Muy poco que contar. Vino viejo en odres viejos. Breve crítica de “Ángeles custodios” de Almudena de Arteaga

 Quizás ésta será, al menos de momento, la crítica más breve de todas las que se han publicado en esta revista. Y es que la novela de la que vamos a tratar hoy, “Ángeles custodios” de Almudena de Arteaga, da para decir bastante poco.

Se trata de algo más de 300 páginas en las que la autora trata de describir la expedición de Francisco Xavier Balmis para propagar la vacuna contra la viruela por todo el imperio colonial español que, en la fecha en la que transcurren esos hechos, los años de 1804 a 1805, suponía una considerable extensión de terreno. El punto de vista por el que opta Almudena de Arteaga es el de la enfermera, Isabel de Cendala, que, en efecto, acompañó al cirujano Balmis para cuidar de los niños, en principio huérfanos, portadores en sus propios cuerpos de la linfa de la vacuna.

A partir de esas premisas, Almudena de Arteaga organiza un relato estereotipado y basado en personajes acartonados, que recitan mecánicamente sus diálogos, como malos actores, carentes de humanidad, de complejidad, que podrían superar en esos aspectos incluso a los del famoso “Código Da Vinci”.

Eso y nada más es lo que hay en esas trescientas páginas. De hecho, sólo la frase final que cierra el libro tiene algo de calidad, el resto es plúmbeo, adocenado y eso no lo mejoran, por supuesto, ni siquiera las citas de poemas de Pablo Neruda con las que la autora ha salpicado toda su novela. Todas ellas, en general, bastante mal traídas y metidas con calzador en un contexto en el que, en apariencia, tienen muy poco papel, aparte del de vestir las desnudeces literarias de Almudena de Arteaga y darle una especie de espaldarazo que no consigue darle su propia prosa.

La carga ideológica desde la que se manipula la Historia que sirve de base a esta  novela, como es de esperar, en un mundo tan peculiar como el de la actual edición española, resulta ser de un recargado aroma reaccionario.

El “malo” de este relato, el doctor Balmis, es, por supuesto, amigo de las novedades ilustradas. Tan antiespañolas ellas como sabe todo aquel, o toda aquella, convenientemente educado en el cerrado clima cultivado por la dictadura franquista y aún hoy día plenamente vigente en nuestro mundo cultural. Como lo vendría a demostrar claramente el hecho de que una de las más importantes expediciones ilustradas a nivel mundial, precisamente la de Balmis, sólo haya sido popularizada para el público español y -es de temer- el del resto de Europa, a través de dos novelas -ésta y “Los hijos del cielo”, de la que nos ocupamos en el número anterior de “La novela antihistórica”- que, según todos los indicios, no hacen sino repetir y remachar para nuestra desorientada y maleada opinión pública todos y cada uno de los sarnosos tópicos vendidos sobre ese período histórico de la Ilustración española por esa dictadura y sus epígonos y herederos durante cerca de setenta años. Es decir, para que no se hagan un lío con las cuentas, desde el fin de la guerra civil de 1936 hasta hoy mismo.

En efecto, Francisco Xavier Balmis es reflejado a través de los ojos de Isabel de Cendala como un auténtico canalla, frío y calculador, que hace lo imposible para separarla de otro de los cirujanos de la expedición, José de Salvany, con el que la enfermera ha iniciado una por demás recatada relación -y por tanto inverosímil, como sabe todo aquel que haya leído el libro de Carmen Martín Gaite sobre los usos amorosos de la España dieciochesca- que, sin embargo, ha excitado los celos de Balmis hasta el punto de enviar a Salvany de cabeza a toda clase de penalidades -que acaban con él- con el único fin de separarlo de Isabel de Cendala.

A eso y poco más reduce Almudena de Arteaga la expedición Balmis, a una, cómo no, quijotesca aventura dirigida por un hombre adusto y malévolo imbuido de ideas ilustradas para las que Isabel de Cendala, la verdadera heroína de esta novela antihistórica, sólo tiene un desprecio y resentimiento verdaderamente reaccionarios que se irán alimentando a lo largo de esas trescientas páginas también por cuestiones de índole personal.

Esa es la lección básica que extraerá cualquiera que se asome a esta novela supuestamente dedicada a uno de los mayores logros científicos de la Humanidad.

El reconocimiento que la autora hace, casi a regañadientes, en algunos escasos, verdaderamente escasos, fragmentos de “Ángeles custodios”, a esa labor, suena sencillamente hipócrita en su pluma teniendo en cuenta el modo en el que Almudena de Arteaga ha manipulado esa Historia. La de la España ilustrada que, como no nos cansamos de repetir en esta revista -ni nos cansaremos-, merece otra consideración. Una que, sólo para empezar, la liberase definitivamente de toda la basura que ha vertido sobre ella un régimen tan poco ejemplar como el franquista, al que no se debería continuar rindiendo pleitesía -ni por activa ni por pasiva, ni con conocimiento de causa ni sin él- en un estado democrático como el que -se supone- existe en España desde el año 1978.

Esa manipulación pasa, aparte de por destruir la imagen personal de Balmis de acuerdo a circunstancias enteramente inventadas -como la propia Almudena de Arteaga no tiene más remedio que reconocer, tácitamente por lo menos, en una superflua “Nota histórica” final-, por los demás mecanismos habituales en el viciado mundo editorial español. Al parecer enteramente trufado de nostálgicos del Franquismo, como se deduce cada vez que, como hacemos en estas páginas, se analiza cualquiera de las novelas supuestamente históricas que salen de sus más recónditos recovecos. Todas ellas -sin excepción- sospechosamente conformes con el canon establecido en publicaciones de la talla de la “Enciclopedia Álvarez”, principal libro de texto de la Dictadura.

Así, “Ángeles custodios” divorcia tajantemente la Historia de España de la del resto de Europa y, de hecho, de la del resto del Mundo, haciendo una vez más buena aquella frase idiota de “Spain is different” que ciertas personalidades del régimen franquista convirtieron en el perfecto slogan publicitario para la España desarrollista de los sesenta del siglo pasado. Esa en la que se permitía el bikini -si venía acompañado de las insustituibles divisas “europeas”-, pero partidos políticos, parlamento, constitución y, en fin, la Democracia en sí, estaban  estrictamente prohibidos.

Así también, nos enteraremos, mediante la sufrida lectura de “Ángeles custodios”, de que Balmis ejerció de cirujano durante el asedio al Peñón de Gibraltar, pero no sacaremos nada en claro sobre cuándo, cómo y por qué se produce esa operación militar. Saldremos, pues, de las páginas de la novela supuestamente histórica de Almudena de Arteaga, ignorándolo todo acerca del importante papel jugado por la monarquía española de Carlos III durante la llamada Guerra de Independencia de los Estados Unidos que, en efecto, fue la que provocó ese enésimo enfrentamiento entre Gran Bretaña y España -de 1776 a 1780 de manera encubierta y de ese año al  de 1782 de manera abierta- por el dominio mundial, repetido una y otra vez desde comienzos del siglo XVIII hasta, de hecho, la propia Guerra de Independencia española en la que también se verán involucrados los personajes de la novela y de cuyas circunstancias y repercusiones, tanto para España como para el resto de Europa, Almudena de Arteaga, nos deja también, por supuesto, completamente en ayunas. Dando a entender, además, por boca de su infame e infamado Francisco Xavier Balmis, que es consecuencia, fatal, de haber abierto la puerta a ideas ilustradas.

Y es que la única supuesta Historia de España que la autora de “Ángeles custodios” parece estar verdaderamente deseosa de contar con detalle -de hecho, con truculencia- es la habitual retahíla de verdades a medias -o falsedades enteras- sobre supuestos malos gobiernos que han llevado a ese país a un proceso de decadencia que, a su vez, conduce a la consabida línea de puntos suspensivos e interrogantes a los que, según parece, sólo se puede responder con el también consabido cirujano de hierro del que tanto han gustado en España aquellos incapaces de aceptar el curso normal de los acontecimientos históricos desencadenados con la revolución de 1789, que en España se han ido asumiendo, desde el año 1808 en adelante, por el  habitual -en toda Europa- proceso histórico de una revolución tras otra característico de la que los profesionales de ese campo llamamos “Historia Contemporánea”.

Así, Almudena de Arteaga parece regodearse en describirnos la adocenada imagen de una España de Godoy enteramente corrompida, guiada por un rey necio y una reina casquivana. Un país que, según parece, se merece cualquier cosa que le pase.

La autora de “Ángeles custodios” pasa así enteramente por alto las últimas investigaciones acerca de ese período que han puesto las cosas en su sitio, en su verdadero contexto, más allá de una interpretación completamente deformada e interesada de aquella España que, en realidad, no estaba ni mejor ni peor que cualquier otra de las muchas monarquías -más o menos absolutas, más o menos ilustradas- que trataban de sobrevivir a una Francia conducida de cabeza a una agresiva política exterior por la dictadura militar de Napoleón Bonaparte. Es así como está completamente ausente de la bibliografía que Almudena de Arteaga tiene la osadía de citar al final de su obra, el libro del profesor Emilio La Parra, “Manuel Godoy. La aventura del poder”.

Una ausencia que, por sí sola, ya califica la calidad de esa bibliografía con la que la autora de “Ángeles custodios” parece tratar -como con las citas de Pablo Neruda- de justificar su retorcida interpretación de los hechos históricos, convirtiéndose así en una “excusatio non petita” que, como bien sabrá una abogada como Almudena de Arteaga, siempre deriva en una acusación manifiesta contra aquel que da excusas por adelantado. Como ocurre con ella y con su innecesaria, y, al parecer, deliberadamente incompleta, bibliografía.

No sacarán nada más de “Ángeles custodios”, salvo esa ceremonia de la confusión sobre cómo fue en realidad la España de finales del XVIII y comienzos del XIX de la que descendemos directamente. Así, si cometen el error de comprar y leer “Ángeles custodios”, acabarán creyendo que lo blanco puede ser blanco y negro al mismo tiempo. A eso equivale, en términos históricos, decir que la España de Godoy es un imperio que abarca dos hemisferios -tan poderoso que incluso la Compañía Británica de las Indias Orientales debe pactar ciertas transacciones con la Real Compañía de Filipinas española, como incluso se deja ver en esa novela- y financia con todo lujo de detalles -desde dinero hasta uniformes para los niños que portan la vacuna- una expedición como la de Balmis y, al mismo tiempo, afirmar que esa nación está gobernada y dirigida por una maquinaría corrupta e inoperante… Esa es la clase de absurdo histórico, de peligroso, letal, absurdo histórico que extraerán de la imprudencia de leer “Ángeles custodios”.

Desde “La novela antihistórica” sólo nos queda pedirles que no conviertan la novela de Almudena de Arteaga en su regalo de estas Navidades. En lugar de tomarse la molestia de ir hasta el centro comercial más cercano para perpetrar ese acto de verdadera irresponsabilidad civil, les recomendamos que dediquen ese tiempo a escribir cartas a las distintas editoriales españolas reclamando que, de una vez por todas, permitan la publicación de verdaderas novelas históricas en lugar de malgastar tiempo y recursos en obras como “Ángeles custodios” o, incluso, en descarados bodrios rebosantes de gazmoñerías neofranquistas junto a los que las ilustraciones que dan color a este nuevo número de nuestra revista -ambas de una colección particular, la primera de en torno a 1900 y la segunda extraída de “Le Voleur”, periódico francés del año 1862-, parecen – por comparación- dar una visión del siglo XVIII incluso moderna y muy precisa.

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Acerca de Carlos Rilova Jericó

Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Administrador del weblog de "La novela antihistórica", creada como página de crítica independiente en el año 2010 para ayudar a mejorar el criterio de selección de obras de gran difusión comercial entre el público y redactor de la reseña mensual de acceso libre publicada en esa página cada día 20 de cada mes. Director del banco de imágenes y centro de investigación histórica "La colección Reding". Profesional de la investigación histórica y cultural para diversas empresas y organismos públicos desde el año 1996.
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6 respuestas a Muy poco que contar. Vino viejo en odres viejos. Breve crítica de “Ángeles custodios” de Almudena de Arteaga

  1. francisco dijo:

    La autora tampoco se documenta para narrar los paseos de Isabel Cendala entre bosques de eucaliptos. Estos fueron introducidos en Galicia sesenta años después por Fray Rosendo Salvado procedentes de Australia.

    • Y si sólo fuera eso… En cualquier caso gracias por el detalle que aquí queda publicado para confirmar la calidad de las supuestas novelas históricas españolas que cuentan con el “nihil obstat” de las grandes editoriales de este país.
      No hace falta hacer más comentario.

  2. Pintaius dijo:

    Posteriormente a esta novela y a la otra también mencionada, “Los hijos del cielo”, se ha publicado otra tercera igualmente basada en La expedición Balmís, que lleva por título “Los héroes olvidados”, cuyo autor es Antonio Edo. ¿Sería posible obtener alguna referencia o comentario al hilo de esta última obra?. Gracias y saludos.

    • Pintaius dijo:

      Antes, por error, me he referido al autor de esta tercera novela como Antonio Edo, cuando su nombre completo es Antonio Villanueva Edo. Disculpas.

    • Estimado Pintaius: el recorrido acerca de la expedición Balmís acaba para “La novela antihistórica” en “Ángeles custodios”. La crítica bajo demanda de libros no reseñados en la programación de acceso público se reserva sólo para suscriptores de la página.
      Sólo una impresión, no parece que esa tercera novela sea peor que las dos reseñadas en “La novela antihistórica”, aunque, claro, no son nada difíciles de superar. El problema es que en España se edite algo de superior calidad a esas dos obras reseñadas en esta página. No suele ser lo habitual. Al menos hasta ahora.
      Un saludo.

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