Nuevo viaje al Siglo de Hierro. “La conjetura de Fermat” y otras novelas de Jean D´Aillon

No es la primera vez que se habla en esta página de alguna novela de Jean D´Aillon. De hecho, hace justo un año, en agosto de 2011, se hizo una crítica de “El misterio de la cámara azul” que su editor en español -Alianza- había tenido la buena idea de reeditar en ese formato de bolsillo en el que esa casa es, desde hace, décadas especialista.

Al parecer la idea ha tenido el éxito que merecía y este año Alianza ha repetido la operación con varias novelas históricas. Entre ellas otras dos de Jean D´Aillon “La conjetura de Fermat” -a la que se va a dedicar esta edición de “La novela antihistórica”- y “Los herretes de la reina”, de la que, naturalmente, algo se dirá también aquí.

Empezaré por lo malo de “La conjetura de Fermat”. Esta larga novela de más de 500 páginas en la edición original de 2009 que ahora ha salido en bolsillo, resulta excesivamente lenta, difícil de seguir, quizás porque mucho de lo que cuenta D´Aillon son cosas que no sorprenden si se han leído ya otras novelas de ese mismo autor.

Así es. Buena parte de las páginas de “La conjetura de Fermat” están dedicadas a describir los círculos de la nobleza francesa que se concentra en París en esos momentos, a finales de 1643 y principios de 1644, dedicada, principalmente, a continuar con las intrigas que se pueden ver en las dos novelas inmediatamente anteriores a ella. Es decir, “El misterio de la cámara azul” y la aún no traducida “La conjura de los Importantes”.

No se puede negar a D´Aillon su derecho a presentarnos, cuantas veces crea oportuno, a toda esa crema de la sociedad francesa del reinado de Luis XIII y la regencia de Ana de Austria, y las complejas intrigas que se mueven en torno a ellos y que se resumen en que la mayor parte de ellos, salvo unos cuantos fieles, quieren hacerse con el trono francés poniendo en él a un Condé -la rama bastarda de los Borbón- o a un Orleans. La otra rama secundaria de los príncipes de sangre real franceses que, hasta 1830, no verá colmadas esas aspiraciones y sólo gracias a una revolución burguesa que quiere imponer en Francia una monarquía parlamentaria muy restringida en sus poderes.

Sin embargo, por lo general, D´Aillon no consigue imprimir a esas intrigas cortesanas relatadas en “La conjetura de Fermat” el ritmo trepidante que se ve en la mayor parte de las páginas de sus otras novelas. Resultan así, pese a lo interesantes que podrían resultar esas intrigas, aburridas, bastante sobrevenidas y hacen desear al lector que el autor vuelva a retomar el hilo de la acción más pegada a tierra, con personajes imaginaros como Louis Fronsac, su amigo Gaston de Tilly, el viejo veterano Gaufredi ciegamente leal a Fronsac desde “El misterio de la cámara azul” y el resto del reparto que se hace habitual en la larga serie de novelas que tienen como protagonista al sagaz Louis Fronsac.

Esas páginas dedicadas a hablar de intrigas en círculos cortesanos son, en definitiva, páginas casi perdidas. Muy por debajo, desde luego, de sus equivalentes en “El misterio de la cámara azul” o en la precuela también disponible hoy en edición de bolsillo de “Los herretes de la reina”, en la que un joven Louis Fronsac se enfrenta a su primera intriga, la de los famosos herretes de la reina Ana de Austria por medio de los cuales el cardenal Richelieu trata de separarla del trono francés, forzando el repudio de Luis XIII hacia su esposa española. Esas elucubraciones de D´Aillon en “La conjetura de Fermat” están por debajo incluso de las destinadas a ese mismo fin en “La conjura de los Importantes” que, a decir verdad, tampoco alcanzan un nivel muy alto, dejando al lector, probablemente, más confundido que entretenido sobre lo que está ocurriendo en las altas esferas de la política francesa en los momentos en los que Luis XIII muere y el poder pasa a su mujer Ana de Austria y al cardenal Mazarino.

¿Qué más aspectos negativos tiene “La conjetura de Fermat”?. Tal vez sólo uno más. Se trataría de la interpretación de algunos de los hechos históricos fundamentales de la época en la que está ambientada. Concretamente la de la batalla de Rocroi.

D´Aillon da por buena en esta nueva entrega de las aventuras de su notario ennoblecido, convertido ya en caballero de Mercy por sus servicios a la corona francesa,  la versión francesa de esa batalla. Es decir, insiste en lo que ya dejó dicho en “La conjura de los Importantes”, donde la batalla de Rocroi ocupa una buena parte de la extensión de esa novela cronológicamente anterior a “La conjetura de Fermat”: que según muchos historiadores, Rocroi supone el declive de la hegemonía española sobre Europa y el ascenso de Francia al puesto de árbitro militar de ese continente…

A decir verdad, independientemente del número de historiadores que digan eso -que D´Aillon tampoco se preocupa de detallar con sus nombres y apellidos- lo cierto es que otros han demostrado que Rocroi, con ser una gran victoria francesa y debida a un general sin gran experiencia de combate y muy joven, el futuro Gran Condé, fue más un éxito circunstancial que el cardenal Mazarino, completamente acorralado por las distintas facciones que pugnan por hacerse con el control efectivo del trono francés -empezando por los Condé- trata de explotar para galvanizar a Francia en torno al joven rey y su madre, obligando a cerrar filas en torno a ellos, tratando de evitar la eclosión de un nuevo ciclo de destructoras guerras civiles similares a las que desgarran Francia a principios de ese siglo XVII, en tiempos de Enrique IV, abuelo del joven Luis XIV que hasta veinte años después no podrá ejercer un control efectivo de ese trono y su reino.

A ese respecto resulta verdaderamente recomendable la lectura de los dos artículos -disponibles online- que dedica Juan L. Sánchez a esa cuestión y que tienen el significativo título de “Rocroy, el triunfo de la propaganda”. Sus conclusiones, muy bien documentadas, son, sencillamente, demoledoras.

Nada de eso se encontrará en “La conjetura de Fermat”. Y eso que D´Aillon tiene grandes oportunidades para poner en escena el escaso éxito obtenido, después de todo, por la brillante pero, al fin y al cabo, pírrica victoria de Rocroi, pues la intriga elemental de esa novela se basa en la necesidad de descubrir un código secreto para comunicar con seguridad las instrucciones a los embajadores franceses que van a participar en las negociaciones de paz que darán lugar al Tratado de Westfalia de 1648. El mismo que pondrá fin a la llamada Guerra de los Treinta Años. Uno que, como bien sabe D´Aillon, no resuelve nada entre Francia y España, que siguen guerreando hasta el año 1659, hasta la firma del Tratado de los Pirineos que, pese a los errores de interpretación que también han rodeado a ese hecho histórico, ninguno de los dos contendientes ve como una victoria sobre el otro sino como un punto final -o más bien punto y aparte- en una larga guerra -más de diez años tras la firma de la Paz de Westfalia- que ha quedado en tablas.

Una situación que ha divulgado perfectamente un cineasta francés, Louis Planchon, en la película de 1993 “Luis, niño rey”, donde un Luis XIV apenas entrado en la adolescencia reconoce a su padrino, el cardenal Mazarino, que la única alternativa que le queda es casarse con una princesa española, ya que no puede imponerse militarmente a España. Menos aún tras haber acabado a duras penas con la guerra civil alentada por su primo, el príncipe de Condé, el héroe de Rocroi, que tras la derrota de los insurrectos huye de Francia para salvar su cabeza y se une a las tropas españolas, reconquistando para ellas, sólo para empezar, ¡Rocroi!. Un hecho que ni siquiera D´Aillon trata de ocultar en “La conjura de los Importantes”…

Sin embargo, más allá de estos defectos de interpretación histórica, “La conjetura de Fermat” está llena, en buena parte de sus páginas, de lo mejor que nos pueden ofrecer las buenas novelas históricas francesas.

Así es, todo lo que se dijo en “La novela antihistórica” de agosto del año pasado sobre “El misterio de la cámara azul” se puede decir también de “La conjetura de Fermat”. D´Aillon nos devuelve en ella de manera magistral una descripción animada de lo que era la vida en la Francia de Luis XIII, del cardenal Mazarino, del joven Luis XIV y su madre Ana de Austria.

Y lo hace desde un hondo conocimiento de los últimos avances en investigación histórica, en la que los franceses son maestros indiscutibles.

De ese modo descubrimos que hay muy distintas clases de nobles en la Francia anterior a la revolución de 1789. Algunos arrogantes, llenos de sangre antigua, con todos los fueros y privilegios disponibles, como los Condé, y otros sobrevenidos, de toga, procedentes de las filas de una burguesía enriquecida y formada en escuelas de élite. Como es el caso de Louis Fronsac, cuyo duro aprendizaje académico entre los jesuitas de Clermont D´Aillon refleja con una exactitud magnífica -y, esta vez sí, de forma verdaderamente entretenida- en “Los herretes de la reina”.

Bajo ellos hay gente que vive en condiciones infrahumanas. Como ocurre con los campesinos que cultivan las tierras del arruinado feudo de Mercy, que, antes de morir, Luis XIII concede a Fronsac por los servicios que presta a la corona al desbaratar la enésima conjura del marques de Fontrailles contra el trono francés, que es el eje de la acción de una buena parte de la serie de novelas que tienen como protagonistas a Louis Fronsac.

Aparte de eso D´Aillon nos lleva de la mano por las calles de la Francia de ese siglo de hierro y nos muestra aspectos de aquella vida cotidiana que nos sumergen de lleno en la realidad, no en el tópico chauvinista, ahistórico, de la Francia de aquella época.

Así, como en “El misterio de la cámara azul”, descubrimos en “La conjetura de Fermat”que las calles de París son, en su mayor parte, un barrizal inmundo, que la mayoría de la gente no se lava mucho, que las medidas higiénicas son raras, o cómo funcionaba un taller de zapatería donde se podían adquirir un par de botas, imprescindibles para moverse con éxito por esas infectas calles.

También nos descubre D´Aillon lo delicado que es el negocio de la publicación y venta de libros en la Francia de esa época, en la que se requiere ser un verdadero erudito capaz de hablar de todos y cada uno de los libros que se exponen a la vista de un público exigente que, como se ve en el caso del propio Fronsac, quiere incluso catar el género antes de comprarlo, llevándoselo durante unos días a casa.

Como en “El misterio de la cámara azul”, D´Aillon también nos describe en “La conjetura de Fermat” los peligros y penalidades a los que se expone cualquier viajero en la Francia de esa época, que es tanto como decir en la Europa de esa época.

Sin embargo, añade nuevos detalles y variantes que aumentan el interés del lector en la intriga y le ayudan a aprehender un conocimiento profundo de esa época histórica. Cosas, por ejemplo, como que los cocheros son otro grupo profesional tan especializado como los libreros, imprescindibles para conducir tiros de caballos que no puede llevar cualquiera que no conozca las funciones que cumple cada uno de ellos -el llamado “recadero”, por ejemplo, sobre el que cabalga el cochero contratado por Fronsac para dirigir casi con su propio cuerpo todo el tiro- o disponga de un par de botas de montar de caña alta reforzadas con hierro para evitar que se les parta un hueso con la lanza de madera en torno a la cual se disponían los arreos del tiro de caballos.

Eso por no hablar de las ingentes cantidades de alcohol que esos cocheros debían ingerir para poder soportar las duras condiciones físicas de su trabajo acrecentadas, como es el caso del viaje descrito en “La conjetura de Fermat”, durante la parte más cruda del invierno.

En esa novela también se aprende que en la Francia de la época hay numerosos dialectos, incomprensibles para aquellos que hablarían el francés correcto, canónico, del que desciende en línea directa el actual.

Hay en “La conjetura de Fermat”, en efecto, catalanes o languedocinos que apneas comprenden lo que se les dice en el correcto francés de París.

Todos esos detalles y muchos otros hacen de “La conjetura de Fermat” una lectura cuando menos interesante y una gran novela histórica.

Puede pensarse así de ella siempre que se tenga en cuenta lo dicho con respecto a las interpretaciones erróneas sobre el momento histórico -bélico, diplomático…- en el que realmente pudo vivir un personaje como Louis Fronsac.

Teniendo en cuenta esos aspectos controvertidos, es, por lo demás, una gran idea leer “La conjetura de Fermat”, pasar después de ella a “Los herretes de la reina” y esperar, ávidamente, a la publicación en español de “La conjura de los Importantes”.

Y es que con todos sus defectos, sigue siendo verdad que no encontraremos en el mercado español de la novela llamada “histórica” una descripción más exacta de lo que pudo ser el siglo XVII europeo que el que se ha plasmado en “La conjetura de Fermat” o en “Los herretes de la reina”.

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Acerca de Carlos Rilova Jericó

Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Administrador del weblog de "La novela antihistórica", creada como página de crítica independiente en el año 2010 para ayudar a mejorar el criterio de selección de obras de gran difusión comercial entre el público y redactor de la reseña mensual de acceso libre publicada en esa página cada día 20 de cada mes. Director del banco de imágenes y centro de investigación histórica "La colección Reding". Profesional de la investigación histórica y cultural para diversas empresas y organismos públicos desde el año 1996.
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10 respuestas a Nuevo viaje al Siglo de Hierro. “La conjetura de Fermat” y otras novelas de Jean D´Aillon

  1. Malax dijo:

    Como siempre es un placer muy instructivo seguir tus críticas. Me han hecho releer a Don Benito, disfruté con Cornwell… y me anoto futuras lecturas que saco de tus críticas.
    Gracias

    • Gracias a tí Malax, y perdón por la tardanza en responder pero sí, es cierto, los historiadores también nos vamos de vacaciones como todo el mundo y a la vuelta tenemos sobre la mesa el doble de cosas que hacer de las que teníamos cuando nos fuímos. Triste sino. En fin, un saludo cordial y gracias otra vez por los elogios a estas críticas que tratan de mejorar, en efecto, el criterio sobre la novela histórica que pulula por ahí acechando en nuestras librerías.

  2. Antígono dijo:

    Pues tiene buena pinta; otra novela del siglo XVII que parece describir muy bien las condiciones de vida de la Francia del Antiguo Régimen, sin caer en la edulcoración ni en las nostalgias de imperios perdidos.
    Por lo que describes me recuerda a esas escenas de la película El Perfume (inspirada en el famoso libro), con esas calles sucias y hediondas del París popular, y esas gentes humildes mal vestidas, mal alimentadas y muy sucias.

    • En efecto, Antígono. D´Aillon es totalmente recomendable por todas estas razones que dices. Nos ayuda a aterrizar, a poner en valor nuestro propio siglo XVII tan malinterpretado. Ánimo con él. Para mí la mejor es “El misterio de la cámara azul”, pero de lo que hay disponible ahora “Los herretes de la reina” no está nada mal. Y si la lees al final acabas cayendo en la tentación de leer también, aunque sólo sea por completar el círculo, “La conjetura de Fermat”, a pesar de que cueste un poco más.
      A ver si Alianza se anima con “La conjura de los importantes”. Que no se diga que la malevola crítica independiente no echó esta vez -y sin que sirva de precedente- un cable.

  3. Pingback: Anónimo

  4. La conjetura de Fermat Como en “El misterio de la cámara azul”, Jean d’Aillon nos sumerge en la agitada corte francesa del siglo XVII, durante la regencia del poderoso cardenal Mazarino y de la española Ana de Austria, viuda de Luis XIII. En esta ocasión, el joven notario del reino Louis Fronsac deberá investigar a los intrigantes que conspiran contra la Corona, filtrando a España la correspondencia cifrada expedida a los embajadores del reino. Novela de intriga y acción, ” La conjetura de Fermat ” , que recuerda al mejor Alejandro Dumas, combina a la perfección la historia y la ficción, y los personajes reales con una variopinta galería de caracteres alumbrados con brillante inventiva.

  5. Javier Monteagudo Soriano dijo:

    Puede tener sus peros la novela “La Conjura de Fermat” pero yo sin leerla la valoro en su justa medida. Autores como Alejandro Dumas o Pérez Reverte que sean capaces de reflejar un época histórica magistralmente y novelar decentemente hay pocos. Así que si con este autor se aprende historia de francia y entretienen sus libros pamplinas aparte ole los cojones de Jean D’ Aillon por saber darle un toque policiaco al autor decimonónico en este genero. Descansa en paz Alejandro Dumas y yo con que este paisano suyo logre entretenerme la mitad que el con sus novelas por mi parte tiene un notable alto.

    • Estimado Javier: pues nada, que aproveche. Sólo discrepo en que Pérez-Reverte novele magistralmente nuestro pasado, pero en fin ya lo he explicado con todos sus “peros” y “porqués” en artículos anteriores y no hay para que repetirlo en este mensaje, sólo remitirme a lo ya dicho.
      Un saludo.

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