Notas sobre “El valle de las sombras” de Jerónimo Tristante. La Transición fracasada

 “La novela antihistórica”, como la energía, trata de ser fiel al principio de la Termodinámica por el que ésta, la energía, ni se crea ni se destruye. Tan sólo se transforma.

Así, hoy, cuando se cumple un año exacto de la aparición de su primer número, continúa su andadura, pero con un cambio sustancial: las reseñas mensuales publicadas en esta página de libre acceso, hasta ahora anónimas -algo que se lleva muy mal en algunos medios, que ven siniestras conspiraciones en el “cobarde anonimato” tan habitual en Internet-, y las responsabilidades anejas a ellas, pasan a ser cosa de uno de los primeros impulsores de esta publicación, el doctor en Historia Contemporánea Carlos Rilova Jericó, que es quien escribe esta líneas. 

No voy a ahondar demasiado en las diversas razones y consideraciones que me han conducido a aceptar echarme sobre las espaldas este peso de firmar la reseña mensual con nombre y apellido y en exclusiva, dando así un nombre y un rostro concretos a a la parte pública de “La novela  antihistórica”.

Sólo diré que de ese modo, espero, también descansarán algunos conspicuos colaboradores de la prensa convencional, siempre lovecraftianamente obsesionados con lo que se oculta en las sombras de Internet, al que consideran -con bastante razón- una seria amenaza a su oligopolio mediático. 

 Dicho esto, ya con unos nombres y apellidos concretos -y un largo currículum como historiador, muy asequible a todo el que le interese a través también de Internet- pasaré a ocuparme de la novela de este mes.

Si existe todavía hoy un tema histórico difícil de tratar en España, ese es la guerra civil desarrollada entre 1936 y 1939, cuyo inicio cumple esta semana 75 polémicos -cómo no- años, la misma que acabó con la victoria de un ejército parafascista que se ocupó muy bien de demostrar que, en efecto, lo era. Ejercitándose en esa tarea durante cerca de cuarenta años, para ser exactos.

Bajo ese punto de vista para este historiador, quizás, lo mejor hubiera sido prescindir de traer a estas páginas nada que estuviera siquiera remotamente relacionado con ese tema. Basta con conectar en la televisión ciertos canales en los que se emiten supuestos debates -en realidad no hay rastro de tal cosa, de debate, porque todos los participantes suelen estar siempre de acuerdo- para convencerse de que, hablar sobre estas cuestiones, se acaba convirtiendo en un lamentable espectáculo en el que se barajan falsedades históricas de muy grueso calibre sobre el periodo de la Segunda República española y la guerra que acaba con ella. Por ejemplo, que esa guerra de 1936 a 1939 era inevitable, que la propia República había desencadenad un caos perpetuo que obligó a los militares -cómo no- a intervenir  para salvar a España, etc., etc… En el mejor de los casos se recita una especie de letanía, o de mantra si lo prefieren, según el cual, aquello fue una terrible guerra “entre hermanos” y que ambas partes cometieron iguales atrocidades en las zonas de retaguardia bajo su control.

Hay casos en esos supuestos debates verdaderamente tragicómicos en los que, incluso, el supuesto moderador se encarga de acallar a alguno de los invitados que se atreve a salirse de ese guión, llamándolo al orden de la que parece ser la nueva interpretación sobre la guerra de 1936-1939 puesta otra vez en nuestras calles por revisionistas -y con eso está todo dicho- como Pío Moa. Los mismos que limitan su más que presunta actividad de historiadores -resulta curioso que nuestros colegios profesionales no pongan orden a ese respecto, como si lo harían los de médicos en caso de una invasión similar de su campo- a cortar y pegar de las obras oficiales de la Dictadura -Arrarás, Causa General, etc…- la versión de los hechos que ésta siempre sostuvo para justificar su traición al régimen republicano y la imposición del propio a sangre y fuego y, conviene no olvidarlo, con la ayuda de, entre otros, Adolf Hitler.

Ese es, en resumen, el ambiente que predomina en España sobre el modo en el que se vuelve la vista atrás en torno a la guerra civil de 1936 a 1939. Una invitación, desde luego, a que cualquier historiador en sus cabales se dedique a estudiar, comentar, investigar, etc… cualquier otro tema menos ese.

Una táctica del avestruz que, a decir verdad, no ha funcionado nada mal para muchos, especialmente en eso que llaman “clase política”, durante los últimos treinta y cinco años. Desde que empezó ese proceso que, de momento, llamamos “la Transición” y que, también de momento, una opinión pública embotada y poco informada con respecto a ciertos temas -sobre todo su propia Historia de, digamos, los últimos dos siglos-, considera, en términos generales, un rotundo éxito.

Sin embargo hay algo que se llama responsabilidad civil y responsabilidad profesional que es la que, finalmente lleva a uno a lanzarse, de cabeza, a una de las más recientes novelas que precisamente han elegido como eje de su narración ese período histórico de la guerra de 1936 a 1939.

Se trata de “El valle de las sombras” de Jerónimo Tristante, publicada apenas hace un par de meses antes de que esta nueva edición de “La novela antihistórica” vea la luz.

El juicio que uno se forma de esta novela en la que se mezclan el género policíaco -en el que al autor es considerado un verdadero especialista-, con algo que puede  pasar por novela histórica, es decididamente poco amable.

Para empezar el estilo del profesor Tristante es adolescente. Se inició como escritor con eso que llaman “novelas para jóvenes” y está claro, por lo que se lee en “El valle de las sombras”, que no parece haber superado esa fase de la escritura “para jóvenes”.

Eso, en principio, no debería preocuparnos demasiado. No al menos en esta página de crítica mensual que, como se señala en su presentación, se dedica a analizar sólo la calidad de los conocimientos históricos que llegan al gran público en el formato de la llamada “novela histórica”. Pero en el caso de “El valle de las sombras”, teniendo en cuenta el tema que trata, el continente, el estilo literario, es tan importante como el contenido.

Así es. Jerónimo Tristante nos habla de acontecimientos históricos muy graves, dramáticos, y lo hace con un tono que, en la mayor parte de las páginas de “El valle de las sombras”, causa verdadero espanto a los que conocemos el período desde el punto de vista del ejercicio profesional de la Historia.

En efecto, Tristante se esfuerza en crear personajes redondos -algo que está de moda últimamente entre los autores autorizados a publicar por las grandes editoriales, como se puede deducir de nuestro anterior “paciente”, Juan Granados y su Sartine-, pero le salen otros que parecen tener la edad mental de un chaval de quince años de la actual clase media española. Es decir, el público al que hasta ahora se ha dirigido mayoritariamente Tristante y, de hecho, con el que trabaja habitualmente como profesor de Enseñanza Secundaria.

El autor de “El valle de las sombras” parece no ser consciente de ello o, si lo es, no parece importarle lo más mínimo. Como tampoco parece medir las consecuencias, verdaderamente graves, que puede desencadenar su novela sobre eso que hemos llamado “memoria histórica” que, por cierto, es otro de los caballos de batalla que sulfura a quienes no están dispuestos a aceptar el fin de la Dictadura, ni a asumir las dimensiones de la catástrofe histórica provocada por el golpe de estado del 18 de julio de 1936, la posterior guerra civil y la implantación de un régimen de corte fascista, más o menos difuso pero claramente represivo desde sus salvajes comienzos en el verano de 1936 hasta su final en 1975. 

Así, yo diría que inevitablemente, los que lean “El valle de las sombras” sacarán unas cuantas ideas equivocadas acerca de aquellos hechos de nuestra Historia reciente.

Para empezar Tristante repite, casi machaconamente, que para muchos prisioneros republicanos, participar en la construcción del mausoleo del dictador  en Cuelgamuros era un auténtico chollo comparado con las condiciones que existían en las numerosas cárceles que el régimen se encargó de mantener, a pleno rendimiento, durante toda su existencia de 1936 a 1975.

Una vez lanzada esa afirmación bastante opinable, Tristante convierte la existencia en el campo de prisioneros de Cuelgamuros en una especie de colonias juveniles.

Es cierto que el autor no ahorra la descripción de los horrores de las cárceles franquistas o de los auténticos campos de exterminio creados por el régimen para aherrojar en ellos a sus numerosos enemigos -poco más o menos la mitad de España-, hasta decidir qué hacer con ellos, que, como tampoco se ahorra decir Tristante, por boca de su protagonista, el ex-policía y ex-oficial republicano Juan Antonio Tornell, es la muerte. Bien a causa de las condiciones de vida infrahumanas existentes en esas instalaciones, o bien por la venganza indiscriminada de los vencedores que, como señala Tornell, recordando el episodio de un  ametrallamiento colectivo que sufre en Albatera a manos de un alucinado oficial franquista, pueden hacer con ellos lo que quieran, sin tener que dar demasiadas explicaciones. Y es cierto también que el autor de “El valle de las sombras” parece intentar crear un paralelismo, históricamente cierto, entre los campos de exterminio nazis -Mathausen concretamente- y los franquistas.

Sin embargo, el punto de vista histórico que lamentablemente adopta Tristante, casi invariablemente, a lo largo de la mayor parte de esta novela es, sin género de dudas, el mismo con el que los vencedores de la guerra civil y sus epígonos actuales, han infectado la memoria histórica española, destruyendo con ello, sólo para empezar, toda verdadera posibilidad de reconciliación nacional y superación de aquel grave problema. Eso por no hablar de la degradación intelectual en la que se sume a miles de lectores españoles sobre su propio pasado.

Así es. No falta, prácticamente en un sólo momento a lo largo de “El valle de las sombras”, la cantinela impuesta por los vencedores últimamente según la cual “se cometieron atrocidades por igual en ambos bandos”. Falacia histórica que parece justificarlo todo.

Así, la amistad y la reconciliación personal que va creciendo entre los dos principales protagonistas de la novela, el capitán franquista Roberto Alemán y el ex-oficial republicano Juan Antonio Tornell, está salteada de conversaciones en las que ambos repasan los horrores represivos vividos en ambos campos.

Alemán, de hecho, es quien es precisamente por haber sufrido, en primera persona, los horrores de las que los propagandistas de la Derecha española más reaccionaria, han estado llamando desde hace unos setenta años “las checas de Madrid”. Toda la familia de Alemán, es aniquilada en la de Fomento por su filiación católica y porque uno de los hijos es un pistolero falangista de la peor especie. Cuando Alemán se acerque a ella para saber qué ha sido de su familia será detenido, torturado cruelmente y destinado al fusilamiento tan sólo por haberse acercado a la checa a reclamar por la detención y desaparición de su familia.

Afirmaciones como esas, a las que sirven de contrapunto las que aporta  Tornell sobre su experiencia en los campos y cárceles franquistas, acaban por dejar firmemente asentada la idea de que ambos bandos, en efecto, cometieron las mismas atrocidades y, al parecer, con eso debemos dejar zanjada la cuestión, mirando hacia un futuro que, se supone, va a ser mucho mejor y, lo que es peor, rehabilitando -en cierto modo, por omisión- la memoria de un régimen que, entre 1936 y 1945, poco tuvo que envidiar al de su antiguo aliado Adolf Hitler o, si a eso vamos, al de Pol Pot y otros émulos de Stalin. Incluidos los que -es innegable- infectaron las filas de una República paulatinamente abandonada por las democracias occidentales en brazos de la URSS.   

Y eso, desde el punto de vista histórico es algo sencillamente inadmisible. Tristante pervierte, conscientemente o no, ese episodio histórico. De hecho, parece entrar en los libros de Historia que se han escrito al respecto, como un elefante en una cacharrería, cogiendo con muy poco criterio, de aquí y de allá, lo que más le conviene para formar una estampa supuestamente histórica que, en realidad, no hace sino reflejar una interpretación subjetiva de aquellos hechos. La misma con la que se sienten generalmente a gusto los vencedores de la guerra civil de 1936 a 1939.

En efecto, los datos sobre checas como las de Fomento que Tristante plasma  en “El valle de las sombras”, parecen haber salido de obras tan sospechosas de parcialidad como las escritas acerca de aquellos hechos por un adalid del régimen franquista como Foxá o más recientemente por autores tan desacreditados -y carentes de licencia de historiador- como el polígrafo César Vidal, cuyo libro sobre este tema ya fue convenientemente desmontado y criticado por colegas historiadores con largos años de investigación sobre el periodo a la espalda que autores como Tristante, como mínimo, tendrían que respetar. Como sería de esperar en alguien que, al fin y al cabo, es otro científico y debería saber, por propia experiencia, lo costoso y minucioso que resulta cualquier trabajo de esta especie. Ya sea en el campo de la Biología o en el de la Historia… 

El autor de “El valle de las sombras” debería así haber asumido el contenido general de la difícilmente superable “La guerra civil española” del historiador británico Hugh Thomas, en la que se ha señalado, ya hace muchos años, que la República trató, por todos los medios, de restablecer la ley y el orden aniquilado, precisamente, por la sublevación militar del 18 de julio de 1936, que, lógicamente, desencadena una situación de pánico y caos, en la que todos los abusos son posibles y, de hecho, como el mismo Thomas relataba en el primer volumen de su obra, fueron posibles. Por ejemplo en el cuartel de la Montaña, donde un gigantesco miliciano que había sobrevivido a los duros y mortíferos combates en torno a ese primer frente de la guerra civil, se dedicó a  ejecutar por su propia mano a muchos de los militares sublevados sencillamente arrojándolos desde una de las ventanas del cuartel…

La República, como el propio Thomas señala, trata de contener ese tipo de situaciones por todos los medios y, mal que bien, lo consigue en pocos meses. Sin embargo, el régimen franquista fomenta desde el principio, y mantiene hasta el final, esa política de aniquilación del enemigo sin juicio previo haciendo que los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado bajo su control se encarguen no de evitar las sacas de prisioneros y su exterminación, sino apoyando a las patrullas de requetés -especialmente feroces en Navarra, por ejemplo- y falangistas que imponen la ley del fusil por doquier.

Ahí está la diferencia fundamental, históricamente documentada desde hace años, que en “El valle de las sombras” va quedando en el terreno de lo nebuloso, dejando tras de sí -al parecer sin remordimiento alguno- a un lector históricamente desorientado sobre la verdadera naturaleza de los dos bandos que combaten en la guerra de 1936 a 1939.

Ante eso la táctica de Tristante que parece ser “una de cal y dos de arena” se queda en nada, en algo que, por duro que suene, resulta verdaderamente mezquino.

En efecto, de poco sirven, en ese marco general de “todos fueron igual de malos” monólogos como el que Tornell sostiene consigo mismo acerca de que, pese a todo, la República fue un bonito sueño, que sus ideas eran buenas por mucho que sus dirigentes y muchos de sus seguidores fallasen.

De hecho, ese monólogo interior que Tornell sostiene a lo largo de varias páginas de la novela, es especialmente falso desde el punto de vista histórico y da un retrato nada favorable sobre cuáles han podido ser las intenciones de Tristante a la hora de escribir, y -lo más importante- conseguir que le publiquen, “El valle de las sombras”.

En efecto, Tornell aprovecha ese monólogo para decir que odia cordialmente a los líderes de la República. Los odia porque han huido con el dinero que le quedaba al régimen, porque con él viven a cuerpo de rey -valga la paradoja- en el exilio y han dejado en la estacada a pobres desgraciados como los que penan en el Valle de los Caídos, pobres ingenuos muchos de ellos que todavía creen que el exilio republicano está haciendo algo en su favor…

Es difícil imaginar un discurso más falso desde el punto de vista histórico sobre lo que fue ese exilio republicano. De hecho, resulta verdaderamente sonrojante el modo en el que el profesor Tristante nada sabe sobre esos hechos o el modo en el que deliberadamente ha decidido ocultar lo que sabe o ha podido saber al respecto.

Muchos de los exiliados, en efecto, se hacen cargo del dinero de la República y viven en una situación de relativa comodidad en el extranjero. Al menos hasta donde eso es posible en una Europa que está bajo la amenaza del régimen nazi que se convertirá en una cruda realidad apenas un año después de que la República sucumba en 1939.

Sin embargo, es absolutamente falso que esos republicanos no hicieran nada y se dedicasen, por lo que insinúa Tristante por boca de Tornell, a vivir del cuento.

El caso de José Antonio Aguirre, por ejemplo, ministro de la República -católico practicante, por cierto, como buen miembro del Partido Nacionalista Vasco-, es una buena muestra. Después de una arriesgada evasión a través de la Europa bajo la amenaza nazi, llegará a Estados Unidos. Una vez relativamente a salvo allí, tratará de reconstruir, con los fondos que ha salvado, una especie de gobierno republicano en el exterior. Tarea nada fácil teniendo en cuenta las disensiones personales y políticas existentes entre los exiliados que, de eso no hay duda, contribuyeron al fracaso republicano sólo en parte, al contrario de lo que insinúa Tristante.    

Entre 1939 y 1947 Aguirre y el núcleo en torno a él, tratarán, aparte de hacer valer sus propios intereses partidistas -posible independencia de las tres provincias vascas, sólo para empezar, incluida-, que los Aliados primero y las Naciones Unidas después, vean al régimen de Franco como lo que en realidad era: un aliado de Mussolini y de Hitler cuya existencia debía ser imposible, incompatible, con el estado de cosas que debía imperar en Europa tras la Segunda Guerra Mundial…

Otros de esos exiliados republicanos, como Josep Irla, representante de la Generalitat catalana en el exterior, sencillamente malvivieron. En su caso teniendo que trabajar como portero de finca urbana en México D. F. según consta en documentos tan poco sospechosos de “rojos” como los que el FBI generó en cantidades masivas para tratar de discernir cuál era la situación de España tras la guerra de 1936 a 1939… Piezas que el profesor Tristante podrá consultar en el NARA, los Archivos Nacionales norteamericanos, si es que desea tomarse la molestia, inútil por otra parte, de ir hasta allí sin consultar previamente la bibliografía que existe sobre el exilio republicano en la que puede encontrar decenas de casos similares…

En definitiva, la documentación histórica no respalda, en absoluto, la sesgada tesis que Tristante expresa por boca de Tornell. Si España no se libró de Franco y su régimen de asesinatos políticos institucionalizados durante cerca de cuarenta años, fue porque las desavenencias entre los Aliados tras la Segunda Guerra Mundial no permitieron otra cosa. No porque los republicanos exiliados, en su mayoría, no hicieran todo lo posible para lograr que las tropas que habían derrotado a Hitler -muchas de ellas, integradas por soldados, que desfilaron por el París liberado con la tricolor republicana en sus uniformes, tanques y banderas-, invadieran España del mismo modo en el que el 6 de junio de 1944 se había invadido la Francia ocupada.

Es en detalles como estos en los que se revela la clase de obra que es “El valle de las sombras“: una irregular novela policíaca, una mala novela histórica y, en conjunto, un escrito que, sencillamente, acaba por dar la razón, por activa o por pasiva y en contra de toda evidencia histórica razonable, a un conjunto de fracasados perdedores de la Segunda Guerra Mundial -eso fueron en realidad los franquistas- que vegetaron a la sombra de la tolerancia de las potencias vencedoras en 1945, poniendo cara de lacayo dispuesto a todo con tal de seguir conservando su mezquina parcela de poder.

En definitiva, sólo se puede decir que la novela de Jerónimo Tristante es un libro muy poco recomendable para el que quiera saber algo sobre la verdadera Historia de la guerra civil española.

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Acerca de Carlos Rilova Jericó

Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Administrador del weblog de "La novela antihistórica", creada como página de crítica independiente en el año 2010 para ayudar a mejorar el criterio de selección de obras de gran difusión comercial entre el público y redactor de la reseña mensual de acceso libre publicada en esa página cada día 20 de cada mes. Director del banco de imágenes y centro de investigación histórica "La colección Reding". Profesional de la investigación histórica y cultural para diversas empresas y organismos públicos desde el año 1996.
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21 respuestas a Notas sobre “El valle de las sombras” de Jerónimo Tristante. La Transición fracasada

  1. rafael granados dijo:

    estimado Carlos: estando de acuerdo con la critica de fondo a la novela de tristante,no entiendo porque te da ese “ramalazo” anticomunista cuando hablas de “polpot y otros emulos de stalin”.Es todo falso. primero Polpot y stalin no tienen ninguna relación-stalin llevaba másde 20 años muerto-,pero si puede establecerse la relación con EEUU y Heery Kissinguer ó Nixón,por ejemplo(ver por ejemplo a Noam chomsky y B.cummings), segundo los supuestos crimenes de stalin es algo que cada vez se sostiene menos sobre la base de una evidencia que vamos teniendo – por ejemplo el periodo de la “yezohschina” de 1936-8 que la tergirversación histórica liberal ha convertido en el “gran terror estaliniano”(veáse a respecto Domenico losurdo:”stalin ,historia y critica de una leyenda negra”,Barcelona, 2011 y sobre todo Grover furr :”Kruschev lied”,New york, eryhtos ed, 2010).Y desde luego no va a ser la novela histórica ni la ficción literaria la que nos vaya adar una aproximación a la veredad histórica(veáse la discusión de grover furr en el blog de lkiteratura sovietica “Sovlit.com”, en torno a la obra de Vasily grossman y otros asuntos, ). rafa, alicante.

    • Bueno, estimado Rafael, aprobado queda tu comentario. Que el público juzgue y compare la bibliografía que nos ofreces con otras fuentes, que las hay, acerca de Stalín y Pol Pot. Por el momento, y en base a esas evidencias, yo sostengo que fueron regímenes totalitarios basados en el terror y el exterminio y que pervirtieron, enteramente, una ideología que pretendía ser liberadora. Ahí está la prensa samizdat, “La calle del proletario rojo”, la represión en Hungria, en Polonia… descrita por historiadores poco sospechosos de amigos de Kissinger, de disidentes que nada tenían que ver políticamente con reaccionarios como Soleznitsin (más bien eran todo lo contrario), etc… En cuanto a Pol Pot, su propio programa -no Kissinger- lo delata. Es tan claro como el “Mein Kampf” de Hitler. Está orgulloso de esa labor de ingeniería social que pasa por el genocidio. Eso no es la revolución socialista, es una perversión total de los ideales del “Manifiesto comunista” que sirven de disfraz a lo que fue llamado “despotismo oriental”.
      Muchos socialistas que visitan la URSS en los años 20 lo denuncian claramente. Señalan que la dictadura zarista ha sido sustituida por algo demasiado similar pero disfrazado de Socialismo. Son los hechos, que se pueden matizar cuanto quieras, pero ahí están, a considerar junto a los que mencionas. Así se escribe, realmente, la Historia, por medio de ese contraste de hechos, opiniones, fuentes…
      Un saludo.

  2. Gracias, lo leeré dijo:

    Fantástico. Comparar a Franco con Stalin (20 millones de muertos, Gulags, deportaciones, genocidio, hambruna deliberada, purgas internas, torturas y ejecuciones sumarísimas. etc) y con Pol Pot (más de 2 millones de muertos, conversión forzada de la población en campesinos, exterminio de cualquiera con un mínimo de cultura o incluso gafas, exterminio de ancianos, separación obligatoria de familias para dinamitar lazos sociales, paranoia y psicotismo del supuesto enemigo interno que acababa en torturas y muerte, etc).
    Más parecida es la comparación entre La República y estos sujetos. Porque son la misma basura marxista asesina. Y por el parecido de sus crímenes (matar a religiosos indefensos, que son los únicos en toda la Guerra y ANTES DE ELLA que no levantaron las armas).
    Y sí, la Guerra era inevitable. El clima insostenible. O acaso los anrquistas no hacían la guerra por su cuenta, incluso contra republicanos. Y si añadimos asesinatos a diario desde 1931 de curas, falangistas, patrones, sindicalistas, más. Y si además un gobierno famélico quiere dar la independencia a cualquier región que se lo pida frente a un clamor popular en contra, más leña.
    Lo único reprochable a Franco fue no irse con dignidad al par de años del golpe y crear una verdadera democracia fortalecida, como el golpe militar contra los islamistas en Argelia, porque la Guerra Civil española era tan inevitable como la americana.

    • ¿Estimado?, ¿estimada?, Gracias. Publicado queda su comentario. A él sólo añadiré que no parece haber comprendido bien lo que yo decía en torno a Stalín, Pol Pot, Franco, etc…
      Verá, yo soy historiador, como puede leer en la presentación de la crítica, y por más que tenga simpatías por uno de los bandos de la Guerra Civil -no le ocultaré que las mías son por el republicano- tengo la obligación de señalar en los artículos, libros, conferencias, trabajos, etc… que firmo, como es el caso de esta crítica a la novela “El valle de las sombras”, todos los aspectos de la cuestión.
      En el lado republicano hubo incalificables pistoleros y asesinos, no hay duda de eso. Nadie que no sea un acérrimo stalinista lo pone en duda. Ahí están, dentro de la zona republicana, las purgas contra el POUM y los anarquistas por parte de los agentes enviados por Moscú a zombificar el gobierno republicano que las democracias occidentales, con su inacción, habían arrojado en manos de la URSS. Ahí están también esos asesinatos de retaguardia contra elementos “fascistas” que menciona vd.
      Admitido esto (aunque le advierto que los falangistas iban armados y estaban muy orgullosos de su “dialéctica de los puños y las pistolas” distando mucho, por tanto, de ser víctimas inocentes), vd. parece querer cohonestar con su mensaje lo que durante toda la guerra y la larga posguerra hizo Franco diciendo que Pol Pot y Stalín eran asesinos a mayor escala.

      Escabroso argumento, si me lo permite.

      Según él, un asesino en serie es menos asesino que él que, por poner un ejemplo, sólo le ha saltado la tapa de los sesos a su ex-mujer. ¿No?.
      El régimen franquista, a diferencia del republicano, tenía una firme voluntad asesina y está más que demostrado que puso todos los resortes del Estado a disposición de esa política de exterminio del que había sido declarado “antiespañol” por razones no muy distintas a las que Pol Pot y su Jemer Rojo utilizaban para seleccionar a sus víctimas. La República hizo cuanto estuvo en su mano para evitar tales desmanes. Otra cosa es que pudiera. Pero ahí están los datos de años y años de investigación por historiadores solventes que lo demuestran. He ahí la diferencia fundamental que permite asimilar a Franco con otros genocidas supuestamente “de izquierdas”.

      Por otra parte también me gustaría señalar -en aras de un debate lo más documentado posible- que tampoco es cierto, como usted dice, que los clérigos no tomasen las armas contra la República constituyéndose todos ellos así en la categoría de víctimas inocentes.
      Hay abundante material que demuestra que en Navarra, por ejemplo, se entrenaban con armas compradas en la Italia fascista con la que miembros destacados de la CEDA o Acción Católica tenían estrechos contactos -mucho antes de que el Frente Popular ganase las elecciones- con fines que ya se podrá usted imaginar: no precisamente los de fortalecer ninguna clase de democracia que, lógicamente, quienes imitaban a tales régimenes, despreciaban olímpicamente. Ciertamente eso no justifica los asesinatos de retaguardia perpetrados de manera indiscriminada contra cualquier clérigo por el mero hecho de serlo, pero, insisto, la sedición del 18 de julio puso las cosas muy difíciles a la ley y el orden en la España de aquella época. En la zona del gobierno legítimo se restauró tan pronto como fue posible. En la de los sublevados, nunca. Ni antes ni después de ganar la guerra. Creando así un régimen policíaco no muy diferente al estalinista a pesar de, por supuesto, no ser idéntico a él.
      Esos son los hechos contrastados. Le gustarán más o menos porque sus simpatias claramente están del lado de los franquistas, pero los puede comprobar usted mismo si lo desea. Bien leyendo a distintos historiadores o consultando, por ejemplo, los archivos de Estado italianos donde consta la documentación relativa a estas cuestiones. Supongo que se fiará vd., por lo menos, de lo que diga el Gran Consejo Fascista, poco sospechoso de simpatías por la República.
      Por cierto, un último apunte, los sublevados también mataron curas. Por ejemplo en el País Vasco. Todos aquellos sospechosos de comulgar con el Nacionalismo Vasco y favorecerlo. Por otra parte, gran parte del clero español se volvió contra el régimen franquista en la última década del mismo, durante el llamado Tardofranquismo. Otra arista de la cuestión que debería vd. considerar. Según su lógica, eso indicaría que el Franquismo acabó siendo tan nocivo para el clero español como ese gobierno republicano que usted, con poco acierto, define como “famélico” y, por tanto, eso debería haber hecho inevitable una nueva guerra civil provocada esta vez por el dictador que era quien detentaba todo el poder en esos momentos.
      Sin otro particular, reciba un cordial saludo.

  3. Hipnos dijo:

    Es evidente que el Dr. Carlos Rilova Jericó, Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Historia Contemporánea por la Universdad del País Vasco. No “le ponen” los nacionales, sino Los republicanos,
    La historia como el sabe muy bien es relatar de forma fiable lo que paso intentando ser neutral en las opiniones y bebiendo de todas las fuentes posibles. Cuando alguien, desde un principio, desligitima toda fuente que no apoya su Onírica versión de una república en paz y orden, pues…se les ignora, al que apoya mis propias opiniones, pues casi todo el crédito del mundo. (Pido disculpas pero usted ejerce el español axioma “al amigo el culo, al enemigo por el culo”). Cuando quiero saber , perdón, intentar conocer, el porque de las cosas, procuro comparar lecturas y cotejar citas y escritos. La guerra civil española ha generado tan ingente cantidad de exordios y justificaciones de todo signo, que , comprendo, debe de resultar muy difícil de expurgar la verdad (¿?¿?) de la pura propaganda..
    Siendo alguien que nació en 1955, me fue dada la oportunidad de no sufrir directamente las consecuencias de la guerra, pero, como en todas las familias, en la mía también hubo quien murió de forma arbitraria por nimiedades como tener manos de oficinista …(mi tío abuelo), fusilado al lado de una vía del ferrocarril, por un grupo de milicianos , imagino que muy duchos en juicios rápidos… Y se que los “otros” hicieron lo mismo,probablemente de una forma mas fría tras el fin de la contienda…). En mi casa nadie maldijo a ningún bando sino que mi familiares mayores (Gente sencilla , pequeños empleados, representantes, etc…)se lamentaban de aquel horror para todos que había que evitar a toda costa que se repitiese otra vez. Por eso me ha llamado siempre la atención la obsesión de la izquierda por apoderarse de la “ética” y del “Progresismo”, sin ninguna justificación mas que …ser de izquierdas (tanta gente joven que ha vivido siempre en democracia y que identifica al adversario (de cualquier signo) como fascista, represor, retrogrado, en fin… el demonio (perdón, que no suelen creer en esas cosas, en el mal). he oído discusiones de grandes demócratas que les encantaría “hacer un replay” de la guerra civil para poder “Ganarla”. El problema, es, como dice el proverbio chino “Ten cuidado con lo que deseas, porque puedes conseguirlo”…
    Gracias por la oportunidad de escribir en su Blog. Me interesa la Historia y la novela Histórica, pero de esta ultima no se si es la misma a que a usted le gusta…da igual, yo seguiré disfrutando. al igual que usted, Leyendo un Buen libro (aunque no sean el mismo)

    • Como ve, Magreda -¿o prefiere Hipnos?-, aquí queda publicado su comentario. Personalmente le diré que no me ha gustado nada, pero yo creo en la Libertad de Expresión así que usted dice, yo lo publicó por más que me desagrade el contenido y la forma y, eso sí, le replico. Ya ve, digno de Beria y del camarada Stalín. Pero vamos al asunto, sobre su crítica a mi crítica: cuando se recurre a expresiones como que a alguien le pone algo o le deja de poner, sacando de contexto esa expresión de un modo realmente freudiano, y a meter culos y otras partes anatómicas delicadas en juego, es que no se tienen argumentos muy sólidos.
      Creo que es su caso y lo demuestra la mayor parte de su comentario. Incurre usted en aquello de lo que me acusa, ya me ha prejuzgado como progre y, por lo tanto, enemigo a abatir. Hace caso omiso de los datos -no opiniones- que yo daba en la crítica al libro de Tristante y, como no conciden con su punto de vista ideológico, los despacha, porque sí, porque a usted le parece bien, como mera propaganda, dando dos o tres paseos por el lodo al trabajo de muchos historiadores (¿tiene usted idea de las horas que metemos al cabo de los días, las semanas, los meses, los años… para que la gente pueda leer Historia, para ofrecérsela incluso sacrificando parte de nuestro tiempo libre, como es el caso de esta página?).
      Bien, juzgue usted.
      Con respecto a la “desgracia” que supuso la guerra civil, le diré: lo peor de ella fue que la ganó la parte más vil de la sociedad española de aquella época. Militares cuarteleros que apenas sabían hacer la “o” con un canuto y que nos convirtieron en el hazmerreír del mundo civilizado sin que les molestase mucho ni poco, puesto que ellos ya tenían lo que querían: el país convertido en un cortijo a su disposición.
      Pocos años después de que usted naciera, por ejemplo, en el 59, se dedicaron a sacar lustre a las botas de De Gaulle para ver si éste, militar medio golpista por la fecha, les hacía el favor de buscarles un hueco por la puerta falsa en la naciente Comunidad Económica Europea. Si para eso hacía falta conmemorar el tercer centenario de la Paz de los Pirineos diciendo que España había perdido la guerra contra Richelieu y Mazarino porque estaba en decadencia y los franceses eran unos campeones, pues se hacía. Y a callar. Y a olvidarse de aquel grito de “¡Arriba España!” con el que se sublevaron y mataron a diestro y siniestro.
      Pero claro, pierdo el tiempo hablándole de esto y de más cosas -por ejemplo de esa falsa equidistancia entre el terror “rojo” y el terror franquista, uno incontrolado, fuera de la Ley, perseguido por el gobierno republicano el otro sistemático, apoyado por Policía y Jueces, legalizado-, usted ya ha decidido que todo argumento de esa laya -por más que se base en documentos del Ministerio de Asuntos Exteriores español de la época o de otros archivos- es propaganda progre. No hay nada más de que hablar.
      Proverbio por proverbio. Este es árabe: “Así ciega Dios a los que quiere destrur”. El problema es que la ceguera de usted y de muchos otros como usted nos arrastre al albañal en el que se obligó a vivir a este país, bajo la amenaza de un terror que usted tiene aún bien interiorizado, entre 1939 y 1975.
      Sencillamente lamentable. Tanto como el pábulo que se da a mistificadores de nuestra Historia como Jerónimo Tristante.

      • hipnos dijo:

        Lamento que le haya sentado tan mal el comentario. Veo que me ha colocado también en “mi sitio” según sus ideas. Si le han molestado mis “freudianas” opiniones, me disculpo, le aseguro que no era mi intención….No es usted mi enemigo a abatir…No están los tiempos para esas cosas, por eso, escribimos en un a pagina blanca y expresamos opiniones. Es cierto que su conocimiento de la Historia es, seguro, mucho mas enciclopédico, (para eso es su profesión y su afición, imagino), que el mío. Yo solo soy un diletante de la Historia. Tengo un gran número de libros sobre la guerra civil, provenientes del legado de mi padre, que, no crea usted que se limitaba a los que usted llamaría escritos por “afectos al régimen” ,también tenía varios de la editorial ruedo ibérico, y de autores extranjeros, en su mayor parte ingleses. Bueno, le comentaba que a pesar de eso no han sido los que más me he aficionado a leer, porque, realmente, me producen un gran malestar pensar en el daño que nos causamos en este país, una especie de pudor. Por eso, prefiero historia sobre otros periodos, como el siglo XIX, con las guerras coloniales, británicas, la unificación de Alemania, el ocaso del 2º imperio, las guerras balcánicas y las de su emancipación de los turcos, etc…De los que también tengo un buen numero, fundamentalmente en Ingles.
        En fin esto se ha alargado como se fuese un panegírico en mi defensa…, algo me habrá avergonzado usted…
        Le pido disculpas de nuevo por el lenguaje, poco afortunado, pero sigo suscribiendo mis últimos párrafos sobre el apropiamiento automático de lo que es ético, y progresista por una izquierda sin mayor merecimiento que repetir continuamente esa ideas…(Por cierto no le parece que la terminología de izquierda, derechas, etc…esta algo caduca y es decimonónica o incluso anterior???)
        Atentamente

        Miguel

      • Miguel, explicaciones recibidas y disculpas -caso de que hubieran sido necesarias- aceptadas. Sí, me ofendió el tono de su anterior mensaje, pero ya ve que lo publiqué y lo endosé sin mayores problemas. Cuando uno decide que se va a embarcar en un proyecto como éste, tiene que dar por supuesto que no todo van a ser alabanzas y que deberá defender con argumentos y datos lo que está dispuesto a decir en público. También hay que asumir que los demás también tienen una opinión que, por supuesto, pueden hacer pública aquí, donde se aplica un rasero totalmente democrático e incluso se han publicado cartas abiertamente insultantes -la excepción más que la regla, afortunadamente- que discrepaban frontalmente -sin argumentos, eso sí- de alguna crítica.
        Celebro no ser un enemigo a abatir y comparto su punto de vista sobre lo dañina que fue la guerra civil, aunque para mí, insisto, el peor daño vino después, con una dictadura que atrasó y degradó el país hasta límites vergonzosos y de dónde aún no hemos salido del todo. El libro de Tristante y la política de publicación monolítica en nuestra industria editorial son, por ejemplo, una buena prueba de ello.
        Sólo la imposición de un régimen de corte stalinista -perfectamente posible- hubiera sido la otra peor salida a una guerra civil que, ojalá, nunca hubiera existido y sin la que hoy tendríamos muchos menos problemas de los que tenemos.
        Respecto a leer otras cosas que no tengan que ver con la guerra civil española, nada más saludable. Hablar demasiado de ella o darle demasiadas vueltas es como estar abriéndose constantemente una herida de mal pronóstico. Tan malo es el poco debate como el exceso.
        “La novela antihistórica” es una buena prueba. La única novela sobre la guerra civil analizada en casi dos años de publicación mensual es la de Tristante.
        En otro orden de cosas, varias veces he estado considerando la posibilidad de hacer una crítica de la serie de Hart, el zulú, ambientada en la época de las guerras coloniales en Sudáfrica que, supongo, por lo que me cuenta, le sonará, pero, de momento, la agenda está llena con otras cosas. Si la serie cala es posible que antes de fin de año se pueda leer una crítica de alguno de los episodios de Hart por aquí.
        Con respecto a lo de izquierdas y derechas, no, opino que no, que no está superado. De hecho, es lo que distingue a nuestra época, la Contemporánea, iniciada con la revolución de 1789, de las anteriores. Cuando se haya superado esa división, entraremos oficialmente en otra época histórica, pero hoy, de momento, ese enfrentamiento entre partidaros de la revolución y reaccionarios a ese cambio aún no se ha superado. Lo que sí se ha dado es una evolución, una asimilación de esas ideas entre lo que llamamos derechas hoy día, que son los herederos del ideario contrarrevolucionario, del mismo modo en el que las izquierdas lo son del de la revolución de 1789.
        Así de lamentablemente lentos son los procesos históricos. Con lo fácil que sería sentarse a hablar antes que lanzarse a un campo de batalla.
        Hay, sobre eso, una magnífica novela histórica francesa. No creo que exista traduccón al español, pero sería algo así como “Memorias de un recluta de 1813”. Todo el mundo debería leerla, para saber lo que hay detrás de la supuesta gloria militar. En este caso la napoleónica. Los dos autores, Erckmann y Chatrian, eran dos fervientes pacifistas y republicanos franceses de finales del siglo XIX, y describían en esa novela, sin ambages, una guerra no tan hecha de grandes batallas como de piojos, tifús, miseria, alcoholismo institucionalizado, robos, violencia y todo un largo y penoso etcétera bajo la cada vez menos brillante superficie de los ejércitos napoleónicos.
        Si esa clase de libros fueran de lectura obligada en las escuelas -de hecho, el libro estaba pensado para críos, o al menos Hachette lo publicó en su colección verde para adolescentes- seguro que nos lo pensabamos dos veces antes de desatar los perros de la guerra y buscabamos la manera de llegar a eso que en la Transición llamaban consenso.

        Por mi parte nada más, salvo decirle que esta casa es su casa, para leer, para decidir qué leer, para dscutir, para opinar.
        Un saludo.

  4. Hipnos dijo:

    Recibido. Gracias. Seguiré la pagina y ya comentaremos algo mas sobre otras Novelas históricas. Por cierto, en mi casa todos somos fans de Collen McCollough y su serie sobre la república romana. Que opinión (historica) te merece?
    Atte.
    Miguel

    • De nada. Como ya le dije, será muy bien recibido, vd. y sus opiniones discrepantes pero razonadas sobre cualquier cosa que se publique aquí.
      Con respecto a las novelas de mrs. McCollough, por lo poco que sé de ellas, creo que son buenas, con bastante atención al detalle histórico de la Roma Imperial, pero, realmente, la Edad Antigua, la época romana, la griega clásica -de la que también se publica bastante material- es un campo en el que no me suelo meter. Yo estoy más centrado en época medieval, moderna y contemporánea -más o menos desde los siglos XIV-XV hasta el XX-, es un campo muy vasto y que genera un buen número de novelas históricas, con lo cual McCollough, Posteguillo, etc, etc… van quedando siempre para después, aunque cuando me planteo, a medio plazo, los siguientes números de la página siempre me siento tentado a dedicar alguno de ellos a alguna de sus novelas. Por ejemplo a “Los asesinos del emperador” que ahora, por lo que sé, está barriendo las listas de los más vendidos. Quién sabe, algún día de estos quizás me meta con “A los leones”, por ejemplo, pero de momento la cosa sigue por otros derroteros. Este mes que viene le toca a Daniel Defoe y su magnífico “Coronel Jack”, centrado en la época de la Guerra de Sucesión española. Después, después… ya se irá viendo.
      Hasta pronto.

  5. Pilar dijo:

    Buscaba simplemente información sobre la novela que aquí se comenta y me encuentro toda una lección de historia y toooodo lo demás. Anonadada me he quedado. Debo releer y analizar todo esto porque ha roto muchos de mis esquemas.
    Gracias y un saludo.

    • De nada Pilar y gracias a tí por el elogio de “La novela antihistórica”. No se trata de romper esquemas. El objetivo de la publicación es evitar que se venda con la etiqueta de “novela histórica”, cualquier cosa que no lo es o que cree que lo es tan sólo porque saca unos cuantos personajes vestidos de época y sitúa la acción setenta, ochenta, cien, doscientos años antes de nuestra época y, en realidad, sólo está reflejando los dogmas de un autor o autora que, por las razones que sea (que muchas veces no tienen nada que ver con su destreza narrativa o con unos conocimientos de Historia que suelen brillar por su ausencia) triunfan siempre gracias a estar arropados por grandes grupos editoriales. Unos que, como se suele decir, sólo buscan “vender la moto”.
      No dudes en recomendar la página. Más aún ahora que está buscando mecenazgo a través de Lánzanos.
      Un saludo y ya sabes donde tienes una cita cada 20 de mes.

  6. alkibla dijo:

    Dr. Rilova ¿ Que opinión le merecen los trabajos de Santos Juliá y Angel Viñas ?

    • Estimado Alkibla, Ángel Viñas me merece una buena opinión. Especialmente en los trabajos sobre la involucración de redes diplomáticas en la guerra española que cambiaron el curso de la misma. Sobre todo las intrigas alemanas, que son las que mejor ha estudiado ese historiador.
      De Santos Juliá no puedo decir mucho, sólo que sus trabajos sobre la guerra civil no son demasiado destacables. Alguna razón habrá para que se conozca más lo que han escrito Hugh Thomas, Gabriel Jackson, Pierre Vilar, Eduardo Reig Tapia, Julián Casanova o el propio Ángel Viñas antes que lo que ha escrito Santos Juliá del tema. Y que conste que me limito a constatar el hecho más que a opinar sobre lo bueno y lo malo de sus trabajos. Sencillamente destacan poco entre otros que han estudiado el mismo tema. Por algo será. Y ahí lo dejo.

  7. cnt15 dijo:

    Me considero un acérrimo lector de J.Tristante y esta novela me encanta, no solo por su misterio si no por la Historia de España, ya sea verdadera o no.Yo opino que una novela no tiene porque enseñar nada, si no sólo entretener. Cuando quiero saber sobre Historia me voy a un libro de CC.SS, reviso en enciclopédias o en wikipedia. Si me gasto mi dinero en comprarme libros de Cesar Vidal, Javier Sierra o el susodicho Tristante, a nada ni a nadie le importa si me lo compro por conocer mas la Historia o si me lo compro por entretenimiento.El trabajo que haceis en esta página es una Mierda con mayúsculas.No toda la gente son historiadores como ústed o pretenden ampliar sus conocimientos si no meramente como yo entretenernos.Dar y que me den opiniones de libros nunca me han gustado, ya que al igual que alguien puede ser de “izquierdas” o de “derchas”, igualmente le puede gustar a alguien un libro o no.Tristante quizá con este libro no quería darnos una clase magistral de Historia De La Guerra Civil Española, quizas lo que prentendía es enseñarnos como personas de ideologías tan difererentes en aquella época pueden ser ámigas.

    • ¿Alguien le ha obligado a leer esta página?, ¿a mostrar su mala educación diciendo que la reseña, basada en datos históricos sólidos, no en impresiones personales (me gusta, no me gusta, etc…) es una mierda?, no, ¿verdad?. ¿Tiene una opinión -bastante menos informada que la de esta página, desde luego- sobre Tristante y su obra?. Bueno, pues por ínfima que sea -como lo es- exprésela con educación por lo menos. Flaco favor le hace vd. a Tristante con esa actitud. Tan sólo confirmaría con ella que ese autor y sus novelas son el pasto intelectual favorito de fascistas maleducados.

      • cnt15 dijo:

        Veo Dr. que sabe calificar bien a las personas por sus palabras.Segun usted soy fascista respecto a lo que dijo sobre la educación.Lo siento si le he ofendido no obstante quitarle las alegrias a la gente para que no se compre un libro debido a su contenido “antihistórico” le debe de gustar mucho.Aunque me repita en este comentario hay gente que prefiere comprarse libros por entretenimiento. Si segun usted leer a Tristante es de ser fascista, vale entonces soy un fascista ¡OJO! por el mero hecho de leer a Tristante.

      • Mire, piense lo que le dé la gana y lea lo que le dé la gana. Esto, por suerte, aún es una democracia. Pero respete las opiniones que parten de una base de investigación y estudio de la que vd., eso es evidente, carece por completo. ¿Cuándo le duele algo va vd. a un médico o a un curandero?. ¿Y si no le gusta lo que le diagnostica el médico, qué hace?. ¿También le dice que está a gusto con su gripe y que su trabajo -el del médico- le parece una mierda?. Y no se moleste en responder si no es para aportar alguna cosa más interesante que sus objeciones y gustos personales. Aquí se trata de hablar y debatir con opiniones constructivas, que aporten algún conocimiento nuevo, no de soltar exabruptos sacados de las vísceras de cada cual. Y si sólo quiere hablar de la Literatura que le gusta, hágalo, al menos, con educación.

  8. Rafel granados dijo:

    ¡ Estimado carlos!, perdona que te responda casi 3 años después, tu respuesta se limitaba a tópicos generales , la “doxografía” anticomunista que nada tiene que ver con la verificación de hechos históricos sobre la base de evidencia primaria. y estos son algunos de los hechos en el estado actual de la evidencia de la que disponemos.

    1.El relato convencional sobre el periodo de Stalin y Beria es una falsificación, una mixtificación completa para la que se creó un campo que es la sovietología totalmente politizado.
    (vid.Antonio Fernández ortiz: http://tribunaymemoria.blogspot.com.es/2013/07/el-circulo-cercano-de-stalin-entrevista.html)

    2. la “samizdat” y este tipo de literatura no hace más que recoger las falsedades del “informe secreto” de Kruschev de 1956 y que es la base además de toda la ficción antisoviética como solshenitzin,shalamov,Vasili grosmann, etc.

    3.la literatura antisoviética de los años 20 fue basicamente la de los mencheviques exiliados en Paris, el más importante de ellos fue Nikolaev, autor de “Cartas a un viejo bolchevique” y uno de los fundadores de la sovietología.Esta literatura estaba basada en la difusión de bulos y propaganda negra. Estos grupos vinculados a servicios secretos occidentales apoyaron además las actividades terroristas y de sabotaje dentro de la URSS(el caso Savinkov es el más famoso pero hubo muchos más: Vid.Philip Panaggio: http://web.archive.org/web/20050315053326/http://www.leninismo.org/stalin_y_yezhov.htm)

    4.Kissinguer es uno de los mayores asesinos del siglo XX , su lista es interminable pero se pueden citar dos de sus mayores atrocidades:la matanza anticomunista de Indonesia en 1965, con 500.0000 muertos y la de Timor oriental de 1976 y en 1999 otra vez con el exterminio del 30 % de la población).Estos son exterminios probados, no los que se imputan a los soviets.( vid las obras de Jhon pilger,William blum y otros muchos más investigadores)

    5.Un opinador llamado “gracias lo leére” dice una serie de barbaridades sobre los supuestos crimenes de Stalin; toda pura mixtificación basada en repetir como un papagayo la propaganda antisoviética ( el holodomor, las purgas, etc, etc).naturalmente sin estudiar en absoluto todas estas cuestiones históricas, cosa que yo llevo haciendo desde hace 15 años.( vid una respuesta a todas estas falacias en Grover Furr:BLOOD LIES: The Evidence that Every Accusation against Joseph Stalin and the Soviet Union in Timothy Snyder’s Bloodlands Is False. Plus: What Really Happened in: the Famine of 1932-33; the “Polish Operation”; the “Great Terror”; the Molotov-Ribbentrop Pact; the “Soviet invasion of Poland”; the“Katyn Massacre”; the Warsaw Uprising; and “Stalin’s Anti-Semitism”. New York: Red Star Publishers, 2014.

    6.Soy historiador igual como tú, medievalista , leo perfectamente ruso por lo que conozco perefectamente la sovietología- la más rigurosa evidentemente se hace en Rusia y en EEUU en algunos departamentos-; la llevo estudiando desde hace 15 años.

    Nuestro mayor experto en historia de Rusia y de la URSS, es sin duda ninguna el profesor Antonio Fernández Ortiz,profesor en universidades rusas , autor entre otras muchas obras de literatura e investigación de un excelente libro sobre Stalin:”Ve y lucha .Stalin a través de su circulo próximo”,Barcelona, el viejo topo,2012.Este libro ha sido totalmente censurado y vetado por la prensa cultural.

    He puesto arriba el enlace de una entrevista que le hicieron en el “Viejo topo” en 2013.no tiene desperdicio.

    Un saludo muy cordial.

    Rafael granados,alicante.

  9. Rafel granados dijo:

    ¡Estimado Carlos ¡(2):

    1.sobre la cuestión de Polpot: con independencia de cuales fuesen sus bases intelectuales( a mi juicio nacionalistas y no comunistas),el hecho es que Polpot llega al poder gracias a los criminales bombardeos americanos de Camboya;sin esto el “jemer rojo” hubiese sido un corpúsculo marginal cómo otros que pululaban en la zona.

    Nos referimos a la campaña de bombardeos sobre la parte oriental de Camboya realizados por los americanos entre 1965 y 1973, y que tuvieron su clímax durante la denominada “Operación Menú” en 1969 y 1970. El insólito nombre de esta operación procede de las distintas partes en que se fue estructurando, bautizadas: “Breakfast”, “Lunch”, “Dinner”, etc. No cabe duda de que los asesinatos masivos se realizaban sin perder el sentido del humor.

    Estas operaciones se trataron de mantener en secreto, pero los documentos sobre ellas fueron desclasificados durante el mandato de Bill Clinton en 2000 y han sido estudiados por los historiadores Ben Kiernan y Taylor Owen. Según los datos que éstos aportan, durante ellas se realizaron 230 516 salidas sobre 113 716 objetivos, en las que se arrojaron 2 756 941 toneladas de bombas. Hay que decir que esta cantidad de bombas supone en realidad un “bombardeo en alfombra” (carpet bombing) con lo que la mención de “objetivos” resulta más bien grotesca. Pensemos que aunque la dividamos por la extensión total del país, son todavía 15 toneladas y 228 kg de bombas por kilómetro cuadrado. Tratemos de imaginar algo semejante en nuestro entorno próximo.

    Resulta muy difícil calcular el número de víctimas producidas por estos ataques, pero William Showcross y otros autores han señalado la alta probabilidad de que su efecto final fuera en realidad desestabilizar una región ya en equilibrio precario y facilitar la toma de poder por de los comunistas. Por su parte, Ben Kiernan y Taylor Owen han usado una mezcla de imágenes de satélite, datos detallados de los bombardeos y testimonios recogidos sobre el terreno para argumentar contundentemente que existe una correlación entre las zonas masacradas y las áreas de reclutamiento del jemer rojo. A nadie se le escapan los efectos que más allá de la destrucción física, en el plano psicológico, puede tener sobre cualquier país una brutalidad como la que supusieron estos bombardeos.

    2.Otro caso reciente de censura antisoviética es el realizado en la “liberal “Francia”contra el libro de Geoffrey Roberts :”las guerras deStalin, 1939-1953.De la segunda guerra mundial a la guerra fría”,(en francés),Paris,Delgá, 2014.el libro ha sido censurado en las bibliotecas universitarias,sencillamente porque el autor Roberts da una visión escrupulosamente científica del tema que es juzgada como “stalinista” porque da una visión positiva y ponderada de Stalin durante este periodo.De hecho Geoffrey Roberts es un prestigioso profesor irlandés cuyo libro en inglés ha sido publicado por la elitista universidad de Yale; es uno de los mejores especialistas en la IIGM y la guerra fría, y en absoluto es comunista, más bien un socialdemócrata al uso.

    El hecho ha sido denunciado por la prof.annie lacroix Riz, otra de las francotiradoras aguerridas y valientes de la historia actual, cuya obra también es ninguneada y censurada en Francia.(vid. la polémica en :http://www.historiographie.info/debats.html )
    Pero ya sabemos que la derechización y postfascistización mediática de las masas europeas marcha muy bien.

    • Estimado Rafael Granados: ya veo que el lapso de tres años para responder -respuesta que por otra parte ya no esperaba- se ha empleado para documentar a fondo todo su argumentario en favor de Stalin.
      Bien, por mi parte, nada más que añadir. Salvo que todos estos sustanciosos datos quedan aquí publicados para que el respetable público haga de ellos su mejor uso, contrastando lo que nos cuenta con otras fuentes.
      Le felicito sino por otra cosa por su considerable esfuerzo en defensa de un régimen como el de Stalin que, independientemente de que sus enemigos fueran peores que él -Kissinger, por ejemplo- estaba bastante lejos de cumplir el ideal revolucionario de 1917.
      Le recordaré aquí algunas de las opiniones de los delegados enviados a Rusia en los años 20 por sindicatos anarquistas y partidos socialistas para adherirse, o no, al experimento soviético. La opinión de Ángel Pestaña, miembro de un sindicato anarquista español, era categórica: no podemos unirnos a un régimen que ha sustituido una dictadura feroz con otra igual de liberticida…
      Ya ve, y eso que en esos momentos Stalin no se había hecho aún con el poder. Naturalmente podrá vd. descalificar a Pestaña, a los anarquistas, etc… Sin embargo, ahí está el dato: gran parte de la izquierda revolucionaria europea -recuerde que lucharon, y murieron, contra la fascistización en la Europa de los 30- abominaba de la deriva totalitaria que tomó la revolución de octubre de 1917.
      Eso también es un hecho como los que vd. nos aporta sobre los bombardeos en Camboya -llevándonos al terreno de que en realidad el Jemer Rojo sería un subproducto de los Estados Unidos, alambicada lectura de los hechos, pero ahí quedan los datos que nos da…- o acerca de la censura en torno a los nuevos enfoques sobre Stalin que, en efecto, en una prensa que verdaderamente fuera democrática más que ningunearse -por no decir censurarse- deberían contrastarse, debatirse y, en último caso, rebatirse con datos en la mano. Cuando se tiene la razón se discute, no se tapa la boca al contrario. O se le silencia. De otro modo se está cayendo justamente en aquello que tanto se dice criticar. Una fea actitud, sin duda.
      Como decía Galileo el movimiento se demuestra andando y a eso añadiría yo que la democracia se demuestra debatiendo y creando las bases para una total libertad de expresión que, insisto, antes de acabar, gran parte de la izquierda europea de los años 20 no veía ya por ningún lado en la Rusia soviética.
      Tenga en cuenta que si los Estados Unidos y sus adláteres tuvieron su propaganda de guerra, los regímenes soviéticos también tuvieron la suya. Y la propaganda siempre es propaganda. Independientemente del color de su bandera.
      Gracias por sus documentados comentarios en cualquier caso y un saludo.

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