Tócala otra vez, Philip. “Praga mortal”, otra versión de la muerte de Heydrich

Quizás pueda parecer algo lúgubre dedicar este número en el que se cumple el segundo año de vida de “La novela antihistórica” a volver, una vez más, sobre la muerte de un asesino de masas como Reinhard Heydrich.

O quizás no. Hablar de estas cosas siempre es bueno para que no se olviden y, a pesar del horror que pueden causar los detalles de lo que hicieron personas como Heydrich -sí, lo más aterrador de todo es que eran personas capaces de maltratar de un modo espantoso a otras personas-, hay una inefable sensación de alivio al contemplar todo eso desde una cierta distancia histórica.

¿Ayuda en algo a ese proceso de digestión histórica -por llamarlo de alguna manera- “Praga mortal”, la última entrega de las aventuras de Bernie Gunther, el detective creado por Philip Kerr, precisamente dedicada a esta cuestión, a la vida y muerte de Reinhard Heydrich, uno de los más viles nazis?.

La contraportada de esta exitosa obra -parece ser que en pocos meses desde su publicación en español ya va casi por su cuarta edición- nos la ofrece como “Un relato a medio camino entre la novela negra y la novela histórica”.

De lo primero, lo de novela negra, no hay ninguna duda. Cada página de “Praga mortal” exhala esa inefable atmósfera propia de las obras de Dashiell Hammett o la que se puede ver en sus adaptaciones a la pantalla.

Uno casi espera ver aparecer por ahí a “Bogey” con su cínica sonrisa y su castigado hígado en algún recoveco de ese también castigado Berlín de principios de los años cuarenta, y casi resulta sencillo poner los rasgos de James Cagney a algunos de los personajes secundarios de la brillante trama que Kerr va hilando en “Praga mortal”. A Kurt Kahlo, por ejemplo, el ayudante de ocasión que facilitan al comisario Gunther.

No hay duda alguna, después de pasar la última de las más de 400 paginas de esa novela, de la maestría con la que Kerr se desenvuelve en el género de la novela negra, sabiendo trasladar y ensamblar en su trama todos los elementos propios de la novela y el cine negro en un medio en el que es razonable encontrarlos -grandes ciudades del mundo llamado “occidental” en los años 40 del siglo XX, como Chicago, Nueva York, Berlín, Praga…-, pero en el que, en realidad, no esperamos verlos porque se nos ha formado otra imagen -a través del cine, sobre todo- de, por ejemplo, el Berlín de esas fechas.

Sería raro en Kerr que, tras años de publicar novelas negras con la Alemania nazi de fondo, “Praga mortal”, una de las últimas de su serie de Bernie Gunther, no mostrase el virtuosismo con el que el autor se maneja en estas cuestiones.

No falta, en efecto, nada del universo de la novela y el cine negro en “Praga mortal”.

Tenemos a la atractiva rubia que seduce al maduro sabueso, a pesar de que éste ya sabe que esa hermosura que se cimbrea hacia su despacho, pidiendo su ayuda en medio de la luz plateada creada por el contraste entre tonos mayoritariamente negros, blancos y grises, será el origen de muchos problemas y de un amargo desengaño.

Tampoco faltan los tipos poderosos que se mueven en lujosos ambientes y tratan de que el fogueado polizonte encuentre la solución a un enigma que, en realidad, ellos quieren que permanezca mucho más turbio de lo que el voluntarioso héroe -fiel a su peculiar código de honor propio e intransferible- está dispuestos a permitir, tratando de llevar el encargo hasta el final. Le pese a quien le pese. Incluso si los perjudicados son los mismos tipos poderosos que encargaron la investigación para utilizarla como una pantalla de humo…

A esos elementos principales se unen en “Praga mortal” otros también propios del género. Hay hampones y tipos turbios de todas clases a los que, más de una vez, se les escapa un golpe o una bala en dirección al implacable detective. 

“Praga mortal”, en definitiva, cuenta una historia contada mil veces, tanto en la novela como en el cine, desde que Hamett decidiera ponerse a ello en el momento en el que hechos así eran más literatura costumbrista -recogida de los periódicos y de la calle- que simple ficción.

Lo que hace diferente y original a “Praga mortal” de esas otras historias es la ya bien ensayada fórmula de Kerr, de transferir todos esos elementos desde la Norteamérica original a la Alemania de esa misma época de los “oscuros treinta” que ven la caída de la República de Weimar y el ascenso del Nazismo.

Así en “Praga mortal” los tipos poderosos que encargan la investigación no son grandes magnates de Chicago, Nueva York o Los Ángeles sino jerifaltes nazis como la mano derecha de Hitler, Heinrich Himmler, o Reinhard Heydrich, la mano derecha, a su vez, de esa mano derecha, que se mueven, en efecto, en ambientes lujosos que han conquistado no gracias a sus habilidades como industriales o banqueros -como ocurre en las obras de Hammett, por ejemplo- sino merced a eso que una de las principales propagandistas nazis, la cineasta Leni Riefenstahl, llamó “el triunfo de la voluntad”. En el caso concreto de “Praga mortal” el ambiente lujoso lo constituyen las propiedades incautadas a un rico industrial judío, Ferdinand Bloch-Bauer, dueño, entre otras muchas cosas lujosas y valiosas, de una de las obras más famosas de Gustav Klimt: un retrato de su propia esposa, Adele Bloch-Bauer, que se ha convertido en un verdadero icono de la obra de ese pintor y al que Kerr dedica unas cuantas páginas de esta nueva entrega de las aventuras de Bernie Gunther.

“Praga mortal” tampoco da muchos problemas a la hora de poner en la escena de la Europa de los cuarenta a otro elemento clásico del género negro: los hampones, “torpedos” y matones de toda laya. El Tercer Reich es un momento histórico fértil en esa clase de individuos. La única diferencia con los que se mueven en el Nueva York y el Chicago de, más o menos, la misma época, es que los alemanes van uniformados  con camisa parda o con el siniestro uniforme negro de las SS antes que con sombrero flexible y traje.

Finalmente lo de la mujer fatal -preferentemente rubia- es también un elemento plausible y fácil de encontrar en la Alemania del Tercer Reich tan obsesionada con la pureza de la “raza” germánica. Arianne Tauber, la “chica” de esta película negra en letra impresa que es “Praga mortal” no desentona, en efecto, lo más mínimo con el prototipo creado por el molde original en los Estados Unidos de los años treinta.

Eso es lo que se puede decir con respecto a esa novela como novela negra. A ese respecto es todo un éxito. Supera, y por mucho, a intentos parecidos como “El día de Hitler”, obra de otra de las estrellas de la nueva novela negra, Elmore Leonard.

Ahora habría que preguntarse si esa fidelidad a las reglas del género negro no supone un inconveniente para la otra parte del cóctel literario que RBA dice ofrecernos. Es decir, el carácter de novela histórica de “Praga mortal”.

A decir verdad, los estereotipos del género que con tanta habilidad maneja Kerr ponen muchas veces en peligro ese carácter de novela histórica que se podía atribuir a esta última entrega de las andanzas de Bernie Gunther.

Está claro que Kerr nos describe en toda su crudeza lo que fue el Tercer Reich, que está, en el momento en el que se desarrolla la novela -finales del año 1941 y mediados de 1942-, en su punto más alto, antes de empezar un declive imparable, que culminará con la toma de Berlín por la tenaza aliada, desde el Este y el Oeste, en 1945.

Todo eso está en las páginas de “Praga mortal”: la paranoia institucionalizada -todo el mundo espía a todo el mundo-, la ausencia de Ley y Orden más allá del capricho del Líder y la camarilla que lo rodea y se disputa un favor que él mismo dosifica de modo tal que esa camarilla jamás pueda hacerle sombra. También se recogen en las páginas de esta novela aspectos más truculentos de esa realidad, como los famosos “métodos para hacer hablar” de la Gestapo o cuestiones más cotidianas como la sordidez y escasez presentes en el día a día de la Alemania de 1941 que ha visto estancado su triunfal paseo militar  por Europa en el frente oriental.  Pese a que algunos, como el portero de Bernie Gunther, aún creen en el futuro reparto de tierras rusas que van a hacer de cada alemán un verdadero terrateniente con siervos ex-soviéticos para cultivar ese botín de guerra. El mismo que el Ministro de Propaganda del Reich les ofrece una y otra vez  desde las ondas de radio sobre las que impera de manera omnipotente hasta el final de la guerra.

Sin embargo, hay cuestiones de detalle y de fondo sobre la situación histórica en la que se desarrolla “Praga mortal” que escapan por completo a lo que cuenta Philip Kerr.

En efecto, las cosas en Alemania estaban realmente mucho peor de lo que Kerr quiere o puede reflejar en “Praga mortal”. No es ya que al “alemanito de a pie” al que se refiere Gunther en uno de sus desencantados comentarios de viejo detective tenga que soportar un racionamiento que le priva de verdadera cerveza, verdaderas salchichas y verdaderos cigarrillos. Las cosas en la Alemania de la época estaban, realmente mucho, muchísimo, peor. Por ejemplo, el exhaustivo estudio de Jörg Friedrich “El incendio: Alemania bajo los bombardeos (1940-1945)”, habla de una población civil germana sometida a situaciones como las que todavía hoy, por desgracia, se ven en muchos países del llamado “Tercer Mundo”. Ese particular Auschwitz de nuestro llamado “mundo desarrollado”.

Así es, según “El incendio”, en la Alemania del Tercer Reich una vez que ha empezado la guerra en dos frentes, el occidental y el oriental, hay, por ejemplo, desnutrición, hay gente que pierde la dentadura a causa del escorbuto y muchas otras complicaciones asociadas a la falta de una alimentación correcta. Una realidad que, en efecto, apenas aparece esbozada en “Praga mortal”.

Por otra parte, la propia existencia histórica de Bernie Gunther es más que cuestionable.

No cabe duda de que Kerr ha apostado fuerte por su personaje. “Praga mortal” hace evidente que el autor vuelve una vez más a disponer todo lo que rodea a Bernie Gunther para que él, a su vez, haga, a la perfección, el papel de duro detective cínico, descreído, de vuelta de todo y capaz de enfrentarse a quién sea para, una vez más, hacer valer su peculiar código de honor propio del género negro.

Algo perfectamente plausible en la Norteamérica de los años 30, pero, sin embargo, difícilmente creíble en una Alemania como la de 1941, purgada de arriba a abajo desde que los nazis se hacen con el poder en 1933.

Cualquier obra histórica sobre la Alemania de esa época nos hace ver que, en efecto, la existencia en ella de un personaje como Gunther es, cuando menos, altamente improbable. Ni siquiera como anomalía, ni siquiera como nota discordante tolerada por una benevolencia que en la Alemania del “Führerprinzip” -es decir, esa en la que todo gira en torno a los imprevisibles caprichos de la “voluntad del Líder”- sencillamente no existía.

La resistencia pasiva y activa a ese opresivo ambiente es prácticamente residual desde 1933 en adelante y limitada a grupos profesionales muy concretos -los estudiantes de la Rosa Blanca, el complot de altos mandos militares conocido como “Valkiria”…- que nada tienen que ver con cuerpos de seguridad que, como señalan historiadores de este período como Klaus Hildebrand, por ejemplo, son la primera cosa que se controla hasta en el más ínfimo detalle una vez que los nazis se han hecho con ellos como principal herramienta, a su vez, de control social. Un asfixiante clima en el que es muy difícil encajar a personajes como Gunther, o su ayudante ocasional, Kurt Kahlo -por más entrañables que resulten-, y su desparpajo verbal, que no deja títere con cabeza en toda la temible y terrorífica panoplia del Tercer Reich.

Naturalmente es obvio lo que ha hecho Kerr desde que las aventuras de Bernie Gunther empiezan a desarrollarse en el régimen nazi, tras la caída de la República de Weimar: darnos un personaje con el que podamos identificarnos. Esto es, un antinazi furibundo. De otro modo, de habernos ofrecido un poli real del Tercer Reich es más que improbable que la serie de Gunther hubiera visto la luz -¿qué editor decente del Reino Unido hubiera querido verse envuelto en un escándalo por apología del Nazismo?-  y en el improbable caso de que hubiera visto la luz, casi con toda seguridad no habría pasado de ser una serie de culto en medios neonazis.

El modo en el que Kerr despacha el asesinato de Heydrich, que, en realidad, sólo ocupa las páginas finales de “Praga mortal”, demuestra que, de todos modos, al novelista -diga lo que diga su editor español- le importa más o menos poco la Historia oficial, con “H” mayúscula, atreviéndose incluso a especular con una versión alternativa de los hechos de la muerte de Heydrich, según la cual éste habría sido eliminado, en realidad, por una infección inducida por el médico personal de Himmler, que así se habría librado de un subalterno que empezaba a resultarle molesto. Versión de la que, por otra parte, Kerr no da ni cuenta ni razón en la “nota del autor” que se molesta en poner al final de “Praga mortal”, donde sí da un somero repaso al destino de los principales personajes históricos -aparte de Heydrich- que desfilan por esta magnífica novela negra.

¿Cuál sería el veredicto final sobre ella en cuanto novela histórica?. Para empezar que las habría mucho peores, pero que también las hay mejores, como podría ser el caso de “HHhH”, de la que se ocupaba esta página el mes pasado.

Quien quiera leer sobre la muerte de Heydrich como hecho histórico sin duda hará mejor en optar por “HHhH”. Sin embargo, no debería desdeñar tampoco “Praga mortal”. Aunque sólo sea para utilizarla como un complemento y para establecer comparaciones entre cómo cuenta un autor y otro el mismo hecho.

Al fin y al cabo, es del contraste entre las diferentes versiones, de la síntesis de diferentes testimonios, de donde sale la Historia o el cimiento del conocimiento histórico. Ya en forma de película, de documental, de novela, de libro…

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Acerca de Carlos Rilova Jericó

Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Administrador del weblog de "La novela antihistórica", creada como página de crítica independiente en el año 2010 para ayudar a mejorar el criterio de selección de obras de gran difusión comercial entre el público y redactor de la reseña mensual de acceso libre publicada en esa página cada día 20 de cada mes. Director del banco de imágenes y centro de investigación histórica "La colección Reding". Profesional de la investigación histórica y cultural para diversas empresas y organismos públicos desde el año 1996.
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