualquier caso la política de publicación de comentarios así en La novela antihistórica es darles entrada para que se vean bien los medios publicitarios que emplean algunas empresas, respondiendo a la crítica informada con spam, pues es también una forma de ofrecer información al lector (que de eso va está página), o porque aporten algo, de algún modo, a lo dicho en la reseña mensual. Como podía ser el caso de lo de Leo Perry.
        En cualquier caso, gracias, otra vez, por la puntualización y, cómo no, por la enhorabuena a la página.
        Un saludo cordial.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s