¿Merece la pena leer la siguiente novela de Alber Vázquez?. Reflexiones sobre “Mediohombre” y “Resiste Tucson”

No se trata de ningún éxito editorial de última hora. De hecho, una de las dos novelas de las que voy a hablar hoy, “Mediohombre”, salió hace un par de años a la palestra y la otra, “Resiste Tucson”, data del año 2010. Pero aún están a tiempo de comprárselas. Basta con que se las pidan a la librería que tengan más  mano. Las publicó “Inédita” en su colección “Cuadernos de la trinchera” y parece que esa editorial independiente aún resiste bien y es capaz de mantener abiertos los canales de distribución.

Otra cosa, como siempre, es que les merezca la pena comprarse esas dos novelas. ¿Hay alguna buena razón para hacerlo?. ¿Hay alguna buena razón para no hacerlo?.

En el caso de algunas novelas que han pasado por las páginas de “La novela antihistórica”, una de esas dos preguntas no ha lugar, como se dice en las películas que llaman “de juicios”. Algunas, como bien lo sabrán quienes suelen seguir regularmente “La novela antihistórica”, son un auténtico despilfarro de dinero tirado inútilmente. Otras son casi imprescindibles para formar una buena biblioteca de aficionado a la novela histórica.

El caso de esas dos, “Mediohombre” y “Resiste Tucson”, firmadas por Alber Vázquez, es especial. Son, en cierto modo, como la revolución francesa vista por Charles Dickens en su “Historia de dos ciudades”. Es decir, son la mejor y la peor clase de novela histórica que existe, hoy por hoy, en el siempre peculiar mercado editorial español.

Vayamos primero con las buenas razones para no acercarse ni a cien metros de “Mediohombre” o de “Resiste Tucson” con un billete de 20 euros en la mano.

El estilo delata al autor. Sus intenciones, sus pretensiones y, sobre todo, su forma de ver las cosas. Es difícil engañar a un historiador al respecto. Es difícil porque el historiador se pasa la vida descifrando cosas así en textos más complejos que una novela pretendidamente histórica.

De la lectura de las páginas firmadas por Alber Vázquez, de su estilo, de su voz literaria, se delata enseguida, y entre otras cualidades poco positivas, arrogancia. Una arrogancia coriácea. La de quien está demasiado seguro de sí mismo. Tanto como jamás debería estarlo una criatura -es de suponer- tan mortal como las demás. De “Mediohombre” y de “Resiste Tucson” sale, en efecto, un lenguaje chulesco, apabullante. Que insulta con una tremenda facilidad. Que carece de paciencia. Que juzga, sumariamente, sin demasiadas pruebas a la vista, y, en función de ese juicio, divide el mundo en personajes bastante planos, “buenos” y “malos” . Los primeros arrogantes, faltones, hombres de esos a los que no se les pone nada por delante. Que están tan seguros y satisfechos de sí mismos como parece estarlo de sí mismo el autor que, al fin y al cabo, los ha creado sobre una, a veces, inexistente base histórica. Los segundos simplemente estúpidos -tanto que a veces rozan el retraso mental-, o ladinos, retorcidos, pensando siempre cómo pueden torpedear los planes -generalmente rubricados con la inefable consigna de “por mis cojones” que no se le cae de la pluma a Vázquez- de los héroes centrales de “Mediohombre” y “Resiste Tucson”.

Respectivamente el general Blas de Lezo y el capitán Pedro de Allande.

A eso queda reducido en sus novelas un complejo pasado como lo es el de los europeos del siglo XVIII.

Desde ese punto de partida, cualquier cosa es posible. Cualquier cosa que dejará al lector de novelas históricas bienintencionado -es decir, el que acude a ellas para aprender algo de Historia- a los pies de los caballos.

Probablemente eso a alguien como Alber Vázquez le importa muy poco. Por no utilizar otra expresión más burda. Como esas con las que él resuelve el 25% de novelas como “Mediohombre” o “Resiste Tucson”.  De hecho, al autor de esta página le consta que Alber Vázquez opina que, por ejemplo, “El asedio” de Arturo Pérez-Reverte -véase el número de julio de 2010 de esta revista- es una gran novela y su autor puede hacer lo que le dé la gana con el Cádiz de 1812. Hasta poner en su horizonte platillos volantes si, en efecto, le da la real gana.  En definitiva, Alber Vázquez no parece tener reparo en suscribir que la Historia es un juguete al servicio de los que quieren convertirse en autores multimillonarios gracias a manejarla como si fuera arcilla para modelar gárgolas. Y, como diría él en su abrupto estilo, al que no le guste… O que se dedique a otra cosa, que para escribir eso que llaman Historia, al parecer, ya están él y otros novelistas como el citado académico de la Lengua.

Y ese criterio Alber Vázquez lo ha mantenido lealmente contra viento y marea. Saliendo en defensa de un autor -Arturo Pérerz-Reverte- que, parece evidente, lo ha ninguneado de manera notoria. Por ejemplo cuando en el verano de 2010 al novelista murciano le dio por fustigar al doliente público español con otro de sus pseudohistóricos artículos dedicado -cosa rara, muy rara, hasta sospechosa en él- a una victoria y no a una derrota militar española: la de Cartagena de Indias en 1741 que es, precisamente, el tema de “Mediohombre”. La novela con la que Vázquez se ha dado a conocer en España al gran público.

Así que, como vemos, eso de considerar que las novelas históricas pueden hablar de lo que les dé la gana a sus autores, es para Vázquez un asunto serio. No una niñería, ni mero oportunismo, sino fruto de una decisión recia, viril -digna, se podría decir, de la mismísima muñeca legionaria- de mantener, por siempre, ese criterio firmemente cimentado ante el que sólo cabría arredrarse, callar, retroceder, acatar sumisamente las inapelables palabras de un superior en jerarquía y mando, aceptando que los historiadores, en presencia de novelas como “Mediohombre” o “Resiste Tucson”, mejor nos callamos…

Sin embargo, el mundo es algo más complejo y no gira en torno a las opiniones, algo primarias, del autor de esas novelas (si acaso alrededor de las de Arturo Pérez-Reverte. Al menos en España). Y es así que “La novela antihistórica” de este mes no acaba aquí. Porque, les guste o no a los autores de bestsellers supuestamente históricos, los historiadores sí tenemos algo que decir respecto a esa materia con la que ellos elaboran sus novelas. Materia que primero elaboramos nosotros y que, por lo menos, podrían tener la cortesía de agradecer, en lugar de, como hacen muchos de ellos, utilizarla mal y displicentemente.

Es lo que ocurre, por ejemplo, en “Mediohombre”. Parece evidente que algún esfuerzo ha hecho Alber Vázquez por documentarse sobre la vida y hechos del general Blas de Lezo. Al menos se ha tomado la molestia de situarlo en Cartagena de Indias en el año 1741 y enfrentarlo al vicealmirante británico Edward Vernon y no con una invasión de criaturas extraterrestres en, por ejemplo, el año 1954. Sin embargo, más allá de ese mínimo, podemos ir olvidándonos de un buen relato histórico sobre la batalla de Cartagena de Indias. Un arduo asedio que dejó en el más absoluto de los ridículos a la Gran Bretaña de aquella época que, con muy buen criterio, decidió echar cuanta tierra fuera posible encima de aquellos acontecimientos. Innoble actitud que la editorial de “Mediohombre” ha  sabido utilizar oportunamente como propaganda para la portada de esa novela.

Es cierto que el autor guía al lector a través de capítulos pautados con las fechas claves de ese asedio que se desarrolla, según la mayor parte de las fuentes bibliográficas disponibles, entre el 13 de marzo y el 30 de abril de 1741. Es cierto también que esos capítulos describen de manera general los acontecimientos que realmente tuvieron lugar en esas fechas: la toma de Bocachica y la bahía interior de Cartagena de Indias tras rendir los fuertes exteriores, la aproximación a la ciudad tras atacar y reducir otras posiciones fortificadas, el hundimiento de los barcos al mando del general Blas de Lezo, etc…

Sin embargo, ahí acaba, al parecer de manera voluntaria por parte del autor, todo parecido entre la realidad histórica y lo que se narra en “Mediohombre”.

En efecto, esa novela está plagada de errores de bulto que, sumados uno detrás de otro, van a hacer un flaco favor a cualquiera que se haya acercado hasta esas páginas para enterarse de algo sobre esa batalla de Cartagena de Indias que Inglaterra ocultó al Mundo.

Vamos con el primero de ellos. Está casi al principio de la novela. Se trata de la opinión de Vernon sobre las medidas defensivas que Lezo ha adoptado para cerrarle el paso hacia Cartagena de Indias. El general guipuzcoano -de Pasajes de San Pedro para más señas- había tendido una cadena que, junto con cuatro de los seis barcos bajo su mando, debe cerrar Bocachica. El único punto por el que navíos de alto bordo, como los de la flota de Vernon, podrían aproximarse a su objetivo final: Cartagena de Indias.

El Vernon de “Mediohombre” opina ante esa táctica, que Blas de Lezo demuestra, una vez más, ser un loco irresponsable. Algo que lleva al historiador directamente a preguntarse, bastante asombrado, ¿por qué debería pensar tal cosa el almirante británico?. Y es que el historiador sabe que cerrar puertos con cadenas para bloquear el paso a un enemigo por mar es una táctica defensiva que un militar como Vernon debería conocer perfectamente. Y temer, por más arrogancia que lo consumiera, como parece ser -en eso todo el mundo, no sólo Alber Vázquez, está de acuerdo-  fue el caso de aquel alto oficial británico.

Ante Constantinopla había una cuando los turcos la tomaron a mediados del siglo XV. Los londinenses, mal que bien, utilizaron la misma táctica durante las guerras angloholandesas de mediados del XVII. Finalmente Pasajes, la localidad natal de Blas de Lezo, estaba defendida desde el siglo XVI por una cadena reforzada con troncos que no facilitaba, precisamente, el acceso  a barcos hostiles a aquellas aguas…

Naturalmente cadenas como esas servían de poco a menos que estuvieran reforzadas por medio de baterías costeras protegidas correctamente por fortificaciones abaluartadas. Constantinopla no podrá detener a los turcos con su cadena. Tampoco lo harán los londinenes, sufriendo un devastador bombardeo por parte de la flota del almirante Michiel de Ruyter, que cañoneó, sin piedad, las cercanías de Londres tras sortear las defensas inglesas del estuario del Támesis en una de esas arriesgadas operaciones que, cuando salían bien -como la de De Ruyter o la de los corsarios guipuzcoanos en 1555 en Burdeos-, dejaban la moral del enemigo abatida. Pasajes no será la excepción, cayendo, con cadena o sin ella, en manos de la flota del arzobispo francés Sourdis en el verano de 1638, durante el más que fallido asedio contra Fuenterrabía.

Sin embargo, en el caso de Cartagena de Indias en 1741 las cosas eran bastante distintas. La plaza está defendida no sólo por cadenas que cierran el paso a barcos enemigos sino, como se puede apreciar en cualquier mapa -por ejemplo el que publica Carlos Alonso Mendizabal en su reciente biografía sobre Blas de Lezo-, por accidentes naturales reforzados por una serie de fuertes y castillos abaluartados. Es decir, preparados para resistir fuego artillero enemigo de envergadura considerable y responder al mismo con una eficacia notable.

De hecho, no resulta difícil apreciar de qué clase de maquinaria bélica estamos hablando si nos fijamos en algunas de las fotografías que ilustran este texto. Son posiciones cortadas en ángulo, como las de La Valeta en Malta. Por tanto ofrecen muy poca superficie al fuego del enemigo, sin que ello merme su capacidad ofensiva contra éste que, de hecho, en casos como el de La Valeta o Cartagena de Indias, quedaba atrapado en un gigantesco laberinto desde el que se le podía responder con un mortífero fuego cruzado.

Una situación verdaderamente infernal que, por supuesto, convertía la cuestión de un acceso cerrado por medio de cadenas -o cadenas y barcos de guerra que actúan como baterías flotantes- en un problema muy agudo para cualquier general en sus cabales que decidiera atacar una posición tan formidablemente defendida. Como era el caso de la de Cartagena de Indias

Suponía, para empezar, arriesgar a algunas de sus mejores unidades bajo un fuego implacable contra el que poco podrían hacer y que, más que probablemente, acabaría por hundirlas. Una detrás de otra, según iban siendo enviadas a cortar ese obstáculo. No por ningún motivo en especial, sino porque ese tipo de fortificaciones estaban pensadas, precisamente, para hacer esa función.

Es lo que se puede apreciar sin dificultad en dos de ellas erigidas no muy lejos de donde vive el autor de “Mediohombre”. El fuerte de Santa Isabel en la entrada de Pasajes, y, en tierra, las magníficamente conservadas murallas de la ciudadela de Pamplona. Basta con ponerse junto a ellas, en el caso del Santa Isabel, que hoy se ha reconvertido en vivienda particular, o caminar por el laberinto de las de la ciudadela de Pamplona, para hacerse una ligera idea de las reducidas posibilidades de supervivencia de aquellos que, como Vernon, se arriesgasen a tomarlas.

Ahí, en detalles clave como esos, es donde fallan, estrepitosamente, “Mediohombre” o “Resiste Tucson”. En el caso de esta última, por ejemplo, Alber Vázquez monta una compleja situación con respecto a la instrucción militar de las mujeres que viven en puestos avanzados del Imperio español, como lo fue la que entonces era poco más que una aldea de los indios Pima, apenas cristianizados por los misioneros españoles, y hoy es una de las principales ciudades del estado de Arizona. Las desventuras del cadete Allande, hijo del capitán del presidio Pedro de Allande, enseñando a la hija del sargento Sosa a disparar un mosquete, pueden resultar tiernas o hacernos reír, pero lo cierto es que, como ocurre con las opiniones de Vernon sobre las defensas de Cartagena de Indias -y sus oportunidades reales de batirlas-, no hacen sino revelarnos que Alber Vázquez desconoce detalles básicos de la realidad histórica sobre la que ha decidido erigir sus novelas.

En efecto, del mismo modo que una cadena cerrando una bahía protegida por fuertes como el de Santa Isabel era un grave problema táctico para cualquier flota hostil, enseñar a disparar a mujeres como las que vivieron en Tucson a finales del siglo XVIII no tiene el más mínimo sentido: la mayor parte de ellas sabían perfectamente cómo funcionaba un mosquete y, sobre todo, cómo se recargaba. Así se pensaba en una época anterior a las armas semiautomáticas o completamente automáticas. En caso de asedio o ataque, se necesitaban tantos brazos para disparar los mosquetes como manos dispuestas a recargarlos para mantener una cadencia de fuego superior a la que podía ofrecer un enemigo carente de esos auxiliares tan valiosos.  Macaulay señala, por ejemplo, en su Historia de Inglaterra desde la época de Jacobo II, que las mujeres de los colonos británicos en Irlanda a finales del siglo XVII sabían perfectamente de esas tácticas. Más que nada porque la vida les iba en ello. Lo mismo solía ocurrir, por lo general, con las que vivían en plazas fuertes.

Bajo esta luz, un buen montón de páginas de “Resiste Tucson” son, sencillamente, absurdas. Por no decir ridículas.

Tanto como las que el autor de “Mediohombre” malgasta en tratar de convencer a sus lectores de la bestial arrogancia de Vernon, seguro de que su gigantesca flota le asegurará la victoria sobre una plaza fuerte que Vázquez se empeña -absurdamente otra vez- en considerar en inferioridad de condiciones frente a esos centenares de barcos británicos cargados con varios miles de soldados.

Así es, Vernon sabía -o debería de haberlo sabido como militar del siglo XVIII- que en Cartagena de Indias. se estaba metiendo en la boca del lobo, que iba a introducir millares de libras en material y hombres en una empresa poco menos que desesperada. De hecho, los miles de hombres y la gran cantidad de barcos con los que cuenta no son fruto de ninguna supuesta superioridad británica.

La realidad es mucho más truculenta de lo que jamás haya podido adivinar Alber Vázquez: eran sencillamente carne de cañón, a arrojar a las fauces de las formidables defensas cartageneras para tratar de desgastarlas antes de que esa plaza pudiera ser socorrida por mar o por tierra. Algo para lo que los miles de hombres con los que contaban Lezo y el virrey Eslava  -las cifras varían de 6.000 sobre el papel a 3.000 sobre cálculos no demostrados de autores como Mendizabal, que Vázquez parece haber aceptado acríticamente- eran más que suficientes para detener ese avance, casi suicida, que lo fiaba todo a la fuerza del número, a que si sacrificaba suficientes hombres ante las murallas de Cartagena de Indias, podría -si todo iba más o menos bien- rendirla en un plazo razonable de, pongamos, algo más de un mes.

Justo lo que no ocurrió y llevó a Vernon, al Vernon histórico, no al de las novelas, a aceptar -aunque fuera a regañadientes-, a reconocer, que tras más de un mes avanzando penosamente sobre las defensas de Cartagena de Indias, sufriendo considerables pérdidas, no le quedaba más remedio que retirarse de allí…

Estas son algunas de las principales razones que llevan a desaconsejar la lectura de novelas como “Mediohombre” o “Resiste Tucson”. ¿Hay alguna que permita recomendar su lectura, como decía al principio de este texto?.

Pues sí.

Es evidente que Alber Vázquez  desconoce la época de la que habla, que su visión del pasado carece de conocimientos elementales que suple a fuerza de frases abruptas, de barra de bar de tercera regional, de simular una seguridad aplastante en lo que está escribiendo, poniéndose en evidencia más de una y más de dos veces. Sin embargo, hay una muy buena razón para seguir otorgándole un voto de confianza: Alber Vázquez ha hecho algo digno de aplauso, algo que muchos autores de novela pretendidamente histórica como los que debe padecer el lector español medio, no han querido, podido o sabido hacer. Es decir, recuperar porciones de nuestra Historia que demuestran que no es tan diferente a la del resto de las potencias europeas, que fuimos tan malos o tan buenos como cualquier inglés, escocés o francés.

Alber Vázquez, en efecto, ha marcado la diferencia, ha dado un paso en la Transición inacabada, siempre pospuesta, de una Literatura española que, sobre todo en el género de la novela histórica, no parece haber superado los traumas y -lo que es peor- las enseñanzas envenenadas de una de las más mefíticas dictaduras que hayan arraigado en Europa. Ha recordado a muchos que jamás habrían leído una biografía sobre Blas de Lezo, lo que ocurrió en Cartagena de Indias en 1741. Ha recordado también que el imperio español llegó hasta Arizona, hasta casi la mitad de los actuales Estados Unidos para ese público al que parece que le gusta la Historia tanto como temen los libros de esa materia.

Lo ha hecho mal. Eso no hay quien se lo quite, como acabamos de ver. Ha abundado en viejos errores, como el de la supuesta superioridad británica sobre España en el siglo XVIII, que no existe por ningún lado en los hechos históricos, remitiéndose, si acaso, a un breve período de apogeo de unos cincuenta años, entre 1854 y 1902, en los que Gran Bretaña juega el mismo papel que España hasta 1820.

Sin embargo lo ha hecho, y eso es bastante para recomendar la lectura de cualquiera de las novelas que ha publicado. O que vaya a publicar. Con la única condición de que se tomen lo que diga con mucha prudencia. Con muchas preguntas que deberán resolver leyendo libros y artículos de Historia que, de verdad, no son tan temibles ni tan áridos como pudieran creer.

Al fin y al cabo, ya ven que hay historiadores que nos tomamos la molestia de escribir cosas como “La novela antihistórica” a fin de facilitar tanto como podemos las cosas en ese sentido. Que no se diga que lo hemos hecho en vano…

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Acerca de Carlos Rilova Jericó

Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Administrador del weblog de "La novela antihistórica", creada como página de crítica independiente en el año 2010 para ayudar a mejorar el criterio de selección de obras de gran difusión comercial entre el público y redactor de la reseña mensual de acceso libre publicada en esa página cada día 20 de cada mes. Director del banco de imágenes y centro de investigación histórica "La colección Reding". Profesional de la investigación histórica y cultural para diversas empresas y organismos públicos desde el año 1996.
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70 respuestas a ¿Merece la pena leer la siguiente novela de Alber Vázquez?. Reflexiones sobre “Mediohombre” y “Resiste Tucson”

  1. Sísifo dijo:

    Lo siento. Para mi “Resiste Tucson” me parece una buena novela de aventuras con su base histórica que el autor adapta para su fin: Entretenernos.

    La obra tiene ritmo, escapa de la idea del buen salvaje maltratado por el hombre blanco y rezuma una visceralidad que se contagia al lector (entiendo que en este punto le debe mucho a “Un día de Cólera” de un autor… ¿Innombrable?

    Me parece un buen guión para una película de Vaqueros. A riesgo de criarme enemigos me parece que sería como un Centauros del Desierto hispano con un puñado de Dragones de Cuera y colonos luchando en el lejano oeste.

    Pena que llevemos a gala ser olvidadozos avergonzados de nuestro pasado, cosa que no lo es Alber Vázquez que desborda la misma chulería que bordan los anglosajones en sus obras.

    Un saludo

    • Detén, Sísifo, tus trabajos con ese pedrusco que tienes que subir a lo alto de esa ladera inacabable y escucha mi respuesta.
      Lo que dices es lo mismo que sostenía yo en la crítica que publiqué en su día sobre “Mediohombre” y “Resiste Tucson”. Mejor leer a Alber Vázquez que no leer nada. Hasta ahí totalmente de acuerdo. El problema es que, en mi opinión, podríamos hacer las cosas un poco mejor puestos, como dices, a no olvidar nuestro pasado y a no ocultarlo, que en eso Vázquez es, en efecto, una rara excepción. Porque el resto de lo que el trust editorial español permite que se publique como novela histórica producida aquí, deja bastante más que desear.
      Un ejemplo perfecto lo tenemos en ese autor que dices innombrable y que, evidentemente, es el académico de la Lengua, señor Arturo Pérez-Reverte. Ese su “Dia de cólera” que mencionas, es el perfecto ejemplo del problema que tenemos en este país, de la desventaja frente a esos anglosajones a los que también mentas. Recordarás, supongo, la parte de esa novela en la que los soldados de la guardia valona se escaquean del tumulto de 2 de mayo después de haber agotado toda su munición y confraternizan con los franceses, diciendo que los españoles son unos salvajes…
      Vale, ahí lo tenemos. ¿Te imaginas a un autor anglosajón poniendo en semejante concepto uno de sus más gloriosos episodios históricos?. Ese es el problema. Tanto “Un día de cólera” como “El asedio” serían impensables en Francia o en Gran Bretaña. Aquí sí. Aquí te sale gratis -y encima te ponen en lo más alto, cual a folklórica de tronio- si consigues reducir a heces históricas -con dos o tres chistes de barra de bar sobre un pasado del que no entiendes de la misa la mitad como se suele decir- un episodio histórico capital, que eso es lo que el autor nombrado lleva haciendo toda su vida.
      Volvamos a las preguntas capciosas: ¿te imaginas qué hubiera pasado si los restos del ejército español, en condiciones sumamente precarias, no hubieran aguantado embate tras embate del ejército que había derrotado a todos los demás ejércitos de Europa (Austria, Prusia, Rusia, etc…)?. La respuesta es sencilla, Gran Bretaña habría capitulado, incapaz de resistir por sí sola a “Boney” y hoy es posible que la Unión Europea tuviera doce abejas imperiales en lugar de doce estrellas en su bandera y que estuviéramos sosteniendo esta conversación en un perfecto franchute.
      Pues eso. Para que luego venga mi primo el de Murcia haciendo chistes malos sobre españoles salvajes y navajeros y hablando de fracasos históricos. El único fracasado fue el imperio napoleónico, que no duró ni diez años (de 1805 a 1815) y gracias, principalmente, a que una gran parte de españoles decidieron resistir a aquella dictadura militar que había machacado a la revolución que la había engendrado, arrojándole además a la cara la constitución de 1812, la segunda que se proclamaba en toda Europa, sosteniendo ese envite en más de trescientas batallas entre 1808 y 1814. He ahí los hechos que el autor innombrable envilece, degrada y falsea en sus exitosas novelas. Esas mismas a partir de las que rápidamente sienta cátedra sobre nuestra Historia en cuanto aparece el oportuno periodista a hacerle una oportuna superentrevista de esas que él dice odiar tanto, pero de las que no se pierde ni una siempre que está haciendo promoción de su próximo bestseller…
      Lo de Vázquez, como ya dije, tiene un punto menos de delito que lo que te acabo de describir. Pero, por favor, nada de favores que matan, como decía uno de los cirujanos militares de Napoleón, un tal Stendhal. Blas de Lezo ganó la batalla de Cartagena de Indias como lo que era: un experto militar del siglo XVIII, no un émulo de Conan el Bárbaro.
      Lo mismo te digo de “Resiste Tucson”. Se puede escribir un relato tan interesante o más de la lucha de los españoles en esas latitudes contra apaches y comanches -también hubo sioux, rusos, ingleses, etc, etc… que salieron igual de escaldados de sus incursiones en los dominios de su majestad católica- sin necesidad de convertir a esos personajes y la Historia que vivieron realmente en una película de Paco Martínez Soria representada en una taberna de la Legión Extranjera por el personal libre de servicio ese día. Entre otras cosas porque los soldados españoles del siglo XVIII, en contra de las figuras de trazo burdo que ves en “Resiste Tucson”, eran, por ejemplo, famosos por la cortesía con la que se ejercía el mando entre sus filas. De hecho, existía un término acuñado para eso: “mando a la española”. Un procedimiento que distaba mucho de lo que puedes leer en esa novela. Y no es el único patinazo del que te podría hablar.
      Si vamos a hacer las cosas bien y a recuperar el tiempo que hemos perdido encumbrando sargentos chusqueros que parecen salidos de la pluma del genial Ivá, hagámoslas bien de verdad y no cayendo en caricaturas que resultan patéticas cuando las comparamos con las magníficas series históricas británicas y francesas.
      Te remito a la sección “Se puede hacer mejor” de http://lacoleccionreding.wordpress.com. Especialmente a “El viaje del húsar”. Ahí queda eso, no sea que se me acuse de criticar y no ser capaz de aportar alternativas. Ese no es el problema. Alternativas las hay, lo que pasa es que, por la razón que sea, los editores españoles, parece que bajan a buscar el material que publican al primer tambucho que les sale al paso en lugar de entrar en una biblioteca y preguntar, que es lo que hacen sus superiores franceses y británicos con el resultado que todos conocemos…
      No te entretengo más. Ya puedes seguir subiendo el pedrusco.

      • Sísifo dijo:

        Mi gran piedra resulta ahora más pesada tras el rapapolvo recibido, aunque también más agradecida por la extensión y el tiempo dedicado a mi comentario.
        Tomo nota de la dirección referida y le pido disculpas por acusar recibo tan tarde.
        Solo una nota crítica: Le juro que cuando leía la novela nunca imaginé a Paco Martínez Sória.
        Sísifo

  2. centauro dijo:

    ¿Y que tal como se narra la historia de Lezo en Cartagena en el libro “La batalla de Cartagena de Indias”?.
    Informacion sobre el mismo se puede encontrar en http://www.labatalladecartagenadeindias,com

    • Pues parece, Centauro -últimamednte esto se está llenando de seres mitológicos-, que es un libro de Historia bastante interesante, si bien creo que es un poco opinable eso de “colombianos”, que es un concepto que, como tal, como hoy lo entendemos, no existe en el siglo XVIII y que hubiera resultado un tanto extraño a los propios colonos asentados en ese momento en Cartagena de Indias, muy anteriores en el tiempo a la casta de libertadores que como San Martín o Bolívar empiezan a dar pábulo a la idea de Colombia, la Gran Colombia etc… para sustituir con una federación similar a la yankee a los antiguos virreinatos españoles.
      Por lo demás ya dije en la crítica al libro de Vázquez que me parece que no se debería magnificar la cantidad de efectivos enviada por los británicos y la supuesta inferioridad española. Eso es ver las cosas en términos ahistóricos, desde una perspectiva mediatizada por los complejos nacionales -de inferioridad “latina” y superioridad anglosajona- alimentados durante el último tercio del siglo XIX y principios del XX que no tienen ningún fundamento científico, historiográfico.
      Los británicos eran muy conscientes de que iban de cabeza a un matadero fuertemente defendido -los tácticos del siglo XVIII sabian perfectamente que un hombre tras las paredes de una fortaleza valia por cinco que tuviesen que atacar en campo abierto- y que iban a tener que usar mucha carne de cañón. Como era habitual en todas las operaciones de asalto contra fortalezas abaluartadas como las de Cartagena de Indias.
      En cualquier caso, bienvenido sea cualquier libro que se ha metido en el magnífico Archivo de Indias en Sevilla para tratar de aportar algo nuevo sobre la figura de Blas de Lezo y esa gran batalla que, en efecto, decide el futuro de América hasta 1812.
      Y, link por link, ahí va lo que ha hecho este sufrido historiador para que perdure un recuerdo más exacto de Blas de Lezo, http://www.euskomedia.org/aunamendi/81070. Supongo que yo no tengo tanta entidad como Colombia o mi propia Armada pero algo es algo.

      • centauro dijo:

        Aunque con retraso, muchas gracias por el comentario. De acuerdo con lo de “colombianos” que , en alguna ocasion se menciona , pero ello fue para acercar al gran publico a la situacion geografica del conflicto terrestre y no confundirlos con el de nuevogranadinos.
        He tenido un exquisito cuidado para no magnificar los acontecimientos españoles y de las causas, ya que , si lee completamente el lbro ,se dara cuanta de ello. Y sobre las causas de la derrota -o victoria- tengo que manifestarle que , como la investigacon fue secuencial, hasta el final de la misma-y de la narracion-, ni yo mismo sabía cuales fueron las causas de ella..
        Lo de “centauro” es porque me ha pasado muchas horas de mi juventud y madurez a lomos de un équido.
        Atentamente.

      • Estimado Centauro, aunque sea con retraso, gracias por estas explicaciones que publicadas quedan. No he podido leer el libro entero. Ojalá pudiera, pero uno no puede multiplicarse más. Reitero lo dicho en su día: bienvenido sea, en cualquier caso, un libro que, documento a documento, trata de reconstruir y difundir esa gran batalla de la que nada sabemos porque Hollywood, pese a Antonio Banderas, Penelope Cruz, Sofía Vergara, Salma Hayek, Guillermo y Benicio del Toro, etc, etc… sigue siendo anglocéntrico de pensamiento y acción y así, como muchas otras veces, nos vemos privados de nuestra Historia común o tenemos que verla reducida a la oscuridad más injustificada y más inmerecida.
        Un saludo cordial.

  3. Juanli dijo:

    Sin embargo, fue la arrogancia de Vernon la que llevó al desastre de su armada, no por lanzarse contra una inexpugnable ciudad, sino por desoír, ya en la Bahía interior y tras salvar las cadenas que impedían el acceso, los consejos de sus oficiales sobre lo inadecuado del plan que proponía. Por todo esto tuvo que responder luego ante el gobierno de su graciosa majestad, aunque su retiro fue más glorioso que el de Blas de Lezo, vencedor de la lid y víctima de las malas artes del virrey Eslava, que al revés de Lezo, dominaba el lenguaje burocrático. Ya sabemos que Blas de Lezo no disfrutó mucho tiempo de su hazaña, pero que la propia patria le negara en vida el tributo que merecía, es algo que como español indigna y entristece. Por otro lado, hay que tener en cuenta que también la Habana contaba con muy buenas fortificaciones, pero fue tomada en 1762 y reducido el castillo del Morro por los ingleses tras, eso sí, una heroica resistencia. Estoy de acuerdo en que España defendió muy bien durante el siglo XVIII, período en el que precisamente alcanzó su máxima extensión, las fronteras de su imperio en América, y que era el único adversario (de entidad) que podía disputarle el control del continente a Inglaterra. Las hazañas de Blas de Lezo y de Bernardo de Gálvez son buenos ejemplos de esto. No era, pues, una potencia de segunda fila. Incluso Inglaterra tuvo en España un adversario más sólido que Francia (mares incluidos) Trafalgar, en 1805, hizo olvidar todo esto. Y los acontecimientos de 1808, que precipitó todo. Pero para ver qué colonia en América era la más rica, en el XVIII y buena parte del XIX, no hay más que comparar las series de época hispanoamericanas que pueden verse en la sobremesa con las del Oeste producidas por Hollywood. La riqueza de la arquitectura, el escenario, lo dice todo.

    • Gracias Juanli por el comentario, que ahí queda publicado. Ya siento la tardanza en aprobarlo -como merecía- y responder pero las vacaciones -aunque sólo duren una semana- son como son.
      Nada más que añadir a lo que dices. Tan sólo que encerronas como la que sufrió el pobre Blas de Lezo, estaban a la orden del día en todas las cortes europeas. No bastaba con ser un as en el campo de batalla como él lo era. Había luego consideraciones, influencias, cambalaches cortesanos etc… que eran más peligrosos aún que un navío de línea de 74 cañones.
      Finalmente Lezo obtuvo, aunque fuera a título póstumo, todos sus honores y reconocimientos en la persona de sus hijos y herederos.
      Con Vernon pasó lo que pasó con muchos enemigos de los españoles: que la campaña de propaganda británica lo tapó todo y aquí cargamos con el mochuelo tontamente de si fue una victoria que parecía una derrota o que fue una victoria deslucida por el mal reparto de recompensas, como en el caso de Lezo.
      Otro gran marino, Antonio de Oquendo, sigue bajo esa misma sombra. En Las Dunas, tras horas de combate no consiguieron rendir su navío insignia, ni hacerle abatir el pabellón. La flota holandesa no pudo entrar en el puerto al que iba dirigida la flota de Oquendo y huyo de allí al salir socorros de ese puerto. A los pocos días, tras reparar su buque insignia y reagrupar su flota, Oquendo salió a mar abierto y no había ni rastro de un holandés que se lo impidiera. Resulta bastante difícil considerar eso una gran victoria naval holandesa. Sin embargo, como aquí damos por buena la propaganda enemiga -en este caso la de los Estados Generales holandeses, que prefirieron dar una “patada hacia arriba” a su almirante antes que degradarlo reconociendo lo mal que se había comportado-, seguimos dando por derrota lo que no fue tal.
      Habrá que seguir haciendo series de televisión que aclaren estas cosas y, sobre todo, empezar a tomarnos más en serio nuestra propia historia, en lugar de convertirla, muchas veces, en una leyenda cortada sobre el patrón de la propaganda de guerra antiespañola del siglo XVII, que es lo que se ha hecho muchas, demasiadas veces.
      Un saludo.

  4. Josep dijo:

    Un detalle: habla continuamente de Washington dando la impresión de que fuera George (recuérdese lo de “será un gran general algún día”), cuando en realidad era su hermano Lawrence. No recuerdo si da el nombre de pila en algún momento.
    Y le da el rango de capitán. ¿No comandaba la milici ade Virginia, con unos 4000 hombres?
    Si me aclaráis las dudas, os lo agradeceré.

    • Estimado Josep: La reseña pública de “La novela antihistórica” y los comentarios anejos no pueden ir más allá de lo ya publicado a la hora de resolver esa clase de dudas. Recuerde que esto es una asesoría y tiene clientela bajo suscripción que paga por obtener esa clase de información que nos pide. No sería justo para los que pagan que ofreciéramos información gratis, indiscriminadamente, en comentarios abiertos al público generalista.
      Gracias de todos modos por su comentario y reciba un saludo cordial.

      • Josep dijo:

        En realidad, era un comentario. La formulación como pregunta era solo cuestión de cortesía…

      • Estimado Josep: explicado queda, pero tenemos que insistir en que consultas de ese orden, aún formuladas así, son ya materia para la intranet de “La novela antihistorica”.
        Gracias, nuevamente, por el comentario y un saludo.

  5. Miguel de Avendaño dijo:

    Creo que hay que precisar que en Inglaterra no se tapó nada ni se ocultó nada de la derrota. La supuesta prohibición de hablar de Cartagena de Indias es un mito promovido por todos estos autores de novelillas, como Victoria, Vázquez, Ribas, etc) y por otros que debieran ser capaces de distinguir la verdad de la ficción. Hay abundancia de libros y escritos publicados en Inglaterra que tratan sobre la derrota de Cartagena de Indias: The Conduct of Admiral Vernon Examined and Vindicated (1741), An Account of the Expedition to Carthagena (1743), Authentic Papers Relating to the Expedition to Carthagena (1744), Journal of the Expedition to Carthagena (1744), Original Papers Relating to the Expedition to Carthagena (1744), The Adventures of Roderick Random (1748), An Account of the Expedition Against Cartagena (1757), The Life of Admiral Vernon by an Impartial Hand (1758), An Account of the Expedition to the West Indies (1759), The Naval History of Great Britain (1779), Naval and Military Memoirs (1804), The Naval History of Great Britain (1818), A Memorial of Admiral Vernon (1861), Admiral Vernon and the Navy (1907), The Attack upon the Spanish Main by Admiral Vernon (1908), A History of the British Army (1910), Admiral Vernon’s Medals (1918-1919), The Navy in the War of 1739-1748 (1920), War and Trade in the West Indies (1936) John Morris and the Carthagena Expedition, 1739-1740 (1940), The Cartagena Expedition: Evacuation Two Centuries Ago (1941), The Angry Admiral: The Later Career of Edward Vernon, Admiral of the White (1953), The Vernon Papers (1958), The Defeat of Admiral Vernon at Cartagena (1963), War at Sea in the West Indies, 1739-1748 (1963), The War of Jenkins’ Ear: A New Voice in the Wentworth-Vernon Debate (1967), Health and Military Factors in Vernon’s Failure at Cartagena (1992), Amphibious Warfare in the Eighteenth Century: The British Expedition to the West Indies 1740-1742 (1993), The Emergence of Britain’s Global Naval Supremacy: The War of 1739-1748 (2010) y otras obras.
    Por otra parte, pretender que los ingleses no hablan o escriben de sus derrotas lo único que denota es o el desconocimiento del inglés o la absoluta falta de lectura de obras de historiadores británicos. Las derrotas británicas, como las victorias, han sido siempre de gran interés tanto para historiadores como lectores británicos. Singapur, Monongahela, Isandhlwana, Afganistán, Yorktown, Saratoga, Creta son sólo algunos ejemplos.
    Por último, Lawrence Washington no comandaba el regimiento americano. Era capitán de una de sus cuatro compañías.

    • Estimado Miguel de Avendaño (o cualesquiera sea su verdadero nombre): vayamos por partes.
      En primer lugar no sé qué tiene que ver mi reseña con todo lo que usted dice en su comentario. Yo me limité en su día a hacer un análisis de “Mediohombre” cotejando lo que decía su autor con determinados estudios históricos sobre la batalla de Cartagena de Indias.
      De ahí usted deduce que yo no sé inglés (¿?), que no leo Historiografía inglesa (¡¿?!) y no sé cuántas cosas más sólo porque digo, y de pasada, que la editorial de Alber Vázquez ha explotado el tópico de que los británicos trataron de ocultar el desastre de Cartagena de Indias.
      Si tiene algo que reclamar a ese respecto ya sabe dónde debe dirigir su protesta.
      De todos modos le diré que su argumentación es bastante pobre a pesar de revestirse de tan vasta erudición como la que saca a relucir en su comentario.
      En primer lugar quien como usted se precia de erudición, debería evitar argumentos “ad hominen” y más vueltos en contra del mensajero -yo- que contra el emisor del mensaje, que en este caso serían Alber Vázquez e Inédita. La editorial que comercializaba el libro diciendo que hablaba de la derrota que Inglaterra había querido ocultar. Insisto: ya sabe dónde puede dirigirse con su densa requisitoria.
      En segundo lugar usted mezcla sin ningún criterio y análisis textos de corte panfletario -le aseguro que sé bien de que hablo porque he estudiado ese tipo de prensa británica del siglo XVIII en la British Library y otras bibliotecas londineses y así está archivada, en la “PAM” de “Pamphlets”- con estudios históricos muy posteriores a la fecha de la derrota de Cartagena de Indias. Algo inadmisible desde un punto de vista de análisis historiográfico, pese a que usted parece ignorar ese punto fundamental para hacer una crítica sólida a afirmaciones que no comparte.
      Sus errores a ese respecto continúan, como no podía ser menos, a partir de ahí. Que los británicos, oficialmente, más allá de lo que dijera la camarilla proVernon en diversos panfletos como los que usted cita, no quisieran ocultar lo ocurrido es algo muy discutible y que su argumentación, insisto, no refuta en modo alguno.
      Para empezar el epitafio de Vernon en la abadía de Westminster dice, elegantemente, algo así como que “Conquistó Cartagena hasta donde llegaron sus barcos”. Bello eufemismo en la línea de “Me voy yo, no me echan”.
      En efecto, hablar de derrotas como si fueran victorias es una irritante seña de identidad de los británicos. Historiadores, por desgracia, incluidos. Le cito un ejemplo reciente “Dunkirk: retreat to Victory”. Con su nivel de inglés ya se dará cuenta de que un fiasco del tamaño de la Operación Dínamo se convierte en un libro de Historia británico no en una derrota más o menos ultrajante, sino en la antesala de una victoria cuatro años después. Volvemos así, una y otra vez, a lo de “Conquistó Cartagena hasta donde sus barcos llegaron”.
      Ya ve usted para lo que sirve conocer tanto el idioma como lo que se publica en él sobre estos temas. Me resulta extraño que su superior inteligencia, de la que blasona en su comentario, no haya caído en cuenta de detalles así. Asombroso, verdaderamente asombroso. En fin…
      Con Isandhlwana pasa otro tanto. Gran paliza ahí sí, pero ¿y Rorke´s Drift, eh…? pongamos el foco en la heroica resistencia de ese destacamento que se convierte en victoria moral y preludio de la victoria definitiva.
      Ese es el estilo británico de hablar de sus derrotas. Y Cartagena no es una excepción.
      Le podría multiplicar los ejemplos de los que debería sacar provechosas lecciones antes de lanzarse a críticas como la que hemos tenido la gentileza de publicarle a pesar de su necio y desagradable tono y sus gratuitas suposiciones sobre lo que sabe o no sabe el autor de la reseña que, como habrá comprobado, es más de lo que usted quiere imaginar.
      Vamos allá: 1589, año de la Contraarmada, un fiasco inglés de tamaño gigantesco. La flota que iba a invadir España y Portugal es rechazada en todos los frentes y sufre graves pérdidas. Al instante siguiente llega un velo de silencio oficial y deformación de los hechos vía panfletos como los que usted cita. El de un tal Winfield, cortesano de pro como los que defienden a Vernon tras su derrota en Cartagena, viene a decir poco menos, otra vez, que Albión y su grandiosa flota han ganado la batalla, que se han retirado sólo porque han querido…
      Hoy todos los escolares británicos saben de la “Invencible” pero apenas habrá algunos que sepan de lo ocurrido con la Contraarmada y con el notable hecho de que esa guerra es ganada por España, que impone,a principios del siglo XVII, sus condiciones a Londres. Allí reina en realidad el conde de Gondomar, embajador español ante esa corte, que consigue de ella cuanto quiere. Incluida la cabeza de sir Walter Raeigh cuando éste tiene la osadía de querer entrar en el Darien español a la búsqueda de Eldorado.
      Pregunte en Londres la próxima vez que vaya por allí a ver cuántos londoners saben de esto y luego hablamos de cómo hablan los británicos de sus derrotas.
      Vamos con otro caso, “La marcha de la Muerte” de Christopher Summerrville. Una de esas obras de Historiografía británica sobre derrotas militares que usted parece admirar tanto y que supone los demás desconocemos.
      En ella se habla de la penosa retirada en el crudo invierno de 1808-1809 de las tropas expedicionarias británicas destinadas a la Península.
      Summerville se dedica durante todo el libro a centrarse en los británicos, menoscabando el papel de los españoles, abundando en tópicos truculentos, y hasta racistas, sobre la situación de España, ignorando hechos fehacientes que debería conocer.
      Por ejemplo que Gran Bretaña estaba en un estado de debilidad militar atroz en esas fechas y que el envío de esa fuerza no es ningún favor especial a la “pobre” España sino un subirse al carro del vencedor, el único parapeto -aparte de la Royal Navy- que hay entre Napoleón y Londres. Es decir, el Ejército español leal a las juntas de defensa erigidas contra Napoleón que ha demostrado, al Mundo entero, que los ejércitos napoleónicos pueden ser derrotados. En Bailén, por ejemplo. Batalla que constituye lo que hoy se llamaría una “noticia bomba” que conmociona a la opinión pública europea, demostrándole que Napoleón puede ser derrotado.
      Un tema éste que preocupaba especialmente a Gran Bretaña, que bien sabia iba a ser la siguiente en la lista de “Boney” y no contaba con un Ejército capaz de defenderla desde el momento en el que las tropas napoleónicas pusieran pie en Inglaterra.
      Esa es la situación real, objetivamente descrita en base a la documentación de época (¿es usted también un experto en esta materia? No lo parece desde luego). Ya ve cómo la tamiza Summerville, minimizando el papel de España, convirtiendo a la que los británicos ven en ese momento como su única baza ante el Ogro de Europa, ante Bonaparte -España- en una especie de “comic relief” (you know but I mean, ain´t?) de los “superhéroes” británicos, olvidando, por ejemplo, que las fuerzas de Artillería española resistirán hasta el último momento en La Coruña para cubrir el embarque de esas tropas, que son el último ejército del que Inglaterra dispone en esa fecha…
      Ese es el importante matiz entre lo que usted dice y un verdadero análisis de la Historiografía sobre esos temas del que, es evidente, carece su acumulación de títulos que, quizás, le hubiera servido de algo en la Edad Media, en la plena vigencia del Escolasticismo, pero que hoy, en la Era de la Nueva Ciencia, basada en el análisis, en la reflexión y el contraste de datos, tal y como sugería Francis Bacon -a quien usted debería tener más presente dada su anglofilia exacerbada- de bien poco sirve, salvo para aumentar la confusión de los lectores de esas que usted llama “novelillas”.
      Y es con esos mimbres con los que usted pretende dar lecciones. ¿De qué exactamente?

      P. S. su matiz sobre la clase de mando que ostentaba Lawrence Washington es tan confuso y tan irrelevante que ni siquiera voy a comentarlo.

      • Miguel de Avendaño dijo:

        ????? Confuso, Washington? Y creo que no distingue usted los matices del significado de panfleto y pamphlet. ¿Habrá que estudiar más inglés?

      • Miguel de Avendaño dijo:

        ¿Por qué dudar de mi nombre?

      • Miguel de Avendaño dijo:

        Es que me llamo Miguel de Avendaño y Fisher, aunque no se lo crea o no le guste. Y el “y” es por la ley del registro civil.

  6. Miguel de Avendaño dijo:

    Ya le contestaré cada punto con tiempo. Simplemente decirle que me llamo como me llamo (“Miguel de Avendaño”), pese a quien le pese. No tengo necesidad de ocultamiento. Por otra parte, su conocimiento del inglés nos da “you know but I mean, ain´t?”, que no tiene sentido. ¿Quería decir “you know what I mean, eh”? o ¿”you know what I mean, don’t ya”? ¿Otros coloquialismos quizá?. No pretendo dar lecciones de inglés, pero mi madre era inglesa, nací en Inglaterra, viví ahí hasta los 8 años, pasé todas mis vacaciones infantiles y juveniles en Inglaterra, estudié en la Universidad de Londres (University College) y en el Royal Agricultural College. Como se dice en Inglaterra, “Don’t teach your grandmother to suck eggs”. Tiene usted mi dirección de correo electrónico por si quiere comprobar mis datos.

    • Pues muy bien sr. Miguel de Avendaño. Tómese el tiempo que quiera para fajarse con mi reseña y conmigo. Por lo demás, le doy la razón, con lo de mi frase en inglés. Pero no es desconocimiento, es un lapsus calami. En vez de “what”, “que”, en efecto, puse “but”, “pero”, que le quita todo el sentido a la frase, aunque por el contexto -y con sus altos conocimientos de inglés- ya podría haberlo deducido en lugar de aprovechar para hacer más sangre. Muy mal esto, por otra parte. Indigno de un medio inglés, que debería saber qué es el “fair play” y practicarlo.
      Pero en fin “As you like it”, como decía el título de una de las obras menos conocidas de Shakespeare (fuera quien fuera).
      Por lo demás si quiere tomarse la molestia de responder punto por punto a lo que le decía, se lo reitero: tómese ese tiempo.
      Sin embargo, le advierto que no voy a cambiar un ápice mi opinión sobre usted y sobre su comentario.
      Todo lo que le dije en el anterior comentario vale para éste y para el siguiente, pues no veo cómo puede sostener todo lo que pretendió sostener en su primer comentario.
      Daba usted en él por supuesta una serie de cosas que no eran ciertas. Y en lugar de reconocer el error, vuelve a insistir. Pues nada, insista, que yo insistiré en mis argumentos, que al menos son razonados y documentados más allá de la repetición de una lista de libros digna, como le decía en mi respuesta anterior, del escolástico más encanallado. Se lo repito: sir Francis Bacon, “Novum Organum”, Nueva Ciencia, la Edad Media queda muy atrás, hay que argumentar con más solidez que repetir una lista de libros sin analizarla, haciendo una serie de inferencias tan ofensivas como gratuitas y cargando el muerto al mensajero y no al editor y al autor reseñados, que eran los que daban pábulo al argumento que tanto parece herirle.
      Y respecto al refrán, un par de cosas. La primera que en español existe el equivalente, que sería “Cuando seas padre comerás huevo” o bien, más exactamente, “No quieras enseñar a tu padre a hacer hijos”.
      Lo segundo, que en este caso quien pretende enseñar a sorber huevos a su abuela es usted y no yo. Usted demostró en su mensaje anterior que su conocimiento de la Historia es superficial y diletante y yo le rebatí con argumentos, que le gustarán más o menos, pero que vienen de una larga y acreditada práctica profesional en ese campo, que es la que ha dado pie a reseñas como estas y a otros muchos trabajos de mucho más vuelo.
      Si le hubiera querido enseñar algo de Agronomía podría aplicarme con acierto ese refrán. Como es usted el que pretende dar lecciones de Historia sin, obviamente, ser historiador ni saber muy bien de qué habla, creo que lo justo en este caso es aplicárselo a usted.
      No le digo más, ánimo con su réplica, pero ya le digo que sus argumentos iniciales no hay por dónde cogerlos.
      Por lo demás, como decía aquel “Sea shanty”: “I must say adieu and farewell to you”.

  7. Miguel de Avendaño dijo:

    Sí, es interesante ver cómo todo lo que va en contra de sus opiniones resulta que son alegatos ad hominem e histerias varias. Acabo de salir de cinco días de hospitalización a causa de un cólico nefrítico (nada que ver con Blas de Lezo, o eso creo) y ya le contestaré con tiempo. Y, desde luego, ni doy lecciones ni me creo infalible, Mírese en un espejo. La historia es “una disciplina rigurosa” y usted, como historiador, debería despojarse de esa lacra hispánica del dogma y el ordeno y mando, por no hablar del complejo de inferioridad y la manía persecutoria. Todo esto con la mayor humildad y deseo de aprender.

  8. Miguel de Avendaño dijo:

    Y el fallo del inglés incluye ese “ain’t”, que debe ser “ain’t it” o “ain’t algo”????

    • Si, claro, y decir “gonna”, cuando se usa, deliberadamente, el slang americano -como hacía yo en esos momentos- también está mal, ¿verdad?. Usted no ha leído ni oído mucho de cultura popular norteamericana que, por cierto, es la que domina el inglés a nivel mundial. Les pese lo que les pese a los brits. El caso es meter cuña como sea. Ya se ve. You are really obnoxious and boring, gentleman. Really.
      ¿Le parece mejor así, con acento de Saville Row?. Espero que capte la esencia del mensaje y saque de él las conclusiones oportunas.

      • Miguel de Avendaño dijo:

        Saville Row? Acento de sastre y modistilla? Sus lecciones de inglés fallan totalmente.

      • Miguel de Avendaño dijo:

        Por cierto, eso de “You are really obnoxious and boring, gentleman” tampoco es inglés. Quizá “You are really obnoxious and boring, sir”. Es admirable practicar aunque uno tenga conocimientos limitados ( yo estoy estudiando sueco), pero hay que tener la humildad de no dar lecciones cuando uno no sabe lo suficiente.

      • Mire, don Miguel: está claro que usted interpreta todo lo que digo como le da la gana recurriendo a los argumentos más peregrinos. Le he pillado a campo descubierto desde el primer momento, lo he puesto en evidencia y ahora no sabe por donde salir, salvo doblando la apuesta cada vez le respondo.
        Así, por no extenderme demasiado, lo de Saville Row. Dice usted conocer Inglaterra de maravilla y compara a los mejores y más caros sastres de Inglaterra que trabajan para la élite británica y, cómo no, se asimilan en todo a ella, empezando por esa cosa tan importante para los brits como lo es el acento, con modistillas… Bien, eso ya nos deja una idea bastante clara de la naturaleza de sus réplicas. Todo lo demás que ha dicho es de la misma laya y no merece, por tanto, ni más comentario, ni más tiempo perdido.

      • Miguel de Avendaño dijo:

        Yo no le considero obnoxious and boring, simplemente no argumenta.

      • Miguel de Avendaño dijo:

        Yo “no he leído ni domino”, pero parece que usted lo sabe todo acerca de mí. Por supuesto, ningún argumento ni razonamiento. Simplemente lo sabe.

  9. Miguel de Avendaño dijo:

    Por otro lado, ahora que lo pienso, yo sí que estoy dispuesto a cambiar mi opinión si me dan argumentos convincentes para ello. Usted, en cambio, me comenta: “le advierto que no voy a cambiar un ápice mi opinión sobre usted y sobre su comentario”. Very interesting. Por si le interesa, no tengo ninguna opinión sobre usted ya que no le conozco.

    • Pues quién lo diría, lo de la opinión sobre mí, leyendo sus mensajes. Y sí, no voy a cambiar de opinión respecto a lo que ya le dije en el primer mensaje. Me echó el muerto de algo que había dicho Editorial Inédita y este ya es el tercer mensaje que tengo que responder como si fuera yo el que hubiera dicho que los brits ocultaron la derrota de Vernon en Cartagena, en lugar de limitarme a mencionar, de pasada, esa afirmación que otros habían hecho.
      Como comprenderá el tener que responder por las palabras de otros no me hace ninguna gracia, ni me lleva a sentirme muy paciente con quien, erre que erre, se empeña en presentarme la factura de esas palabras a mí. Busque, sin más dilación, la dirección de Inédita y hágales los cargos pertinentes a ellos, que vendían su libro con ese eslogan que tanto le molesta pero que, aún así, no consigue rebatir con argumentos de consideración, como ya le he señalado en dos ocasiones sucesivas.

  10. Miguel de Avendaño dijo:

    Por lo menos mis mensajes son más breves. Y, parece ser que lo tengo que aclarar, mi disconformidad es con algunas de sus opiniones. Las tonterías de Vázquez y su novelilla no merecen más comentario que el que usted ya ha hecho.

    • Pues haber empezado por ahí. Porque parece que lo que ponía en solfa era mi reseña, que para nada daba un voto de confianza a Vázquez. Más bien todo lo contrario. Así me habría ahorrado mucho tiempo, del que no ando sobrado, créame.

  11. Miguel de Avendaño dijo:

    Si escribe usted un blog, acepte que haya personas que le lleven la contraria, tenga usted tiempo o no. El día en que España se quite de encima la pesada losa psicológica del franquismo intransigente (que afecta tanto a izquierda como a derecha) habremos avanzado un poco.

  12. Miguel de Avendaño dijo:

    Si uno escribe para el público se expone a la respuesta del público. Otra asignatura pendiente. El ordeno y mando sigue muy presente en la mente de algunos.

  13. Miguel de Avendaño dijo:

    Y, desde luego, argumente. Ni invente ni atribuya. No doy lecciones a nadie sino que expongo opiniones. Soy tan español como inglés y si alguien opina tengo derecho a dar mi propia opinión. Como decimos en Inglaterra: “convince me”. Por el momento usted sólo echa balones fuera o da rabotazos. Not good enough, try again. Wishing you a merry Christmas and a happy New Year (y esto se lo digo con toda sinceridad).

    • Estimado Miguel de Avendaño: yo he estado dando argumentos desde el principio. No echando balones fuera. Si lee con atención mi reseña verá que yo me centraba sobre qué aportaba de valor, desde el punto de vista de la Historia, la novela. De ahí salió un primer comentario según el cual yo no sabía inglés, no leía libros en inglés, etc, etc…
      A eso le respondí que, en primer lugar, daba vd. por supuestas ciertas cosas que no eran ciertas y en segundo que no cargase contra mi reseña porque en ella apenas se trataba del tema de si se dio o no publicidad a la derrota de Vernon en Cartagena.
      De ahí sólo ha salido, por su parte, dar vueltas a pequeños detalles, a hacer sangre de lapsus calami míos, o de si hablaba en slang o con acento de Oxbridge y nada que refutase, por ejemplo, que la Historiografía británica adolece de triunfalismo, como le demostraba yo por medio de menciones a obras como “Dunkirk: retreat to victory” o “La marcha de la muerte”.
      Por otra parte le he respondido a todos su mensajes, por supuesto defendiendo mi posición, contra la que se ha cargado por su parte una y otra vez y no precisamente rebatiendo esos argumentos que ya le di en el primer mensaje.
      Si eso usted lo interpreta como falta de argumentos o como mentalidad de ordeno y mando y no sé qué otras cosas, no sé qué mas podría hacer yo, aparte de callarme y decirle que sí, que tenía usted toda la razón desde el principio de esta estéril, por otra parte, discusión.
      Le agradezco que me desee feliz Navidad y Año Nuevo y lo mismo le digo.

  14. Miguel de Avendaño dijo:

    El ya tradicional “no sé qué mas podría hacer yo, aparte de callarme y decirle que sí, que tenía usted toda la razón desde el principio de esta estéril, por otra parte, discusión”.

    • Bueno, ¿pero eso es lo que en realidad usted quiere?, ¿no?. Pues ya está. Para qué discutir más. Se le dan argumentos y hace caso omiso de ellos en tanto en cuanto no le den la absoluta razón. Se le dan evidencias que rebaten sus argumentos y ocurre otro tanto.
      Nada, siga usted muy feliz encerrado en su bucle. Yo, como comprenderá -y en caso contrario tanto me da que no lo comprenda- tengo cosas mejores que hacer que enzarzarme en una discusión imposible en la que lo único que vd. pretende demostrar es que usted tiene razón -sin tener ni maldita idea de Historia o tirando de argumentos que parece sacados del “Boy´s own paper”- y los que llevamos años estudiando e investigando en un marco profesional estamos equivocados.
      Ante eso ni se moleste en perder su precioso tiempo con más réplicas vacuas del tenor de la que acaba de mandar.
      Ya tenemos todos, usted y yo y quienes leen esta página, lo que necesitamos saber sobre este asunto.

  15. Miguel de Avendaño dijo:

    La paja en el ojo ajeno… “sin tener ni maldita idea de historia”… Lo dice todo

    • Estimado Miguel: esto de ver la paja en el ojo ajeno cuando se habla de no tener ni maldita idea de Historia… ¿lo dice por usted?. ¿No?.
      Lo suponía. Gracias por demostrar tanta modestia y reconocer las evidentes taras en su formación que, por lo que veo, insiste en exponer al público una y otra vez por medio de sus comentarios.
      Un saludo.

  16. Miguel de Avendaño dijo:

    Lea y discurra.Y argumente.

    • Mire sr. Avendaño no dé consejos que debería aplicarse a sí mismo. Y deje de molestar ya, si es posible. Es usted pesado, muuuuy pesado. ¿Quiere que le dé la razón en esta absurda discusión planteada únicamente por su chovinismo probritánico y su creencia en que la Historia es un pasatiempo de salón?. Pues, hala sí, tenía usted toda la razón. Desde el principio. Y ahora váyase por ahí a a descubrir nuevas interpretaciones de la Historia, las presenta después en un congreso -mundial a ser posible- y a ver si con un poco de suerte le dan el premio Nobel de Literatura como a Churchill por su “History of the English-Speaking peoples”.

  17. Miguel de Avendaño dijo:

    Lo dice usted todo. El debate es lo último, no interesa, y es cuestión de “tener razón” o no tenerla. Lejos de nosotros la nefasta costumbre de discurrir y debatir. Enhorabuena.

    • Mire, se debate con gente que tiene argumentos y que está dispuesta a debatir y aceptar lo que otros tienen que decir y aportar desde conocimientos obtenidos de muchos años de trabajo sistemático, no de dedicarse a la Historia como “hobby”, y ese no es su caso.
      Y le rogaría que deje ya de molestar, por favor, con discusiones bizantinas como éstas. Por lo que se ve esa parte de su educación británica, la de no ser un impertinente, le falla bastante.

  18. Miguel de Avendaño dijo:

    Argumentos le he dado. Al final, el que disiente “molesta”. Parece ser que no tengo “años de trabajo sistemático”. Y el insulto es buen sustituto de la argumentación.

    • ¿Impertinente le parece un insulto? A mí, en su caso me parece sencillamente una descripción. En cuanto a que ha dado argumentos, en fin… es una opinión.
      Si le rogaría que dejase de molestar con estos mensajes que no van a ninguna parte y no aportan nada. Tiene usted una perspectiva de la Historia completamente amateur. Y eso no se va a arreglar por más mensajes que mande y en los que se presenta poco menos que como un cordero sacrificial a manos de quien está teniendo con usted bastante más paciencia que la que se merecen estas escasas aportaciones y sus insoportables jeremiadas.
      ¿No tiene otra cosa en la que emplear el tiempo libre de su jubilación, por ejemplo en escribir su propio blog para iluminar al mundo entero con ese caudal de conocimientos que usted dice poseer y que, la verdad, no han quedado muy patentes en su ya demasiado larga lista de comentarios?.
      Be your age, please!!

  19. Miguel de Avendaño dijo:

    No estoy jubilado, me faltan 10 años. Trabajo en el Real Instituto Elcano. Intento hacer bien mi trabajo. Aporte usted argumentos y no se pierda en los insultos. Y si m enseña inglés tenga en cuenta mis circunstancias.

    • ¿Usted trabaja en el Real Instituto Elcano? No me lo puedo creer. De hecho, preferiría no creerlo dado que se supone que esa institución se creó para promocionar la imagen de España, su Historia, etc…
      ¿Usted cómo cobra su sueldo, en siclos de plata?
      La verdad, viendo espectáculos lamentables como el que nos ofrece vd. con sus comentarios probritánicos además de indocumentados historiográficamente, cada día me parece más atractiva la opción de la emigración -y nacionalización- en un país serio. Justo como los otros dos millones de compatriotas que, cargados de títulos, doctorados, masters… han sido expulsados de España por esta magnífica -estoy siendo sarcástico- política científica y cultural de la que usted es partícipe y beneficiario.
      ¿Se ha sentido insultado en mis respuestas anteriores? Pues la verdad, no sé porqué. Y por otra parte para insultos, todos los que me están viniendo a la cabeza ahora mismo con su última revelación.
      No le entretengo más. Seguramente tiene que carcomer aún más desde dicho Real Instituto los cimientos de este país ya medio derrumbado por quienes, se supone, deberían sostenerlo.
      Qué asco, qué vergüenza y que no haya nadie que remedie esto…

  20. Miguel de Avendaño dijo:

    Ni un argumento. La España y la anti-España.

    • ¿Y qué argumentos busca usted? ¿Que yo, un historiador cualificado, dé la razón a un troll que se dedica a socavar y falsear la Historia de mi país desde dentro de sus propias instituciones culturales?
      Si se trata de esa clase de argumentos, ya puede esperar sentado y hartarse de mandar desde su cómoda sinecura del Real Instituto Elcano estos mensajes dignos de un débil mental o de un propagandista del Franquismo (la España y la Anti-España, ¿ya sabe vd. de qué está hablando o siquiera a quién está citando?, ¿qué es lo siguiente, citas enteras de “Mein Kampf”?).

      • Miguel de Avendaño dijo:

        No busco que me dé la razón. Es cuestión de discurrir. No soy un troll. No tengo una cómoda sinecura. No creo que sea un débil mental. Desde luego no soy un propagandista del franquismo. ¿Tiene usted argumentos? No falseo la “historia de su país”, que es el mío. Argumente.

      • Mire, eso de que vd. no es un troll se lo cuenta usted a quien le lleva mandando aquí -durante años- a soltar sandeces como que quiere argumentos cuando ya hace años -sí, años- que se le respondió más que de sobra en ese aspecto.
        El próximo mensaje del tenor de los que está mandando usted desde hace ya varios años, no será publicado ni por supuesto respondido.
        Esto no es es un buzón de correos para uso particular de esa burguesía reaccionaria y semiletrada que ha infestado España y, de hecho, la está llevando a la ruina desde instituciones como la que mantiene una inteligencia tan gris, manipuladora y manipulable como la suya.

  21. Adrián dijo:

    Miguel de Avendaño, renuncia a tu trabajo.

    http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/web/rielcano_es/biografia/?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcanov2_es/elcanov2/sobre-elcano/equipo-de-trabajo/fichas/miguel-de-avendano

    Decenas y decenas de comentarios por varios blogs de internet (no hay que buscar demasiado para encontrarlos) con el único objetivo de ensuciar la imagen de España, me gustaría saber quién es el lumbreras que lo nombró editor del Real Instituto Elcano.

    • Estimado Adrián: mil gracias por esta iniciativa. Es sencillamente de vergúenza que esta persona sea editor del Real Instituto Elcano. Habría que abrir una investigación y purgar responsabilidades, empezando por ese energúmeno que, lo ignoraba, ha hecho otro tanto en otros blogs. Te añado otra “perla” que no publiqué, ya harto de soportar sus comentarios dignos de un Torquemada. El individuo se calificaba a sí mismo de “español, católico y no masón”… Con eso creo que se ve bastante bien el nivel intelectual y la profesionalidad del aludido.
      Gracias otra vez por tu iniciativa y cuenta con mi ayuda para conseguir que se exijan responsabilidades a quien corresponda por poner a semejante individuo en semejante puesto.

  22. Sophie dijo:

    No me gustó nada el libro Medio hombre, no soy historiadora pero creo que falsifica la historia y lo que es peor, retrata a un Blas de Lezo falso, violento blasfemo e insensato. Se que es una novela histórica y que no todo es verdad, pero de ahí a describir a Lezo como un insensato y un blasfemo, va un buen trecho. Hay libros mucho mejores que éste, como EL DÍA QUE ESPAÑA DERROTÓ A INGLATERRA, o EL ALMIRANTE MEDIO HOMBRE.

    • Estimada Sonia, desde luego que sí. No es difícil, ahora mismo encontrar libros mejores que el de Alber Vázquez. El problema con el almirante Lezo es que se le ha olvidado, como a todo el siglo XVIII español (¿ha visto muchos soldados españoles luchando en películas sobre la Guerra de Independencia de Estados Unidos?. Claro que no, pero allí estaban en la Historia real, por más que Hollywood los olvide hoy) y ahora se le ha convertido en una especie de tótem, más que de la tribu de cierta parte de la tribu que, por supuesto, quiere patrimonializarlo y reconvertirlo a su peculiar ideario político.
      Un panorama realmente triste el de la novela histórica en España. Esperemos que el “factor Amazon” nos saque, aunque sea poco a poco, de él. Le recomiendo algunas sugerencias al respecto en otras reseñas nuestras.
      Un saludo cordial.

      • Sonia dijo:

        Totalmente de acuerdo contigo, mejor no te podías haber explicado. He oido que van a sacar otro libro, una nueva biografía sobre Blas de Lezo. Como tu dices, olvidado injustamente pero un grande. Un saludo y feliz Navidad.

      • Hola Sonia. Pues me alegro. ¡Nada mejor hay en este país que estar de acuerdo!. ¡Con lo mucho que nos gusta el desacuerdo!.
        No sé nada de una biografía nueva. No está mal. El problema es que el final nos quedemos en una especie de “absceso de fijación” con el tema de Blas de Lezo y parezca que en todo el siglo no se hizo otra cosa. Doy fe, como historiador, que no fue así. Acabo ahora mismo de inaugurar con otra compañera una exposición sobre el tema y de publicar un estudio sobre lo que pasó antes y después de la batalla de Cartagena de Indias, tras la cual, la Flota, el Ejército y la Milicia civil española siguió existiendo y combatiendo en muchos frentes.
        Lastima que, como siempre, a estas cosas les fallé la difusión (en los Telediarios sólo hablan de las expos estrenadas en Madrid, por ejemplo) y se queden para pequeños círculos.
        Un saludo cordial.

      • Sonia dijo:

        Hola Carlos, he visto en facebook que Alberto Vázquez va a sacar una edición ampliada de su libro Mediohombre. No lo leeré porque me parece que va a seguir en su línea falsa. Es increíble que tenga el valor de hacerlo. Un cordial saludo y perdona si te molesto con este tema, es que Blas de Lezo me encanta.

      • Hola Sonia. Tranquila, no es molestia. Sobre lo otro que me comentas, pues… así funciona, por desgracia, este país. Si tienes contacto con la línea adecuada puedes publicar la primera barbaridad que se te pase por la cabeza y… ahí queda eso, como se suele decir. Para los restos, como se suele decir también. Poco más puedo hacer yo, salvo ofrecerme a mandar a la biblioteca que te parezca mejor o te quede más a mano un ejemplar de ese artículo que te comentaba, donde trataba con nuevos datos el contexto internacional de la batalla de Cartagena de Indias, Blas de Lezo, etc… que, en contra de lo que miente la cazurrería imperante, fue, ni más ni menos, que una cuestión ligada a las guerras de supremacía del siglo XVIII, donde España tuvo un papel muy importante (de hecho, la que provoca la batalla de Cartagena de Indias, la de Sucesión austriaca, fue liderada por ella, comprometiendo a la fuerza a Francia en ella, y no al revés, como tantas veces se ha dicho).
        Si todo esto no se conoce no será por los historiadores, te lo aseguro, si no por el paleterio que nos gobierna desde editoriales, medios de comunicación etc…
        Tú dirás, quedo a tu disposición para ese envío. Un saludo.

      • Sonia dijo:

        Hola Carlos, me parece una idea muy buena aunque yo vivo en Galdakao, Bizkaia. Eres muy amable, como te decía, da vergüenza que haya gente que escriba por escribir y encima sin conocimiento de causa. También hay otro libro, que sí es histórico y que me gustaría que me dijeras qué te parece, se trata de Don Blas de Lezo, de Gonzalo Quintero, lo leí y me pareció pèsimo porque aunque explica bien la batalla de Cartagena de Indias, a Blas de Lezo no le retrata muy bien y creo que se inventa cosas sobre èl. ¿Lo has leido? Un saludo y encantada de que me escribas.

      • Hola Sonia, pues así las cosas y, en respuesta a tu pregunta, mandó a la biblio de Galdakao un ejemplar del artículo. Hay un apartado entero dedicado a cómo se ha tratado en diferentes novelas y libros la figura de Blas de Lezo desde finales del siglo XIX hasta ahora.
        Un saludo cordial.

      • Sonia dijo:

        Muchísimas gracias, eres muy amable. Un saludo

      • De nada. Pregunta en la biblioteca, allí estarán. Supongo que esta semana o la que viene. Un saludo cordial.

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